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Bombardeos, Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, Minsk, Rusia, Voluntarios, Voluntarios internacionales

“Nadie os ha enviado allí”

Artículo Original: Elizabeth Mayna, Vladimir Dergachev / Gazeta.ru

w644h387La Unión de Veteranos de Donbass, compuesto por soldados que luchan en las regiones de Donetsk y Lugansk del lado de las repúblicas no reconocidas, solicitan que esos soldados reciban el estatus de combatientes. Según sus datos, varios miles de personas han luchado en Donbass (la lista aún no se ha completado), de los que al menos 200 han muerto y 300 han resultado heridos. Los soldados afirman que ese reconocimiento vendría acompañado del respeto de la sociedad.

Erkin Islamov, de 41 años y natural de Moscú, está casado y es padre de cuatro hijos. Llegó a Donbass en julio de 2014. Sirvió en la unidad de “Palestinos” bajo el nombre de guerra Cedro y recibió la cruz de san Jorge “al coraje” en la RPD, la medalla “voluntario de Donbass”, la medalla “al mérito militar por Novorrusia” y otras. Antes de la guerra había sido doble de escenas de acción en el cine, había trabajado en la construcción de rascacielos y había limpiado ventanas en las torres de la “city” de Moscú, un trabajo bien pagado. Y entonces llegó la guerra de Donbass.

“Estaba viendo la televisión y me di cuenta de que ya no podía mantenerme al margen: allí estaban matando niños y civiles y si no se paraba a los fascistas ucranianos allí, entonces nosotros y nuestros niños jugaremos con los restos de metralla sin saber si despertaremos la mañana siguiente”, afirma Islamov a Gazeta.ru.

Así que compró un billete para Rostov y cruzó al otro lado de la frontera. Llegó a la unidad de “Palestinos”, en la que había ucranianos y también voluntarios como él y que ha estado formada por entre 300 y 500 soldados según el momento. “Krasnodon, Snezhnoye, el puesto de control de Shirokino en la frontera de la zona neutral, donde estaban los ucranianos: el Praviy Sektor, unidades del batallón Aidar y otros”, enumera Erkin al hablar de los lugares en los que ha estado destinado. “Y después llegó Novoazovsk, donde me explotó una granada y me dejó mutilado”.

El 24 de octubre de 2014 hubo un acto en Novoazovsk. “De repente, vi que una granada rodaba por el suelo alrededor de mujeres y niños. En resumen, la cogí y mientras buscaba un lugar seguro donde tirarla, me explotó en la mano”, afirma Islamov. A su lado había una mujer embarazada y un niño de tres años que, por suerte, no resultaron heridos.

La explosión le arrancó la mano derecha y le dañó seriamente la tibia de una de sus piernas. Pasó por varios hospitales: en Novoazovsk, en Taganrog, en Rostov, en San Petersburgo. Ahí literalmente le reconstruyeron la pierna con las partes que se habían salvado. No pudo caminar ni trabajar durante casi un año y le fue concedida una discapacidad de segundo grado. “Los chicos vinieron y me ayudaron, me cuidaron. Mi hermano pequeño no nos abandonó: nos dio de comer y de beber con el dinero que nos daban los propios camaradas”, afirma Cedro. Consiguió la prótesis gracias a la unidad. Ahora tengo dos manos: una solo la puedo mover y con la otra casi puedo hacerlo todo, incluso escribir. Después del accidente me di cuenta de cuántas buenas personas tengo alrededor, que no me han abandonado en el momento más difícil. Para mí ha sido un verdadero descubrimiento”.

En mayo de 2015, después del accidente, estaba en Kuschevka, en la región de Krasnodar, donde llegó el cuerpo de su compañero Alexey Butorin (alias Bashkir), que había muerto en Shirokino. Su mujer murió mientras Bashkir luchaba en la guerra, así que su hija vivía con sus abuelos. “Trajeron a Bashkir a Kuschevka el día del cumpleaños de Pauline, ese día cumplía 12 años, y aquí estuvimos”, recuerda Cedro. “Pauline es como mi hija, mi quinta hija, la llamo habitualmente, casi a diario”.

