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Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, LPR, Minsk, Rusia, Ucrania

Nuevos planteamientos de una vieja idea

Artículo Original: Anna Dolgaeva / Vzglyad

Recientemente se ha lanzado al espacio informativo ruso una curiosa fórmula en relación con el estatus especial para Donbass que se aprobó en los acuerdos de Minsk. La propuesta proviene del politólogo Alexey Chesnakov, cercano al Kremlin. Chesnakov cree que el estatus especial podría suponer la independencia de Ucrania, en la línea de Australia y Canadá, independientes de Gran Bretaña, pero con la reina de Inglaterra como jefa de Estado.

Chesnakov habla de la posibilidad de una soberanía simbólica de Ucrania sobre Donbass según dicho ejemplo o el de la coexistencia entre Hong Kong y China, “una nación, dos sistemas”. Todo ello en el marco de los acuerdos de Minsk, negociación en la que no se discutió la independencia de Donbass, pero que sí mencionan un estatus especial. Y es evidente que, al menos de momento, Ucrania, como insiste Chesnakov, no está interesada en esta opción.

De hecho, se trata de una novedosa mirada al “estatus especial” para Donbass. Hasta ahora esa idea se ha presentado normalmente como una federalización, una especie de república autónoma dentro del Estado unitario de Ucrania, como fuera en su momento la República Autónoma de Crimea. En términos generales, el retorno de Donbass a Ucrania no es algo favorable para la población. Pero los sospechosos habituales explicaban que era necesario para que Ucrania siguiera estando cerca de Rusia, que tendría la oportunidad de ejercer influencia en lo que pasaba en el país utilizando a Donbass.

Si quienes tienen el poder apuestan por algo en esta dirección, hay que reconocer que hay mucha ingenuidad entre ellos. O, al menos, la había. A ambos lados del frente se ha derramado sangre para separar a Donbass de Ucrania. Pese a la fatiga de la guerra que padece la población de Donbass, la inmensa mayoría no puede siquiera imaginar volver con quienes le atacaron. Por no hablar de los miembros de los ejércitos locales y de sus familias, en cuyo caso volver a Ucrania les obligaría a unirse a los partisanos: Kiev ha declarado repetidamente que no va a considerar la posibilidad de conceder amnistía a los milicianos.

La amnistía para las milicias está incluida en los acuerdos de Minsk. Aunque Ucrania no ha dado ningún paso hacia su implementación y, por ejemplo, el intercambio de prisioneros “todos por todos” se descartó durante la etapa de Poroshenko. Sin embargo, este aspecto podría cumplirse con Zelensky. Aun así, el estatus especial es algo que Ucrania no está dispuesta a otorgar.

Sin embargo, hay que insistir en que Rusia sí lo quiere, por lo que abiertamente lanza extravagantes opciones que técnicamente suponen un “estatus especial”, pero que, en realidad, supondrían la independencia de Donbass, esa que dura ya cinco años y por la que sigue luchando. Por el momento, solo se trata de especulaciones y Zelensky está lejos de aceptar esta opción. Chesnakov afirma que Rusia insiste y seguirá insistiendo en el estatus especial para Donbass, pero también en que estaría bien que Ucrania reconociera al menos esa opción [incluida en los acuerdos de Minsk].

La estrategia rusa, tal y como la plantea Chesnakov, parece ser la de prolongar la situación: esperar y sacar todo lo que sea posible de Minsk. En Ucrania no están dispuestos a conceder nada, así que la incertidumbre puede alargarse durante mucho tiempo. Un compromiso sobre el estatus especial parece lejano, pero este no es el único obstáculo. Y esta incertidumbre es insoportable. Porque la miseria en las Repúblicas no reconocidas de Donbass, la destrucción y los sacrificios en las zonas del frente dan miedo. Y desaparece toda esperanza.

Por otra parte, en términos políticos, esta estrategia podría ser la menos mala. Al menos daría tiempo para maniobrar. Por ejemplo, después de varios años sin que nada cambiara, en la primavera se produjo un movimiento inesperado. Entonces, un decreto presidencial autorizó la concesión de la nacionalidad rusa a los residentes de la RPD y la RPL. De alguna forma, para las Repúblicas, agotadas en esta larga espera, era un rayo de esperanza.

Alargar la situación da tiempo y espacio para maniobrar: si Rusia comenzara a llegar a acuerdos con Ucrania y aceptara realizar concesiones, se crearían las condiciones para el retorno de Donbass a Ucrania. Eso sería mucho peor. Sería mejor si Rusia tomara la decisión de aceptar la independencia de Donbass, o si pudiera conseguirla, aunque fuera en el marco de los acuerdos de Minsk, o sin ellos. Si estamos hablando de ideas como Hong Kong o Canadá y Australia, es un signo positivo que, además, encaja en la teoría de que la política rusa en Donbass está cambiando, adoptando quizá una dirección más radical que hasta ahora.

Pero qué dura es esta situación de prolongación, no para quienes toman las decisiones importantes en sus despachos, sino para quienes viven en medio de una guerra, en casas destruidas sin agua ni luz, o en hostales preparados para desplazados, para quienes reciben proyectiles ucranianos en sus huertas y quienes se arrastran por las trincheras bajo el sol de la estepa. Que el milagro diplomático ocurra pronto.

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