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Alto el fuego, Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, LPR, Minsk, Ucrania

“No solo están cansados quienes viven aquí sino también los que les han ayudado todo este tiempo”

Artículo Original: Yulia Andrienko / Komsomolskaya Pravda

El voluntario Andrey Lysenko, que desde hace varios años se dedica a ayudar a la población más desfavorecida de las zonas del frente en Donetsk.

El 5 de diciembre, se celebró el día de los voluntarios, que en Donbass son apreciados como si fueran ángeles. La ayuda para conseguir prótesis, pagos para operaciones caras, reconstrucción de guarderías y viviendas destruidas, para que la población anciana de pueblos del frente no pase hambre, medicinas para niños enfermos son cosas de las que muchas veces no se encargan las autoridades o los ministros sino los voluntarios. Por norma, se puede decir que así es más efectivo y más rápido. ¿Quiénes son esas personas de buena voluntad que se dedican a esta dura tarea y a qué dificultades se enfrentan? Komsomolskaya Pravda ha querido responder a esas preguntas dirigiéndose a los voluntarios que trabajan en Donbass.

Irina Poltoratskaya, voluntaria que ayuda a los militares:

“Cuando hay una guerra en tu tierra, ¿es posible quedarse sin hacer nada? Unos van a la mina a extraer carbón, otros enseñan a los niños, otros curan, cada uno tiene su forma de contribuir a nuestra causa común. Nuestro lema es «Si no puedes coger un arma, ayuda a quienes pueden».

Tengo una dificultad: no hay suficiente base material, presto ayuda a expensas de lo que mis compañeros consiguen de Rusia y otros países cercanos. Mis ayudantes están cansados y la población está cansada de esta guerra sin fin, de la incertidumbre del futuro, que de momento ni siquiera se vislumbra claramente.

Al principio hubo una ola de resistencia civil, había voluntarios de todo el mundo, especialmente de Rusia, que vinieron a nosotros en grandes números para ayudar tanto a la población civil como a las milicias. Cada año hay menos voluntarios, eso es muy evidente, especialmente en el frente.

Yo me organizo con los voluntarios. Pero lo que hago es una función que es más del Estado: los heridos deben recibir tratamiento completo, todas las medicinas necesarias, los centros de rehabilitación deben estar equipados con el material necesario, tanto aparatos como productos de higiene. Nos hacemos llamar Repúblicas, somos un Estado en el que el Ejército protege al Estado y sus habitantes, así que el Ejército debe estar provisto de todos los medios necesarios y debe hacerse desde las estructuras estatales, no por medio de voluntarios”.

Voluntaria del grupo Teplostar:

“Ayudar es algo bueno. En cuanto ayudas por primera vez a alguien que lo necesita, cuando ves su sincera gratitud, comprendes que no vas a dejarlo. El problema principal de los voluntarios es la búsqueda de material y recursos económicos. El segundo problema es identificar a aquellos que más necesitan la ayuda entre los muchos que la necesitan.

Recuerdo una de mis primeras salidas. Era 2015, para la fiesta del 8 de Marzo, llevábamos ayuda por primera vez al destruido y vaciado Oktyabrsky: un paquete de harina, uno de azúcar, tres paquetes de pasta, carne enlatada y leche condensada. Durante medio día y toda una noche nos dedicamos a empaquetarlo todo. Y después llegaron los resultados: miradas agradecidas de pensionistas atemorizados, lágrimas. Lo recordaré siempre.

También recordaré el caso de Staromijailovka. Llevamos material de construcción a la guardería que habían destruido las bombas ucranianas y decidimos pasarnos a ver a una familia numerosa. Ya era invierno e imagínese nuestra sorpresa al ver que los niños no tenían botas de nieve. Si no hubiéramos estado allí, no nos habríamos enterado. Un par de días después, les llevamos calzado y ropa de abrigo.

Creemos que no debería haber fronteras territoriales para las misiones humanitarias. Eso facilitaría mucho las actividades de los voluntarios. Y también debería haber mejor comunicación entre los grupos humanitarios”.

Elena Romanenko, voluntaria del grupo internacional Moscú-Donbass:

“De haber sido más joven, me habría unido a la milicia en 2014. Pero la salud ya no es la misma y decidí ayudar a aquellos que lo necesitan. Empezamos con unas pocas bolsas de ayuda humanitaria y ahora llevamos ya más de veinte convoyes que hemos realizado sin un solo céntimo del presupuesto de la Federación Rusa, además de actos benéficos y vacaciones en Rusia para los niños de Donbass. A finales de noviembre llegó a Donetsk el convoy número 27.

El mayor reto para nosotros para ayudar a la gente es la ausencia de apoyo económico. La logística y el alquiler de almacenes cuesta mucho dinero. Pero somos voluntarios y podemos sobreponernos a todo. Trabajamos cooperando de cerca con la administración de las Repúblicas para el trabajo en la línea del frente. ¿Qué ha cambiado en estos seis años de guerra? Que no solo están cansados quienes viven aquí sino también los que les han ayudado en todo este tiempo. Si en 2014-2015 recogíamos cientos de miles de rublos para prótesis de niños en unos pocos días, ahora es mucho más difícil conseguirlo.

Solo tengo un deseo: que la guerra se detenga y que ya no haya necesidad de voluntarios”.

Andrey Lisenko, voluntario de Donetsk:

“Se presentó una opción entre estar en guerra o ayudar a que la población que vivía en condiciones de guerra pudiera vivir en paz. Elegí la segunda opción. Cada uno tiene su propio frente. Esta es mi tierra, estos son mis vecinos, así que no había duda sobre si debería hacerlo. Es más, creo que la necesidad de voluntarios no desaparecerá tras la guerra. Hay demasiado dolor y destrucción.

Recuerdo uno de los casos más vivos. Llevamos ayuda a una de las zonas más bombardeadas. Allí vivía una madre soltera con niños pequeños. Estaba tan cansada por los bombardeos, por el hambre y por cuidar a los niños que parecía una anciana: estaba arrugada, tenía el pelo blanco, parecía mucho mayor. Admitió que, ante la desesperación, se había planteado vender un riñón para dar de comer a sus hijos. Le llevamos ayuda varias veces. Después consiguió un trabajo y su vida mejoró poco a poco. Volví a verla en Donetsk y no la reconocí. Se echó a llorar, me agradeció la ayuda y el apoyo, que había hecho posible que no se viniera abajo. Y hay mucha gente así. Lo más triste es que, en el sexto año de guerra, la gente que necesita ayuda no desciende, mientras que la que ayuda es cada vez menos. Pero los voluntarios hemos aprendido a unirnos para ayudar a más gente en menos tiempo y de forma más eficiente. Es inútil medir la carne y los cereales, pensar quién tiene más frío cuando hay tanta gente esperando nuestra ayuda”.

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