El pasado 13 de julio, el periódico The Guardian publicaba un artículo de Luke Harding en el que recogía, entre otros, el testimonio de un voluntario británico con una específica particularidad: su participación en las guerras que llevaron, a partir de 1991, a la completa disolución de la Yugoslavia heredada del Mariscal Tito. Harding presenta, de hecho, a este voluntario como un “veterano de la guerra en la antigua Yugoslavia”.
Los veteranos internacionales de la guerra en Croacia
Croacia constituyó el primer punto de concentración de voluntarios extranjeros en las guerras balcánicas de los años 90. En 2017, la Asociación Internacional de Voluntarios de las Fuerzas Croatas completó un lista de 597 combatientes extranjeros en unidades croatas durante la llamada Guerra Patria. Se trata de una cifra aproximada, dado que se conoce que la cifra real de estos voluntarios fue superior, probablemente cercana a los mil efectivos. Según la investigación de Daniel Kington, hasta 55 combatientes extranjeros perdieron la vida en Croacia, una cifra de fallecidos que ascendería a 122 al considerar las guerras en Bosnia-Herzegovina y Kosovo.
Según los datos disponibles, aunque incompletos, los voluntarios internacionales llegaron de 30 países diferentes, aunque el mayor contingente, con alrededor de 200 voluntarios, llegó de Gran Bretaña. La mayor concentración de estos voluntarios extranjeros se produjo en Eslavonia oriental, alrededor de Vukovar, Vinkovci, Osijek y Nuštar, uno de los puntos centrales en el conflicto cruento entre las fuerzas croatas y serbias.
Uno de esos combatientes extranjeros fue Alan Boydell. Según Anthony Rogers, que describe parte de su trayectoria en Soldiers of Fortune, Mercenary and Military Adventurers, 1960-2020, Boydell es un profesional de la guerra con una larga carrera como soldado (el término inglés soldiering lo sintetiza con precisión), además de contratista de seguridad privada. Algunas fuentes señalan que nació en Devon, algunos kilómetros al sur de Plymouth.
Antiguo miembro de los Royal Marines británicos, a finales de 1989, cuando trabajaba en las redes de seguridad privadas de Londres, Boydell se unió como mercenario a un grupo de antiguos miembros del ejército británico y de la Legión Extranjera francesa. El objetivo era instruir en Moengo a rebeldes del Ejército de Liberación Nacional de Surinam (Suriname National Liberation Army, SNLA en sus siglas inglesas), más conocido como Jungle Commando. Boydell conoció al antiguo miembro de la Legión Francesa John Richards quien le reclutó para formar a las guerrillas hindustanís del SNLA en el distrito noroccidental de Nickerie. Poco después, acompañados de dos cineastas franceses, entre ellos probablemente Eric Deroo, el grupo partió en dirección a la Guyana francesa.
La rebelión de Surinam se dirigía contra las fuerzas apoyadas por Desiré Bouterse, principal figura de los grupos políticos y militares que se habían hecho con el poder en Surinam a primeros de los años 80 y que habían contado con el apoyo de Maurice Bishop en Granada, además del de Cuba y Libia. A finales de la década, cuando los hombres del grupo de Richards y Boydell llegaron a Surinam, Bouterse seguía manteniendo el control último en el país. Y, a pesar del acuerdo de paz firmado en julio de 1989 con las formaciones rebeldes, se oponía firmemente a cualquier compromiso con ellos.
En Surinam, a su llegada al cuartel del SNLA, el grupo fue recibido por el líder rebelde Ronnie Brunswijk. Entonces en fase de negociación con el gobierno, había cambiado de planes: ya no trabajarían en la formación de los hindustanís, sino en la instrucción de los maroons del Jungle Commando, entonces enfrentados a la minoría amerindia de los Tucajana.
El paso del grupo de mercenarios por Surinam no fue demasiado exitoso, hasta el punto de que su líder, John Richards, tras perder la confianza de Brunswijk, fue asesinado, según algunas fuentes, por algunos miembros de su unidad. Los tres miembros del grupo más cercanos a Richards se vieron obligados a salir precipitadamente de Surinam y solo Boydell y otros dos compañeros (el legionario irlandés Bill Oakey y el Royal Marine británico Neil Finnighan) pudieron completar sus acciones de instrucción antes de retornar, en el momento previsto, a Europa.
