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Una nueva alianza frente a Rusia

putin01En un artículo reciente en el Times de Londres, Edward Lucas argumenta que es preciso hacer frente a la amenaza que, en su opinión, representa Rusia, a la que califica como el “estado gangster de Putin”. Según este colaborador habitual de The Economist, Rusia ha procedido a rearmarse, “utiliza la fuerza militar” y recurre “con impunidad” a “las artes oscuras” de la propaganda y la presión económica. Según el publicista, la mejor forma de hacer frente al Kremlin es golpear “a los cleptócratas donde les duele: en sus bolsillos”. Pero, en una perspectiva mucho más relevante, presenta un nuevo modelo de alianza geo-estratégica para enfrentarse a Rusia.

Favorable a cualquier movimiento contrario a Rusia en el este de Europa, Edward Lucas es conocido por su nostalgia de la acción de contrapropaganda antisoviética y anti-rusa de la Guerra Fría. En ese contexto, ha destacado por la defensa de un contraataque a lo que define como guerra de la información por parte del Kremlin y por su desprecio a todo medio ruso que no adopte la línea occidental. Su apoyo a iniciativas como las The Interpreter, de Michael Weiss, o las del Legatum Institute, en el que colabora con Anne Applebaum o Peter Pomerantsev, son bien conocidas. Tanto como su admiración por personajes maestros de la desinformación como Paul Goble.

Además de por sus propuestas para controlar a la prensa disidente, Lucas destaca también por su obsesión por controlar a Rusia a través del dinero, asimilando a Putin y al Kremlin con una gestoría de los intereses de la oligarquía económica rusa. Pero Lucas es sobre todo un defensor de la acción imperialista al estilo tradicional: “La verdad difícil de aceptar es que la UE tiene que comportarse como un imperio es su idea principal. Una posición cuyos principales apoyos habría que buscar, frente a la indolencia de los países del Sur, al estilo de Grecia, en esos países del Báltico que, según él, han pasado en apenas una década de ser “ruinas post-comunistas a historias de éxito”. Apoyar a Ucrania frente a Grecia era la opción más realista para el futuro, sostenía Lucas en pleno debate europeo sobre el rescate del país helénico.

En su artículo del Times, Lucas defiende la tesis de que durante más de dos décadas el establishment británico ha rechazado las advertencias sobre la amenaza de Rusia que se lanzaban desde Estonia, Letonia, Lituania y otras partes del este de Europa. Tachados de paranoicos y anclados en el pasado, Rusia, según la sabiduría convencional, “era a lo sumo una molestia, pero ciertamente no una amenaza”.

Según Lucas, pocos son los que sostendrían hoy esta tesis en las capitales europeas. Rusia se ha rearmado “hasta el punto de que estaríamos en apuros para defender a nuestros aliados en la línea de frente de la OTAN contra un ataque militar”. La percepción de amenaza, “genuina, incluso inminente” llega incluso a quienes menos parecían creer en ella. Por ejemplo, a países hasta ahora relajados que, como Suecia, recuperan su sistema de misiles para la defensa costera y consideran la vuelta al reclutamiento obligatorio. Poco importa que esa amenaza inminente se lleve anunciando desde hace al menos dos años sin que se haya materializado. Lucas argumenta además que el Kremlin ha conseguido dominar “las nuevas artes de la guerra: la propaganda, los ciberataques, la presión económica y el uso selectivo del soborno”.

Para el publicista neocon, todo ese tipo de acciones “se han exhibido en Europa oriental durante una década o más”. Pero se han ignorado y ahora “estas armas se están desplegando contra nosotros, y estamos luchando para hacerles frente”. Dando por hecho la intervención rusa en las elecciones presidenciales Lucas denuncia la actitud de Estados Unidos como un país “demasiado confuso y tímido para responder”.

Aunque Rusia es mucho más débil que los países occidentales, tanto en términos económicos o demográficos como militares, según Lucas disfruta de algunas “grandes y posiblemente cruciales” ventajas. Éstas se resumen en la imagen de un líder decisivo, Vladimir Putin, que está dispuesto a aceptar el dolor económico, a romper las reglas y a usar la fuerza. A diferencia, según Lucas, de un Occidente que está perdiendo la batalla. Como se estaría empezando tardíamente a considerar entre los responsables de seguridad del Reino Unido: “Rusia está ganando, y seguirá ganando”.

Y lo que es más llamativo, en su análisis, es que Estados Unidos ha dejado de ser una referencia para la seguridad occidental: “El primer paso es darnos cuenta de la situación en la que estamos. Ya no podemos depender de América para defendernos”. Es incluso posible que, con Trump, Estados Unidos perjudique a la seguridad de Occidente. Se hace así necesario “unir a los diferentes elementos del gobierno y de la sociedad afectados por la amenaza rusa”. Banqueros, abogados, contables, universidades, todas las partes de la sociedad occidental, o al menos de la británica, deben considerar la participación rusa en sus asuntos internos.

Sin embargo, la propia argumentación de Lucas es contradictoria. En realidad, siguiendo su propio análisis, Rusia no tendría objetivos militares sino político-económicos: “acabar con el orden de seguridad europeo basado en normas multilaterales” y sustituirlo por “un mundo de acuerdos bilaterales -en energía, seguridad, defensa- en los que Rusia, como país grande, tendría las de ganar”. Para ello, su estrategia tampoco es militar sino política, la del “divide y vencerás”: recompensar a los países que le hacen el juego, la Hungría de Orban o quizás la Francia de Fillon, y castigar a los pequeños países que se atreven a resistir: “Georgia y Ucrania hasta ahora, tal vez Estonia o Polonia pronto”.

