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Análisis, Análisis político, Guerra Civil, Limpieza étnica

Una guerra que puede no acabar nunca

Artículo Original de Pavel Vinogradov

Traducción de Nahia Sanzo

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La ciencia moderna no ha dado aún un término concreto para un tipo de guerra que ya está en marcha.

Un otoño pacífico, en fin de semana, la gente camina tranquilamente por las calles, madres pasean a sus niños, los pensionistas descansan en el parque. Nadie presta atención a los truenos hasta que el ruido comienza a sentirse cerca de la ciudad. Entonces todo el mundo mira su alrededor atemorizado. La mayoría corren por sus vidas, pero es demasiado tarde para algunos.

Una caravana de jeeps y furgonetas arrasan por la calle, barriendo a fuego y a balas desde las ventanas abiertas a todo lo que se cruza en su camino. Madres mueren junto a sus hijos, pensionistas caen en los mismos bancos en los que descansaban. Los jeeps se paran y de ellos salen jóvenes eufóricos bajo los efectos del alcohol o las drogas. Puede que vayan uniformados, de cuero, de camuflaje, pero no es importante. Las granadas vuelan hacia los bloques de pisos cercanos. Hombres armados se adentran en los patios y se dispersan por los portales. Tiran abajo las puertas y usan granadas para acabar con aquellas de hierro. Disparan a quien se encuentran a su paso en cada apartamento y proceden al siguiente. Cuando terminan con un bloque de pisos, avanzan a otro. Luego vuelven a sus jeeps y continúan su camino.

¿Parece una escena de una película post-apocalíptica? Puede parecerlo, pero esto ocurre ya en diferentes zonas del planeta. Es un nuevo tipo de guerra. Una fase que pasa desapercibida para la mayor parte de la población ha comenzado antes de que lo haga la fase de batalla abierta.

El historiador y analista político ruso Vardan Bagdasaryan, experto del Centro de Análisis Político y Organización del Estado (Problem Analysis and State Management Center), apunta a que existen tres tipos de guerra, que se corresponden con tres modelos históricos de la sociedad en que se producen: tradicional, moderna, y la de la sociedad post-moderna. En su opinión, difieren en el método por el que se producen los daños. Las guerras tradicionales usan medios personales; las modernas, métodos para lograr mayor número de víctimas y aniquilación, mientras que hoy en día emergen los medios de transferencia internacional. Si en épocas anteriores se buscaba el daño físico a las personas primero y al entorno después, la guerra actual busca afectar además de esto afectar también a la conciencia humana.

La guerra en red es un concepto dirigido a aumentar la capacidad operativa de las formaciones militares futuras en guerras y conflictos armados modernos a costa del control informativo, incluyendo a todos los participantes en la guerra en una misma red. Junto con la guerra convencional, se trata de incorporar campañas de desinformación y manipulación psicológica de la población en territorio del adversario. Este concepto puede llevarse a la práctica gracias a la era de la información y la tecnología moderna. Las primeras aproximaciones al desarrollo de una guerra en red completa se basaron en las ideas del mariscal soviético Nikolay Ogarkov en los años 80. Más adelante, fue el vicealmirante estadounidense Arthur K. Cebrowski el que desarrolló la idea con mayor detalle.

“Lo más probable es que la futura lucha por el ciberespacio se haga más y más violenta. Esa será la batalla en la que haya que se ponga a prueba el poder integral de un Estado. Contará todo: la capacidad de innovación, la alerta militar del Estado o el perfil informativo de la población”, dice el general U. Tzyansin, miembro de la Academia China de Ingeniería y presidente de la Universidad de Tecnologías de la Información.

