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Alto el fuego, Debaltsevo, Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, Guardia Nacional, Logvinovo, Mariupol, Minsk, Parubiy, Turchinov

Turchinov, Mariupol y la lucha de poder en el Ejército

Artículo Original: Vzglyad

turchinovAnunciar una ofensiva [de la RPD] por Mariupol, como hizo el presidente del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional de Ucrania, contradice toda lógica militar, pero explica perfectamente la lógica política. Ucrania confía en que, en el caso de que se viera verdaderamente amenazada, Estados Unidos finalmente optaría por entregar armas letales al Ejército Ucraniano. Además, Kiev está preocupado por la lucha de poder en el Ejército.

Según las declaraciones del presidente del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional de Ucrania, Alexander Turchinov, las tropas de la República Popular de Donetsk preparan, para un futuro cercano, un ataque contra Mariupol, por lo que la ciudad ya está siendo suministrada de armas, munición y combustible. Turchinov apuntó también el aumento de ataques en Donbass y afirmó que la actividad de grupos de sabotaje y reconocimiento y francotiradores profesionales ha aumentado de forma significativa en la “zona ATO”.

Turchinov realizó estas declaraciones durante una reunión con altos mandos militares en la zona de conflicto, cuando pasaba revista a las tropas del Ejército Ucraniano en la zona de Mariupol, que según el presidente del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional, se celebró “en vistas de los preparativos de ofensiva de la RPD”. En realidad, la visita de Turchinov se produjo tras una serie de derrotas locales tácticas del Ejército Ucraniano en el último mes.

Todo comenzó con el intento de capturar la zona neutral y penetrar a través de las defensas de las milicias en la zona de Debaltsevo, aunque tras diez horas de batalla, las tropas ucranianas, que habían sufrido bajas, se retiraron a sus posiciones iniciales. A ello siguieron una serie de duelos de artillería y de francotiradores.

Hace unos días, en pequeños grupos, el Ejército Ucraniano volvió a realizar un intento en la misma dirección: hacia Logvinovo, que una vez cerró lo que sería la bolsa de Debaltsevo. Este intento estuvo a punto de volver a acabar en desastre, ya que el grupo acabó prácticamente rodeado en un escenario que se hace familiar. Como ya se sabe, esta es la asignatura pendiente, que el entrenamiento de los soldados ucranianos no ha conseguido superar.

Algo diferente es la situación en Troitskoye, donde el fuego de artillería de respuesta de las milicias destruyó una de las fortificaciones de las tropas ucranianas y mató a al menos tres soldados. Los mensajes de los foros ucranianos llegaron prácticamente a mostrar pánico, ya que no esperaban el fuego de respuesta de las milicias. En paralelo, los comentaristas lamentaban que “solo las armas estadounidenses pueden salvar a Ucrania”. Concretamente, exigían radares contra-batería y sistemas de control de artillería, necesarios para la supervivencia del “bien equipado” y “mejor equipado” ejército de Europa (según Poroshenko).

Sin embargo, Turchinov escogió visitar Mariupol, donde no está ocurriendo nada importante más allá de los periódicos saqueos de las unidades de la Guardia Nacional en la “desmilitarizada” Shirokino (saqueos que en ocasiones ocurren con el consentimiento, o al menos sin la oposición, de la OSCE). A Turchinov parece gustarle Mariupol: salvo en contadas excepciones, suele ser allí, en esa tranquila y fortificada ciudad, donde inspecciona las tropas. Mariupol garantiza que Turchinov nunca esté en peligro.

Turchinov no especificó las fechas de la próxima “ofensiva de la RPD”. No es su estilo. Normalmente es el actual presidente del Parlamento, Andriy Parubiy, el que clarifica los datos de “inteligencia”. El año pasado, anunció las fechas exactas de próximas ofensivas de las milicias. En cada ocasión, Parubiy citó datos de la inteligencia e “información directa desde los campamentos de los separatistas”.

Por ejemplo, Parubiy prometió el inicio de una ofensiva sobre Mariupol el 2 de agosto de 2015. Antes, anunció que los separatistas habían “planeado” el ataque para el periodo del 9 de mayo, pero se disculpó por no poder dar a la prensa una fecha exacta, ya que había varias posibles fechas a finales de abril y principios de mayo (aparentemente Parubiy contaba con varias fuentes).

