“Creo que estamos más cerca de lo que hemos estado nunca”, afirmó el lunes por la noche Donald Trump. Nada de lo que está ocurriendo ahora puede sorprender, tampoco que este sea el momento en el que comienzan a producirse avances. Por primera vez desde el inicio de este heterodoxo proceso de diálogos bilaterales en el que se ha tardado meses en llegar a un documento sobre el que basar las negociaciones, es lógico que los únicos avances reales se vislumbren ahora, cuando la mediación estadounidense es un único equipo en contacto con los dos países, que ha dejado de decir a Kiev y Moscú lo que querían oír y que busca llegar a unos planteamientos claros que los dos países puedan valorar, renegociar y aceptar o rechazar y exponerse a consecuencias negativas. El planteamiento estadounidense es que, en caso de rechazo ruso, perdurarían las sanciones y posiblemente aumentaría el flujo de armamento a Ucrania, ya que nadie espera que Washington se desvincule completamente de la guerra de Ucrania, al menos en su faceta de vendedor de armas a los países europeos. En el caso ucraniano, rechazar un acuerdo pondría en riesgo la relación con Estados Unidos, pero, ante todo, implicaría continuar una guerra en la que el aumento de la asistencia militar no se ha traducido en una situación menos precaria para las maltrechas tropas ucranianas, que sufren ahora en zonas del frente en la que hasta hace unas semanas soportaban sin grandes dificultades los ataques rusos.
“Hoy o mañana finalizaremos los documentos, los nuestros. Entonces, creo que Estados Unidos mantendrá consultas con los rusos en los próximos días, y después mantendrá consultas con el presidente de Estados Unidos, y después nuestros equipos se reunirán”, afirmó ayer Zelensky dando por hecho que habrá acuerdo Washington-Kiev y tratando de pasar toda la presión a Moscú. En plena aplicación de lo que podría llamase doctrina Serrano Suñer, todo lo que pueda salir mal a partir de ahora será culpa de Rusia. Aunque no son excesivos los detalles que han trascendido sobre las negociaciones de los países europeos y Ucrania con Steve Witkoff, un empresario sin experiencia diplomática y mínimos -si no nulos- conocimientos sobre Rusia y Ucrania, Zelensky parece satisfecho con el resultado en el ámbito de la seguridad, cree tener completamente bajo control la cuestión de la reconstrucción y se niega a aceptar la realidad en los que respecta al aspecto territorial.
Con el aspecto económico en manos de los países europeos, Ucrania se centra ahora en utilizar su fuerza mediática para rechazar concesiones territoriales. Y aunque incluso sus aliados más cercanos, los países europeos, han dejado de incluir la integridad territorial como exigencia, etiqueta que han añadido repetidamente a sus comunicados a pesar de la completa falta de realismo, Zelensky continúa inmóvil en su postura, posiblemente como mensaje a su población, que percibe cualquier cesión de territorio como una capitulación inaceptable. “Ni de iure ni de facto reconoceremos Donbás como ruso, la parte que está temporalmente ocupada”, afirmó ayer pese a que no existe el reconocimiento de facto. El tiempo que transcurre desde que cesa el fuego y un territorio que de iure forma parte de un Estado pero queda bajo control de otro es todo el reconocimiento de facto que puede darse, la admisión implícita de que una parte del país se ha perdido temporal o definitivamente. Así ocurrió en Crimea en 2014 y Estados Unidos espera que ocurra con las partes de Jersón y Zaporozhie bajo control ruso además de Lugansk y Donetsk. La beligerancia diplomática de Zelensky en este sentido pretende presentar como mal menor las fuertes pérdidas territoriales que supondría detener la guerra en la línea del frente actual y también seguir ejerciendo presión para mejorar la posición ucraniana de la misma forma que ha ocurrido con las garantías de seguridad, ámbito en el que Ucrania da a entender que ha obtenido lo que buscaba.
“Las garantías «muy sólidas» se basarían en la cláusula de protección mutua del Artículo V de la OTAN, según afirmaron altos cargos estadounidenses, quienes añadieron que esperaban que Rusia las aceptara”, escribía ayer la BBC que, como otros muchos medios, se refería a las garantías de platino que por primera vez Estados Unidos ofrece a Ucrania, que había exigido resolver esa cuestión bilateral -Ucrania no va a aceptar garantías de seguridad de ningún otro país como parte de un acuerdo de paz- como prerrequisito para pasar a tratar otras cuestiones básicas de la resolución de la guerra. Según Politico, Washington ofrece a Kiev esas garantías de seguridad que no se han especificado, pero que son muy relevantes, aunque exige algo a cambio. “Esas garantías no estarán sobre la mesa para siempre. Esas garantías están sobre la mesa ahora mismo si se llega a una conclusión satisfactoria”, afirma el medio citando a un oficial anónimo estadounidense. Varios medios aseguran que las garantías de seguridad están directamente vinculadas al segundo aspecto más polémico de esta negociación, la renuncia a la parte de Donbass que Ucrania aún mantiene bajo su control y que Estados Unidos no cree que pueda mantener por la vía militar o que pretende ofrecer a Rusia como zanahoria para compensar el palo de lo que, sin duda, sería visto por el Kremlin como una adhesión de facto de Ucrania a la OTAN.