Las guerras contemporáneas estallan, como es evidente, por los mismos motivos que lo han hecho hasta ahora, desde la misma Edad de Piedra: razones económicas y étnicas. Pero hoy en día, es más importante someter la voluntad del enemigo que cualquier conquista territorial, invasión o captura de sus recursos. Como el gran estratega alemán Karl Clausewitz ya explicó hace dos siglos “una guerra es un acto de violencia cuyo objetivo es el de hacer que el enemigo lleve a cabo tu voluntad”. Hoy, el adversario es programado para que llegue por sí mismo a esa decisión. Los instrumentos para esa guerra psicológica y de la información están basados en las investigaciones de Karl Jung: doctrina de arquetipos, de inconsciencia colectiva. Solo conociendo la estructura de arquetipos de una sociedad se puede programar su comportamiento. Para ello son útiles todo tipo de instrumentos y memes: colores, señales, símbolos de cualquier tipo. La revolución de las rosas, la revolución naranja, la revolución de los tulipanes o la imagen de Ucrania pintando Kiev de los colores de la bandera son solo algunos de estos memes para producir una influencia en el subconsciente.

No siempre hay disparos en la guerra moderna. O puede que los haya, pero no ocurren todos al mismo tiempo. En primer lugar se produce una etapa en la que se lanza un ataque informativo a nivel internacional, reforzada desde la red. Muchos de esos que publican su opinión en la red, en los blogs, por ejemplo, ni siquiera sospechan que son parte de una guerra. Otros toman parte en la guerra informativa deliberadamente. Por ejemplo, numerosos posts anti-rusos se producen en Estados Unidos y se hacen pasar como si fueran de Tallin. Muchas veces, someter a la población a través de la guerra informativa es precursor de la victoria. Una vez convencidos, es difícil que la población sea capaz de distinguir la verdad de la desinformación. Gradualmente, se pasa a incitar el caos, desorden político y colapso económico.

La traición de este nuevo tipo de guerra es que ni siquiera se considera una guerra. Además, la propaganda se presenta de tal manera que la población la acepta como forma de evitar la guerra, afirma Vardan Bagdasaryan.

“La paz es la guerra” era uno de los eslóganes del estado totalitario según George Orwell. Esta aparente paradoja se ha convertido en algo real. Desde la década de los 70 del siglo pasado, no ha habido un solo año en el que no se haya producido alguna guerra en alguna parte del planeta. ¿Cuántas guerras se han declarado? Ninguna. Desde que las dos ideologías en conflicto, socialistas y capitalistas, declararan “que hubiera paz”, la guerra estaba ya en marcha. Con el colapso de la Unión Soviética, esta práctica se convirtió en deliberada como método para la transición invisible entre la fase informativa a la fase caliente de la guerra. O, como diría el filósofo Alexander Zinoviev, la fase “templada”.

En términos de otro filósofo, Jean Baudrillard, si en una sala hay una habitación, tarde o temprano habrá un asesinato. Con una población acostumbrada a un flujo informativo basado principalmente en las zonas calientes del planeta, acostumbrada ya a las brutales ejecuciones o el asesinato de masas, la población no observa ya cómo todo se integra en su vida. Todo parece una película de terror, en las que un monstruo sale de la televisión y pone en marcha su plan diabólico.

La escena descrita al inicio no es más que la visión del artista de algo que los observadores militares llevan años advirtiendo. Ha pasado ya el día en que la diplomacia declaraba movilización completa y los ejércitos regulares  luchaban entre sí en el campo de batalla. En la actualidad, los ejércitos se enfrentan de vez en cuando a militantes, rebeldes, terroristas, ejércitos privados o incluso a turbas criminales. Solo esa turba está bien equipada y actúa de forma profesional, aunque con extrema dureza. Así que el escenario en el que la megapolis es atacada desde todas partes por miles de matones armados, motivados y entrenados que pueden asesinar a media ciudad en unas pocas horas, es ya posible. ¿Y quién va a enfrentarse a ellos? No se declara movilización; las fuerzas policiales que se presenten ante las llamadas de la población caerán tiroteadas. Y el ejército no es lo suficientemente rápido para responder a tiempo. Para cuando la ciudad reacciona y las órdenes llegan a su destinatario y los comandos antiterroristas se presentan en las calles de la ciudad masacrada, los matones ya se habrán cambiado de ropa, habrán abandonado sus vehículos y armas, y se habrán infiltrado entre los supervivientes aún en shock. ¿Contra quién se lucha entonces?