Aunque es posible que el irlandés Bill Oakey también participara en las guerras yugoslavas, del grupo de Surinam sólo está acreditada la participación de Alan Boydell en los combates de los años 90 en Croacia y Bosnia-Herzegovina. Según Rogers, Boydell llegó a Croacia en 1991 y se incorporó inicialmente a la Guardia Nacional croata (ZNG) en Nuštar, una localidad a menos de 15 kilómetros de Vukovar que resultaba clave para el control de áreas determinantes en la guerra como la de Vinkovci. De ahí pasó a formar parte de la Brigada 110 Karlovac del ejército croata (HV).
Tras sufrir heridas por disparo de mortero, Boydell pasó algún tiempo de convalecencia en el Reino Unido antes de reincorporarse al ejército croata en la Brigada Bojna Frankopan que operaba en Bosnia-Herzegovina como unidad especial del Estado mayor del ejército croata. Esta unidad de élite, comandada por exmiembros de la Legión extranjera francesa, en particular Bruno Zorica (Zulu), operaba en en el frente de Osijek, desde donde fue redirigida posteriormente hacia el frente de Kupres en Bosnia y Herzegovina. Bojna Frankopan tuvo un papel importante en Bugojno y Gornji Vakuf. Y participó en la operación Maslenica a las órdenes de Ante Gotovina.
Un rasgo clave de Bojna Frankopan fueron sus voluntarios extranjeros. Entre ellos destacaron el francés René Dutruel que organizó y desarrolló la formación de comandos en Žutica, los británicos Paul Ogilvie y David Pherson, el galés Christopher Llywelyn Thomas, además de algunos voluntarios escoceses y combatientes alemanes como Thomas Linder (en realidad miembro del batallón Zrinski, pero líder en una fase de un grupo que incluía también a miembros de Frankopan). También fue miembro de Bojna Frankopan Gaston Besson, que años después colaboraría en los primeros años de la guerra contra Donbass con el movimiento Azov.
Boydell se dirigió con posterioridad a Mostar donde participó en los combates del sitio de la ciudad. Sirvió en el Consejo de Defensa Croata (HVO), quedando destinado al grupo Baja Kraljevic, liderado por Mladen Naletilic (Tuta), una unidad antiterrorista de policía especial bosniocroata que se convertiría en una de las más crueles en el conflicto bosnio. Naletilic llamaba a su unidad Bojna Kaznjenicka, batallón punitivo o de convictos, e incorporó a un numeroso grupo de voluntarios extranjeros. Naletilic sería luego condenado por crímenes de guerra por el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia (ICTY), a pesar de que la imputación no incluyó su participación en la limpieza étnica de la población serbia de Mostar.
Tras la ejecución sumaria de un grupo de musulmanes falsamente acusados de ser chetniks, Boydell prefirió incorporarse a la Armija bosnia (ARMBiH). Combatió en Sarajevo en el lado de las fuerzas bosnio-musulmanas durante el resto de la guerra.
La trayectoria croata y bosnia de Boydell le convirtió en un militar muy experimentado. Tras un largo periodo en el que Rogers no menciona nada en su estudio, y durante el que el británico mantuvo su residencia en Croacia, el investigador sitúa en 2003 a Alan Boydell como contratista de seguridad privada en el Irak ocupado por las fuerzas británicas y estadounidenses.
Catorce años después, aparecía operando en Mosul, escoltando a un grupo civil de eliminación de artefactos explosivos (Explosive Ordnance Disposal) británico-estadounidense que seguía a las fuerzas iraquíes y que formaba parte de la coalición liderada por Estados Unidos en su acción contra el ISIS. Rogers muestra una foto de Boydell en Bashiqa, en el norte de Irak, en 2017, junto a un colega canadiense. Su papel era garantizar la seguridad del grupo en el avance kurdo en su enfrentamiento con las fuerzas del ISIS.
De Croacia a Ucrania
El voluntario al que se refiere Harding en su artículo de 2023 se hace llamar Alan, pero éste no quiso mencionar su apellido por lo que no es posible asegurar completamente que se trate de Alan Boydell, algo que tampoco resulta demasiado relevante. Lo interesante es comprobar unos puntos en común que son representativos de un cierto tipo de trayectoria de soldiering en exmilitares británicos que, desde 1991, tiene presencia continuada en la reconfiguración del espacio otrora soberano de la URRS y la antigua Yugoslavia socialista.
