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El problema de la misión de paz

Original: Colonel Cassad

Mi entrevista con el Centro de Información de Lugansk sobre el tema de la misión de paz:

¿Por qué ahora, en el cuarto año de guerra, de repente se ha vuelto a hablar del despliegue de una misión de paz en Donbass?

El tema de la fuerza de paz en Donbass se recuperó este verano, aunque la idea de separar a los ejércitos de la línea de separación se ha exagerado desde la firma de Minsk-1 y Minsk-2. Las razones para la aparición de ideas sobre un posible despliegue de una misión de paz, que se han repetido en Kiev y en Moscú, radican en el hecho de que los puntos militares de Minsk no se han cumplido: los prisioneros de guerra aún no han sido intercambiados, el fuego no se ha detenido y las armas de calibre superior de 100mm no se han retirado de la línea del frente a los puntos designados. Los observadores de la OSCE solo recogen las infracciones de las partes, lo que no puede cambiar lo que está ocurriendo.

Los acuerdos de Minsk no funcionan. ¿Cuál es la razón?

El fracaso de los acuerdos de Minsk en términos de los puntos militares da lugar al bloqueo de la solución política. Kiev cínicamente declara que no está dispuesto a pasar a una solución política mientras en Donbass no cese el fuego, aunque al mismo tiempo, varios representantes declaran abiertamente que Ucrania no va a congelar el conflicto, ya que eso beneficiaría los intereses de Rusia. Obviamente, teniendo en cuenta esa postura, sería algo ingenuo esperar que la guerra en Ucrania cese mientras sus autoridades sean Poroshenko, Avakov, Parubiy o similares. La guerra y su continuación son la base de su supervivencia política, que tratan de extender a toda costa.

Sin embargo, eso prolonga automáticamente el sacrificio diario. De ambos lados…

Las vidas de los ciudadanos de la RPD y la RPL, así como las de los soldados del Ejército Ucraniano, que pagan por la supervivencia del régimen, son desechables para ellos y suministran a Occidente su principal producto: el odio a todo lo ruso. Mientras Occidente siga interesado en continuar con una estrategia de “contener y rodear a Rusia”, Poroshenko y compañía serán de utilidad, ya que, con ellos, Occidente controla Ucrania, que se ve como un trampolín para las actividades anti-rusas. Estas actividades se reflejan en un sistema de de-rusificación de Ucrania y en el uso de Ucrania como punto de entrada para promocionar la infraestructura militar de la OTAN en la frontera rusa. Está claro que, con un conflicto congelado, sería extremadamente complicado para Poroshenko y compañía explicar a los ciudadanos ucranianos por qué están sufriendo las consecuencias de Euromaidan. Es necesario un enemigo externo “que impida a Ucrania caminar felizmente hacia Europa”. Si la guerra se detiene, ¿cómo se explica eso? Así que es necesario que haya fuego, sangre, cuerpos y escaladas periódicas en batallas por la zona neutral, como ya ocurriera en Jelobok o Kominternovo o en cualquier otra zona, para que Poroshenko pueda, patéticamente, utilizar los resultados para gritar algo sobre los separatistas, que impiden la paz.

¿Qué se puede hacer en esta situación?

Cuando en 2016-2017 se hizo cada vez más claro que los acuerdos de Minsk no funcionaban y que Kiev no tenía intención de cumplirlos, comenzaron a aparecer todo tipo de ideas para intentar cumplir ciertos puntos de los acuerdos. Así surgió la idea de la misión de paz, que no se menciona oficialmente en los acuerdos de Minsk, pero que podría haberse acordado para evitar el bloqueo diplomático y habría llevado finalmente a un alto el fuego que hiciera pasar el conflicto del escenario Karabaj al escenario Transnistria. Pero lo que salió fue un concepto completamente diferente a esa idea. Desde el punto de vista de Rusia y de las Repúblicas Populares, el despliegue de una misión de paz en la línea del frente llevaría a un alto el fuego, retirada de armamento de la línea del frente y la reducción del número de bajas. La guerra cesaría y el conflicto pasaría a un formato a cámara lenta. No solucionaría todos los problemas, pero la gente dejaría de morir.

¿Es una variante, a priori, aceptable para Kiev?