Es el éxito que estaría teniendo en esa política lo que preocupa a Lucas porque estaría contribuyendo a debilitar el “pegamento que mantiene unido a Occidente” en lo que le preocupa realmente, la acción imperial. De ahí que señale el riesgo de que Washington apueste por “desmilitarizar a los estados de la línea del frente, abandonar Ucrania y eliminar las sanciones, todo en nombre de los esfuerzos combinados ruso-estadounidenses contra el terrorismo”. Es ese el escenario de reblandecimiento de la estrategia de expansión hacia el este contra el que se rebela Lucas, contra el que pide luchar.

La actuación que plantea Lucas es tanto económica y militar. En la primera dimensión, plantea usar el poderío financiero para evitar, en directa oposición a las prácticas habituales de la City londinense, que los “cleptócratas” rusos usen el sistema bancario occidental para lavar su dinero.

Es sin embargo en la dimensión militar, en un contexto en el que es necesario “prepararse para lo peor: una Europa post-atlantista donde los tentáculos de la influencia rusa se hayan apoderado de muchos de nuestros aliados de la OTAN”, en la que las propuestas de Lucas resultan más novedosas. Esboza un escenario difícil pero no necesariamente desastroso porque Lucas tiene un modelo alternativo de seguridad para lo que considera la esencia de lo que es Occidente: “Los estados de Europa en primera línea del frente -las naciones nórdicas y bálticas más Polonia”, unidos a una Gran Bretaña “con armas nucleares, y una superpotencia en inteligencia y ciberespacio, además de algunos otros aliados como Canadá, todavía podemos derrotar a Rusia en todos los frentes”.

A ello añade la necesidad de “mecanismos claros para compartir información sobre la intromisión de Rusia en nuestras sociedades y tomar acciones conjuntas contra la amenaza”, tales como la llamada enmienda Magnitsky que “permitiría al gobierno u otras partes interesadas pedir a un tribunal que congele activos en este país pertenecientes a aquellos relacionados con abusos de derechos humanos”. “Los implicados en la persecución de los tártaros de Crimea o en el maltrato de prisioneros ucranianos podrían pensárselo de nuevo si supieran que sus finanzas personales están en peligro”, sostiene sin ningún recato puesto que en su análisis no hay margen de consideración de las tropelías del régimen de Kiev en Odessa o en el Donbass.

Es la guerra fría revisitada: “Como hemos visto en otras partes, Rusia bombea dinero en la vida pública de otros países, a través de medios de comunicación, think-tanks, la política o la academia. El objetivo puede ser la recolección de inteligencia, el tráfico de influencias u otros trapicheos. La Unión Soviética trató de hacer lo mismo. Pero ahora somos mucho menos cautelosos”. Salvo, por supuesto, en el caso de los estados de la línea del frente oriental que, como en otros periodos, se mantienen siempre a la vanguardia de la lucha con Moscú: “Nuestros aliados en los estados de primera línea ven la amenaza rusa mucho más claramente que nosotros, y están por delante de nosotros en contrarrestarla. Debemos tratar de escucharlos”, recuerda Edward Lucas.

En realidad, todo sigue igual en la línea del frente oriental de Europa. Aunque, a decir verdad, no del todo. Lucas parece creer cada vez menos en un proyecto común que haga posible su sueño de una Unión Europea imperial frente a Rusia y basada en esa mayoría ciudadana que, desde Grecia hasta Ucrania, cree que “la integración europea es su destino y su derecho de nacimiento”. Descartado Estados Unidos de la vanguardia de la línea anti-rusa, sin perder tiempo en hablar siquiera del papel de Alemania, como Paul Goble, Edward Lucas parece creer que sólo el mundo anglosajón estaría hoy en disposición de asumir el reto reservado a la vanguardia de Occidente. Un reto en el que apenas podría confiarse en unos pocos estados de Europa, sobre todo escandinavos y bálticos. Casualmente aquellos que, desde la derecha más extrema, el líder del batallón Azov, Andrey Biletskiy, pretende unir políticamente en el proyecto Intermarium.

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Comentarios

2 comentarios en “Una nueva alianza frente a Rusia

  1. Los únicos “culpables” del fortalecimiento de Rusia, cada vez más hasta hacerse invencible, son las fuerzas de Occidente. Es la larga lucha entre el imperio romano –representado actualmente por la NATO + El Vaticano S.A. – contra el cristianismo ortodoxo, heredera directa de la comunidades cristianas originales.
    Desde hace siglos que no cejan en esa intención una y otra vez (no por nada, las llamadas Cruzadas estaban destinadas a atacar tanto a los musulmanes como a la Iglesia Ortodoxa), y contra un pueblo que tiene el don y la virtud de la libertad, la resistencia, el patriotismo, y un sentido de destino, como muy pocos.
    Por lo que logro discernir, Occidente no comprende que si tiene a Rusia como amigo, tendrá al mejor amigo del mundo, pero si se pone como enemigo, no tendrá chances, más que llorar “sobre la leche derramada”…, como este Sr. Lucas.
    (Le concedo al Sr. Lucas que los únicos que podrían intentar algo serían los anglos (Echelon), porque Alemania, con las casi 200 bases militares de USA en su territorio es un país ocupado e inmovilizado, y Austria no está para cuentos. Por otra parte, como todos los “gatos de palacio” ideologizados, él confunde la realidad con la desinformación que proclama…)

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    Publicado por Alonso | 29/12/2016, 05:01

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  1. Pingback: La metapolítica de la Reconquista y la línea Azov | SLAVYANGRAD.es - 12/01/2017

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