Según Harding, el sniper o francotirador inglés Alan es un exmarine británico de 58 años, médico y antiguo miembro del regimiento de paracaidistas, originario de Plymouth. Participó en varios conflictos y trabajó como contratista militar privado en Irán y Afganistán. Vive en Croacia y raramente visita el Reino Unido. Según él, ha pasado en Europa del Este la mayor parte de su vida adulta. Formaría parte de un pequeño grupo de voluntarios extranjeros que siguen luchando en Ucrania, país al que llegó en septiembre de 2022.
Alan participa en acciones en el frente y, en su conversación con Harding, se encuentra en periodo de descanso y formación. “Tienes que seguir practicando”, dijo, señalando una fila de objetivos, todos los cuales resultaron, según dice, una diana fácil. “Los rusos no son en conjunto muy buenos soldados, pero no son estúpidos. Sería alocado suponer que no hay unidades decentes o tropas motivadas. Son potentes, muy peligrosos y buenos en artillería y guerra electrónica”.
En su aventura ucraniana, la parte más relevante de Alan es su adscripción militar: la unidad Gonor de los Lobos de Da Vinci, el Héroe de Ucrania y ultraderechista del Praviy Sektor homenajeado a su muerte por toda la plana mayor de la política ucaniana. En ese marco, según Harding, pasó meses de combate frontal con los combatientes de Wagner, calle a calle, con el objetivo de mantener abierta la llamada “Road of Life”, la vía última de suministro de material para las fuerzas ucranianas en Bakhmut/Artyomovsk. Ahí cumplió un papel relevante: proporcionar fuego de cobertura a las fuerzas ucranianas, en colaboración con otro voluntario, un exmarine de 44 años, estadounidense y reservista de Texas, Steve. “Básicamente estábamos en búnkeres y trincheras como en la Primera Guerra Mundial”, recuerda Alan. «Fue muy difícil. Había disparos constantes de artillería desde el lado ruso. Eran acertados. Había que mantener la cabeza gacha”. Ucrania acabó por perder el control de la ciudad, aunque nunca ha aceptado oficialmente esa retirada.
Alan espera transmitir algunos de sus conocimientos a los soldados ucranianos más novatos. «Les instruyo en cómo patrullar, cómo disparar y cómo mantenerse con vida», dijo. “Si paras más de cinco minutos tienes que cavar un hoyo”. Les aconseja no utilizar teléfonos móviles en las trincheras, que pueden ser interceptados por los rusos y geolocalizados. Y mantenerse alejado de las redes sociales.
Para Alan no hay problema alguno en disparar contra soldados rusos, contra los que utiliza toda la batería de lugares comunes que tanto se han repetido -y desmentido, en ocasiones por los propios comandantes ucranianos- a lo largo de la guerra. “Estas personas van a matar a mis amigos. Si ocurre que acierto con una bala, que así sea”. Y añadía: “Algunos carecen por completo de entrenamiento. Corren hacia ti sin ningún concepto de autoconservación. Es como si estuvieran drogados. La mayoría de los ucranianos que están directamente en primera línea son jóvenes, de poco más de veinte años. Son muy, muy buenos soldados”.
Otros voluntarios de la guerra de Croacia en Ucrania
El caso de Alan de Harding no es aislado, sino que hay otros ejemplos significativos de voluntarios de las fuerzas británicas o de la Legión Francesa con experiencia en la guerra croata y trayectoria posterior en Ucrania. Algunos participaron directamente en las guerras yugoslavas junto a Alan Boydell.
El más conocido de ellos es el francés Gaston Besson, camarada de Boydell en la Brigada Frankopan (y quizás en las fuerzas internacionales de la ARBiH). Ya en 2014 Besson se presentó voluntario en Kiev para contribuir a la revolución nacionalista ucraniana. Asumió, así, el papel de reclutador y organizador de voluntarios a favor de grupos como el Pravy Sektor o de los Hombres de Negro (en gran medida de la SNA de Andriy Biletsky) que constituirían la base del Batallón Azov. Besson impulsó la formación de una Legión croata dentro de Azov.
Aún más relevante es el papel del principal líder de Bojna Frankopan, Bruno Zorica, Zulú. Antiguo miembro de la Legión Francesa, Zorica llegó en julio de 1991 a Croacia junto a un grupo de quince compatriotas de origen croata (entre ellos los futuros generales Ante Gotovina y Ante Roso) y crearon a finales de ese mes el batallón Frankopan, subordinado como unidad de fuerzas especiales al Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Croacia. En un artículo publicado en 2018, Vladislav Maltsev hacía referencia a la descripción de uno de los colegas legionarios de Zorica respecto a las fuerzas de Bojna Frankopan, habituadas a participar en actuaciones en la retaguardia. Se trataba, según él, de “gente que había luchado en la Legión Extranjera y cuya única misión en la vida era matar; y esa capacidad profesional para matar era la mejor carta de presentación para venir a Croacia”.
