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Donbass, Ejército Ucraniano, Guardia Nacional, Ucrania

Síntoma de un problema más grave

Artículo Original: Andrey Manchuk

El 21 de julio, los ucranianos siguieron a lo largo del día lo que ocurría en la ciudad de Lutsk, región de Volinia, donde un drama criminal se retransmitió en directo por las redes. Los pasajeros de un autobús urbano, entre los que había una mujer embarazada y un niño, fueron tomados como rehenes y retenidos durante once horas por un hombre armado que periódicamente disparaba con su ametralladora hacia las ventanas de los edificios colindantes o contra los drones de la policía. No les permitió comer, no les permitió siquiera salir para ir al baño y el sospechoso, con antecedentes penales, planteó sus demandas a las autoridades y se negó a negociar con ellas. Amenazó además con detonar una bomba escondida en algún lugar de la ciudad.

Esta historia ha hecho surgir muchas preguntas: los motivos del terrorista de Lutsk no están claros y da la impresión de tener problemas mentales y una alocada mezcla de ideas y puntos de vista. Tampoco está claro si actuó solo o si tenía algún apoyo o algún cómplice, porque la policía recibió varios avisos de bomba en Kiev y otras partes del país. Muchos ven en la saga de los rehenes una ingeniosa jugada de las autoridades ucranianas y lo consideran una producción escenificada. O ven en ella las últimas maquinaciones del maléfico Kremlin, sin el cual no se puede hacer prácticamente nada en Ucrania.

Por suerte, el asunto no acabó en tragedia sino en algo parecido a una farsa teatral que recordó a todos a un guion de la serie de televisión Black Mirror. El terrorista liberó a los rehenes y se entregó a la policía, aunque lo hizo solo después de que Volodymyr Zelensky cumpliera una de sus exigencias y promocionara públicamente un viejo documental sobre el tema de la protección de los animales. El presidente quedó como un hombre de paja, al fin y al cabo, el vídeo fue una humillación para él y la situación en Lutsk demostró la profunda crisis en la que se encuentra Ucrania, donde el impotente Gobierno se enfrenta a una sociedad seriamente enferma, acostumbrada ya a la anarquía criminal.

La operación especial para liberar a los rehenes fue dirigida personalmente por el todopoderoso ministro del Interior Avakov y en ella participaron las mejores fuerzas policiales y las fuerzas especiales. Pero los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado de Ucrania, que han informado tantas veces de sus grandes victorias imaginarias contra las hordas de enemigos imaginarios, no estaban preparadas para lidiar con un terrorista de verdad, sin superpoderes especiales ni experiencia de combate. Los brillantes éxitos en el campo de la autopromoción no ayudaron a compensar el profesionalismo perdido hace tanto tiempo. Las fuerzas de seguridad, a las que se ha inyectado grandes cantidades de dinero y se ha dado grandes poderes, es utilizada habitualmente para detener a personas inocentes y acusarlas de haber escrito posts en las redes sociales para ganar así extras y condecoraciones. Sin embargo, la captura de Lutsk requería acciones reales para proteger a los ucranianos y, en lugar de eso, el país vio solo confusa pasividad.

Es evidente que el Gobierno no es capaz de lidiar con el constante aumento del crimen. Las regiones del país se han inundado de armas que llegan de la zona ATO y se han llenado de personas sin trabajo que han traído de la guerra un hábito de usar la violencia impunemente. Sin embargo, no solo los “veteranos” poseen armas y granadas, que a día de hoy pueden ser adquiridas también por otros ucranianos inmersos en el odio o en la desesperación. Muchas de estas personas se vuelven locas, decepcionadas con el pathos de los eslóganes patrióticos, porque, de repente, se dan cuenta de que no tienen forma alguna de ganarse la vida ni perspectivas de futuro. Generalmente acaban en las filas de los radicales de ultraderecha o en las bandas criminales y representan un verdadero peligro para la sociedad, que constantemente oye hablar de tiroteos y explosiones en las noticias.

En paralelo a lo ocurrido en Lutsk, otro exmiembro de ATO amenazó con explotar una granada en una tienda situada en la región de Zaporozhie. Antes había informado a la policía del inminente ataque. Y recientemente, en Berdyansk, otro “veterano” comenzó a disparar desde su casa contra un parque infantil en el que había niños jugando, tras lo cual se encontró todo un arsenal en su apartamento: una ametralladora, una pistola Beret, miles de rondas de munición, granadas e incluso proyectiles. Hay numerosos casos similares y es evidente que no se trata de ninguna trama conspiratoria ni ningún plan cuidadosamente preparado. Las autoridades ucranianas pueden escenificar cualquier cosa, como ya se vio con la escenificación del falso intento de asesinato de un periodista. Pero lo más probable es que no haya ningún secreto detrás del ataque de Lutsk sino el resultado lógico del caos y el terror que se han convertido en la norma en la Ucrania post-Maidan.

“Después de todo lo que ha ocurrido en Ucrania en los últimos años, comenzando con Euromaidan, los ataques terroristas como el de Lutsk deberían ser algo esperado. Hay una gran cantidad de armas incontroladas y una sociedad agresiva a la que los políticos nacionalistas y la prensa han inyectado un odio que no puede producir otra cosa que actos como este. Toda esta banda estuvo durante años liderada por Poroshenko y compañía y lograron elevar el grado de odio en la sociedad, dividiéndola, con la descomunización y el odio y finalmente se hizo algo prohibitivo. Los efectos no solo están en la zona de la operación antiterrorista o alrededor de esa zona sino en la política en general y en los ataques terroristas “del día a día”. Por supuesto, hay impunidad. El ministro del Interior Arsen Avakov podría hablar mucho sobre su actitud de “comprender y perdonar” hacia los terroristas con los que comparte ideología entre los veteranos y nacionalistas. Recordemos la historia de la bomba en el puente de Kiev. Pero Avakov está muy ocupado. Ahora está haciendo propaganda, vuela a Lutsk para hacer acto de presencia ante las cámaras. Mientras tanto, sus subordinados hacen el trabajo de identificar preventivamente a personajes como el terrorista de Lutsk, con tendencia a la agresión y con armas en la mano. Este terrorista ya había sido juzgado en dos ocasiones por crímenes violentos y debería haber estado bajo supervisión. Una sociedad enferma, radicalizada y agresiva con un Ministerio del Interior destartalado generará más y más malas personas si no comenzamos urgentemente a sanar la conciencia pública y restablecer el sistema de orden público”, escribió el exdiputado Evgeny Filindash.

Por desgracia, ningún médico es capaz de poner un tratamiento, ni con una medicina ni con una operación. Mientras tanto, el incidente de Lutsk es tremendamente simbólico. Al fin y al cabo, toda Ucrania se ha convertido en un autobús gigante, tomado por terroristas armados que no van a dejar salir a la población para que hagan su vida libremente. Y esto ya no es una farsa, es una verdadera tragedia que está lejos de su desenlace.

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