Erkin Islamov, en el centro de la imagen.

Erkin Islamov, en el centro de la imagen.

Islamov afirma que lo que hace no es solo por él, sino por los otros chicos, que son jóvenes y lo están pasando mal: es necesaria la ayuda de psicólogos y apoyo de los médicos. Y, por supuesto, apoyo moral. “Lo peor es la forma en la que nos tratan, hablar con las comisiones, tramitar la discapacidad. En la medicina social, en los hospitales, parece que somos ganado. Miran a los chicos a la cara y dicen: “nadie os ha enviado allí”. ¿Alguien les dijo algo así a los “afganos” cuando volvieron de aquella guerra?”, insiste enfadado Islamov. “Yo por esas palabras les pondría un bozal, pero los chicos callan”.

“Y por la noche tengo una pesadilla: que a los chicos les explota una granada o que uno de los camaradas ha muerto”.

Según Islamov, su familia aceptó su elección y le apoyó en todo momento. Los niños consideran un héroe a su padre. Su mujer estaba preocupada, pero se dio cuenta de que no podía hacer otra cosa. Pero no todos lo entienden, se queja Cedro. Mijail Komolyatkin, de la organización voluntaria ENOT, afirma que muchos de los voluntarios que regresan a casa no saben explicar a sus familias por qué fueron a Donbass porque “la respuesta más obvia es para proteger los intereses de Rusia”, aunque muchos rusos no lo entienden así porque no existe ese tipo de patriotismo.

“La falta de un estatus claro para los voluntarios rusos crea dificultades con el empleo y problemas legales”, afirma. “El banco se negó a que un miliciano de Novosibirsk pudiera abrir una cuenta, alegando que podrían ser acusados de financiar el terrorismo”.

Otra historia es la ayuda médica y las prótesis. En la RPD y la RPL funcionan los hospitales y las clínicas y tratan a los pacientes al máximo que lo permite su situación económica. Es normal que escaseen los medicamentos, por no hablar de prótesis. En lo que respecta a tratamientos caros, según los milicianos, es mejor no hacerse esperanzas. Hay que conseguir las prótesis con fondos propios o recaudarlos a través de organizaciones.

Milicianos que han luchado en la RPD y la RPL afirman que el Estado no ayuda a los heridos y que tampoco hay compensación para las familias de las víctimas. Todo el tratamiento y financiación que reciben los milicianos procede de voluntarios y organizaciones benéficas.

El subsecretario de administración de la Unión de Voluntarios de Donbass, Mijail Pimerov, defiende que hay casos –docenas, si no cientos- en los que los voluntarios no pueden recuperar sus trabajos “porque no siempre hay una visión positiva de los voluntarios”. Así que, en su opinión, la legalización de su estatus, por ejemplo igualándolos a los combatientes, sería positiva.

Pero primero es necesario definir qué tipo de actividades se consideran voluntarias. Según la definición pactada por la Unión de Voluntarios de Donbass, se trata de actividades realizadas de forma “voluntaria, sin beneficio, sin coacción, para asistir a civiles o para proteger los intereses nacionales de la Federación Rusa”. Según esa definición, un voluntario es cualquier ciudadano que, operando de acuerdo a las convenciones de La Haya y Ginebra (1949), trabaja, en Rusia o en el extranjero, para aportar asistencia a civiles o para proteger los intereses de Rusia. Los voluntarios de Donbass, que cumplen con esa definición, deberían tener el derecho a recibir ese estatus.

