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C14, Donbass, Ejército Ucraniano, Extrema Derecha, Fascismo, Rusia, Ucrania

Para no dañar su reputación

Artículo Original: Dmitry Kovalevich / Ukraina.ru

No se puede llamar nazis a los nazis ucranianos, ya que eso puede dañar su reputación. Esta es la decisión que ha tomado un tribunal de Kiev en el caso del grupo C14 contra el canal de televisión Hromadske, que calificó al grupo de neonazi en un tuit. En 2018, los periodistas de Kiev utilizaron el término al referirse al momento en que sus miembros se mofaron y arrastraron al voluntario [de la RPD] brasileño Rafael Lusvarghi cuando fue capturado por el SBU. Los nazis, ofendidos, se querellaron contra el canal exigiendo una disculpa y una compensación moral por los daños y han ganado.

La chispa de la historia es que el canal al que denunció el C14, Hromadske, se creó en vísperas de Maidan con financiación occidental. En todo este tiempo, Hromadske ha justificado repetidamente las actividades de los nacionalistas radicales y neonazis en Maidan, alegando que todo era exagerado por la prensa rusa. En su defensa contra la querella del C14, alegaron que la prensa occidental ha calificado en numerosas ocasiones al grupo de nazi o neonazi. Sin embargo, Occidente parece no haber dado órdenes a los tribunales ucranianos sobre los militantes, cuyos servicios son utilizados por los representantes de las autoridades y las estructuras de poder.

Hay que recordar que, en una entrevista, el líder del grupo, Yevhen Karas, admitió la colaboración con el SBU y que, hace unos meses, viajó junto al presidente de Ucrania y el Fiscal General Lutsenko a Estambul para el acto de proclamación de la iglesia ucraniana. Ahora, sin embargo, el subvencionado canal Hromadske debe pedir perdón a los nazis y pagar 3.500 grivnas en costes legales.

No pueden ser nazis, son ucranianos

Para justificar el motivo de calificar al C14 de neonazis, los abogados de Hromadske se refirieron a una imagen en la que Yevhen Karas hace el saludo nazi, a lo que el líder del C14 respondió que era una broma para molestar a unos “trolls” comunistas que pasaban por allí.

Los abogados de Hromadske también se basaron en las declaraciones antisemitas de los líderes del C14, los pogromos contra la población romaní y los ataques contra la izquierda ucraniana. Sin embargo, el tribunal no tuvo en cuenta esos argumentos. Como prueba de que no son nazis, cuyas actividades están prohibidas por la ley, los miembros del C14 alegaron únicamente el hecho de que son patriotas, por lo tanto no pueden ser nazis, e hicieron declararar a dos voluntarios de Armenia y Azerbaiyán, que afirmaron que el C14 no les ha discriminado. Utilizaron el mismo sólido argumento que podrían haber utilizado los nazis alemanes en su época, ya que en sus filas había, como todos sabemos, representantes de otras nacionalidades.

El tribunal tampoco tuvo en cuenta el uso por parte del C14 de simbología nazi como la cruz celta. Según los jueces, no es una manifestación de nazismo, como tampoco lo es que el grupo organizara “un torneo de fútbol para jóvenes solo blancos” (en el que los miembros posaron con camisetas con cruces nazis y haciendo el saludo nazi). El tribunal no admitió como prueba el uso de runas en las cuentas personales de redes sociales por parte de miembros del grupo, algunos de ellos símbolos utilizados por las juventudes hitlerianas. Ni tampoco se tuvo en cuenta que el nombre del grupo, C14, se refiere a las “14 palabras” del teórico neonazi moderno David Lane (“Debemos asegurar la existencia de nuestro pueblo y un futuro para los niños blancos”).

El tribunal no prestó atención al hecho de que el grupo ha sido incluido en el listado de organizaciones neonazis o terroristas por el Terrorism Reseach & Analysis Consortium. El argumento de Yevhen Karas en este sentido también es duro como una piedra: el TRAC considera terroristas a los grupos ucranianos Praviy Sektor y Azov, lo que sugiere que fueron incluidos por órdenes de los “separatistas”.

El tribunal rechazó el argumento de los abogados de Hromadske de que se podía llamar al C14 nazi porque lo han hecho Reuters, Washington Post o incluso en Parlamento británico. Todos esos argumentos se contrarrestaron en el juicio con declaraciones sobre el patriotismo del grupo y la participación de sus miembros en la operación antiterrorista y la operación de fuerzas conjuntas [la guerra en Donbass-Ed].

¿Qué más evidencia hace falta? Si nazi no es aquel que hace el saludo nazi, que usa cruces gamadas y cruces celtas, ataca a población romaní y comunistas, hace declaraciones antisemitas y es reconocido como tal por organizaciones occidentales, ¿a quién se puede considerar nazi? Parece que incluso si los rebeldes del C14 marcharan por Kiev vestidos con uniformes nazis y enviaran a judíos, gitanos y comunistas de la ciudad a campos de concentración, no serían considerados nazis. Todo eso solo explicaría sus instintos patrióticos de defender al pueblo ucraniano de forasteros.

El agujero en la ley de descomunización

La decisión del tribunal de Kiev demuestra que la ley de descomunización (que condena a los “regímenes nazi y comunista) vale solo para una parte. Según esa ley, los ucranianos, por principio, no pueden considerarse nazis y no puede haber una versión ucraniana del nazismo. Según la ley, el nazismo y el fascismo pueden ser alemanes, húngaros, rusos o americanos, pero no ucranianos.

