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Akhmetov, Kiev, Kolomoisky, Oligarquía, Ucrania, Zelensky

El retorno del rey

Artículo Original: Andrey Manchuk

Ucrania está experimentando pequeños desastres en el país, con la epidemia del coronavirus extendiéndose poco a poco y con el cambio de Gobierno, al que acompaña el juego de sillas ministeriales. Evidentemente, esto no significa que el país se enfrente a cambios significativos de la política. Parafraseando un famoso chiste, Volodymyr Zelensky solo está cambiando las camas de sitio. Por ejemplo, no hay ninguna duda de que el nuevo ministro de Asuntos Exteriores, Dmitry Kuleba, que luchó ardientemente contra Rusia en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa y que bromeó con incendiar el centro de Moscú, implementará la misma línea de luchar contra el Día de la Victoria que ha aplicado Vadim Pristayko, que, por su parte, obedientemente continuó la política del ministro de Asuntos Exteriores de Poroshenko, Pavlo Klimkin. Además, Pristayko seguirá en el nuevo Gobierno como responsable de la política de integración euroatlántica como uno de los viceprimeros ministros.

Sin embargo, en el Gobierno sí se han producido evidentes cambios estructurales. Han salido del gabinete una buena parte del gran número de jóvenes y poco prometedores políticos, títeres de fondos extranjeros y cuya única habilidad era aplicar el paquete estándar de medidas neoliberales: ahorro, recortes en los presupuestos de las instituciones, despidos y eliminación de prestaciones sociales. Es más, también ha salido del Gobierno el principal representante de este grupo incompetente: el primer ministro Alexey Honcharuk. En sus puestos se ha colocado a una serie de oficiales de la vieja escuela experimentados. Algunos de ellos están directamente vinculados a la figura del oligarca más rico de Ucrania, Rinat Ajmetov, que, para sorpresa de muchos, ha vuelto a hacerse con una gran influencia directa en la política económica del Estado ucraniano.

Hace solo seis meses, se consideraba a Rinat Ajmetov como uno de los principales perdedores de las elecciones presidenciales y legislativas. Su asociación con Petro Poroshenko fue una mala apuesta, el oscuro empresario aliado del oligarca perdió el poder en el país, y el Radical Oleh Lyashko, también apoyado por Ajmetov, ni siquiera entró en el Parlamento. Todo ello causó entusiasmo en la piscina de tiburones de la política ucraniana. Los observadores esperaban el colapso del imperio Ajmetov con la esperanza de conseguir algún fragmento. O incluso esperaban ver sobre los hombros del oligarca, como uno de los principales defensores del derrotado y catastróficamente impopular Poroshenko, la amenaza de persecución criminal y arresto.

Eran muchos los que esperaban algo así e Ihor Kolomoisky, que contribuyó a la victoriosa campaña de “Servidor del Pueblo”, incluso dio algún paso en esa dirección. El nuevo Gobierno ha permitido importar electricidad barata desde Rusia y Bielorrusia, lo que supuso un fuerte golpe a DTEK, propiedad de Ajmetov, e hizo aumentar los beneficios de los negocios de Kolomoisky. Sin embargo, también es verdad que esta decisión fue beneficiosa para todos los dueños de grandes empresas industriales y generalmente entra dentro de la lógica de normalización gradual de las relaciones económicas entre Rusia y Ucrania que esperaban los ingenuos votantes de Zelensky tras las elecciones.

Aun así, en cosa de unos pocos meses, Ajmetov ha acabado por sacar provecho de las contradicciones entre Zelensky y Kolomoisky. Los diputados que controlaba votaron a favor de la reforma judicial y apoyaron el trabajo del proyecto sobre la privatización de la tierra y los medios de Ajmetov se abstuvieron de criticar activamente al presiente y, por el contrario, le dieron un altavoz para sus declaraciones. La cooperación entre los “servidores del pueblo” y el oligarca se reforzó gracias a que Zelensky buscaba una base para luchar contra el propio Kolomoisky. Y cuando el índice de popularidad del Gobierno empezó a pasar factura al presidente, este comenzó a buscar personal alternativo como reemplazo de emergencia entre el equipo de Ajmetov.

Esto es lo que ha pasado en el Parlamento. Se ha nombrado primer ministro del país al oficial de carrera de Galizia Denis Shmyhal, que ha trabajado con éxito en las oficinas del Gobierno en Kiev y ha sido parte del círculo gestor de DTEK, propiedad de Ajmetov. Se cree este nombramiento acarreará grandes beneficios para Rinat Leonidovich Ajmetov, fundamentalmente en lo que respecta a la importación de electricidad y el carbón. El propio Zelensky ha expresado personalmente su iniciativa para limitar la importación de electricidad y carbón en una reunión con trabajadores de la industria del carbón, postura que reiteró después en el Parlamento antes del nombramiento de Shmyhal. Todo ello se considera un gesto al oligarca.

No es preciso decir que la propuesta fue aceptada por el Parlamento y prácticamente todos los diputados de Ajmetov votaron a favor de la nueva composición del Gobierno: Serhiy Magera, Viktoria Grib, Musa Magomedov, Ruslan Trebushki. Solo faltó Vadim Novinsky, que pensó que era mejor ausentarse de la sala, consciente de que tener responsabilidad personal por la votación no le traería ningún beneficio político. Así que, entre los ministros aprobados hay más nombres relacionados con diferentes negocios del oligarca más rico de Ucrania: por ejemplo, la nueva ministra de Políticas Sociales, Marina Lazebnaya. En el puesto de ministro de Energía se ha propuesto a Ivan Plachkov, exministro de Combustible y Energía en tiempos de Leonid Kuchma, que después ocupó un puesto en el consejo supervisor de Kievenergo, de Ajmetov. Ahora lucha ardientemente contra la importación de electricidad barata de Rusia.

Ajmetov vuelve a estar al mando, sus cercanos vínculos con el nuevo primer ministro de Ucrania son un retorno triunfante. Se vuelve a repetir la historia de 2014, cuando Ajmetov era percibido como aliado de Viktor Yanukovich y se exigía acabar con el “empresario de Donetsk”, especialmente porque había logrado sus éxitos a expensas de Kolomoisky. Sin embargo, Ihor no consiguió consolidar su influencia sobre Poroshenko, mientras que Rinat Ajmetov inteligentemente encontró la forma de llegar hasta el oligarca del chocolate sobre la base del beneficio común de la trama Roterdam. La influencia del oligarca se convirtió en el karma del presidente. Los presidentes van y vienen, pero Rinat Ajmetov sigue siendo la persona más rica de Ucrania y puede intentar hacer suya aquella frase del “rey sol”: “L’état C’est moi!”. El Estado soy yo.

El poder de Ajmetov se ha materializado de forma simbólica con su nueva adquisición, de la que tanto ha hablado la prensa. Como se conoció a finales de enero, se ha comprado el inmueble más caro del mundo, una villa de lujo en la Riviera francesa con 14 habitaciones y 1672 metros cuadrados. La villa fue una vez propiedad del rey Leopoldo II de Bélgica, tristemente conocido por la monstruosa explotación de la población africana. Algo parecido ha pasado en Ucrania en las últimas décadas: mineros, metalúrgicos y trabajadores del sector de la energía de Ucrania, residentes del país más pobre de Europa, han creado con su trabajo el capital de sus compatriotas más ricos.

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