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Las Repúblicas Populares cinco años después

Artículo Original/Fotografías: Dmitry Steshin / Komsomolskaya Pravda

Se dice que hay tres Donbass y que sus destinos apenas se cruzan: el Donbass urbano, industrial y rural. Hay un cuarto Donbass: el que permaneció bajo control del Ejército Ucraniano tras las batallas del verano de 2014. No se habla sobre él y ese Donbass está en silencio. Intenté hacer una entrevista por Skype con personas que ahora viven en Kramatorsk y Slavyansk. Fue imposible, tienen miedo. Todos aquellos que ayudaron a organizar el referéndum de independencia de Ucrania hace cinco años y permanecieron a ese lado del frente han sido castigados, si no les pillaron alguien cogió un bolígrafo y escribió al SBU para que les hiciera una visita en su casa.

Las ciudades de Donbass han sufrido por la guerra, pero se han reconstruido y han recuperado incluso su antiguo brillo. Pocos en Rusia se imaginan lo bien que se vivía en Donetsk antes de la guerra.

El bloguero y periodista Alexander Voskoboynikov, natural de Odessa, pasó un tiempo preso de los nacionalistas del batallón Dnepr-1 y el SBU. Milagrosamente fue intercambiado en el otoño de 2014. Tuvo suficiente tiempo para hablar con el enemigo. No quiere pensar en esas “conversaciones”, pero le hicieron comprender algo sobre aquellos que vinieron aquí a la guerra. Alexander cree que el motivo de esta guerra es una brutal y patológica envidia. “¿Por eso bombardearon el aeropuerto de Donetsk? Sí, les molestaba. No tenían un aeropuerto así en Kiev. Cuando vinieron aquí y vieron cómo vivía la gente les pudo la envidia”.

Se abrió la veda y los nacionalistas no pudieron ver en silencio cómo vivía Donbass. Siempre les habían dicho que Donbass era la zona oxidada de Ucrania, habitada, no por personas sino por reliquias. “Nosotros ya estamos muy lejos de su camino, que se vayan donde quieran. Y Donbass seguirá desarrollándose, tiene futuro. Donbass jamás se dedicará a pedir, va en contra de las leyes de la economía y del sentido común”.

Donetsk gradualmente vuelve a ser lo que era: es imposible encontrar una entrada para el teatro o para la ópera. Los fines de semana no hay quien encuentre mesa en los restaurantes. Por las calles vuelven a aparecer coches caros, importados desde Georgia y Abjasia, se benefician de los escasos impuestos de aduanas. En las redes sociales se han abierto docenas de grupos de venta y envío de ropa o muebles de marca. Pero incluso los más ricos de Donetsk tienen algún familiar en pueblos como Golma, donde por la mañana cuidan la huerta hasta que lo impiden las bombas.

Una guerra económica más caliente que las de las trincheras

Donbass, que siempre ha trabajado, no puede no trabajar. Pero si disparas contra una mina o contra una cantera, se inunda al instante, como ocurrió, por ejemplo, en Dokuchaevsk. Se puede conseguir sacar el agua, pero lo que no se puede reconstruir es el ciclo continuo de producción metalúrgica. Así que, incluso en agosto de 2014, continuaba escuchándose el rugido de la Planta Metalúrgica de Donetsk, la principal industria de Donbass. Cuando lo escuché la primera vez, me puse nervioso, porque pensé que eran las señales de las defensas antiaéreas advirtiendo que comenzaba un bombardeo.

Un experto de la misteriosa organización llamada VTS-ZAO Vneshtorgservis me lleva al lugar. Hay un guardia de seguridad en el asiento delantero junto a él. He leído en la red alguna opinión sobre VTS: “VTS es como la East India Company, que se lleva toda la riqueza de Donbass para que sus nuevos dueños se puedan comprar un yate”. Después noté las similitudes estilísticas con la escritura de un servicio de prensa y comprendí de dónde sopla el viento y quién financia esta propaganda negra.

La aritmética es simple. A pesar de la proclamación de las Repúblicas, todas las empresas de Donbass seguían bajo jurisdicción ucraniana, seguían pagando impuestos a Kiev e incluso pagaban la tasa obligatoria para “ATO” (la “operación antiterrorista, en realidad punitiva). Es difícil poner palabras a esa situación esquizofrénica: durante el día los obreros de Donetsk producían bienes y al mismo tiempo pagaban por las bombas ucranianas que llegarían por la noche. El momento de la verdad llegó el 31 de marzo de 2017: todas las empresas que no se hubieran adaptado al sistema impositivo de la RPD y la RPL fueron intervenidas.

Qué pasa ahora es una pregunta difícil de responder que todos intentan evitar. Una guerra vino a Donbass, se proclamaron las Repúblicas no reconocidas y miles de obreros y sus familias se quedaron, de la noche a la mañana, sin un sustento.

“Donbass tenía que morir, convertirse en el salvaje oeste del que todo el mundo se marcharía”, me cuenta el experto. “La gran industria y solo la gran industria es la que da de comer a Donbass. Todo lo demás, las pequeñas empresas, la agricultura o la investigación no son más que una ayuda. Así que, en cuanto tomé el control, lo primero que hice fue poner el principal alto horno a poca velocidad para conservarlo. Y empecé a buscar soluciones”.

¿Cuál fue la principal dificultad?

“Toda la producción de Donbass se “exportaba”, se llevaba a Ucrania, incluso durante las operaciones militares. Y recuerde que en 2017 fue Ucrania quien impuso el bloqueo económico. Los productos de las Repúblicas no reconocidas se convirtieron automáticamente en ilegales. Al mismo tiempo, la calidad es buena y los precios son competitivos, pero las empresas, a pesar de los contratos existentes, tienen miedo de comprar nuestros productos. Qué le vamos a hacer”.

¿Y las sanciones?

“Sí, fue necesario buscar otras vías tanto para crear una cadena de suministro de materias primas como para exportar los productos. Y para el suministro eléctrico, que Ucrania interrumpió”.

Asumo que esas maniobras tienen que ser ingeniosas y a en la zona gris.

“La expresión “zona gris” implica algo en cierta forma impuro y aquí nos estamos refiriendo a preservar los empleos de decenas de miles de personas. Las maniobras están funcionando. La guerra en Donbass no se libra solo en los alrededores de Gorlovka. Puede que ahora mismo sea más intensa la guerra económica que la de las trincheras. Y nosotros, de alguna manera, no tenemos derecho a desvelar las posiciones de nuestras tropas. Compréndalo”.

Lo comprendo perfectamente. Hay cosas que no tengo que comprender porque las puedo ver. En la Planta Metalúrgica de Donetsk se produce hierro (aunque la propaganda ucraniana diga que se ha desmontado para chatarra) y las personas de las trincheras han regresado a la planta. Se pueden ver los restos de un Grad ucraniano que no impactó en los altos hornos por unos cien metros. También he visto el trabajo sin parar de las acerías y el trabajo en la Planta Metalúrgica de Makeevka, que el año pasado aumentó la producción según las exigencias del mercado ruso, para la construcción.

No hay nada de misterioso en las siglas VTS, solo es un grupo de gestores anticrisis que intentan preservar y revivir las principales industrias de Donbass. En los últimos siete meses, estas fábricas han contribuido con unos 10.000 millones de rublos en impuestos al presupuesto de las Repúblicas. Las fábricas de Donbass han sobrevivido y pueden imaginar el grado de descontento y odio que eso provoca al otro lado del frente.

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