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Donbass, Donetsk, DPR, Estados Unidos, LPR, Minsk, Rusia, Ucrania

Algo de qué hablar

Artículo Original: Izvestia

Washington debería enviar una respuesta escrita a las propuestas de seguridad de Moscú la próxima semana, alegó el ministro de Asuntos Exteriores Sergey Lavrov. El 21 de enero, la reunión de una hora y media con el secretario de Estado de Estados Unidos Anthony Blinken en Suiza terminó sin grandes resultados. Sin embargo, el ministro ruso afirmó en la rueda de prensa posterior que las conversaciones eran necesarias para especificar posiciones: nadie esperaba ningún acuerdo por escrito hoy.

Ginebra recibió a las delegaciones rusa y estadounidense con un terrible vendaval. Pese a que alcanzó los 80km/h, docenas de periodistas aguardaron a los diplomáticos a la entrada del hotel President Wilson, donde se iban a celebrar las negociaciones. Hace tiempo que la segunda ciudad de Suiza se ha convertido en una de las capitales diplomáticas del mundo. Aquí, en junio del año pasado, se celebró el primer encuentro entre los presidentes Biden y Putin. En aquel momento, pareció que, aunque los dos países no llegaran a un compromiso sobre las relaciones de futuro, al menos habían abandonado el paradigma de la confrontación

Después, inmediatamente después de la cumbre, Moscú y Washington recuperaron los puestos de sus embajadores, no hubo amenazas de sanciones mutuas y prometieron resolver la cuestión de repatriar a personas presas cumpliendo condena en Rusia y Estados Unidos en un plazo de seis meses. Sin embargo, pasaron seis meses y el traslado de presos estadounidenses y rusos no se produjo.

Por el contrario, sí se produjo una nueva escalada en la situación en Ucrania y docenas de informes alegaron las intenciones de Moscú de atacar a su vecino. En este contexto, el 17 de diciembre, Rusia publicó un borrador de su propuesta de acuerdo con Estados Unidos y la OTAN sobre garantías de seguridad. Tres puntos son los principales: la no expansión de la OTAN hacia el este, la retirada de armas a las posiciones de 1997 y no desplegar armas de ataque en las fronteras rusas. Occidente, por su parte, exige que Rusia no invada el territorio de Ucrania amenazando con sanciones económicas e individuales.

Según la subsecretaria de Estado de Estados Unidos, Victoria Nuland, Washington ha preparado 18 paquetes de medidas para responder a todos los casos. Según la prensa estadounidense, entre ellos está la prohibición de exportar productos de consumo, no solo los producidos en Estados Unidos, sino también los que contengan piezas estadounidenses.

Pese a que la iniciativa de negociar fue estadounidense, en esta ocasión Rusia actuó como anfitrión. Las preparaciones llevaron todo el día 20 de enero: las mesas de la sala de reuniones fueron decoradas con flores: orquídeas, lilas y hortensias. Los periodistas trataron, sin éxito, de llegar a alguna conclusión sobre qué significa en el lenguaje diplomático el color de las lilas.

Los líderes de la diplomacia estadounidense y rusa se saludaron con un firme apretón de manos. Durante el protocolo, Blinken afirmó que Washington quiere resolver los problemas existentes de forma pacífica. El ministro de Exteriores de Rusia también apuntó que la reunión debía clarificar las posturas de cada una de las partes y ayudar a Estados Unidos a “preparar respuestas específicas a las propuestas. Y que hagan contrapropuestas, si hay alguna”.

La reunión se alargó la hora y media prevista. Como afirmó Sergey Lavrov, la puntualidad no puede ser una mala señal. “Nos quedó claro que íbamos a negociar”. Es más, Moscú ya había dejado clara su postura -con los documentos y después de ellos- en la reunión del 10 de enero en Ginebra y el 12 de enero durante las negociaciones con la OTAN.

El principal resultado de la discusión es la promesa de Washington de dar una respuesta por escrito a la propuesta de seguridad de Moscú la semana que viene. Por supuesto, como recordó el ministro en la rueda de prensa (por cierto, una vez más, Estados Unidos rechazó una rueda de prensa conjunta), “la experiencia de nuestra comunicación con los colegas occidentales ha estado repleta de ejemplos en los que se ha prometido algo y luego no se ha cumplido”. Pero, “nuestros descendientes no nos juzgarán por las promesas que hacemos, sino por las que cumplimos”, insistió el ministro.

Según Lavrov, Blinken volvió a intentar poner a Ucrania como tema principal. Al mismo tiempo, el secretario de Estado de Estados Unidos afirmó en su rueda de prensa en Ginebra que los americanos habían expresado su preocupación no solo por los actos de Moscú en relación con el país vecino, sino también en otras zonas del planeta. El líder del Departamento de Estado aseguró que Washington no va a desviarse de sus principios fundamentales, entre ellos la política de puertas abiertas de la OTAN, y también aconsejó a Rusia que retire sus tropas de las fronteras de Ucrania “si quieren convencer al mundo de que no hay planes agresivos”. Pese a las declaraciones, Anthony Blinken afirmó que Estados Unidos y sus aliados están dispuestos a trabajar para resolver las preocupaciones de seguridad de Rusia.

Sin embargo, tanto antes como ahora, Moscú ha negado categóricamente cualquier escenario de invasión de Ucrania. Volvió a hacerlo otra vez Sergey Lavrov. “Rusia nunca ha amenazado al pueblo ucraniano”, afirmó el ministro, recordando también las beligerantes declaraciones de Volodymyr Zelensky en las que afirmó que cualquier persona que se sintiera rusa en Ucrania “se puede marchar a Rusia”. La histérica fijación de Occidente por el problema ucraniano sugiere, según Moscú, que pueden estar escondiendo, si no algún tipo de operación militar en Donbass, al menos el sabotaje de los acuerdos de Minsk.

Según Olga Rebro, experta del Club Valdai e investigadora en el Instituto de Estudios Internacionales del Instituto Estatal de Moscú de Relaciones Internacionales del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, la principal cuestión es qué forma tomarán las garantías de Estados Unidos. “Repetir constantemente la decepción con las promesas verbales sobre la no expansión de la OTAN que se dieron durante la unificación de Alemania, Rusia ha dejado claro que necesita la formalización de todo acuerdo. Al mismo tiempo, Estados Unidos recibe con hostilidad la idea de acuerdos oficiales por escrito que requieran obligaciones adquiridas”, apuntó la experta.

No pasará mucho tiempo hasta que Moscú reciba respuestas la semana que viene. Si esa respuesta estará disponible al público es, según el ministro ruso, cosa de Estados Unidos. Tras recibir el documento, Sergey Lavrov y Anthony Blinken se reunirán otra vez y solo entonces es posible otra cumbre de presidentes. Según el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, Vladimir Putin siempre está dispuesto a dialogar. Solo hace falta que haya algo de qué hablar.

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