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Nacionalismo, Política, Transcarpatia, Ucrania

Otra obsesión nacionalista

Artículo Original: Andrey Manchuk

Recientemente, los ucranianos han conocido al nuevo gobernador de la región de Transcarpatia: el empresario y comerciante de vinos Anatoly Poloskov. El primer ministro, Denis Shmygal, personalmente le dio la bienvenida en una reunión del Gobierno ucraniano que se celebró en formato remoto a causa del coronavirus. El flamante gobernador tenía detrás de él una bandera de los Estados Unidos de América junto a la bandera ucraniana. Aunque Transcarpatia, que ha formado parte de diferentes estados, nunca ha formado parte de Estados Unidos.

Este cómico incidente vuelve a mostrar hasta dónde ha llegado la dependencia externa de Ucrania. Sin embargo, no provocó una reacción crítica de Zelensky ni de Shmygal. Al fin y al cabo, son ministros a los que la encargada de negocios de la embajada, Christine Queen, llama a capítulo y da instrucciones vía Twitter en lo que respecta a temas importantes como la vacunación contra el coronavirus y las restricciones de la libertad de expresión. Y también es verdad que las banderas de la Unión Europea llevan tanto tiempo ondeando en los edificios oficiales ucranianos pese a que Ucrania ni está en la UE ni en la lista del programa de ampliación.

Sin embargo, al día siguiente del vergonzoso incidente de la bandera, Transcarpatia se preocupó seriamente por un posible intento de minar la soberanía de Ucrania. Pero no se trataba del gobernador Poloskov. El SBU realizó un registro en la oficina de Vasyl (Laszlo) Brenzovich, exdiputado en el Parlamento que compagina su puesto como líder del Partido de los Húngaros de Ucrania con la fundación caritativa Egan Ede y la Sociedad de Cultura Húngara de Transcarpatia.

Según se ha sabido, supuestamente se le han encontrado octavillas llamando a la creación de una autonomía húngara, por lo que el político es sospechoso de subversión y alta traición. Además, el SBU también detuvo a los diputados locales de la localidad de Surte, en Úzhgorod, que habían interpretado el himno húngaro durante la toma de posesión. Ahora tendrán que defenderse de acusaciones de separatismo. De hecho, ya han comenzado: según se ha sabido, el Ministerio de Justicia de Ucrania ya ha apelado a los tribunales a que cancele el registro del Partido de los Húngaros por infracciones formales de la legislación ucraniana.

Todo esto causó una dura reacción de las autoridades húngaras. Miembros del Parlamento Europeo del partido del Gobierno (Fidesz) y de la Democracia Cristiana publicaron un comunicado exigiendo el fin de la persecución de los húngaros de Transcarpatia en el que utilizan un lenguaje duro. “Las autoridades ucranianas están creando una situación de guerra civil en Ucrania. Lo consideramos vergonzoso y lo condenamos”, escribieron.

El ministro de Asuntos Exteriores de Hungría, Péter Szijjártó, se quejó de Ucrania a sus homólogos de los países de la OTAN y apuntó que ese tipo de acciones son inaceptables para un país que busca formar parte de la Alianza.

Esta no es la primera crisis entre Ucrania y Hungría relacionada con la comunidad húngara en Transcarpatia. Dicha comunidad se formó durante la etapa del imperio Habsburgo en la región de los Cárpatos, cuando los húngaros eran una minoría privilegiada que suponía alrededor del 30% de la población en una zona en la que la población eslava siempre ha sido predominante. El tratado de Trianon, firmado en 1920, transfirió esta región a la recién formada Checoslovaquia, lo que causó un éxodo masivo de los húngaros del territorio. En 1939, Hitler devolvió Transcarpatia a sus títeres de Budapest pese a que los nacionalistas ucranianos pretendían crear su propio Estado títere germanófilo. Y en 1945, la región se convirtió en parte de la Unión Soviética como parte de la República Socialista Soviética de Ucrania.

Según el último censo de Ucrania, que se realzó en el lejano 2001, había 156.000 húngaros en el país, la mayor parte de ellos residentes en la compacta Transcarpatia, junto a la frontera de Hungría, y que son mayoría en el distrito Beregovo, la mitad de la población del distrito Vinogradovsky y una mayoría importante en los distritos de Úzhgorod y Mukachevo. No es sorprendente que gran parte de los húngaros de Ucrania tengan pasaportes húngaros, especialmente teniendo en cuenta que eso ayuda en el tránsito y los negocios de contrabando con los que sobrevive la población de la desindustrializada región.

En los últimos años, la población húngara ha estado bajo constante presión de los nacionalistas ucranianos, que sospechan traición de los magiares. Sin embargo, la realidad es que los húngaros de Transcarpatia nunca han mostrado tendencias separatistas, pese a que la idea de la gran Hungría es popular entre los políticos húngaros, que han realizado algún trabajo práctico en esa dirección. Al visitar Transcarpatia, vi claro que los húngaros locales no quieren guerra y que temen las revueltas catastróficas que siempre acompañan los conflictos internos. Sin embargo, buscan proteger su derecho a hablar su lengua materna y demostrar públicamente su identidad nacional. Y eso supone constantemente nuevos motivos de persecución: por colgar la bandera húngara o por cantar el himno húngaro.

“Me dan pena los húngaros de Transcarpatia. Alguien dibujó una vez la frontera a 20 kilómetros al este y, en lugar de en la cómoda UE, han acabado en el país de la eterna victoria-traición. Una vez estuve en Beregovo, donde ni siquiera conocen la lengua ucraniana. ¿Qué se puede exigir de ellos? ¿Por qué hay que hacer todo esto?”, escribió el periodista de Kiev Vyacheslav Chechilo.

Pero los halcones nacional-radicales ya exigen que todos los ciudadanos que tengan también ciudadanía húngara sean introducidos en la web Mirotvorets, para poder así inflamar aún más la situación y amenazar potencialmente al país con otra guerra civil, aunque, por suerte, ese escenario aún está muy lejos.

¿Cuál es el motivo de este nuevo empeoramiento de la lucha contra el ficticio “separatismo húngaro”, que amenaza con enquistar definitivamente las relaciones entre Kiev y Budapest? Según una versión, los representantes del partido de Zelensky, sin gran habilidad, chantajean a los líderes del Partido de los Húngaros para asegurarse el control de su facción en el Parlamento regional. Otros lo ven como una intriga del exgobernador Alexey Petrov, que lideró la contrainteligencia en tiempos de Poroshenko. Según los rumores, puede haber creado esta crisis política entre Kiev y Budapest por los intereses de su antiguo jefe.

Sea lo que sea, esta historia ha minado un poco más la ya mala reputación de los “servidores del pueblo”, ya que Europa ha visto que el presidente ucraniano tiene dificultades para controlar la situación en su país, donde la población se manifiesta con las banderas de otro país en todas partes.

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