Original en Voice of Sevastopol/Traducción de Nahia Sanzo
Esta semana, el viceprimer ministro de la República Popular de Donetsk Andrey Purgin comentaba la situación en relación a las elecciones que se celebran hoy 2 de noviembre.
“La exigencia de Washington y Kiev a Rusia y a Donbass de que se cumplan los acuerdos de Minsk es una cruda hipocresía. La propuesta de celebrar elecciones en Donbass de acuerdo con la Ley Ucraniana de Status Especial y Gobierno Local, no el 2 de noviembre sino el 7 de diciembre, no tiene ningún sentido porque esa ley ni siquiera especifica las zonas en las que se debe aplicar. Y además esto es intencionado. La ley de status especial aparentemente existe, pero seguimos sin saber en qué áreas se supone que opera. Es así de simple: no opera en ninguna parte. Así que Kiev viola directamente el protocolo de Minsk que exige un status especial para Donbass.
En Minsk se acordó también adoptar una Ley de Amnistía para activistas y milicianos. Poroshenko no ha firmado dicha ley. Esto no solo viola el protocolo de Minsk, sino también lo que él llama su plan de paz. Se ha llegado a un acuerdo sobre la línea de demarcación que debe separar a los bandos opuestos, pero, sin mediar explicación alguna, Kiev ha retirado la firma de su representante, el general Dumansky. Al mismo tiempo, la Guardia Nacional continúa violando el alto el fuego con constantes salvas de artillería en zonas residenciales que a diario dejan víctimas civiles.
La fecha de las elecciones al parlamento en Donbass, el 2 de noviembre, también se ha acordado en el marco de las consultas del grupo tripartito. Ahora Kiev pretende decir que esto nunca se produjo. Y es mentira.Si Obama y Poroshenko quiere celebrar elecciones el 7 de diciembre, pueden celebrarlas donde quieran: en Vinnitsa, en Zhitomir, en Chicago. Es cosa suya. Nosotros vamos a seguir cumpliendo con los compromisos acordados en Minsk. Nos comprometimos a celebrar elecciones en Donbass el 2 de noviembre y celebramos elecciones el 2 de noviembre”.
El hecho de que se haya aprobado una versión de la ley de status especial para Donbass no soluciona el problema que surge desde el momento en que esta se adopta. En primer lugar, Purgin apunta que la ley no especifica el territorio en que debe entrar en vigor, así que no hay cómo saber a ciencia cierta en qué zonas de Donbass se debe aplicar. ¿Cuál es el criterio para discernir entre los que están sujetos a dicha ley y los que no?
Si la respuesta de Kiev es que la ley opera en aquellas áreas bajo control de grupos armados subordinados a Novorrusia, no a Kiev, pero en ese caso sería de exigir, al menos, que se especificaran esas zonas y esas ciudades. No solo no se ha dado ese paso, sino que las autoridades de Kiev han retirado su firma del documento que acordaba la línea de demarcación que debía separar a las partes y que debía convertirse en la base para la solución de la cuestión territorial.
En segundo lugar, y más importante, la ley de status especial para Donbass se adoptó sin la participación de Donbass ni de los representantes de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk. Se puede repetir eso de que “¿quiénes son ellos y a quién representan?”, pero en ese caso, ¿por qué hablar siquiera de negociaciones de paz?
Hay dos escenarios posibles. Se puede llegar a una negociación de paz de verdad, en la que las partes cumplan con los acuerdos y entre en vigor la ley de amnistía para activistas y milicianos en el sudeste, las elecciones pueden celebrarse sin altercados, etc. O se puede admitir que las iniciativas de paz y el plan de paz del presidente no eran más que una ficción para el periodo preelectoral y para reagruparse después de la derrota de Ilovaysk. A juzgar por declaraciones recientes, la segunda opción parece estar más cerca de la realidad. Esto significa que Kiev puede, en un futuro cercano, reanudar su ofensiva a larga escala y tratar de resolver la cuestión por la fuerza. La reciente experiencia, que indica que la victoria militar en la guerra civil en el este es improbable, parece no haber enseñado mucho a los “patriotas” ucranianos. En ese caso, otra derrota obligaría a Kiev a volver a negociar la paz, esta vez en condiciones menos favorables.

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