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Un presagio de lo que ocurriría años después

Artículo Original: Andrey Manchuk

Esta es una historia que nunca gustó que se recordara: ni en tiempos de Yanukovich, ni de Yuschenko, ni de Leonid Kuchma, cuando ocurrió. Hoy [el 24 de agosto] no ha aparecido en ninguno de los medios ucranianos. No en vano nos estamos refiriendo a un tema incómodo: hace veinte años, en medio de las celebraciones del Día de la Independencia, las autoridades ucranianas utilizaron por primera vez la fuerza para dispersar las protestas sociales que habían estallado en el centro de Lugansk.

El motivo para esta acción fue la larga y trágica lucha del Sindicato Independiente de Mineros de la mina de Krasnodon Barakov, que exigían que se les pagaran sus sueldos atrasados. Desde 1996, los trabajadores de las minas de carbón de Krasnodon y Molodogvardeysk prácticamente no percibían nada por su trabajo. En el mejor de los casos, recibían un 10-20% de su salario mensual. A pesar de eso, los trabajadores seguían bajando a la mina.

Los pueblos mineros eran completamente dependientes de los salarios de los trabajadores empleados en las minas y la situación había causado un desastre en la región. La población llegó incluso a saquear los jardines, robando restos de metal que vendían como chatarra. Se llegó a tal extremo que en los cementerios comenzaron a instalarse únicamente cruces de piedra para evitar que los robos de piezas de metal. En el auge de la crisis, en Molodogvardeysk desapareció el dinero y la población utilizaba el trueque: intercambiaban patatas por tocino o reparaban un coche a cambio de un plato de comida. En las cafeterías locales se pagaba en albaricoques los paquetes de cigarrillos.

En esta situación desesperada, los mineros iniciaron las protestas con la esperanza de que Kiev les devolviera sus salarios, al menos como un gesto por el Día de la Independencia. La columna de mineros llegó a Lugansk e instaló un campamento frente al edificio de la administración regional [el mismo que la aviación ucraniana bombardeó a plena luz del día el 2 de junio de 2014-Ed]. En un principio, los trabajadores esperaban recibir al menos una pequeña parte de la deuda en Día de la Independencia, pero a medida que se acercó la fecha, quedó claro que el Gobierno prefería gastar el dinero en los actos festivos de la capital. Eso causó indignación en los mineros, que prepararon sus propios eventos festivos: una marcha en la que hicieron arder la imagen de un simbólico “oficial-parásito”.

Tras esas manifestaciones, las autoridades decidieron utilizar la fuerza para acabar con la protesta minera alegando que las protestas impedían que se celebraran los actos festivos en el centro de la ciudad. Policía, fuerzas especiales e incluso soldados tomaron el centro de Lugansk en una operación especial que no tenía precedente en la historia de Ucrania.

“Supuestamente con la excusa de una orden de proteger las celebraciones en la plaza en la que se encontraban los mineros, había un número de policías fuera de lo normal. Se reunieron en grupos y en silencio, vestidos de paisano, pero había algo que hacía ver que eran policías. Los mineros también recorrieron la plaza y los lugares en los que se había colocado la policía (la población les había advertido de su presencia). Perdieron la cuenta a partir de 2.000 policías y reclutas”, recuerdan los participantes en aquellos actos. “Sobre las tres, llegaron a la plaza los antidisturbios. Llevaban uniforme oscuro y, como cuervos, se quedaron frente al jardín. Pero incluso los mineros y otras personas que les miraron a la cara y que sabían cuál es el precio de la vida, no imaginaban que Ucrania se despojaría de toda humanidad y, frente a miles de personas, pisotearía la Constitución y a la clase obrera. Y que lo harían antiguos miembros del Komsomol, antiguos diputados. Que agredirían a los mineros a los que había robado el Estado, que les tratarían como ganado”.

Los mineros se preparaban para la manifestación en el centro. Junto a sus mujeres e hijos, una columna de personas vestidas para una celebración marchó por el centro de Lugansk. Grupos de las fuerzas de seguridad gradualmente rodearon a los mineros, que no esperaban nada así, y entonces la policía comenzó a apalearles y a aplicar lanzar gases lacrimógenos. Apalearon a cualquiera, incluso a aquellos que alzaron las manos o a quienes se sentaron en el suelo como signo de que no ofrecían resistencia.

