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Médicos Sin Fronteras: las consecuencias de la guerra en Gorlovka

Durante meses, gobiernos y organizaciones internacionales han advertido del riesgo de una crisis humanitaria en la zona en la que Ucrania lleva a cabo su operación antiterrorista, ignorando así una crisis que era ya evidente antes de que el bloqueo económico implantado por Kiev en noviembre cortara definitivamente un suministro de medicamentos que ya se limitaba prácticamente en su totalidad al material llegado desde Rusia, ya fuera por ayudas públicas del Gobierno ruso u organizaciones privadas que desde el inicio de la crisis han aliviado, en cierta medida, el sufrimiento de la población civil que la prensa occidental tanto ha luchado por ocultar.

En un poco habitual y extenso documento, Médicos Sin Fronteras, que llegó a Gorlovka en septiembre de 2014, pasadas ya las primeras semanas de bombardeos masivos contra la población civil, presenta algunos documentos y testimonios sobre la experiencia en esta ciudad y en el área de Lugansk.

El impacto social de la política del Gobierno de Ucrania en la zona del Donbass

Un documento de MSF publicado el 23 de enero de 2015 resumía de la siguiente forma la situación social de la población en la zona del Donbass:

Desde noviembre, las medidas adoptadas por el gobierno de Ucrania de restricción de movimientos han supuesto que los civiles que viven en áreas controladas por los rebeldes se encuentren atrapados de facto y que la recepción de ayuda humanitaria sea más complicada. Todo servicio social público ha sido bloqueado, incluyendo el pago de pensiones, los suministros médicos y los salarios de los trabajadores públicos, médicos y sanitarios incluidos. Los bancos han recibido órdenes para el cierre de cuentas en estas áreas y de todos los servicios bancarios, incluyendo los cajeros electrónicos y los pagos con tarjeta de crédito. La población no tiene otra opción que cruzar el frente para poder obtener fondos o acceder a sus pensiones”.

Esta opción será aún más difícil después de una nueva medida, que entró en vigor el 21 de enero, y que dictamina que solo aquellos que cuenten con un pase especial podrán entrar y salir de las zonas controladas por los rebeldes. Además, desde el 19 de enero, los movimientos hacia y desde Luhansk se han visto gravemente limitados a causa de los combates y el daño ocasionado a las carreteras”.

El 27 de enero, se recoge también el testimonio de Émilie Rouvroy, coordinadora de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Lugansk. Rouvroy también menciona la problemática social de la población, señalando que “La gente de la zona no ha recibido sus pensiones desde hace seis meses. Se han quedado sin dinero y en la zona no hay industria”.

Sin embargo, el testimonio de Rouvroy se centra en las consecuencias de la guerra sobre el funcionamiento de los servicios de salud, y de algunos servicios sociales. Dice lo siguiente:

Tras meses de guerra, la presión sobre el sistema de salud es evidente y el conflicto impacta ya a toda la población de la zona … Cuando visitas los hospitales o los centros de salud, compruebas que muchos de ellos se encuentran vacíos porque los médicos no disponen de material suficiente …  El mayor problema es que no hay más fármacos psiquiátricos ni anestésicos para las cirugías. Los médicos están desesperados por la falta de material.

No son solo los medicamentos. He visitado orfanatos, residencias de ancianos e instituciones para discapacitados psíquicos y físicos y he visto a los pacientes muy débiles, no están recibiendo comida suficiente. Se encuentran al amparo de donaciones y de la buena voluntad de la población local, pero su situación es límite. Un día reciben un saco de patatas y, al día siguiente, un saco de coles. Cuando visitas sus cocinas, hay siempre algo de comida en el fuego, pero las neveras se encuentran vacías.

La directora de uno de los geriátricos que visitamos la pasada semana, rompió a llorar frente a nosotros: “Seguimos aquí, seguimos intentándolo – dijo – pero estamos tratando a la gente con palabras”.

Hay escasez de todo: de material de limpieza, jabón… incluso de pañales. Si no tienes pañales, la consecuencia es que miles de personas en geriátricos, orfanatos y centros para discapacitados acaban viviendo y durmiendo sobre sus excrementos.

Pero resulta imposible encontrar pañales aquí. Hemos pedido más de diez mil, pero no es suficiente, se necesitan millones. Y ahora que los desplazamientos hacia las zonas de conflicto se han cercenado va a ser mucho peor.

Rouvroy habla a continuación del efecto de esta situación sobre el estado de ánimo de la población:

Los meses de conflicto se han cobrado un peaje enorme en la salud mental de las poblaciones que viven a ambos lados del frente. Recientemente visité un pueblo que se encuentra a apenas 500 metros del frente y que ha sufrido reiterados bombardeos. El resultado: casas destruidas, sin electricidad y sus habitantes traumatizados.

