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Conciencia nacional del odio

Artículo Original: Anna Revyakina

La división en la sociedad ucraniana se ha hecho más profunda y ha empeorado desde la independencia de Ucrania hasta convertirse en un abismo sin límite. Solo ha habido un intento de unir Ucrania y fue un fracaso.

La última versión ucraniana del significado de la palabra “unidad” apareció por primera vez en marzo de 2014, cuando los canales de televisión nacionales comenzaron a emitir con un logo común con la bandera ucraniana y el lema “Un país unido” [escrito tanto en ruso como en ucraniano]. El propósito de esta acción, en un momento de extrema gravedad histórica, era mostrar la integridad y la indivisibilidad del país para evitar una mayor desestabilización de la situación en el país. Fue un intento de mantener el país unido antes de “ATO”, antes del referéndum, antes de que personas murieran quemadas vivas el 2 de mayo de 2014 en Odessa y antes de que Ucrania bombardeara Lugansk el 2 de junio de ese mismo año.

Incluso ante de la primavera de 2014, Ucrania no estaba unida, ni en teoría ni en la práctica. Estaba fragmentada y era diversa. El sistema de referencia en el que se encontraba un habitante del oeste de Ucrania era diferente del sistema de vida de los habitantes del sur o del este. Había diferentes capas culturales, diferente idioma, diferentes normas y un diferente sonido. Cada región tenía sus rasgos específicos y tipos diferentes de gestionar el sistema. Lo que funcionaba en el oeste suponía protestas en el este. Lo que funcionaba en el este no funcionaba en la capital.

Incluso el tiempo en el que vivía cada región era diferente. Aunque Ucrania estaba en una única zona horaria, la vida se realizaba a distintas horas. Ahora solo se ha hecho oficial lo que ya existía en la práctica [Donetsk y Lugansk han pasado a la hora de Moscú en lugar de la de Kiev]. Es significativo que el día de trabajo comenzara en la capital más tarde que en Donetsk. Cuando Donetsk ya estaba trabajando al máximo -sonaban los teléfonos, ardían las impresoras escupiendo documentos, el jefe se había tomado ya la segunda taza de café- Kiev aún se dirigía al trabajo. Por la tarde, cuando en Donbass los trabajadores abandonaban, cansados, sus oficinas, el trabajo en Kiev seguía a pleno ritmo. Evidentemente, el tiempo es un detalle, está claro que las ciudades pueden ir más tarde al trabajo y después irse a dormir más tarde. La cuestión es que en Ucrania no había un sentimiento de camaradería, ni a nivel social ni a nivel de Estado. Cada región se buscaba la vida por sí misma, cada región era una zona aislada dominada por una u otra autoridad local.

El contraste entre el este y el oeste, del que tanto se habla ahora, se reflejaba antes de la guerra como una rivalidad entre dos sistemas que competían tanto entre ellos como consigo mismos. En ocasiones a costa del sentido común. No había ningún denominador común.

Si en la Rusia actual el punto de unidad se puede vertebrar en torno a la admiración por la victoria en la Segunda Guerra Mundial y todo lo que la rodea, la Ucrania independiente gradualmente se encontró con una doble lectura de los principales hechos de la guerra del siglo XX, lo que dio inicio a la reescritura de conceptos. Antiguos traidores se convirtieron en héroes y antiguos héroes, en ocupantes. No ocurrió de forma inmediata -se tarda un tiempo en reescribir la historia-, pero el intento de alterar los hechos alrededor de la Segunda Guerra Mundial comenzó prácticamente desde la independencia, tanto a través de los libros de texto como de la prensa.

La brecha más reciente y más importante que ha dividido a Ucrania ha sido el Maidan de 2013. La rivalidad aumentó junto al resentimiento mutuo y la incomprensión del oeste y el centro, que apoyaron el Maidan, frente al este, que mostró su oposición por medio de manifestaciones pacíficas y las redes sociales. Cuando no había aún sonido de las armas, cuando las armas seguían colgadas en la pared. Los centros sobre los que giraban las ideas de este y oeste aspiraban a más.

Lo que había sido imposible para los cuatro primeros presidentes de Ucrania, que habían buscado un concepto de idea nacional para Ucrania a base de buscar un común denominador en un país que avanzaba en varias direcciones, se consiguió, inesperadamente, en la primavera de 2014 y siguió durante un tiempo. La población de Ucrania, que antes nunca se había sentido parte de una unidad, comenzó a odiar abiertamente y al unísono a Donbass. Así se encontró una idea de patriotismo que ni siquiera contenía apenas amor por la tierra, sino que se basaba en una actitud agresiva hacia la población del país vecino y los residentes del este del país.

Esta “conciencia nacional del odio” motivó a los ucranianos. Les forzó a colgar grandes pancartas en las avenidas de las grandes ciudades del país con obscenas referencias al presidente de Rusia; puso en boca de las madres de los soldados de ATO palabras sobre la falta de munición de sus hijos desaparecidos, sin la que era imposible matar; les forzó a unirse y, al mismo tiempo, a destruir la sociedad ucraniana.

Un país que cultiva el odio como su idea nacional no puede tener un futuro. El odio a Rusia o a su presidente son factores que han unido a la población ucraniana. Nada había funcionado hasta que las autoridades ucranianas han encontrado a Putin. Puede que debieran construirle un monumento como muestra de gratitud por la unidad del pueblo ucraniano. Quizá en uno de esos pedestales vacíos tras el amplio proceso de descomunización.

Por supuesto, la nueva idea nacional de Ucrania es un castillo de naipes, ya que el odio hacia fuera rápidamente se transforma en odio a lo interno. El humorístico folclore sobre el enfrentamiento entre katsaps y jojoles [términos despectivos utilizados por ucranianos para referirse a los rusos y de los rusos para referirse a los ucranianos respectivamente] dejaron de ser bromas para convertirse en motivo de derramamiento de sangres en las ciudades de habla rusa: Odessa, Járkov, Donetsk, Lugansk.

Durante cuatro años, Ucrania se ha adjudicado a sí misma el estatus de víctima e intenta convencer a al mundo de que su sufrimiento se debe a la agresión por parte del país vecino, que no se debe a sus propias políticas que nacieron de Maidan y provocaron la guerra en el este. Las sucesivas treguas siguen siendo una forma de guerra que continúa y que sigue costando la vida a la población civil.

Deberán solucionar esta tarea varias generaciones de políticos, que tendrán que hacer entender a una generación que no se puede construir un Estado sobre el odio, que es imposible educar a la infancia en la ignorancia y contarles, desde la cuna, que el enemigo es aquel que habla el mismo idioma que gran parte de la población de Ucrania y que es quien logró derrotar al fascismo mundial.

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