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Donbass, DPR, Ejército Ucraniano, LPR, Minsk, Rusia, Ucrania

Con quién negociar

Artículo Original: Colonel Cassad

El secuestro de un ciudadano ruso que trabajaba como observador del Centro de Control y Coordinación Conjunto en la zona de separación de tropas de Zolotoe-5 es la clara ilustración de las tesis planteadas por un reciente artículo de Dmitry Medvedev, en el que afirma que no se puede negociar nada con Ucrania. No es que el artículo contenga ninguna nueva información, al contrario, es una recopilación de las conocidas tesis de que Ucrania hace tiempo que no determina su destino y no tiene la capacidad de hacerlo. Si es así, tiene sentido hablar con quien sí tiene capacidad de decisión en Ucrania. No hay nada que decir a quienes no la tienen.

El artículo se publicó la víspera de las negociaciones con Victoria Nuland que, pese a las sanciones, recibió permiso para visitar Moscú, donde se discutió el tema de Ucrania sin Ucrania. Hace tiempo que se ha convertido en la norma tratar el futuro de Ucrania sin su presencia, lo que refleja el verdadero lugar del país en el sistema de relaciones internacionales. Así que para Moscú ha sido un momento idóneo para volver a articular esta idea antes de las negociaciones con Nuland y con Estados Unidos, que en público se limita a la retórica de declarar constantemente “el derecho de Ucrania a determinar su propio destino”, pero no ha tenido ningún problema en discutir el tema de Ucrania con Rusia, igual que lo hizo con Alemania en el caso del Nord Stream-2.

Obviamente, a Estados Unidos le iría mejor un esquema en el que Rusia negociara con Ucrania, a la que manipula abiertamente. Pero como esa posibilidad no existe y los problemas de las relaciones con Rusia requieren de negociaciones, Washington, por su propia iniciativa, ha comenzado a discutir la situación en Ucrania con la Federación Rusa, aunque formalmente no se ha desviado de las exigencias iniciales a Rusia de rendición de sus posiciones en Ucrania y Crimea. Esto no significa que algo haya cambiado en el actual bloqueo estratégico. Solo muestra que Estados Unidos realizará su política en Ucrania sin tener en cuenta la opinión de Ucrania. No es que sea un gran secreto, pero la administración Biden lo ha estado demostrando abiertamente en los últimos meses, despreciando a Zelensky y periódicamente recordándole cuál es su sitio.

Como los títeres de Kiev temen ser víctima de algunos de esos acuerdos en los que no han sido parte, por un lado, están intentando complacer a la actual administración y, por otro, reproducen burdas provocaciones en Donbass o en la frontera con Crimea para mantener el grado de conflicto y llamar la atención.

Ahora, en el contexto del escándalo de las cuentas offshore, manifestaciones de nazis y persecución de la oposición, Kiev ha visto que Estados Unidos, por sus propios motivos, está intentando negociar algo con el Kremlin sin que le importe en exceso cómo puede verse en Ucrania. De ahí que, durante la visita de Nuland, se intensificaran los bombardeos en el frente y se produjera después el secuestro de un ciudadano ruso. Obviamente, esto no acerca a Zelensky a una reunión con Putin, sino todo lo contrario. Es más, al día siguiente de la captura del observador del Centro de Control, se supo que las negociaciones de los ministros de Asuntos Exteriores de los países del Formato Normandía no habían tenido éxito y que no existen las condiciones para una cumbre de los líderes de Alemania, Francia, Rusia y Ucrania.

Rusia sigue recordando que no tiene sentido reunirse otra vez mientras no se cumplan los acuerdos de la cumbre de 2019 y Ucrania no cumpla con sus compromisos según los acuerdos de Minsk-2. Al mismo tiempo, Kiev oficialmente declara que ahora considera el Formato Normandía el único formato de negociación. No es difícil comprender que, con tal postura, simplemente no hay negociación sustancial, como tampoco la va a haber entre Ucrania y las Repúblicas Populares. Solo son posibles las reuniones programadas cuyo resultado es “acordar seguir negociando”.

