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Anticomunismo, Fascismo, Nacionalismo, Rusia

El último Lenin de Ucrania. Otra vez

Artículo Original: Andrey Manchuk

En la región de Odessa se ha destruido el último monumento a Ilich. Pero la gran victoria ha fracasado otra vez. En la localidad de Stari Trojani del distrito Izmailsky de la región de Odessa se ha demolido, en nombre de la descomunización, otro monumento a Vladimir Lenin que ha sido solemnemente proclamado el último en el territorio de Ucrania. Fue derribado en secreto y por la noche, ya que la población local defendió su monumento hasta el final. Es probable que no fuera por nostalgia romántica sino porque asocian a Lenin con unos tiempos más humanos, cuando la población aún tenía dignidad y las perspectivas de vida que hoy han perdido. Para destruir el monumento, fue necesario que llegaran tropas de Odessa, ya que no había entre los residentes locales ningún fanático luchador contra los ideales socialistas.

“¡El último monumento a Lenin en el territorio de Ucrania ha sido derribado! (A excepción de los territorios ocupados y terrenos cerrados como fábricas y sanatorios) Se encontraba en la localidad de Stari Trojani del distrito Izmailsky, región de Odessa”, escribió el descomunizador profesional Vadim Pozdniakov, que anualmente informa de la victoria final sobre los monumentos a Ilich. Pero las estatuas de Lenin nunca se acaban, por mucho que los activistas de ultraderecha constantemente las busquen en los pueblos del país.

Esta política se aplica también a otros monumentos a figuras de la etapa soviética. Por ejemplo, el año pasado, los monumentos al legendario héroe de Besarabia Grigor Kotovsky, el Robin Hood de la estepa, fueron derribados. Se hizo pese a la resistencia de los residentes, que durante seis años defendieron el monumento contra los vándalos de ultraderecha.

“La información sobre el monumento nos fue enviada por un informante local”, afirmó Vadim Pozdniakov, que añadió que siguen quedando muchos objetos similares en la región de Odessa. “Hay un monumento en el lugar de la muerte de Kotovsky en Chabanka y varios bustos de Marx. Se niegan a desmantelarlos. Bueno, periódicamente los pintan y arreglan el lugar en el que están, pero no responden a los requerimientos. La administración del distrito tampoco hace nada al respecto”, se quejó de la falta de conciencia patriótica de los ucranianos comunes.

Los monumentos a Marx aún no han sido demolidos. Las autoridades de la ciudad de Atsiz, con cierta habilidad, han renombrado el monumento a Marx para que represente al poeta revolucionario búlgaro Hristo Botev y, por el momento, lo han defendido de los ataques de los radicales de extrema derecha. Sin embargo, los descomunizadores siguen dispuestos a perseguir el derribo del monumento, posiblemente por medio de un pogromo.

Sin embargo, tienen objetivos más importantes. El director del Instituto de la Memoria Nacional, Anton Drabovich, que solo se diferencia de su predecesor Vyatrovich en las primeras letras de su apellido, reveló recientemente los planes de una nueva campaña de descomunización en la capital. Los oficiales ucranianos pretenden desmantelar el escudo soviético que aún adorna el primer puente nombrado en homenaje a Patton y el famoso monumento a la Madre Patria. Hace tiempo que tratan de mutilar la monumental escultura de Evgeny Vucetich, hecha de titanio, pero esta resiste a la operación.

Todo es cuestión de tiempo y de aumentar los presupuestos para el vandalismo. Pero todo esto causa indiferencia o incluso una creciente hostilidad entre la población. Según una encuesta realizada por el Centro Internacional de Sociología de Kiev y la Fundación de Iniciativas Democráticas, el 44% de los ucranianos tiene una opinión negativa hacia los cambios de nombres de pueblos, calles y ciudades nombradas en memoria a figuras comunistas de la era soviética, un récord desde el inicio de la campaña de Vyatrovich. El 29,9% tienen una actitud positiva a los cambios, postura que solo supera a la negativa en las regiones del oeste, donde están de acuerdo el 43,6%. En las regiones del sur y el este, más de la mitad de los residentes son contrarios a los cambios, mostrando una vez más la brecha geográfica del país.

Además, la población tampoco está satisfecha con la prohibición de símbolos comunistas, a lo que se opone el 34% de la población: 24,5% en el oeste, 31,6% en las regiones del centro, 41,5% en el sur y 44,2% en el este, donde continúa la guerra sin fin. Es evidente que muchos ucranianos atribuyen esas prohibiciones a la destrucción de los partidos de izquierdas, purgados masivamente a consecuencia de Euromaidan. Y aún recuerdan los éxitos socioeconómicos de la era soviética, un tiempo que para ellos es más que palabras como Gulag y Holodomor.

Y lo que es más importante, el descontento con la descomunización ya toma forma de protesta social. En la región de Poltava, en la ciudad de Karlovka, un monumento descomunizado de un héroe local, Nikolay Podgorny, ha sido restaurado. Este ahora olvidado político ocupó la posición más alta del Estado como presidente del presídium del Soviet Supremo de la URSS entre 1965 y 1977 y realizó así las funciones de presidente soviético. Además, hizo mucho por su ciudad, y por el resto de Ucrania, que se convirtió en esos tiempos en primer productor mundial de azúcar de remolacha.

El retorno del monumento se produjo sin grandes alardes, pero enseguida se encontró con la resistencia de los nacionalistas. El mencionado Vadim Pozdniakov lo calificó de peligroso precedente y afirmó que usaría la fuerza contra los residentes de Karlovka para desmantelar el monumento a Podgnorny, que, por cierto, es ciudadano honorífico de la ciudad. La ultraderecha prometió derribar el monumento por la fuerza y lidiar con cualquier vatnik [nacionalista ruso] local. Eso sí, de momento las palabras han sido vacías, ya que la población de Karlovka está dispuesta a defenderse contra los vándalos.

Todo esto sugiere que solo los representantes de las élites políticas formadas en Ucrania a consecuencia de Euromaidan están interesadas realmente en la descomunización. Sus intereses contradicen los de la mayoría de los ciudadanos. Esto es aplicable a todos los problemas: desde la guerra en Donbass al aumento de tarifas pasando por las reformas antisociales y la política de la memoria. Y sugiere también que el proceso de destrucción masiva de monumentos tendrá una reacción contraria, que se producirá cuando se consiga abolir las leyes de descomunización que directamente contradicen los principales postulados de la Constitución de Ucrania. Muchos de los monumentos desmantelados están siendo preservados por la población local, que espera que algún día puedan volver a su sitio, como prometen ahora los residentes de Stari Trojani. Sin embargo, el monumento a Lenin derribado ahí está lejos de ser el último. En Ucrania hay otros Lenin, aunque no le diremos a la ultraderecha descomunizadora dónde están. Que los busquen ellos mismos. Eso sí, que sea a costa del dinero de su propia gente.

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