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Batallón Azov, Extrema Derecha, Fascismo, Sternenko, Ucrania

“Sois geniales”

Artículo Original: Andrey Manchuk / Ukraina.ru

El primer ministro de Ucrania, Alexey Honcharuk, acudió a un concierto del odioso grupo Nazi “Sekira Peruna” y pronunció un discurso de agradecimiento dirigido a los asistentes. Este evento, imposible de imaginar en otro país europeo, se produjo la noche del 13 de octubre en uno de los clubs de Kiev. El concierto de estos músicos conocidos por su racismo y odio a los judíos fue organizada por Andriy Medvedko, uno de los acusados de asesinar al periodista Oles Buzina.

La banda Sekira Peruna profesa una ideología extremista y agresiva de extrema derecha, enaltece a los líderes del Tercer Reich, canta vítores a los terribles crímenes de las SS y abiertamente llama a sus fans a la “guerra santa racial” contra personas con otros colores de piel. Es más, han participado en pogromos organizados por diferentes organizaciones de extrema derecha.

“El primer ministro de Ucrania ha acudido a un concierto neonazi de la banda vocal-instrumental Sekira Peruna, un fenómeno nunca antes visto. Este grupo es conocido por su canción antisemita “Seis millones de mentiras”, que afirma que los judíos inventaron el Holocausto. La canción habla de “mentiras sionistas”, de la “mano judía” y de “seis millones de palabras falsas que inventaron los judíos sobre el Holocausto”. La canción termina apelando a “la batalla por la raza y la nación”. Los miembros de la banda no solo cantan. Por ejemplo, el batería del grupo fue condenado por un ataque contra la sinagoga de Brodsky”, explicó Eduard Dolinsky, líder del Comité Judío Ucraniano.

El grueso de la audiencia de este tipo de conciertos suele hacer el sieg heil acompañados de swastikas y otros símbolos Nazis. En mayo de 2018, la policía ucraniana abrió una causa penal contra los organizadores de uno de los conciertos de Sekira Peruna en el club Bingo de Kiev, que fue en realidad un acto de propaganda de la ideología Nazi, aunque el caso fue inmediatamente rebajado. El mismo tipo de público se reunió en el acto del 13 de octubre en el que, por sorpresa, participó Honcharuk. “Estoy entre amigos. Nazis, fascistas, matones, banderistas. En resumen: los nuestros”, escribió con franqueza en Facebook incluso un oyente de Sekira Peruna y bloguero de ultraderecha como Martin Brest.

Si embargo, el primer ministro de este país “europeo” no renegó de esa audiencia. “Gracias por ser como sois. Lo que tenéis nos da la oportunidad de vivir en un mundo en paz, bajo un cielo en paz y a hacer aquello en lo que somos buenos. Trabajamos por vosotros. Estoy aquí por vosotros. Para que Ucrania sea más fuete. Queremos que nuestro país sea verdaderamente fuerte. Por eso hemos buscado los recursos para financiar nuestro ejército, nuestros chicos y chicas que cada día sacrifican parte de sus vidas para que el resto de Ucrania tenga la oportunidad de vivir una vida normal en una Ucrania pacífica y con éxito. Gracias a vosotros, celebrad. Sois geniales”, afirmó el político ucraniano, dirigiéndose de forma totalmente amistosa a la ultraderecha ucraniana.

¿Cómo es posible?, me preguntaban hoy activistas por los derechos humanos y periodistas europeos. Es verdad que, a primera vista, el comportamiento de Honcharuk podría parecer extraño, ya que se le considera seguidor de ideas liberales, mientras que la audiencia de los grupos Nazis ucranianos no oculta su odio a la ideología liberal que pretende destruir, de la misma manera que a los comunistas y a los judíos. Es verdad que el primer ministro de Ucrania, con su clásica imagen de hípster europeo no parece encajar muy bien con skinheads cubiertos de runas.

Sin embargo, los actos de Honcharuk son perfectamente lógicos y están bien integrados en la línea del equipo del presidente Zelensky, que ha comenzado un camino de cooperación con la extrema derecha ucraniana de la misma forma que ya lo hiciera durante cinco años el expresidente Poroshenko. Los altos cargos de “Servidor del Pueblo” obviamente quiere protegerse de la minoría de ultraderecha y sus ataques, pero lo ideal es utilizar a esos matones y asesinos para luchar contra los oponentes. Protegiendo a algunos de los más notorios nacionalistas, como el “activista” Sternenko, que mató a un hombre, las autoridades obviamente intentan negociar una simbiosis que favorezca a las dos partes, olvidando viejos y nuevos crímenes de la extrema derecha a cambio de lealtad política.

Finalmente, entre los liberales y los Nazis nunca ha existido realmente tal abismo ideológico. Hace tiempo que los miembros de la comunidad liberal ucraniana se han vuelto locos a base del militarismo y chovinismo y ya solo se diferencian de la extrema derecha en temas de género o la actitud hacia la comunidad LGBT. Sin embargo, también hay en Kiev feministas y activistas LGBT entre los seguidores del lema “Ejército-Fe-Lengua ucraniana”. Alexey Honcharuk nunca ha escondido sus sentimientos nacionalistas e incluso se ha fotografiado con un Kalashnikov, expresando su voluntad de ofrecer una respuesta a los “agresores y enemigos”. Y la sociedad ucraniana se ha movido tan a la derecha que los Nazis no son considerados algo especialmente despreciable, mientras que la cooperación de los defensores de la paz y el diálogo sufren una viva persecución. Así lo confirma el atronador silencio del presidente Zelensky y los altos cargos del partido “Servidor del Pueblo”, que no han condenado la aparición de Alexey Honcharuk. No hay duda de que su sentida aparición en el concierto Nazi no va a perjudicar su carrera política. Aunque en cualquier país moderno supondría un escándalo e inmediatas exigencias de dimisión y de quedar manchado para cualquier puesto político de nivel.

Todo esto no presagia nada bueno para Ucrania. El actual Gobierno ucraniano ha vuelto a confirmar sus intenciones de continuar reforzando el camino político iniciado por Petro Poroshenko, algo devastador para el futuro del país. Y es difícil imaginar que el líder del Gobierno, que tan amable se mostró con la ultraderecha, vaya a ser capaz de dar pasos coherentes para acabar la guerra en Donbass. Por no hablar de garantizar la democracia y la libertad del país o acabar con la impunidad de los “activistas” nacionalistas. Los ucranianos deberían darse cuenta de que los nuevos líderes del Estado están interesados en hablar con los asesinos Nazis, mientras que son absolutamente indiferentes a las esperanzas de aquellos que mayoritariamente les votaron.

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