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Alto el fuego, Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, LPR, Minsk, Rusia, Ucrania, Zelensky

Otra primavera

Artículo Original: Denis Grigoriuk

Se acaba otra primavera. Desde 2014, en Donbass esta temporada del año ha venido acompañada de diferentes adjetivos. Hubo una primavera rusa, una sangrienta y prometían una victoriosa, pero ahora acaba la primavera del coronavirus, en 2020, aún sin victoria. Tampoco la reconciliación se ha producido, aunque había ciertas esperanzas de que algo pudiera haber cambiado en la postura de Kiev. No fue así.

Hace un año que se produjo la investidura del presidente ucraniano Volodymyr Zelensky. Su precioso discurso motivó a los ucranianos y les dio falsas esperanzas de que todo iba a cambiar. Es más, había fe en ello. La fe no requiere motivos lógicos ni hechos, es suficiente para esperar que las cosas cambien de alguna manera y que sea a mejor, aunque en realidad estén empeorando.

Hay que comprender que tras un subidón emocional llega el choque con la realidad y entonces la caída es mucho más dura. Suele calificarse de traición, pero en Ucrania no se usará este término porque “el partido de la paz” no puede dejar de disparar por su cuenta y hay un enemigo externo que siempre es culpable. Así el Estado es más manejable y todo se puede justificar bajo la tapadera de la guerra “ruso-ucraniana”.

Hace un año por estas fechas, Donbass se enfrentaba a los primeros ataques bajo el nuevo comandante en jefe ucraniano. Yo pasaba por la calle Stratovnatov, cerca del destruido monasterio Iversky, cuando empezó el bombardeo. Entonces desapareció la esperanza de que fueran a detenerse los bombardeos. Nadie estaba completamente seguro de cómo actuaría el nuevo presidente ucraniano, que felizmente había saltado y besado a los ciudadanos de su país en la frente. En ese tiempo, las tropas ucranianas no se contuvieron. Se aprovecharon del hecho de que la atención estaba en las bonitas palabras que se pronunciaban desde el Parlamento. Esperaban que llegara el equipo de Zelensky y en cualquier momento tomara decisiones importantes como, según decía su líder, “simplemente dejar de disparar”. Entonces los ucranianos dieron un espectáculo. Había mucho humo en los ojos del “equipo Ze”. Mientras la batalla continuaba en el frente, provocada por los soldados ucranianos, que continuaban con su estrategia de “pequeños pasos” y provocadores ataques con drones, en la capital ucraniana, el jefe de Estado hacía bonitos discursos y se convertía en un meme de internet, pero no en una persona que podría acercar a Donbass a la reconciliación.

Sorprendentemente, en un solo año, las tesis de la “reconciliación” han desaparecido. A finales de la primavera de 2019, era algo que se discutía activamente. Es más, muchos realmente creyeron que era posible. Incluso en las Repúblicas había gente dispuesta a sentarse en la mesa de negociación con aquellos que ayer mismo habían bombardeados sus casas. Porque entienden que la guerra no puede durar para siempre y es posible y necesario hablar, aunque sea sin finuras innecesarias. Dudo que haya mucha gente dispuesta a volver a jurisdicción ucraniana, pero podríamos intentar construir un diálogo constructivo. En lugar de eso, tenemos manipulación, una postura inalterable y la reanudación de la guerra. El equipo de Zelensky actúa como una veleta: se mueve hacia donde se mueva el viento de la minoría radical. Y no debemos olvidar un viento mucho más potente, el occidental, que no permitirá que se abandone el camino que se marcó durante la etapa de Poroshenko.

Todos estos factores sugieren que la primavera de 2020 nunca podría haber sido un punto de inflexión. Ha sido diferente a las primaveras de años anteriores, aunque no en términos de reconciliación sino en la lucha contra la pandemia de coronavirus. Ucrania fue la primera en cerrar los puestos de paso en la línea de control, lo que una vez más demostró la actitud de las autoridades del país hacia las Repúblicas de Donbass. Kiev percibe la línea del frente como la frontera estatal. En la propaganda oficial no se menciona ese detalle, pero es una muestra de que, de facto, Ucrania ya no ve a esos territorios como propios. De ahí que haya políticos de todos los niveles del escalafón en Kiev que declaran su intención de bloquear la RPD y la RPL como ya hicieron en Crimea. Es decir, bloquear incluso el paso del agua. No se ha hecho hasta ahora porque el agua fluye de Donetsk a Mariupol. De lo contrario, las Repúblicas se habían quedado sin suministro de agua hace mucho tiempo. En Kiev ni siquiera lo ocultan, aunque en el Gobierno ya no esté el “partido de la guerra” sino los “libertarios pacifistas”. Parece que todo se ha decidido ya hace mucho tiempo, pero la posición política no nos permite llamar a las cosas por su nombre.

Dudo que este año sea posible ningún cambio significativo en el conflicto en Donbass. Zelensky no se atreve a tomar medidas drásticas, pese a que actúa exclusivamente a beneficio de los nacionalistas y sus líderes políticos. Así que, durante el primer año del exjefe del estudio Kvartal 95, Donbass no se ha acercado en absoluto a la paz. Y no se acercará de momento. Dudo que las reuniones de los líderes del cuarteto de Normandía que no se han celebrado pudieran haber cambiado algo en la situación de la RPD y la RPL. La cumbre del invierno de 2019 ya mostró que las reuniones de los políticos no traen resultados. La cumbre no dio resultados en el tema que la justificó, la resolución pacífica al conflicto en Donbass y no el tránsito de gas a través de Ucrania.

La conclusión es que la política no acaba con bonitos anuncios y discursos efectivos, especialmente en lo que respecta a la resolución de un conflicto armado, donde es necesario tomar decisiones impopulares. Por cierto, Zelensky es capaz de ello, pero solo si eso responde a los intereses de sus socios occidentales. Ese es el motivo de que no haya habido pasos reales para cesar las hostilidades en Donbass. Kiev “simplemente dejará de disparar” si la guerra en la frontera rusa deja de ser necesaria para Occidente. En ese caso, incluso el suave Zelensky mostrará su determinación e ignorará los ataques de la minoría nacionalista. Hasta entonces, la guerra continuará más primaveras a las que daremos otros adjetivos y habrá más treguas a las que también daremos nuevos nombres. Pero esos pasos no nos acercarán un milímetro a la paz.

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