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Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, LPR, Rusia, Severodonetsk, Ucrania, Zelensky

«Lo que hace humanos a los humanos»

Sin excesiva experiencia política, pero con un gran bagaje en el campo de la comunicación, el Gobierno de Ucrania -en realidad la Oficina del Presidente, único órgano político con capacidad de decisión real en el país- continúa manejando la situación para tratar de presentar cada derrota como triunfo y cada éxito como prueba irrefutable de su futura victoria en la guerra contra Rusia. En ese sentido hay que leer la actuación pública de Ucrania en relación con los últimos cambios en el frente. Como anunció el Ministerio de Defensa de la Federación Rusa, las tropas rusas abandonaron Zmeiny, la isla de las Serpientes, ante el elevado coste que estaba suponiendo su defensa. Ucrania anunció ayer que la bandera ucraniana vuelve a ondear en esas posiciones, un éxito escaso, ya que Zmeiny sería estratégico únicamente en caso de que Ucrania deseara llevar la guerra a lugares como Crimea, que desde que el conflicto político se convirtió en bélico en 2014, no ha sido escenario de acciones militares. La victoria es incluso más raquítica si se tiene en cuenta que, según Natalia Gumeniuk, secretaria de prensa del comando sur de las Fuerzas Armadas de Ucrania, la bandera no se izó, sino que fue lanzada desde un helicóptero.

No es casualidad que Ucrania haya hecho coincidir esa imagen, más mental que real, un acto simbólico que solo cobrará importancia dependiendo del uso que Kiev haga de la isla, con la finalización de la batalla por la República Popular de Lugansk. Ayer, tras su reunión con el ministro de Defensa Sergey Shoigu, Vladimir Putin felicitaba a las tropas rusas y republicanas por la liberación de todo el territorio de la República Popular de Lugansk. Hace apenas unos días, expertos y visionarios como Anders Åslund -que en esta guerra ya había tenido la mala suerte de publicar su artículo sobre lo inevitable de la derrota rusa en la batalla de Donbass con el avance de Popasnaya, que hizo posible el posterior progreso hacia Svetlodarsk y hacia Severodonetsk- predecían que, en una posición más ventajosa para la defensa, Ucrania no dejaría escapar ni perdería nada en Lisichansk, más importante y más fortificada. Lisichansk está, además, protegida por el Severski Donets, el río que tantas dificultades han tenido las tropas rusas para cruzar.

Sin embargo, incluso antes del anuncio de la retirada de Severodonetsk, los escasos periodistas sobre el terreno en el lado ucraniano, habían constatado una retirada parcial, no hacia Lisichansk sino hacia la segunda línea. No se trata de una retirada escalonada, sino de un cambio de estrategia en el frente. De ahí que era previsible que Ucrania no luchara hasta el final, como ha hecho en Severodonetsk, Popasnaya, Rubezhnoe o Mariupol, sino que lo hiciera para proteger la retirada, primero hacia Seversk y puede que ahora hacia Artyomovsk o incluso Kramatorsk.

Evidente con las imágenes publicadas por los medios rusos el sábado, Ucrania se resistió durante horas a admitir la pérdida de Lisichansk, la última de las ciudades de la RPL aún bajo su control. Soldados rusos colocaron la bandera de la Victoria en uno de los monumentos que conmemoran a los caídos en la Segunda Guerra Mundial y horas después, soldados del ejército, la Guardia Nacional y la RPL se fotografiaban con bandearas rusas, chechenas y de la República Popular con residentes locales junto al ayuntamiento. Ucrania, en boca del mediático Oleksiy Arestovich afirmaba entonces que las tropas rusas no habían alcanzado el centro de la ciudad. El domingo por la tarde, cuando el Comando de las Fuerzas Armadas del Ejército Ucraniano había publicado ya en su perfil oficial en las redes sociales la retirada de la ciudad, Volodymyr Zelensky afirmaba que era “imposible decir que las tropas rusas controlen Lisichansk”.

La prensa, como acostumbra, repitió sus palabras como prueba del control ucraniano sobre la ciudad, ignorando las imágenes publicadas por los periodistas rusos sobre el terreno. Minutos después, la confirmación de las autoridades militares ucranianas hacía cambiar los titulares de la prensa occidental, que en ningún momento vio necesario explicar por qué las palabras vacías de Zelensky son consideradas evidencia mientras que las imágenes de la ciudad no lo son. Atravesar el frente desde Kiev es imposible y acceder a la parte controlada por las tropas rusas y republicanas a través de Rusia supone, en la práctica, renunciar a regresar a Ucrania -que consideraría esa presencia como prueba de entrada ilegal a Ucrania, lo que expone a la prensa a futuras deportaciones-, por lo que la presencia de periodistas occidentales en el lado ruso es prácticamente nula. Sin periodistas propios sobre el terreno y con el desprecio hacia el colectivo de periodistas rusos, abiertamente tachados de propagandistas o incluso miembros de la inteligencia, la prensa occidental sigue basando su información sobre el otro lado del frente en las palabras de Kiev y los informes de think-tanks e inteligencias aliadas.