El director del hospital nos pidió que ayudáramos a su personal, porque están bajo tal tensión que no se ven capaces de tratar a nadie. Hemos enviado a nuestro equipo de psicólogos y esperamos poder aumentar nuestras actividades de salud mental. En otro pueblo, a diez kilómetros, el alcalde lloraba mientras hablábamos con él; la situación se le había tornado demasiada dura. Desde nuestra visita ha habido más bombardeos. Vamos regresar a hacer más donaciones para tratar a los heridos de guerra, proporcionar mantas y material de higiene.

Y menciona la gran solidaridad de los profesionales:

Esta guerra ha destruido tanto. Los médicos continúan trabajando. Algunos caminan cada día durante más de una hora porque no tienen el dinero para pagar el transporte. Trabajan gratis, tampoco han recibido sus salarios desde hace medio año. Lo único que mantiene el sistema es su compromiso y dedicación con su comunidad y sus compañeros. Impresiona esta solidaridad. Aunque no se le puede pedir a la gente que continúe así durante mucho más tiempo. Resisten, apenas. Es cuestión de tiempo antes de que se derrumben del todo.

El deterioro de la situación a partir de mediados de enero

En la crónica del día 23 de enero, el coordinador de los proyectos de MSF en Ucrania, Loïc Jaeger señalaba que entrar y salir de la zona de conflicto “resultaba cada vez más complicado tanto para los civiles como para los equipos de MSF que pretenden asistirles”. Unos días antes, el 19 y el 20, su equipo había tratado de hacer llegar material de emergencia al hospital en Gorlovka pero los camiones tuvieron que regresar después de ser bloqueados en los puestos de control.

En su testimonio del día 27, Émilie Rouvroy también destaca el deterioro de la situación:

Los combates se han intensificado dramáticamente desde la pasada semana y la situación se deteriora con rapidez. En los últimos cinco días, se han registrado combates intensos y escuchamos el constante retumbar de explosiones y de disparos. Hemos recibido informaciones que hablan de que más de 70 casas habrían resultado dañadas o totalmente destruidas, en la última semana, y de un gran número de hospitales afectados desde que el conflicto estallara en verano. Esta semana, una institución psiquiátrica a la que estábamos prestando apoyo ha sido totalmente destruida. Cada vez está resultando más y más complicado llegar a las áreas en disputa. El pasado lunes, los puestos de control que permiten el acceso a las áreas controladas por rebeldes estaban cerrados; nadie podía atravesarlos.

Las líneas de suministro médicos se han cortado y ni un medicamento puede llegar a estas zonas, una situación que se prolonga ya desde hace meses.

En la crónica del 3 de febrero, MSF señala que el 29 de enero un equipo de la organización consiguió llegar a Gorlovka.

Miles de civiles que no habían logrado huir ahora ya no podían abandonar la localidad: una sola entrada por una carretera estrecha y extremadamente peligrosa constituía el único acceso para entrar y salir de la ciudad. El equipo visitó el principal centro de urgencias, el Hospital número 2, al que MSF ha estado apoyando con suministros médicos desde junio de 2014. Durante la visita, el personal de MSF pudo contabilizar más de 100 pacientes heridos en las salas de cirugía. El subdirector del hospital informó, además, que cada día llegaban entre 30 y 100 casos urgentes.

“Muchos de los médicos del hospital han huido”, explica Hugues Robert, responsable del programa de emergencia de MSF. “Quienes permanecen trabajan día y noche tratando de cuidar a todos los heridos, además del resto de pacientes. Esta semana, estamos incrementado nuestro apoyo al hospital con el objetivo de reducir la presión sobre el personal y garantizar que disponen de los medicamentos y suministros necesarios para continuar el tratamiento de los pacientes. “

El 13 febrero de 2013, el cirujano británico de MSF, Michael Roesch, describe la situación en Gorlovka. Llega a la ciudad después de que la organización decidiera destinar un equipo de apoyo al personal médico del Hospital número 2 para ayudar en la atención quirúrgica de urgencia a los heridos. Roesch describe su llegada a Gorlovka y su visión de la ciudad:

Llegué a Gorlovka hace seis días y fui directamente al hospital. Los quirófanos principales, arriba en el sexto piso, ya no están funcionando porque son demasiado peligrosas con todo el bombardeo. Hay una sala de operaciones en funcionamiento en la planta baja. Cada día se reciben entre cinco y veinte víctimas de los bombardeos. La semana pasada, 60 personas heridas fueron traídas en un día. Pero durante tres días no había agua corriente en el hospital, por lo que tuvo que cancelar todas las operaciones salvo las más urgentes. Sin agua, no se puede esterilizar nada.

