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Bielorrusia, Donbass, Donetsk, Ejército Ucraniano, Maidan, Ucrania

Recuerdos del pasado reciente

Artículo Original: Denis Grigoriuk

Democracia. Libertad. Igualdad. Paz. Gloria. Vida. ¿Cuántas palabras de apoyo a los manifestantes bielorrusos se puede encontrar ahora mismo? Esas palabras son las expresiones necesarias para sentir que estás haciendo lo correcto, porque centenares de personas famosas no pueden estar todas equivocadas. Son los creadores de esas palabras a las que hay que escuchar. Son las voces de una generación. Son personas creativas que reflejan la realidad y si dicen que hay que levantar barricadas, es necesario hacerlo.

Solo que no puedo creer esas bonitas palabras que se escriben en las redes sociales, aunque no estén dirigidas a mí o a personas como yo. Si las creyera tendría toda una gama de sensaciones y pensamientos. Pero no hay nada de eso ahora mismo. Supongo que es porque todo esto ya lo he visto antes. Las mismas tesis: “Policía, ponte del lado del pueblo”, “Oficiales de policía, podéis verlo todo, pasaos al lado de los manifestantes”, “Adelante, estamos con vosotros”, “Libertad ante todo” y muchos más.

Lemas y llamamientos similares se utilizaron para destruir mi país natal, que gradualmente se convirtió en un Estado despiadado que asesina a quienes no estuvieron de acuerdo con los manifestantes de Maidan en 2013-2014. Todos aquellos que se opusieron a aquella revolución fueron poco a poco ilegalizados. Y quienes osaron resistirse y defender sus derechos son enemigos del pueblo, enemigos de la humanidad, enemigos de la libertad. No es costumbre sentir pena por el enemigo, aunque tenga motivos absolutamente justificados para oponerse. Pero, ¿qué hay que hacer con aquellos que se opusieron a la “libertad”, “democracia” y todas aquellas palabras bonitas? ¡Hay que destruirlos! Sin piedad y de forma definitiva.

Cuando veo las imágenes de figuras de la cultura posando con la “actualizada” bandera de Bielorrusia y se escriben grandes posts de apoyo, la ira se apodera de mí. Es algo con lo que he vivido durante mucho tiempo, la ira por la injusticia. Parecía que estaba bien escondida, en un lugar donde no podía volver a salir. Pero lo han hecho. Me han recordado todo ese espectro de emociones y experiencias de las fases más calientes del conflicto. ¿No se dan cuenta todos de lo que está ocurriendo? ¿O lo hacen de forma intencional? ¿No todo puede ser una manipulación de las masas para poner en práctica una trama política, verdad? Por desgracia, es posible.

2014. Entonces también estaba de moda apoyar a los manifestantes. Eran los “guerreros de la luz” y estaban luchando contra la tiranía y la dictadura. Y si cometían actos ilegales y amenazaban al Estado no había que cuestionarlo, el fin justifica los medios. Y el fin era bueno, ¿no? Por desgracia, no lo era.

Cuando la población salió a la calle de forma pacífica en Donetsk y exigió que su voz se tuviera en cuenta, ¿qué hicieron quienes habían apoyado Maidan? Siguieron apoyando a los manifestantes de ayer y líderes de Ucrania ahora, incluso cuando sus socios quemaron vivas a personas en Odessa, asesinaron a residentes de Mariupol el Día de la Victoria y lanzaron sus Grads contra las ciudades de Donbass.

Cuando quedó perfectamente claro que los “guerreros de la luz” eran lobos disfrazados de ovejas, ¿admitieron su culpa quienes apoyaron a los activistas de Midan? No. Escondieron incómodamente sus caras detrás de la excusa de que “en la guerra, todos matan”, “en la guerra no hay derecho a culpar a nadie, todos son malos” y demás. Al fin y al cabo, a nadie le gusta admitir voluntariamente un crimen. Ni siquiera serán capaces de admitirse a sí mismos que apoyaron a asesinos, porque entonces sería incómodo mirarse al espejo y no mirarse de verdad a los ojos. Entonces puede que te dieras cuenta de lo incómodo que es cantar tus propias canciones de paz y amor una vez que has participado en el asesinato de tantas personas inocentes.

Así que tampoco les creo ahora. Escribirán sus posts y publicarán sus fotos dedicadas a Bielorrusia, empujando a otro país hacia el caos, sean conscientes de ello. Nunca admitirán que han participado en el colapso de otro Estado, que puede que siga existiendo, pero lo hará en el formato de una habitación con espejos curvados, en la que la verdad es una mentira, la libertad es esclavitud y la paz es la guerra.

Viendo toda esta celebración de hipocresía, me gustaría que los bielorrusos no cometan los mismos errores cometidos por los ucranianos en su momento. Que no caigan en las palabras bonitas que vienen del exterior y que arreglen su país de forma independiente, sin la participación de “personas creativas” ni “líderes de opinión”. Probablemente no deban tampoco escucharme a mí, porque soy un hombre que ha vivido una guerra civil en su ciudad porque alguien de fuera convenció a un grupo de personas en Kiev de que tenían derecho a decidir por todos hacia dónde tenía que ir el país.

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