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Crimea, Donbass, DPR, Estados Unidos, LPR, Rusia, Siria, Ucrania, Volker

Crimea como excusa

Artículo Original: Colonel Cassad

“Seguiremos manteniendo y endureciendo las sanciones hasta que Crimea sea devuelta”

-Kurt Volker

Es una advertencia ya común, que subraya que cualquier esperanza de que la guerra fría entre Estados Unidos y la Federación Rusa vaya a parar y que las sanciones vayan a desaparecer en los próximos años no es más que una ilusión. En ese contexto, incluso aquellos que preferirían negociar con Estados Unidos alguna concesión en Siria o en Donbass se encuentran cara a cara con objetivos y evidentes hechos que demuestra el conflicto institucional, que no promete paz y tranquilidad para “hacer negocios” sino que obliga a que las negociaciones se produzcan en un imprevisible contexto de confrontación múltiple, que tiene una gran ventaja: pase lo que pase, seguirá destruyendo el actual orden político-militar y económico en el que Washington mantiene aún la hegemonía.

Las actuales conversaciones sobre la posible derogación del tratado Start-3 (de hecho, en la práctica, Estados Unidos ya está infringiendo el tratado) se están produciendo al mismo tiempo que, ante nuestros ojos, se colapsa en Tratado INF, lo que demuestra las fisuras de la base del viejo orden mundial en el que se pactaron las bases de los tratados para limitar las armas nucleares y misiles, determinados por la aplastante superioridad estadounidense en armas convencionales en la Guerra Fría. Ahora, cuando el viejo mundo se muere, se pone sobre la mesa la lucha por la soberanía de algunos de aquellos estados que se encontraban bajo control directo o indirecto de Washington en un posible cambio en la esfera de influencias en partes de Eurasia y África.

Crimea es solo una excusa que ya usó repetidamente Obama para exigir cambios en la política exterior de la Federación Rusa, en realidad, la exigencia era renunciar a una política exterior soberana. En el actual contexto, la cuestión de Crimea está inevitablemente ligada a la cuestión de la soberanía. Dejar caer Crimea (o Donbass) es rechazar la soberanía. Sería reconocer el papel de Rusia como apéndice de potencias capitalistas más potentes y rechazar cualquier intento de desarrollo propio. En el fondo, aunque el capitalismo ruso tiene ya casi un cuarto de siglo y ha intentado acercarse a Occidente, en Occidente le esperaban con otra nueva guerra fría y un ultimátum.

Eso no es lo que esperaban los chicos de Yeltsin y ha supuesto una gran desilusión para toda una generación de la “élite rusa”, que, alegando el “callejón sin salida del comunismo”, llevaron al país a un callejón sin salida con la ciega ideología de la occidentalización y ahora tratan de reinventar la ideología para atajar adecuadamente los retos a los que se enfrenta el país. Las viejas ideas ya no valen y las nuevas aún no existen, así que los ideólogos de salón ya están sugiriendo todo tipo de cosas sobre la ideología (aunque no sería de forma oficial) que debe ser la base del periodo post-Crimea en Rusia.

Como la nueva guerra fría ha caído sobre la élite rusa, es preciso construir nuevos significados para las referencias a la Guerra Fría, aunque desde el punto de vista de esa élite dirigente, es preciso entender la duración de ese conflicto (en el que las sanciones no son el principal problema), por lo que se requieren referencias e ideas que justifiquen ante las masas que tendrán que sufrir numerosos problemas que inevitablemente surgirán de este conflicto.

Por supuesto, pase lo que pase con los ideólogos de salón, no hay duda de que la cuestión de Crimea y la soberanía de la política exterior serán tratados como términos axiomáticos, lo que descarta la posibilidad de negociación con Estados Unidos al respecto. A consecuencia de ello, el neoliberalismo que Estados Unidos impone al mundo se seguirá viendo como el antagonista (salvo para aquellos que abiertamente optan por capitular) y determinará la postura rusa en el conflicto. Muchos conflictos focalizados (Crimea es uno de ellos, como lo son también Donbass, Siria o Venezuela) se integran en un mayor y sistémico antagonismo que cada vez más se asemeja a la Guerra Fría. En realidad, tan solo es una referencia, ya que el debilitamiento de Estados Unidos y el conflicto con China hace que la estructura del actual orden mundial se destruya en una estructura mucho más fragmentada y no binaria, como ocurría en el enfrentamiento entre el bloque capitalista y el bloque socialista. Ahí yacen las opciones de la Federación Rusa de sobrevivir en el conflicto y participar en la construcción de un mundo post-Washington. Pero teniendo en cuenta la amenaza nuclear, la Federación Rusa se juega su supervivencia, mientras que Estados Unidos solo se juega perder su imperio, aunque está claro que a un imperio le duele dejar de ser la única superpotencia.

En resumen, sería ingenuo esperar que vayan a prevalecer un acercamiento benevolente entre Rusia y Estados Unidos. Las sanciones, por supuesto, continuarán, ya que son el reflejo de un conflicto natural e inevitable que no se limita a Crimea, Donbass o Siria.

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