La ciudad no está en ruinas, dado que bombas y proyectiles no destruyen por completo los edificios, aunque las casas más pequeñas en los suburbios pueden caerse. Pero todos los edificios tienen las ventanas rotas, un problema cuando la temperatura baja a 10 grados bajo cero por la noche. Ayer pasamos por delante de un parque infantil con marcas de quemaduras en el suelo donde un proyectil había estallado. Y hay cráteres de las bombas por todas partes, incluyendo uno justo en frente del hospital infantil.

Pero difícilmente se ve a ningún niño. La mayoría de las familias con niños pequeños se han marchado. Parece un pueblo fantasma. La mayoría de las tiendas están cerradas, no hay cafés o restaurantes. Si la gente tiene que salir, caminan muy rápido. Nadie está de pie en la calle a menos que espere un autobús.

En cuanto a la nueva situación de la guerra y su trabajo en el Hospital número 2, dice lo siguiente:

Cada hora o dos, una bomba o proyectil impacta en algún lugar de la ciudad, completamente al azar. La mayoría de las víctimas son golpeadas al aire libre, cuando están caminando por la calle o esperando el autobús. Dentro de las casas, se está básicamente seguro siempre y cuando uno se mantenga alejado de las ventanas.

Hace dos días, una casa a 200 metros de donde estamos viviendo fue afectada. Nos despertó a las 5 de la mañana un estallido repentino. Las ventanas estaban temblando, y sabíamos que tenía que ser una bomba. Salté de la cama, junté algunos elementos esenciales -mi ordenador, las gafas de leer, el cortaplumas, y ropa caliente- y corrí al sótano en busca de refugio. Ya había escondido un botiquín médico de emergencia en la planta baja. En momentos así, sólo esperas a que llegue la próxima explosión.

Los hospitales se están quedando sin suministros médicos básicos. Los médicos en otros hospitales nos han dicho que ya no les quedan suturas quirúrgicas, así que los cirujanos están cosiendo a las personas con hilo de pescar.

Como el suministro de agua empeora por los bombardeos, la diarrea entre los niños está aumentando, pero el hospital infantil se ha quedado sin las infusiones que necesitan para evitar la deshidratación. Los suministros de todo tipo de medicinas se han acabado, nos han pedido insulina, antibióticos, desinfectantes para las heridas, una enorme lista de cosas que necesitan con urgencia más allá de lo que ya habíamos traído.[]

He visitado tres hospitales en la ciudad [que] todavía están funcionando, pero muchos centros de salud y clínicas están cerrados, en parte debido a los bombardeos, pero también porque alrededor de la mitad del personal médico ha abandonado la ciudad. Los que se han quedado no han sido pagados desde hace siete meses.

Una población abandonada a su suerte

Concluimos este artículo con las últimas partes de los testimonios de Émilie Rouvroy y Michael Roesch, coincidentes en su contenido.

Michael Roesch:

Los últimos seis días han sido realmente abrumadores para mí. Soy cirujano, pero nunca en mi vida había visto tantas personas amputadas, la gente va a la compra y una hora después están sin sus piernas. Aquí los cirujanos, que nunca antes habían tenido que atender a heridos de guerra, están teniendo que realizar al menos una o dos amputaciones cada día.

Es difícil para el personal del hospital, pero los están sobrellevando muy bien. Al igual que el resto de la gente aquí, tienen una actitud muy estoica. Son muy valientes, muy tranquilos y contenidos; están haciendo todo lo posible para hacer frente a la situación.

Pero usted puede sentir que, por debajo, están muy cerca de la desesperación. Se sienten abandonados por el mundo exterior. Aparte de MSF, no hay ninguna otra organización internacional aquí. La gente está esperando desesperadamente una señal del resto del mundo de que no han sido olvidados.

Émilie Rouvroy:

Hay muchos aspectos terribles de esta guerra, pero una de los más duros es saber que la gente se siente abandonada. Están agradecidos por nuestra presencia aquí, pero allá donde vamos, nos preguntan: “¿dónde están los demás?, ¿dónde están los periodistas?, ¿dónde, la comunidad internacional?, aquí la gente muere cada día”.

La entrada en vigor del alto el fuego pactado la semana pasada en Minsk, así como la llegada del nuevo convoy de ayuda humanitaria ruso y varias toneladas enviadas por parlamentarios alemanes de Die Linke, debería aliviar la sitaución en los próximos días. A pesar de esa tregua, la carretera que une Donetsk y Gorlovka sigue siendo una de las más peligrosas de la zona. La República Popular de Donetsk denunció además la reanudación de los bombardeos de artillería contra la ciudad la noche del 15 de febrero.

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