“Había gritos. Palos en el aire, golpes en la cabeza, en los hombros. La gente caía al suelo. Todo se convirtió en un terrible nudo de ruido, cientos de hombres gritando hacia el epicentro, en medio de la calle, donde había seis o siete Berkut”. La gente se sentó en el suelo, ya sabían la norma: no van a pegar nadie que esté en el suelo. Pero esta regla no es válida para criminales de uniforme. Pegaron a quienes estaban sentados en el suelo, caídos. Pegaron a aquellos que habían quedado inconscientes a causa de los gases. Pegaron a los que no se habían metido en nada. Por ejemplo,  Alexander Gordus, diputado del consejo local de Krasnodon, discapacitado, recibió golpes de porras y fue apaleado. Con heridas en la cara y conmoción cerebral, precisó tratamiento médico durante una larga temporada.

Sorprendentemente, los mineros lograron repeler este ataque. Se mantuvieron firmes frente a la entrada de la administración regional y derramaron queroseno a su alrededor, preparados para hacer un anillo de fuego a su alrededor. Temiendo una mayor intensidad de la violencia, so oficiales ordenaron la retirada, lo que supuso una simbólica victoria para los mineros, que comenzaron a desfilar gritando: “asesinos”, “criminales”.

Mientras tanto, las ambulancias se llevaban a los heridos del centro de la ciudad. “Un total de unas cincuenta personas resultaron heridas, 22 personas fueron trasladadas a hospitales en ambulancia. Nueve personas fueron inmediatamente hospitalizadas, cuatro en el hospital regional, 3 en el Número 6, una en el Número 2 y otra en el Jubileo. La intimidación a los trabajadores sanitarios fue evidente, así lo dejó claro la doctora Zalivnaya, que visitó los hospitales y a los mineros hospitalizados y vio a personas vestidas de paisano merodeando entre los pacientes. Al verlos, los trabajadores médicos dejaron de hacer declaraciones”, explicó uno de los activistas.

Como bien recuerdan los participantes en los hechos, la escala de los acontecimientos atemorizó a Kiev y las imágenes que mostraban lo que había ocurrido fueron rápidamente eliminadas, aunque ya habían sido emitidas por el canal 1+1. El entonces presidente Kuchma comprendió que los sangrientos acontecimientos de Lugansk podían arruinar su Día de la Independencia. Al fin y al cabo, los ucranianos de todas las regiones comprendían que los mineros estaban luchando por sus salarios, que protestaban mientras el Estado gastaba ostentosas cantidades en fuegos artificiales.

Dejaron en paz al campamento de mineros, pero no recibieron el dinero que se les debía y la prensa de la capital comenzó una campaña informativa a gran escala para desacreditar a los participantes en las protestas. Los periodistas abiertamente argumentaron que el Estado no debía mantener a los mineros del carbón, cuyas minas estaban obsoletas y era momento de cerrarlas y vender la chatarra. Es decir, utilizaron los mismos argumentos que contribuyeron a demonizar a los residentes de Donbass en vísperas de los trágicos hechos de 2014.

El “gran piquete”, como la historia recuerda esta acción, no finalizó hasta diciembre de 1998, con el suicidio del minero Alexander Mijalevich. Padre de tres niños, se prendió fuego a sí mismo frente al mismo edificio dela administración regional de Lugansk. La nota de suicidio decía: “No puedo esperar más promesas, no creo que vayan a pagar las deudas el 15 de diciembre. Así que decidí hacerlo. Estoy cansado del abuso por parte de los jefes de la mina y la administración. No es una salida, pero puedo que las cosas mejoren por lo que hice. Estoy sobrio y en buenas condiciones. Soy responsable de mis actos”.

El 17 de diciembre, las autoridades pagaron al completo la deuda a los mineros. Y lo ocurrido el 24 de agosto de 1998 entró en la historia de Ucrania como la “masacre de Lugansk”, una especie de presagio de lo que ocurriría muchos años después.

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