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Los recuerdos de Olav Tuff

Olav Tuff, fotografiado con su uniforme de las SS. Foto tomada en 1941.

En noviembre de 2004, un medio noruego recogía las opiniones políticas de un antiguo miembro de la Panzer Division Wiking de las SS, Olav Tuff. En sus declaraciones, este veterano noruego asumía la posición habitual de los miembros de estos grupos formados con voluntarios no alemanes: la negación de cualquier participación en acciones criminales.

Enfrentado a la afirmación de que la División había participado en la sistemática masacre de población judía y civiles en Rusia y Ucrania, afirmaba rotundo: “Eso es mentira”. Según él, nunca vio u oyó nada acerca de posibles masacres de población de origen judío, la División Wiking simplemente se enfrentó a otros soldados en los campos de batalla del este de Europa.

Al contrario, en la entrevista Tuff pasaba a la ofensiva y hacía referencia a la liquidación de los intelectuales ucranianos por los rusos. También reafirmaba su compromiso de lucha contra un comunismo que veía como el principal peligro para su país, algo que era compartido por toda la prensa liberal de la época. Por eso, en el momento de alistarse, pidió no luchar contra Inglaterra sino en el frente oriental.

Sin embargo, en 2013, nueve años después, el mismo Olav Tuff aportaba una visión muy diferente de su experiencia en la Segunda Guerra Mundial. En unas declaraciones a NRK1, Tuff se adentraba en los crímenes cometidos por las fuerzas de la Alemania nazi, incluidos los batallones de voluntarios no alemanes, y sus colaboradores nacionalistas.

En su relato, Tuff cuenta cómo operaban las unidades alemanas contra la población judía. A medida que se acercaban, sus aldeas y sus casas eran quemadas. Sacaban de uno en uno a toda la población residente. Los que se resistían o trataban de huir eran fusilados en el acto y las sinagogas eran destruidas de forma sistemática.

Tuff llama la atención sobre la “bestialidad” de los nacionalistas ucranianos locales y de los más “monstruosos” dentro de las SS alemanas y menciona que, en una ocasión, vio como la población civil era conducida como ganado hacia una iglesia. Poco después, los soldados de su unidad vertieron gasolina sobre la iglesia y entre 200 y 300 personas fueron quemadas en el interior. Era en Ucrania, en el otoño de 1941. “Estuve de guardia y nadie salió”, afirma Tuff. Según relata, se oían gritos y susurros dentro de la iglesia, y casi no podía creer que fueran parte de aquella acción criminal. Pero era poco lo que podían hacer. “Teníamos que hacer lo que se nos ordenaba”. Por esa razón, afirma nunca haberse sentido culpable. “Sólo estoy contando la forma en que lo viví”, decía. Para Tuff, el incidente de la iglesia fue terrible pero sólo uno más de los muchos episodios de la guerra. Con el tiempo, a medida que se desarrollaba la guerra y se centraba en los campos de batalla, la muerte estaba tan presente que era imposible no acostumbrarse a ella.

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Propaganda anti-bolchevique de las SS

Con origen en una familia muy pobre, con apenas 18 años Tuff se vio influido por uno de sus hermanos, que ya se había alistado para combatir al comunismo. Otra motivación para alistarse fue la promesa de la entrega de 300 acres de tierra fértil de Ucrania después de la guerra, una promesa vacía que se repite actualmente.

Las declaraciones de Tuff tienen un doble interés. En el aspecto humano, es llamativo el cambio que representa pasar de negar toda relación con el crimen a señalar el shock que le supuso la vivencia del incomprensible odio alemán al judío. Además del hambre y las penurias, eso le llevó a advertir a su hermano pequeño Hermod de que no se enrolara. Para entonces, ya lo había hecho.

Pero el relato del soldado noruego de las SS ayuda a entender el papel de estas Divisiones de voluntarios extranjeros en la liquidación de la población judía en la Ucrania de 1941. Tuff llegó por primera vez a ese país en agosto de 1941.

Ya en el camino desde Alemania se enfrentó a un anticipo de lo que le esperaba. Durante su viaje en tren a través de Polonia, en la ciudad de Cracovia vio cómo un grupo de judíos habían sido colgados de los árboles y los postes de la luz. “Los cuerpos colgaban como muñecos de trapo”, recuerda.

A la llegada a territorio soviético, en el oeste de Ucrania, volvió a enfrentarse a escenas similares. Durante la captura de Lviv, Tuff afirma haber visto a población judía asesinada por el camino. Tuff recuerda también cuerpos colgados que comenzaron a moverse cuando los soldados en marcha hicieron moverse un puente.

Todo eso habría sido imposible en Ucrania sin la posición colaboracionista de sectores de la población local. Otro miembro de la División Wiking, holandés, mostraba en un informe de julio de 1941 la absoluta complacencia de la población local ucraniana con los alemanes. En todas partes eran recibidos al grito de “Heil Hitler”, con el apoyo de los grupos locales del Comité Nacional Ucraniano.

Es la otra parte de una acción presidida, desde el lado alemán, por una actitud despiadada hacia la población judía. Según ese soldado holandés de las SS, a menudo era la propia población local la que concentraba a los residentes judíos para que recibieran el “merecido castigo”. Era la versión alemana y ucraniana del Ojo por Ojo y Diente por Diente, una cruel burla a la justicia que se pretendía legitimar con los asesinatos previos de nacionalistas ucranianos a manos de soviéticos o judíos.

El gobernador Otto Wächter, bajo el escudo nazi. A su derecha, Volodymyr Kubiiovych

Olav Tuff participó en extensas batallas, tanto en Ucrania como en Chechenia, por las que llegó a recibir la Cruz de Hierro. Después de la guerra, Olav Tuff fue condenado a tres años y ocho meses de prisión por traición. Y sólo empezó a hablar de lo que realmente vio casi 70 años después, como señalaba en otra parte de la entrevista de 2004, porque asistió y vio cosas que le dejaron una marca para siempre, algo que nunca pudo llegar a olvidar. Algunas de ellas, solo las pudo llegar a contar después de cumplir los 90 años.

Las declaraciones de Tuff no pasarían de ser un ejemplo de la necesidad de aceptar la responsabilidad propia en los crímenes del pasado si no fuera por la idealización que una parte del nacionalismo ucraniano, y de algunas otras zonas de Europa, realiza de quienes los cometieron. Arbolando de nuevo el discurso del peligro del comunismo, unidades de las SS como la Wiking vuelven a ser referencia en estrategias de destrucción política del oponente de Europa. Una Europa en la que algunos grupos, como la Misanthrophic Division, recuperan las ideas, la estética y los símbolos de aquellos que, en los años 30 y 40 del pasado siglo, intentaron aplicar esa política de destrucción por las distintas tierras de Europa.

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