En su artículo, Maltsev mencionaba la participación de Zulú en distintos actos de las fuerzas de extrema derecha nacionalistas promovidos por Azov. En uno de ellos, la tercera Conferencia del Grupo de Apoyo a Intermarium en octubre de 2018, Zorica abordó el tema de “La cooperación de defensa entre Croacia y Ucrania como motor de la integración del mar Adriático-mar Negro”, con la apuesta de fondo por una acción al estilo de la Operación Krajina en Ucrania. Además de otorgar al regimiento Azov la participación de honor en la asociación de veteranos de Bojna Frankopan, en sus encuentros ucranianos con el batallón ultranacionalista, Zorica habría prometido apoyar el desarrollo de una legión extranjera.
Olena Semenyaka y Bruno Zorica en la 3ª Conferencia del Grupo de Apoyo a Intermarium.
En un artículo de 2019, Vox of America confirmaba esta intención y mencionaba el anuncio en los perfiles de la red social Azov de la intención de Zorica «ayudar al desarrollo de la Legión Extranjera Ucraniana«, con una cooperación que «alcanzará un nuevo nivel«. Según VOA, Zorica mantenía una “comunicación estrecha” con el responsable de la escuela militar de Azov. «Estamos dispuestos a compartir nuestra experiencia y conocimientos con el ejército ucraniano«, afirmaba el veterano legionario.
En febrero de 2022, al principio de la guerra, Zorica señaló a la prensa croata que estaba en contacto con Azov. En una entrevista en marzo de ese año, Zorica señalaba que, por ahora, apenas unos diez voluntarios habían salido de Croacia hacia Ucrania, entre ellos “varios veteranos retirados de la Guerra Patria … La edad media de nuestros veteranos es 60 y ya no pueden dar lo que se necesita”.
Otro combatiente de Bojna Frankopan era Paul Ogilvie (Black Paul) que, como Alan Boydell, también fue miembro de la Brigada 110 Karlovac. Herido en tres ocasiones en Croacia, Ogilvie recibiría en Ucrania una nueva herida: doble fractura abierta en la parte inferior de su pierna derecha. A pesar de ello, “su plan es volver al servicio después de la rehabilitación y ayudar a los combatientes ucranianos a lograr su objetivo final«.
Kupres 1992. Gaston Besson y Paul Ogilvie.
Es interesante comprobar el manejo del discurso de todos estos voluntarios, más allá de su formación militar. En el artículo de Harding, su entrevistado Alan tiene perfectamente asimilado algunos de los elementos clave del discurso del voluntario extranjero en las guerras apoyadas desde Occidente. Uno de esos aspectos tiene que ver con las motivaciones de la participación, que pretenden alejada tanto de la actividad mercenaria como de la imagen del “perro de guerra”. Según Alan, viajó a Ucrania a consecuencia de lo que afirma que fueron ejecuciones de civiles en Bucha e Irpin: “Tenía que hacer algo para ayudar, incluso a mi edad”. Dice no tener ningún contrato oficial con el ejército ucraniano, su comandante cubre sus gastos diarios. Ve la de Ucrania como su última guerra: «Tengo casi 60 años. Probablemente sea hora de colgar mi arma«. “Ésta es mi última guerra. Cuando termine, volveré a casa”.
El segundo aspecto relevante se relaciona con la afirmación de estar en el bando correcto. Según Alan, “Los chicos con los que estoy son patriotas. Todavía tengo que encontrar un nazi en algún lugar de este lado de las líneas”. Una sentencia categórica a pesar de que Alan dice no haber logrado aprender todavía ucraniano. A excepción de un operador de radio, los miembros de su batallón no hablan inglés. También las numerosas imágenes en las que pueden apreciarse tatuajes y emblemas de inspiración nazi ponen en cuestión la capacidad de Alan de contar los efectivos fascistas en las filas de las Fuerzas Armadas de Ucrania.
Todo parece indicar que el manejo del discurso correcto es un hecho esencial en la formación de los voluntarios de las guerras en el antiguo espacio soviético-yugoslavo.
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