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Nueva ronda de “diplomacia”

A escasos días de la celebración de una cumbre de ministros de Asuntos Exteriores de los países que forman el llamado “cuarteto de Normandía (Alemania, Francia, Rusia y Ucrania), Kiev vuelve a iniciar una ofensiva diplomática y de propaganda para imponer su versión de los hechos y de las soluciones a los problemas. Tras meses de inactividad principalmente a causa de la falta de avances, el formato Normandía volverá a reunirse el próximo lunes 11 de junio en una cumbre en la que el tema central será el mismo que en ocasiones anteriores: acercar posturas para lograr un avance en el estancado proceso de Minsk.

La ausencia de avances no ha sido motivo para abandonar el proceso, enrocado desde su inicio a causa de la opuesta interpretación que los firmantes realizan de los documentos acordados, pero al que tanto Kiev como Moscú siguen refiriéndose como la única vía para la solución del conflicto. Sin embargo, desde el intercambio de prisioneros que se realizó en diciembre de 2017, que todas las partes destacaron como un motivo de optimismo y un primer paso en mayores avances en el proceso de Minsk, nada de eso se ha producido en la realidad. Pese a la firma de un alto el fuego absoluto e indefinido, al que siguieron varias semanas de tranquilidad en el frente, la situación volvió a la normalidad de la guerra de trincheras con periódicas intensificaciones locales de los enfrentamientos.

El último empeoramiento de la situación en el frente se produjo hace dos semanas en los alrededores de Gorlovka, donde las topas ucranianas avanzaron la zona neutral, acercando sus posiciones a las de las tropas de la RPD. Con la separación de las tropas en conflicto y la creación de una zona desmilitarizada entre ellas como uno de los elementos centrales de los acuerdos de Minsk, estos movimientos contradicen activamente ese texto que Kiev aún dice defender.

Esos movimientos militares -que causan también que se produzca una respuesta por parte de la RPD, para la que cualquier avance ucraniano significa más presión para otras localidades del frente que quedan al descubierto- son útiles para el argumentario ucraniano, que se basa en el aumento de la violencia que causan sus bombardeos para justificar sus puntos de vista y sus actos.

Los periódicos picos de violencia -inevitables mientras no se atisbe una posibilidad de solución política al conflicto pero en ningún caso una guerra abierta como ocurriera en 2014 y 2015- son la base de la exigencia ucraniana de la introducción de una misión de paz de Naciones Unidas en Donbass. Frente al planteamiento ruso de que su misión sea la de garantizar la seguridad de los observadores de la OSCE, algo políticamente inútil para los objetivos ucranianos, Kiev exige un contingente internacional que tome el control político y militar de la zona, incluida la frontera entre la RPD/RPL y Rusia, y que posteriormente el territorio sea devuelto a Ucrania.

Como en ocasiones habituales, la misión de paz de Naciones Unidas en Donbass -que Kiev ya da por hecho que se producirá antes o después- será uno de los temas centrales de la próxima cumbre de ministros de Asuntos Exteriores del llamado “cuarteto de Normandía”.

Sin embargo, el aumento de la violencia, aunque temporal y localizado en una zona concreta del frente, se ha convertido también en un argumento contra otro de los puntos principales de los acuerdos de Minsk. Menos prudente que otros oficiales de Kiev, Irina Gerashenko, vicepresidenta del Parlamento y representante de Ucrania en las conversaciones de Minsk, ha dejado claro con sus recientes declaraciones que la ausencia de un alto el fuego real va a ser utilizada para evitar las negociaciones directas con Donetsk y Lugansk que los acuerdos de paz explícitamente exigen.

“Ha habido una fuerte y dura discusión sobre la exigencia de parar inmediatamente la violencia y la escalada”, escribió Gerashenko en su perfil de Facebook tras las últimas conversaciones del Grupo de Contacto, que Ucrania trata de centrar, desde hace meses, en la preparación de un nuevo intercambio de prisioneros. Sin miedo a contradecir la letra y el espíritu de los acuerdos que Ucrania dice defender, Gerashenko no ha dudado en utilizar la presencia de la violencia, a causa de la cual ha vuelto a haber víctimas entre la población civil en la RPD, para volver a insistir en la negativa de Kiev a negociar con Donetsk y Lugansk.

“Categóricamente no aceptamos la postura de la Federación Rusa sobre las negociaciones directas con las repúblicas. La guerra en Donbass y en Crimea fue provocada por la Federación Rusa y es con ellos, no con marionetas hablaremos sobre la responsabilidad que tiene Moscú de parar la violencia e implementar los acuerdos de Minsk”, escribió Gerashenko, sin necesidad de explicar que es Ucrania, con sus avances en la zona gris quien provoca esa violencia.

Comentando lo escrito por Gerashenko, Georgy Tuka, que tampoco teme mostrar su opinión, en ocasiones abiertamente violenta, se ha expresado en los mismos términos. Dando más épica al argumento, Tuka, viceministro para los “territorios temporalmente ocupados y refugiados” y que antes dirigiera la administración civil-militar de Lugansk en la zona controlada por Kiev, ha introducido el ejemplo de Transnistria, afirmando que ese es el modelo que Moscú busca para Ucrania. Siguiendo esa lógica, Tuka ha llegado a la misma conclusión que Gerashenko. “El objetivo del Kremlin es repetir el escenario de Transnistria en Ucrania. En una reunión con el viceprimer ministro de Moldavia escuché: nuestro error estratégico es que aceptamos negociar directamente con la República Moldava de Transnistria”, escribió Tuka.

Kiev, perfectamente consciente de que eliminando a Donetsk y Lugansk de las negociaciones no solo elimina su voz sino sus reivindicaciones políticas, no duda en admitir que prefiere negociar con el Estado que ha declarado agresor que con los ciudadanos ucranianos al frente de la RPD y la RPL, que exigen concesiones políticas que Kiev no está dispuesta a conceder. Para Kiev todo el problema es militar y toda solución pasa por una misión de paz que devuelva el territorio a Ucrania.

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