Evidentemente, Ucrania no está contenta, porque no es de su interés que se reduzca la pérdida de vidas a ambos lados de la línea del frente. Kiev entiende de forma bien diferente la idea de la misión de paz. Los cascos azules se convertirían en un pretexto para llevar a cabo la “limpieza” de Donbass, como recientemente ha declarado abiertamente Yarosh, y para tomar el control de la frontera entre la RPD/RPL y Rusia y conseguir que Rusia no tenga capacidad para ayudar a las Repúblicas. En este escenario, Kiev ve una oportunidad de recuperar el control de la frontera esquivando el resto de puntos de los acuerdos de Minsk, que exigen reformas estructurales en Ucrania y otra serie de obligaciones que Kiev y sus socios se niegan a cumplir.

Y al final, ¿otro callejón sin salida?

Al final, la RPD y la RPL perciben la idea de la misión de paz como una mera búsqueda del cese de las hostilidades y del derramamiento de sangre. En Ucrania se entiende la idea de la misión de paz como una forma de que la “comunidad internacional” destruya las Repúblicas Populares y las reintegre en Ucrania según el escenario de la Krajina serbia. Como es natural cuando existen diferencias tan fuertes a la hora de entender el envío de una misión de paz a Donbass, la idea se encuentra estancada a nivel diplomático. Y está bloqueada principalmente porque Estados Unidos, como principal defensor de Ucrania, tampoco está interesado en congelar el conflicto y sustituir a las autoridades con unas más adecuadas, como ya hicieron en Georgia, donde se deshicieron de Saakashvili, comprometido por varios crímenes. Así que ha habido meses de negociación, pero no se han producido avances decisivos para el despliegue de cascos azules en Donbass. Como ya ocurrió con los acuerdos de Minsk, las diferentes interpretaciones de la misma idea habitualmente llevan a un bloqueo diplomático, que supone la continuación del punto muerto militar, en el que las partes no pueden solucionar de forma definitiva el conflicto por la vía militar.

¿Cuál es su predicción en esta situación?

En mi opinión, las actuales autoridades son completamente incompetentes. Con Poroshenko y compañía no va a haber paz, se seguirá derramando sangre. Esta gente no va a cambiar, especialmente porque sus manos ya están manchadas de sangre y antes o después tendrán que responder por ello. Estados Unidos podría presionar a Ucrania, cambiar a los títeres y abandonar la política agresiva hacia Rusia. Había ciertas esperanzas en este sentido tras la elección de Trump, que realizó algunas declaraciones positivas hacia Rusia, pero como quedó claro, el establishment político-militar de Estados Unidos tiene una diferente visión de las relaciones entre Rusia y Estados Unidos y ve a Ucrania como una herramienta de su política anti-rusa. Al enfrentarse a ataques constantes sobre su “relación con el Kremlin”, aunque no lo quisiera, tiene que hacer concesiones a Ucrania. La situación sigue bajo control de los halcones, que quieren hablar a Rusia en el lenguaje de los ultimátums como ya lo hiciera la administración Obama. Es evidente que así no se favorece una solución, pero se puede congelar el conflicto.

¿Y el bloqueo en las Repúblicas de Donbass?

En estas condiciones, las Repúblicas seguirán esperando que el frente se tranquilice y que el conflicto pase de la etapa militar a la político-económica. Pero el realismo les anima a desarrollar sus propias instituciones de Estado, ya que no pueden sentarse a esperar si aparece la buena voluntad en Kiev y Washington y las perspectivas de paz se hacen realidad. Con sus políticas hacia Donbass, Kiev y Washington han conseguido en realidad separar Donbass de Ucrania y ahora hay dos formaciones de Estado no reconocido que reflejan los cambios en el orden mundial en comparación con el que emergió en 1991.

¿Y los cascos azules?

Los cascos azueles no pueden volver a meter la pasta de dientes en el tubo una vez que ha salido, como sueñan Poroshenko y compañía. La realidad es que no se puede volver al Estado que existía en Ucrania antes del golpe de Estado o al inicio de la rebelión de Donbass. El pueblo ha elegido y Ucrania y el mundo deben tener en cuenta esa elección. Donbass no quería guerra, pero se vio obligado a tomar las armas para resistir a las bandas del Praviy Sektor primero y del Ejército Ucraniano después, que intentaron, por la fuerza, hacer callar a la población y que aceptara los crímenes cometidos por Kiev. Donbass se ha ganado con sangre su elección, su sangre y la ajena. Y Donbass está listo para dejar de derramar sangre si a ello ayuda la misión de paz. Pero no va a volver a ser parte de la Ucrania banderista bajo la tapadera de los cascos azules.

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