Para apoyar estas ideas con evidencias, solo hay que recordar Budennovsk en 1995, Nazran en 2004, Naltchik en 2005. En todos los casos el escenario es el mismo. Y no hay que pensar que este escenario se puede dar solo en ciudades pequeñas, que este escenario no puede darse en las megapolis. Recuerden “Nord-Ost”.

Otra opción para la transición a la fase caliente de la guerra es el uso de protestas “pacíficas” masivas. Euromaidan y la consiguiente guerra civil en Ucrania han demostrado de forma evidente que un proceso democrático vacío de toda regla y procedimiento legal no es un juguete geopolítico si se utiliza en territorio del enemigo. En realidad es un arma de aniquilación masiva que es, además, la única que puede usarse contra una potencia nuclear, dice el periodista Dmitry Sokolov-Mitrich.

Lo ocurrido en Ucrania ya ha sucedido anteriormente en Libia, Siria y Asia Central. En esas guerras no participan solo los que disparan o capturan rehenes, sino también los que dan las órdenes, los que no quieren ver los coches sospechosos que se acercan a las ciudades, los que se dicen enfermos en los días en que hay que tomar pasos decisivos, los que dan información a los terroristas, los que venden armas o munición. También están los que, en la fase inicial, preparan en secreto o abiertamente los métodos ideológicos de agresión, los guerreros de la red. La gente muere y los estados caen por las acciones de esa gente. También hay traición, una quinta columna, presente en todo Estado, no solo en la periferia de la sociedad, sino muchas veces muy cerca del poder. También ha pasado en Ucrania, Irak, Libia, Yugoslavia.

La guerra pasa a la fase híbrida una vez que comienza a derramarse sangre. Esta fase se caracteriza por acciones supuestamente descoordinadas de grupos rebeldes, así como por la intervención indirecta, normalmente no declarada. El teatro de la guerra es entonces inundado por organizaciones no gubernamentales humanitarias, médicas, de derechos humanos, que en realidad muchas veces no son más que tapaderas para la inteligencia extranjera, mercenarios, provocadores profesionales o bandidos. Aplastados en la zona de acción están los refugiados, cuyo flujo es dirigido hacia zonas determinadas. Estos desastres humanitarios provocan un efecto devastador.

La fase híbrida de la Guerra utiliza una combinación de guerra convencional, guerra de guerrillas y ciberguerra.  El término puede describir también ataques combinados utilizando armas nucleares, biológicas, químicas, convencionales o guerra informativa. Se trata de cualquier combinación de acciones en las que el adversario realiza ataques coordinados usando una compleja combinación de armamento autorizado, guerra de guerrillas, terrorismo y actos criminales para lograr los objetivos políticos, según explica el periodista Frank Hoffman.

En resumen, un Estado puede disponer de un paraguas nuclear, pero tal y como se ha demostrado en los últimos años, esto no garantiza la soberanía o la integridad de ese Estado. Se dice los generales se preparan, no para las guerras futuras, sino para las guerras pasadas. Pero puede que esto ya no sea estrictamente cierto. Por ejemplo, actualmente se presta poca atención al desarrollo de armas convencionales y tecnología de guerra en Estados Unidos. El estado de su armamento nuclear deja mucho que desear y puede empeorar debido a la crisis económica. Pero al mismo tiempo, se emplean granes sumas del presupuesto militar en desarrollar tecnologías digitales y de información, robots, sistemas de inteligencia y de navegación, sistemas de control de operaciones y otros proyectos militares novedosos y no letales, lo que significa que los generales americanos han comprendido las nuevas tendencias.

