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“Aguantaremos hasta el final”

Artículo Original: Antifashist

dnr-130517-07La noche del 9 al 10 de mayo se produjo un breve pero intenso bombardeo en el distrito de Kubishevskiy de Donetsk. Esa terrible noche se destruyeron varias viviendas residenciales y una niña de ocho años, Nastya Jlopova, sufrió una conmoción cerebral por la que fue ingresada en cuidados intensivos.

Junto al voluntario de Donetsk Andrey Lysenko, nos dirigimos al barrio de Oktyabrsky, en la calle Spartak, donde ocurrió la tragedia. Durante 2014 y 2015, los ataques del Ejército Ucraniano en Oktyabrsky eran prácticamente diarios. Fue aquí, en Oktyabrsky, donde cayó y explotó la primera mina de Ucrania. Fue aquí donde los bombardeos del Ejército Ucraniano asesinaron a los primeros civiles de Donetsk. No es sorprendente que fuera aquí donde se inaugurara el primer monumento de Donbass en memoria de los civiles muertos en los terribles ataques del que una vez fuera su país. Según los datos de 2016, 212 civiles, seis de ellos niños, habían muerto tan solo en el distrito de Kubishevskiy. En losas de mármol traídas del aeropuerto de Donetsk están grabados sus nombres.

dnr-130517-01En los últimos meses, los ataques en Oktyabrsky se habían reducido algo. No se habían detenido completamente, pero se han rebajado. Las bombas y las minas de las fuerzas ucranianas no habían dejado de caer en esta zona, siguen existiendo, pero se habían alejado algo de la zona residencial. Los civiles habían dejado de morir y de resultar heridos. Pero el silencio no duró. El Día de la Victoria en la gran guerra se produjo otro recuerdo de la guerra para los residentes de Oktyabrsky.

En la calle Spartak se puede ver la vivienda completamente destruida. Nos recibe el cabeza de la familia Jlopov. Nos lleva al jardín. Limpiarlo llevará mucho tiempo: todo el lugar está cubierto de las ruinas de lo que una vez fuera una bonita y cómoda vivienda. Ni su esposa Anna ni su hijo están en casa. Están en el hospital con Nastya, de ocho años, que resultó herida esa terrible noche.

El padre de Nastya. El hombre nos muestra las ruinas de su casa y comparte los detalles de lo ocurrido esa noche. “Ese día celebramos el Día de la Victoria. Para nuestra familia es una fiesta obligada. Estuve trabajando en el jardín, los niños estuvieron jugando. Nada hacía presagiar problemas. Como es habitual, había disparos. Pero eran armas ligeras y en la distancia. Hace mucho que estamos acostumbrados y no le prestamos atención”.

Otro terrible legado de la guerra: los habitantes de las zonas cercanas al frente ya no prestan atención a los ataques. Viven y trabajan entre las explosiones de las bombas y las minas, los disparos de armas ligeras y el fuego de las ametralladoras. No, no es que se hayan acostumbrado a ello. Es imposible acostumbrarse a eso. Pero los ataques se han convertido en lo habitual en su vida, es algo con lo que viven a diario.

“La tarde había sido relativamente tranquila. No había artillería y no se oían ruidos de mortero. Nos fuimos a la cama. Y cuando eran como las tres y media de la mañana, escuché que había explotado algo en el jardín. Me di cuenta que era una “llegada”. Había que llevar a los niños al sótano. Mi mujer, Anna, corrió a su habitación. Pero no pudimos. Antes de que pudiera abrir la puerta, un segundo proyectil atravesó directamente la casa por el tejado. Me tiró con la puerta a la calle. Me desperté en la calle. Inmediatamente entré corriendo en la casa. Grite: ¿estáis todos vivos? Mi mujer y mi hijo respondieron, pero mi hija permaneció en silencio. Corrí hacia donde estaba su cama. Estaba completamente cubierta por los escombros, el papel de la pared, restos. Literalmente desenterré a mi hija de entre los escombros, tiré de sus piernas y la saqué. La levanté y la saqué a través de la ventana rota. Solo fuera empezó a moverse y a respirar. Anna y mi hijo salieron detrás de mí. Anna tenía heridas por la cara, los brazos y las piernas. El niño apenas sufrió ningún daño. Llamamos a la ambulancia. Y los médicos se llevaron al hospital a todos menos a mí”.

En el hospital Anna recibió atención médica y le ofrecieron quedarse ingresada. Pero la mujer lo rechazó. Necesitaba cuidar a su hija. Los médicos le explicaron que Nastya tenía contusiones y una conmoción cerebral seria. Fue enviada a cuidados intensivos. Al día siguiente fue trasladada a planta. Ahora se encuentra con medicación. Su madre herida y los médicos la cuidan. Mientras tanto, su padre recoge los escombros.

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El agujero en el tejado

Este es el aspecto de la casa ahora.

Lysenko le entrega 2.000 rublos para comida. Puede que esta minúscula ayuda alivie un poco su sufrimiento y les ayude.

“Aguanten”, decimos al despedirnos.

“Aguantaremos”, responde. “No tenemos dónde ir. Esta es nuestra tierra. Y la defenderemos hasta el final. Seguiremos en pie, hasta que la fuerza aguante”.

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