En caso de que Rusia y Estados Unidos llegaran a algún acuerdo sobre Ucrania, Washington dispone de suficientes herramientas para ajustar la posición de Kiev en cualquier dirección que le venga bien. Pero, de momento, no estamos hablando de ningún trato entre Moscú y Washington. Como resultado de la visita de Nuland, las partes han anunciado con cautela algunos progresos, que fundamentalmente pueden llevar a relajar la guerra diplomática y a continuar los contactos en diferentes temas como la “estabilidad estratégica”, “la carrera armamentística” o “la cuestión de China”. La postura de ambas partes en la cuestión ucraniana es bien conocida y es improbable que se puede resolver por medio de compromisos, especialmente teniendo en cuenta que Estados Unidos, que controla prácticamente todo en Ucrania, no considera necesario hacer concesiones. Al contrario, exige concesiones de Rusia, lo que dificulta cualquier negociación práctica.

Pero si vamos al nivel macro, todo se hace más interesante, ya que hay círculos de cierto poder en el establishment estadounidense que creen que Estados Unidos debe centrarse en el conflicto con China por la hegemonía mundial, para lo que es importante impedir una alianza político-militar entre Moscú y Pekín. En ese caso, sería necesario congelar el conflicto con Rusia, entre otras cosas a través de una división de esferas de influencia, donde Ucrania es considerada moneda de cambio, para empezar porque no parece una prioridad desde el punto de vista de la confrontación con China. Así que los contactos de la Casa Blanca con el Kremlin son percibidos en Ucrania como un riesgo potencial de algún tipo de trato entre bastidores en el que Ucrania será intercambiada por cualquier cosa si el curso anti chino se hace más presente en la política estadounidense.

En este sentido, la débil resistencia de la administración Biden a la compleción del Nord Stream-2, la especie de huida de retirada de Afganistán, la creación de una alianza anti china de Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia, el desdén de Biden a negociar con Zelensky, la publicación de material comprometido sobre el presidente ucraniano y finalmente la visita de Nuland a Moscú son signos alarmantes para el régimen de Kiev. De ahí que esté intentando llamar la atención intensificando la guerra en Donbass o con provocaciones en la frontera de Crimea, dando también argumentos a esos círculos del establishment estadounidense que creen que Estados Unidos no debe relajar su presión sobre Rusia, sino todo lo contrario, aumentar la presión y obligar a Moscú a llegar a un acuerdo en Ucrania según los términos estadounidenses.

Zelensky y compañía simplemente copian los actos de Poroshenko en su limitado espacio de decisión, en el que es imposible explicar la política doméstica y exterior y las promesas electorales incumplidas a un electorado cada vez menor si no es especulando con la guerra con Rusia. Así que esta copia barata de Poroshenko se enfrenta a crecientes problemas internos y también externos en el circuito de gestión externa, cada vez más preocupado, no por Ucrania, sino por otras cuestiones.

Con pequeñas provocaciones como bombardear una guardería o destruir una tubería no producen el efecto deseado, hace falta sangre (ya sea propia o ajena) o ceñirse a burdas provocaciones como hacer explotar un gasoducto en Crimea, irrumpir en el estrecho de Kerch o capturar a un observador de nacionalidad rusa para conseguir una respuesta (sea la que sea). En el caso del observador capturado, se ha gritado agresión rusa antes incluso de que hubiera una reacción oficial, lo que claramente muestra qué tipo de campaña de propaganda está intentando lanzar el equipo de Zelensky.

Así que no hay nada de qué hablar con ellos, son solo trabajadores temporales que actuarán bajo el sistema de control externo dentro del marco del más hostil curso hacia la Federación Rusa, creando tanto amenazas para la Federación Rusa en general como a sus ciudadanos en particular. Como muestra la experiencia, esos problemas no se solucionan por sí mismos, como el problema del secuestro del ciudadano ruso, que no se solucionará sentándose y esperando, sino que habrá que hacer ciertos esfuerzos para eliminar la amenaza para Rusia y para sus ciudadanos.

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