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Donbass, Fascismo, Historia, Rusia, Ucrania, Unión Soviética

Memoria selectiva

Artículo Original: Alexey Zotiev

Es triste ver lo rápidamente que la población de todo un país, uno que una vez fuera parte integral de la Unión Soviética, se degrada. Se degrada y desciende hasta la ignorancia, olvidando su verdadera historia o sustituyéndola con algo con semblanza de verdad creado por cínicos propagandistas en favor del actual sistema político. El 48% de los ucranianos cree que la Segunda Guerra Mundial estalló a consecuencia de la colusión entre el líder de la Alemania Nazi Adolf Hitler y el “dictador soviético” Joseph Stalin por la división de Europa en esferas de influencia por medio del pacto Molotov-Ribbentrop. Así lo evidencian los resultados de una encuesta publicada el 7 de mayo por la Fundación de Iniciativas Democráticos Ilko Kucheriv en colaboración con el Centro Razumkov.

Si se analizan los resultados de este estudio, se puede incluso crear un mapa sobre la escala de la ignorancia dependiendo de la localización geográfica en las diferentes regiones de Ucrania. Los residentes de las regiones occidentales de Ucrania parecen haber caído en la completa ignorancia, el centro se mantiene al borde del precipicio y las regiones del este pueden ser consideradas “razonables”, aunque con dificultad. “Solo” el 35% de los residentes de las regiones del este cree en este mito de la propaganda y gracias a ellos la media nacional no es tan mala. Por cierto, los residentes del oeste del país no mantienen ninguna ambigüedad en este tema: el 68% cree en la cooperación de los “dos tiranos”.

Un mínimo conocimiento de la historia, al menos a nivel de materia escolar, ayudará a cualquier persona en su sano juicio a comprender que la idea de que el “pacto Molotov-Ribbentrop” fue el punto de no retorno que causó el estallido de la Segunda Guerra Mundial es un mito de propaganda diseñado para personas sin conocimiento dispuestas a creer cualquier cosa, especialmente si “lo pone en internet”.

El intento de crear una apariencia de cooperación entre dos dirigentes que decidieron dividirse Europa pero que luego difirieron en sus opiniones y sus planes podría haber tenido éxito si no fuera tan chapucero. Nuestros vecinos europeos, que son los principales beneficiarios de la demonización de la Unión Soviética y de Rusia, su sucesor legal, han hablado tantas veces de cooperación entre Hitler y Stalin que se han olvidado de todo lo que precedió a ese pacto.

La situación de Alemania en general y la de Adolf Hitler en particular no habría sido posible sin la participación directa a indirecta de potencias como Gran Bretaña y Francia. El 7 de marzo de 1936, Alemania ocupó la zona desmilitarizada de Renania. Según los términos del Pacto de Locarno, Alemania no podía mantener tropas armadas ni construir fortificaciones en esa zona del país. El historiador británico y testigo de los hechos William Shearer apuntó que la entrada de tropas alemanas en Renania fue la más pura aventura de Hitler. Habría sido suficiente que Francia movilizara a unas pocas divisiones para, no solo expulsar a las tropas alemanas de la zona del Rin, sino para ponerse a tiro de Berlín. Pero Francia hizo como si no pasara nada, entre otras cosas gracias a la postura de Gran Bretaña, que sin ambigüedades dejó claro que en caso de conflicto armado entre Alemania y Francia se mantendría neutral.

Después llegó la guerra civil española, en la que Alemania e Italia tomaron parte activa, hecho ignorado también por Gran Bretaña y Francia. Pero puede considerarse que el punto de no retorno son los Acuerdos de Múnich, firmados en el otoño de 1938 por los jefes de gobierno de Gran Bretaña, Francia, la Alemania Nazi y la Italia fascista y según los cuales se cedía a Alemania una parte de Checoslovaquia, los Sudetes.

La esencia de todos los hechos descritos es simple y lógica. En aquel momento, Gran Bretaña veía a Alemania como un contrapeso a la Unión Soviética, un régimen que podría parar la “expansión del bolchevismo” hacia Occidente. El viceministro de Asuntos Exteriores británico Alexander Cadogan escribió en su diario: “el primer ministro Chamberlain dijo que preferiría dimitir antes que firmar una alianza con los soviéticos”. Por eso Gran Bretaña permitió a Hitler hacerse con una parte de Europa, aunque la agresiva política exterior alemana fuera en detrimento del más leal aliado británico: Francia.

El Pacto Molotov-Ribbentrop, firmado en 1939, no cambió nada y solo atrasó la triste fecha: el inicio de la guerra abierta entre Alemania y la Unión Soviética. Por supuesto, nuestros vecinos ucranianos, gran parte de ellos descendientes de quienes obtuvieron la victoria, soldados soviéticos que asestaron un golpe casi definitivo al fascismo alemán, deberían saberlo. Pero la amnesia voluntaria de “esto lo recuerdo; aquello, no” que ha golpeado a Ucrania en los últimos años impide que su población piense con lógica y saque sus propias conclusiones. Es triste. A esta velocidad, es posible que se llegue al negacionismo de las tablas de multiplicar solo sobre la base de que Pitágoras no era ucraniano, por lo que no podía realmente saber que dos por dos son cuatro.

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