De ahí que, utilizando los informes de la inteligencia británica, una parte de la prensa explicara ayer la situación en el frente repitiendo que las tropas rusas están exhaustas y su potencial ofensivo decae. Durante semanas, la inteligencia británica ha publicado en sus informes diarios que la moral de las tropas es baja y su capacidad ofensiva, escasa. En la misma línea se ha mostrado el neocon Institute for the Study of War, el más citado de los think-tanks estadounidenses, que en sus mapas diarios presenta como información objetiva lo publicado por la inteligencia británica, a la que difícilmente puede considerarse parte desinteresada en el conflicto.

Aunque empieza a aumentar el número de artículos de personas de relevancia política y mediática que ponen en duda la posibilidad de victoria ucraniana y piden realismo a las aspiraciones ucranianas en la guerra, no es el público occidental sino el ucraniano el que precisa de explicaciones para comprender la contradicción entre el discurso de victoria y las constantes retiradas en el frente. El talento de Zelensky y su facilidad ante las cámaras hace creíble el discurso del presidente ucraniano, pero las contradicciones con las declaraciones de sus asesores y la constancia del elevado número de bajas y destrucción en el país hacen cada vez más difícil mantener la ficción.

Aun así, el discurso ucraniano continúa su línea marcada, al margen de la situación en el frente. La derrota en la batalla por Severodonetsk-Lisichansk no solo no es tal, sino que es una “exitosa operación militar”, según escribió ayer Oleksiy Arestovich. La reacción de Arestovich es coherente con su punto de vista hasta ahora. Capaz de alegar un día que la guerra acabará en dos o tres semanas y al día siguiente que durará diez años, el asesor de la Oficina del Presidente también consideró exitosa la operación que terminó con la masiva rendición de más de mil soldados de la 36ª Brigada del Ejército Ucraniano en su intento de romper el cerco de Mariupol. Arestovich alega que la lucha ha dado tiempo a Ucrania a recibir armamento de sus socios y a preparar la segunda línea de defensa, pero, ante todo, que ha infligido grandes bajas al enemigo.

La lucha sin sentido hasta dejar diezmadas a algunas de las unidades más preparadas para el combate para alegar después una retirada estratégica es motivo de celebración para Oleksiy Arestovich, que ha visto en ello el nacimiento de una nueva escuela militar nacional. Ucrania no lucha ya hasta el final, como lo hiciera el Ejército Rojo y como lo hiciera el Ejército Ucraniano en Ilovaisk, sino que inflige bajas en el enemigo para retirarse a tiempo.

Esa retirada habría sido estratégica y habría supuesto una ventaja para Ucrania de haberse realizado cuando las autoridades militares la propusieron. Sin embargo, a instancias de la Oficina del Presidente, la lucha en batallas perdidas como la de Popasnaya y Severodonetsk ha sido prácticamente hasta el final. Y pese a la insistencia de Ucrania y de la prensa occidental en las bajas que asumen ha costado el avance ruso, nada indica que las bajas ucranianas hayan sido escasas. El precio del avance se convierte así en el precio de la retirada.

Las contradicciones no acaban ahí. Ucrania continúa exigiendo a sus socios más armamento, más artillería pesada, más tanques y más financiación para conseguir recuperar por la vía militar los territorios perdidos desde el 24 de febrero (y quizá los perdidos desde 2014). Así lo constató Mijailo Podoliak, que también ha descrito la estrategia ucraniana de utilizar la guerra urbana como forma de defensa, constatando así la táctica de uso de escudos humanos que Rusia y las Repúblicas Populares han denunciado desde que comenzara la batalla por Mariupol. Pero esa estrategia y la voluntad de llevar la guerra hasta los lugares que, hasta el momento, no se han visto afectados, tampoco es incompatible con presentarse como una causa por la paz. Así lo hizo ayer Volodymyr Zelensky en su intervención en la conferencia que busca recaudar fondos para un plan Marshall de reconstrucción del país. Apenas unas horas antes, la artillería pesada ucraniana había atacado Torez y Snezhnoe, en la retaguardia de la RPD. Y mientras Zelensky afirmaba que “reconstruir Ucrania significa reconstruir todo lo que hace humanos a los humanos”, su ejército infligía un nuevo ataque de artillería contra zonas residenciales de la ciudad de Donetsk, un ataque sin más objetivo militar que aterrorizar a la ya exhausta población de la capital de la RPD, atacada a diario desde el 29 de mayo.

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