Ejemplos de la guerra moderna  

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Yugoslavia, 1991-2008

Todo empezó con manifestaciones nacionalistas en diferentes regiones, cuyas declaraciones de independencia se convirtieron en rebeliones armadas. Al tratar de eliminar esas rebeliones por la fuerza, el Gobierno central se encontró con la poderosa presión ideológica de Occidente y la intervención directa de la OTAN sin el necesario mandato de la ONU. La coalición optó por no utilizar una fuerza terrestre y limitarse a ataques aéreos, lo que afectó directamente a la población. Los yugoslavos se mataron unos a otros según las fronteras étnicas. El resultado: la desintegración del país.

Líbano, 2006

Con su uso de refugios fortificados subterráneos y misiles antitanques guiados rusos, Hezbollah pudo contrarrestar las mayores bazas del ejército israelí, unas fuerzas aéreas y terrestres modernas y altamente capaces. Todo ello se pudo conseguir gracias al trabajo de los hackers de Hezbollah, que consiguieron interceptar las comunicaciones oficiales y telefónicas del ejército israelí, lo que les dio información de primera mano del adversario.

Libia, 2011

Muammar Gadafi tardó demasiado en dares cuenta del peligro que suponían los movimientos antigubernamentales y la propaganda contra el régimen en internet. Cuando creció la preocupación internacional y el apoyo a los esfuerzos de los rebeldes, comenzó un silencioso flujo de armamento y asesores militares a diestro y siniestro. El motín derivó en una guerra civil que acabó con la muerte de Gadafi de la manera en que se produjo. La situación en Libia continúa siendo caótica, pero en términos geopolíticos puede considerarse un “caos dirigido”.

Siria, 2011-2014

El desorden civil creció hasta convertirse en una guerra de guerrillas que pronto tomó un carácter religioso por influencia de la infiltración de grupos radicales islamistas en el país. El presidente Bashar al Assad, que había aprendido de las experiencias de Libia y Egipto, mantuvo la situación bajo cierto control. En este caso, Rusia, cuyos intereses están directamente ligados a los del régimen sirio, suministró directamente la ayuda necesaria previniendo la intervención occidental. Aun así, la guerra trajo como consecuencia el nacimiento de ISIS (Estado Islámico de Irak y Siria), no sin la ayuda de Estados Unidos y Arabia Saudí, que ahora se ha convertido en una amenaza global.

Ucrania, 2014

El presidente legítimo, elegido por la vía de las urnas, Victor Yanukovych fue incapaz de sacar las conclusiones políticas correctas sobre la situación política de Kiev y no tomó las medidas necesarias para garantizar el orden constitucional. Pero la responsabilidad recae sobre la “quinta columna”, que abiertamente desobedeció las órdenes del comandante en jefe. “Francotiradores no identificados” dispararon sobre Maidan (dichos francotiradores aparecen en todas partes una vez que la situación se complica, como por ejemplo, en Moscú en 1993) y se produjo un golpe de Estado. Pero el contraataque de Crimea y del sudeste, donde se celebraron sendos referendos de secesión, arruinaron el plan de integrar a Ucrania en la Unión Europea. En el caso de Crimea, Moscú actuó con rapidez y reconoció los resultados del referéndum y en cuestión de días se anexionó la península sin ningún derramamiento de sangre. La guerra híbrida continúa aún en Novorrusia con la participación activa de voluntarios rusos y la más amplia red de propaganda de ambos bandos. Lo más reciente es que ciertos grupos en Moscú tratan de acabar con el conflicto entregando Novorrusia a Kiev, pero la realidad es que parece imposible que Ucrania vuelva a reunirse.

Ningún analista serio ve que la guerra civil en Ucrania haya estallado por sí misma. Es evidente que existía una predisposición a la guerra, pero podía haberse evitado la explosión de la guerra y la escalada de violencia si la situación no se hubiese exagerado desde fuera. Se puede culpar a Estados Unidos o la Unión Europea, aunque esa no es toda la historia. Hay suficientes políticos en ambos lugares que comprenden que todo el mundo puede verse envuelto en la crisis ucraniana, pero son los poderosos halcones los que tratan de forzar una confrontación directa con Rusia. Esos son los círculos que han producido la idea de utilizar un nexo de unión entre el conflicto de Oriente Medio, el Cáucaso, el Mar Negro  Ucrania.

