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Corrupción, Donbass, Poroshenko, Ucrania, Volker

Todos los caminos conducen a Washington

Artículo Original: Andrey Manchuk

No es ningún secreto que la implacable lucha contra la corrupción es uno de los principales lemas de la propaganda moderna, que repiten tanto oficiales del Gobierno, como activistas subvencionados por organizaciones internacionales y la prensa mundial. La yihad anticorrupción se ha convertido, junto al nacionalismo, el anticomunismo y la exigencia de reformas antisociales, en el catecismo de los políticos ucranianos, que la han convertido en un dogma importante de la religión cívica. La exigencia de acabar con la corrupción fue uno de los principales puntos de la agenda de Euromaidan, como lo fue también del Gobierno corrupto hasta las trancas que llegó al poder tras su victoria y que a pesar de sus actos presentaba constantemente sus logros anticorrupción.

Toda esta hipocresía está directamente supervisada por los gobiernos occidentales. Bajo su directa presión se han creado en Ucrania varias “estructuras independientes contra la corrupción”; que están financiadas fundamentalmente por fondos extranjeros y directamente ignoran la soberanía de Ucrania. Además, las organizaciones financieras internacionales han chantajeado abiertamente al Gobierno ucraniano, amenazando con privarle de créditos vitales para su supervivencia si el país no creaba un Comité Anticorrupción con autoridad ejecutiva, sus propias fuerzas especiales y rasgos de un servicio de seguridad completo.

Cinco años después, esta gran cruzada contra la corrupción es un obvio y vergonzoso fracaso. “Las nuevas estructuras anticorrupción han sido incapaces de acusar a ningún oficial de alto rango por corrupción, pese a la aparición de varios casos”, apuntó tristemente el informe anual de los expertos de Transparency International.

Los jóvenes receptores de becas internacionales que decían tener principios y que afirmaban que erradicarían la corrupción de las autoridades ucranianas, rápidamente encontraron un lenguaje común con influyentes miembros del Gobierno de Petro Poroshenko. Pese a que sus crímenes eran conocidos por toda la sociedad ucraniana, ninguno de los infames personajes corruptos del entorno de Poroshenko fue acusado por el Comité Anticorrupción. Y su consejo de administración se convirtió en el hazmerreír cuando se conoció que formarían parte de él propagandistas de Poroshenko y representantes de la notoria organización Nazi vinculada al asesinato del periodista Oles Buzina [tiroteado a las puertas de su casa poco después de que su dirección apareciera publicada en la web Mirotvorets, en la que el nacionalismo ucraniano acusa y amenaza a quienes considera sus enemigos, vinculada a Anton Gerashenko, ahora viceministro del Interior-Ed]

Sin embargo, eso solo era el principio. Los frutos se están recogiendo ahora, cuando Estados Unidos destapa, uno tras otro, escándalos de corrupción de alto nivel que llevan directamente a la Ucrania que había derrotado a la corrupción.

Primero surgió la historia del hijo del exvicepresidente Joe Biden, famoso por sus cínicas interferencias en los asuntos internos de Ucrania, que llegó a jactarse de haber forzado a Poroshenko a cesar al entonces Fiscal General de Ucrania, Viktor Shokin, al que calificó de “hijo de puta”.

“La verdad es que me vi obligado a marcharme porque estaba haciendo una investigación completa de la corrupción de Burisma Holdings, la compañía de gas natural de Ucrania en al que el hijo de Joe Biden, Hunter Biden, era miembro del consejo de administración. Supongo que Burisma, que se dedica a la producción de gas, tenía apoyo de Estados Unidos, de Joe Biden, porque su hijo estaba en el consejo de administración. El presidente Poroshenko me pidió varias veces que cerrara el caso contra Burisma y que considerara la posibilidad de abandonar toda acción de investigación de esa empresa, pero me negué a cerrar la investigación. Así que me vi obligado a abandonar el puesto bajo directa e intensa presión de Joe Biden y la administración estadounidense”, afirma el propio Shokin, cuyo testimonio se ha publicado recientemente.

Inmediatamente después de esto, poco después de la dimisión de Kurt Volker, representante del Departamento de Estado de Estados Unidos en Ucrania, la influyente publicación estadounidense Político publicó información que afirma que estaba defendiendo intereses comerciales de la compañía del complejo militar-industrial Raytheon, que produce los famosos misiles antitanque Javelin, que a bombo y platillo adquirió Ucrania de Washington y que desde entonces se han convertido en una carga inútil en los depósitos militares.

Además, según el medio, Volker tenía un cargo en la firma de lobbying BGR Group además de en el think-tank que es el Instituto John McCain. Según Político, todas estas estructuras tienen vínculos financieros con Raytheon, que ha ganado millones a base de suministrar armamento a Kiev. Así que las empresas armamentísticas occidentales se han beneficiado de la guerra sin fin, defendida como principio básico por el enviado del Departamento de Estado.

Por supuesto, todo esto debe de ser una coincidencia o los pecados individuales de algún político, una deshonra al buen nombre de Estados Unidos a ojos de sus ciudadanos. Pese a la altisonante retórica anticorrupción, Estados Unidos es el verdadero centro de la corrupción mundial, algo que se refleja incluso en la ficción, entre la que destaca la ya famosa “House of Cards”, que representa a su audiencia los aspectos podridos de la democracia que lidera el mundo.

El sistema político estadounidense básicamente ha legalizado y legitimado la corrupción en forma de los grupos de presión, aunque, en realidad, estos no son más que la punta de un iceberg que cubre prácticamente todo el planeta. Según una encuesta de Gallup, entre el 75 y el 80% de los estadounidenses cree que su Gobierno es corrupto, un porcentaje que ha ascendido un 20% en los últimos años. Las pruebas de toda la corrupción financiera mundial llevan, de una manera u otra, a Washington.

Los constantes escándalos en los que están involucrados tanto Demócratas como Republicanos, a los que se acusa de tratos secretos con dictadores latinoamericanos, jeques islamistas o teocracias, muestran que el Congreso de Estados Unidos coopera hábilmente con los más odiosos regímenes antidemocráticos siempre que eso les dé la oportunidad de ganar dinero utilizando las estructuras políticas del Estado y la influencia política de Estados Unidos.

Los oligarcas ucranianos con menos escrúpulos son, comparados con los políticos estadounidenses, meros aspirantes a ladrones que aún deben recibir muchas lecciones de vida por parte de esas autoridades reputadas y experimentadas.

De hecho, Estados Unidos ha enseñado a Ucrania esta corrupción, que se realiza bajo los eslóganes de la lucha anticorrupción. Y cuando este castillo de naipes se venga abajo, escucharemos otras muchas grandes historias que seguramente superarán el nivel de negocio de Burisma.

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