El presidente ucraniano Petro Poroshenko ha afirmado que, durante el conflicto militar en Donbass, se han producido 2269 bajas entre las tropas ucranianas y que no hay información fiable sobre las bajas entre la población civil. Según las estimaciones de la ONU, han muerto más de 9.000 personas y 20.000 han resultado heridas, incluyendo civiles y militares de ambos bandos. La Unión de Voluntarios de Donbass afirma que sus bajas, sumando muertos y heridos, ascienden a “varios miles”.

Al registrar la organización, el antiguo primer ministro de la RPD, Alexander Boroday, a quien se considera cercano a Vladimir Surkov, uno de los principales responsables de las políticas relacionadas con los territorios ucranianos, afirmó de una cifra preliminar de 200 fallecidos y alrededor de 300 heridos en una lista que solo ha comenzado a componerse recientemente. Todos ellos deberían, según la Unión de Voluntarios de Donbass, recibir el reconocimiento oficial del Estado.

Oleg Melnikov, que fuera comandante en la milicia de la RPD, cree que es improbable que la Duma legalice la situación de los voluntarios y menos aún que les otorgue estatus de combatientes. En primer lugar, sería contraria a la postura de Rusia en las conversaciones de Minsk, donde trata de buscar el papel de árbitro en el conflicto, no de participante en las hostilidades en el lado de la RPD y la RPL. Además, la crisis económica impediría al Gobierno hacerse cargo de varios miles de veteranos.

El senador Franz Klintsevich afirma que desea, con todo su corazón, conceder ese estatus a las milicias, pero los servicios legales del Estado no lo permitirán. “Entra en conflicto con otras leyes, con el Código Penal, por ejemplo, así que será imposible aunque desde el punto de vista ético-moral, sería lo correcto”, afirma Klintsevich. “El Estado no ha pedido a nadie que fuera a Donbass, pero no interfirió, sabiendo que los sentimientos de la población estaban con ellos o que tenían el deseo de ir allí. Al enviar voluntarios a través de diferentes organizaciones sociales –por ejemplo los “afganos”, entre los que también hubo bajas y heridos-, les ayudamos y no abandonamos a las familias de los muertos.

Sergey Krivenko, del Consejo de Derechos Humanos, que depende del presidente de la Federación Rusa, cree que no se puede otorgar un estatus oficial a los voluntarios de Donbass y pueden ser juzgados por sus acciones militares en el extranjero. “La ley contiene un artículo para los mercenarios, está escrito para este tipo de personas que luchan en territorio extranjero, se les considera criminales”, afirma indignado Krivenko. Ni siquiera han obtenido estatus de “participantes en las operaciones” los soldados del ministerio de Defensa que han muerto en Ucrania y en los documentos aparecen como “muertos en acto de servicio”, como si les hubiera explotado una granada en situación de paz”. Pero desde el primer momento, las autoridades rusas han negado que hubiera soldados rusos implicados en la guerra y el líder de la RPD, Alexander Zajarchenko, habló de la presencia de “turistas” rusos en Donbass: militares que cogieron vacaciones para participar en la guerra del lado de las repúblicas populares.

Sin embargo, Krivenko no descarta que, más adelante, el Estado apoye a los voluntarios y que finalmente les reconozca como combatientes, como ocurrió con Angola, Etiopía, etc. Pero, de momento, es necesario que los “soldados de fortuna” reciban amnistía y, más adelante, buscar una forma para legalizar la situación.

Erkin Islamov firma que volverá a Donbass en los próximos días, ya que “los combates han escalado, vuelven a acercar los Grads, lo que quiere decir que debemos limpiar la tierra de ese veneno”. No tiene miedo de morir y espera que sus camaradas cuiden de sus hijos y de su familia. “Mi hijo de cinco años sabe que estamos luchando por una causa justa, por la libertad, por una vida en paz, así que está orgulloso de mí. Pero me gustaría tener el respeto del resto de la población”, añade. Pero, antes que nada, volverá a Kuschevka para entregar a Pauline, que ahora tiene 13 años, el carnet de “Voluntario de Donbass” de su padre a título póstumo.

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