Esos son los círculos se convierten en los “clientes” de estas nuevas guerras. Puede que sean compañías transnacionales, ciertos grupos políticos dentro de un Estado, bandas criminales internacionales u organizaciones extremistas. El “cliente” no está directamente involucrado sino que provoca a las facciones en conflicto apoyando económicamente a una de ellas, suministrando armas, asesores o información. Al mismo tiempo, la participación y los objetivos reales del cliente están fuera del alcance del público, escondidos detrás de campañas informativas de derechos humanos, contra las tiranías o en favor de la democracia.

Pero es necesario mencionar que esta guerra no es de una dirección. El liderazgo ruso aún no ha comprendido el riesgo de las nuevas guerras, pero ha despertado y ha respondido ante los avances de esos “clientes” en la sombra que ahora se presentan en Novorrusia como ya lo hicieran en Crimea. Y junto con ayuda directa a las regiones, ofrece apoyo diplomático y político a la zona para evitar así que Occidente tome zonas de interés estratégico para Rusia.

Pero incluso aunque Rusia logre acabar con la crisis  ucraniana, algo similar estallará en otra parte. Y esta nueva guerra puede durar años, ya que no lleva al conflicto y a la solución de este sino a la profundización y prolongación. En ocasiones, aunque el conflicto parezca apagarse, vuelve a estallar con más potencia. Y para beneficio de sus inventores, todas ellas deberían juntarse en una gran guerra por el liderazgo mundial.

Lo que opinan los expertos

Profesor Mary Kaldor, London School of Economics: “en las nuevas guerras, la violación de los derechos humanos no son solo efectos colaterales, sino que se convierten en objetivo en sí. Más del 90% de las víctimas son civiles y el número de refugiados y desplazados aumenta cada año. La batalla cobra nuevas formas: asesinato sistemático “del otro” o desplazamiento de poblaciones hacia zonas inhabitables. Estas formas de violencia son, en esencia, una forma de genocidio”.

Bruce Sterling, analista estadounidense: “la guerra de la OTAN contra Serbia trajo el caos, aunque no entre las tropas. La OTAN no sufrió baja alguna, mientras que los soldados serbios se escondían y tampoco sufrieron excesivas bajas. La población que defendía diferentes puntos de vista nacionales huyeron a Belgrado, dispuestos a ser bombardeados. Y lo hicieron porque las bombas de la OTAN no eran tan temibles y peligrosas como los merodeadores, que no eran soldados de ningún ejército. Pertenecían a formaciones informales, entre unidades paramilitares y guerrillas de bandidos. Estos son los soldados de las guerras futuras. Provocan la guerra, toman la iniciativa y definen su desarrollo. Son ellos los que llevan a cabo la limpieza étnica, como en Kosovo, donde se expulsó a gran parte de la población. Escondidos tras su barba, sudorosos y dispuestos a masacrar a la población, van casa a casa, calle a calle, creando pánico y caos a base de pegar, quemar y hacer explotar lo que se ponga a su camino”.

Igor Popov, analista político: “Rusia debe tener en cuenta la experiencia nacional e internacional, la experiencia con las revoluciones de colores y los conflictos armados en todo el mundo para preparar una estrategia para responder a la amenaza de este nuevo tipo de guerra. Hoy en día ya hay algo obvio: la base de la amenaza no se presenta solo en forma de guerra sino también comandos antiterroristas, unidades de guerra psicológica o ciberguerra internacional, fuerzas de policía, unidades de reconocimiento y operaciones de control, que no siempre están dirigidas con especialistas militares sino también por hombres y mujeres civiles como historiadores, especialistas en cultura, economistas, físicos, antropólogos o psicólogos.

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