Una manipulación similar se producen en las condenas al comunismo según la ley. En julio de este año, el Tribunal Constitucional de Ucrania rechazó la petición de una serie de diputados opositores que trataban de declarar inconstitucional la ley. La lógica de los jueces fue que eso minaría la fundación del Estado ucraniano, ya que el comunismo no es un fenómeno ucraniano sino extranjero (ruso).

Según la lógica de los jueces ucranianos, resulta que el aparato estatal de la República Socialista Soviética de Ucrania era en realidad “no ucraniano”, como si todos los oficiales y diputados hasta 1991 fueran importados de algún lugar de Siberia o de Moscú. En otras palabras, los comunistas, como los nazis, no pueden ser ucranianos. La única diferencia es que de la frase “nazi ucraniano” se borra automáticamente la palabra nazi, mientras que de la frase “comunista ucraniano” se borra automáticamente la palabra ucraniano. De esta forma, la identidad nacional se sustituye por política identitaria que ignora los puntos de vista de grupos como el C14. Así que esos grupos, que cuentan con el apoyo de un uno o dos por ciento de la población, tienen el derecho moral de hablar en nombre de millones de personas e imponerles sus ideas, da igual cuáles fueran los resultados electorales. Además, la manipulación de los términos permite imponer ciertas normas de comportamiento. El origen étnico, un concepto neutral que no implica una forma de actuar concreta, se sustituye por una formación ideológica que permite justificar ir a la guerra contra los “enemigos de la nación”, como afirma Yevhen Karas.

Cómo los patriotas liberales se convirtieron en enemigos de la nación

Aquí nos encontramos con la misma lógica según la cual se niega el carácter de guerra civil del conflicto en Donbass, la negativa a aceptar el hecho de que luchan contra el Gobierno de Kiev ciudadanos ucranianos. En 2014, residentes de Mariupol, Slavyansk y Gorlovka mostraron sus pasaportes ucranianos a las cámaras de los periodistas de Hromadske y aun así se les calificaba de “agentes rusos”. No es ninguna exageración decir que el actual fiasco legal es consecuencia directa de las actividades de periodistas como los de Hromadske, que durante años han justificado los actos de grupos neonazis y les han hecho sentir completa impunidad.

Ahora el líder del C14, Yevhen Karas, tampoco les considera a ellos ucranianos y les acusa de ser agentes rusos del FSB. “La verdad ha ganado. Han forzado al FSB a pedir disculpas. La prensa rusa izquierdista liberal de Hromadske está muy preocupada porque los nacionalistas en Kiev detuvieron al militante separatista Lusvarghi. La situación de Hromadske es muy dura. Es difícil elegir la táctica para defender sus actos. Todos apoyaron la campaña. Pero de alguna manera había que hacer que tuviera algo a favor de Rusia. Natalia Gumenuik, de Hromadske, tiene que volver a pasar por San Petersburgo durante la guerra. Los editores han hecho un movimiento de caballero. Hromadske escribió, únicamente para la audiencia extranjera, que la detención no fue a cargo de ucranianos sino de nazis”, comentó el líder del C14 al valorar la sentencia. Hay que insistir en esa última frase, que resume el proyecto político ucraniano: “no ucranianos sino nazis”. Con la bendición de los tribunales, se sustituyen las ideas políticas por la etnia.

De hecho, Karas y otros fascistas ucranianos se adhieren al principio de “yo soy el Estado”. Así que, para ellos, se convierten en “no ucranianos” incluso periodistas ucraniano parlantes e incluso nazis ucranianos de grupos rivales. En esto, siguen la lógica de los nacionalistas ucranianos del pasado, para lo que lo más importante no era integrar al máximo número de personas, sino eliminar a rivales potenciales en la lucha por los cargos y los flujos de dinero, daba igual la etnia o la lengua que se usara. Incluso si se produce algún milagro y toda la población ucraniana hablara un ucraniano tan puro como el de Lviv, Karas o Volodymyr Vyatrovich inventarían otra excusa para excluir a una parte de la población, por ejemplo, las medidas del cráneo. Aun así, se diría que no hay nazismo en Ucrania, ya que eso “dañaría su reputación”.

Este fallo judicial no significa que los jueces, como Yulia Kartavtseva, que estaba entre los que tomaron la decisión, sean leales a Poroshenko. Tras la victoria de Zelensky en las elecciones, Karas fue nombrado miembro del Consejo Supervisor del Comité Anticorrupción, a pesar de las críticas que ha recibido de los socios de Occidente el C14, concretamente por el hecho de que el grupo neonazi haya recibido financiación pública.

La decisión del tribunal de Kiev también deja caro que los nazis pueden seguir operando con impunidad en Ucrania. Como ha dicho hace poco en una entrevista concedida a ukraina.ru el abogado Andriy Gozhiy, los radicales ucranianos han servido a Poroshenko y servirán al nuevo Gobierno. “Creo que a los radicales les irá bien, servirán al nuevo Gobierno, servirán al poder actual. Al menos no se ve intención de Zelensky de restablecer el orden”, afirmó el abogado, que insistió en que, tras las elecciones, en Ucrania han cambiado solo las caras. El sistema sigue siendo el mismo.

Y en el futuro, los “no nazis” del C14 probablemente podrán obligar a los periodistas de Kiev a dignificarlos como “grandes guerreros arios”.

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