Además, Parubiy sigue empeñado en contar cuidadosamente el número de tropas rusas en Donbass y en el territorio ruso que hace frontera. Según el presidente del Parlamento, en un determinado momento, ha llegado a haber hasta 50.000 tropas rusas en la frontera y 40.000 directamente en Donbass. La declaración fue conmovedora, pese a que días antes, en el marco del acuerdo de cielos abiertos, Estados Unidos realizó un vuelo de reconocimiento por la zona de la frontera en el que no encontró nada. No encontraron miles de tropas rusas sino la misión de la OSCE.

Sin embargo, Parubiy simplemente puede decir “esa es la información de que dispongo”. El interés del pastor Turchinov en Mariupol es más sustancial. Suele decirse que un intento de la PRD de capturar la ciudad sería la “línea roja” tras la cual Washington cumpliría las plegarias de Kiev. Hay que recordar que el momento clave se produjo en septiembre de 2014, cuando las milicias no trataron de capturar Mariupol, aunque podrían haberlo hecho. El avance se detuvo por una serie de motivos políticos, hechos que aún causan ira en parte de la élite política y militar de la RPD (especialmente entre los “retirados”).

Sin embargo, la parte ucraniana sigue explotando el ataque de pánico (que se ha convertido casi en una forma de vivir y de pensar), probablemente con fines propagandísticos, y distribuyen mensajes histéricos que afirman que “el ejército de los separatistas” están prácticamente en el centro de la ciudad. En realidad, la RPD tomó solo algunos suburbios de las localidades de Sartana y Talanovka de los que más adelante se retiró voluntariamente para no infringir los acuerdos de Minsk. A lo largo de la ruta de Primorsky, la línea de contacto estaba más cerca de la ciudad: por Vinogradovo y Yablochny, pero esas posiciones se abandonaron cuando se abandonó Shirokino, también por “motivos políticos”.

Si antes las fuentes ucranianas afirmaban que la RPD rodearía Mariupol por Sartana (y después Volnovaja), Turchinov sugiere ahora un ataque prácticamente frontal en las posiciones avanzadas fortificadas del Ejército Ucraniano (tras lo cual, por cierto, hay que cruzar el río Kalmius). Querer tomar una ciudad de 400.000 habitantes superando las trincheras y campos minados para capturar un microdistrito no tiene mucho sentido.

A menudo, Turchinov opera, en Donbass, por su propia iniciativa y por motivos que solo él conoce. Dejando de lado teorías sobre la cadena de mando que lleva directamente al pastor de la iglesia, la impresión es que Turchinov trata de hacerse con el control de las Fuerzas Armadas. Hace tiempo que el Estado Mayor de la Defensa y el Ministerio de Defensa crearon, con ayuda estadounidense, la táctica de las agrupaciones, que sustituyeron al incómodo sistema de batallones.

El Ejército se aferra al plan de “golpes de corte”, para lo que se han creado dos fortísimos grupos que se mantienen cerca de la línea del frente, arriesgándose a perderlo todo en el caso de una contraofensiva de las milicias en la que las tropas ucranianas podrían quedar rodeadas en grandes bolsas. La completa ausencia de reservas movilizadas (a excepción de quienes están siendo entrenados y el personal estacionado en Kramatorsk) también indica la obsesión ucraniana por aplicar la idea de “un golpe definitivo”. Y en esta situación, el único gran grupo se ve obligado a permanecer inmóvil, enterrado en las trincheras y el bunker, exactamente como la sobrealimentada guarnición de Mariupol.

La serie de derrotas tácticas ante las milicias (que no se han visto especialmente afectadas, a excepción de las primeras horas del ataque contra Logvinovo, cuando nadie esperaba ese tipo de acción por parte del Ejército Ucraniano) debería hacer ver a alguien en Kiev que algo no va bien. Estuviera planeado o no, estuviera organizado o no. Pero esa idea puede no aparecer en Kiev sino al otro lado del océano, también por medio de Turchinov, no solo como líder del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional, sino con una petición desesperada, ya que en la práctica el presidente Poroshenko sigue confiando en las tácticas del Ministerio de Defensa y el Estado Mayor, a los que ha entregado información y equipamiento y ha mantenido en sus puestos a pesar de las derrotas.

Turchinov, presidente del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional, no se presenta “sobre el terreno” para controlar las Fuerzas Armadas sino para conseguir hacer de ese enorme grupo una herramienta política que soporta el poder supremo en Kiev. Pero al mismo tiempo, a causa de su origen, profesión y maneras e incluso apariencia, Turchinov carece de la imagen de un experto militar. Lo que a veces puede parecer una actuación convincente en casa, puede llegar a parecer ridículo en el frente.

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