“Creemos que, en un acuerdo final, los rusos aceptarán todas estas condiciones que permiten una Ucrania fuerte y libre. Rusia, en un acuerdo final, ha indicado que está abierta a la adhesión de Ucrania a la UE”, afirmó un oficial estadounidense citado por Politico. El hecho de que Rusia no tenga inconveniente en aceptar la adhesión de Ucrania a la Unión Europea no es noticia, ya que formaba parte de la oferta rusa que Ucrania negociaba en 2022 cuando decidió que la vía militar era la más directa para lograr todos sus objetivos territoriales, políticos y de seguridad. Por aquel entonces, Moscú no exigía territorio, sino que se ofrecía a abandonar todo aquello capturado desde el 24 de febrero más allá de Donbass. La línea roja era la adhesión a la OTAN, rechazo que se ha mantenido y que altos cargos del Gobierno ruso han ratificado periódicamente, recordando que tampoco aceptarán como parte de un acuerdo de paz la presencia de la Alianza camuflada en las banderas de los países miembros.
Ayer, Dmitry Peskov afirmó que Rusia aún no ha visto los documentos que se están negociando, por lo que no ofreció ninguna valoración sobe las garantías de seguridad de platino ni la reacción europea y parece aferrarse a su relación con Estados Unidos, que será quien tenga que transmitir los documentos acordados por Ucrania. Sin embargo, horas antes, Sergey Lavrov ratificaba la postura rusa de no aceptar como parte de un acuerdo de paz la presencia de tropas de países de la OTAN, base fundamental de las garantías de seguridad que el lunes por la noche anunciaron en Berlín varios líderes europeos, que exigen también un alto el fuego navideño, un flashback a los años de Minsk que Rusia se ha apresurado a rechazar exigiendo una resolución y no un parón para que Ucrania pueda rearmarse.
El lunes por la noche, tras meses de reuniones de la Coalición de los Dispuestos y coincidiendo de forma que no puede ser casual con la oferta estadounidense de garantías de seguridad para Ucrania, las capitales europeas dieron a conocer su plan para Ucrania. “Todos los componentes para que el Kremlin rechace este plan están ahí: tropas sobre el terreno, garantías similares al Artículo V y un límite de 800.000 efectivos para las fuerzas ucranianas. Bueno, probablemente ese sea todo el plan”, comentó Leonid Ragozin ofreciendo, en pocas palabras, un buen resumen de los contenidos del plan. La postura del periodista opositor ruso no difiere en exceso de la de Sergey Lavrov, que en referencia a las negociaciones de los últimos días afirmó ayer en una entrevista a la prensa iraní que “Europa está intentando de nuevo imponer a todos sus condiciones y deseos, que parecen estar relacionados con la crisis de Ucrania. Europa está utilizando esta crisis para imponerse, poner palos en las ruedas y conspirar contra Estados Unidos y todos aquellos que buscan una solución justa”.
En su flamante plan, los países europeos se comprometen a “brindar apoyo sostenido y significativo a Ucrania para fortalecer sus fuerzas armadas, que deben permanecer en un nivel de 800.000 efectivos en tiempos de paz para poder disuadir el conflicto y defender el territorio de Ucrania”, es decir, a financiar un ejército similar en tamaño al que a día de hoy lucha en la guerra, que carecería de toda lógica en caso de un verdadero acuerdo de paz y que serán los patrocinadores quienes tengan que financiar. El plan prevé también “una «fuerza multinacional Ucrania» liderada por Europa, formada por contribuciones de naciones dispuestas en el marco de la Coalición de los Dispuestos y apoyada por Estados Unidos”. En otras palabras, se trata de imponer la entrada de tropas de países de la OTAN bajo sus banderas nacionales, algo que ha sido la verdadera línea roja para Rusia a lo largo de todos estos años y que difícilmente va a convencer a Moscú pese a que se le ofrezca el control sobre Donbass. Conscientes de su debilidad militar y carencia de autonomía estratégica, los países europeos buscan implicar directamente a Estados Unidos, algo para lo que requerirán del apoyo de Donald Trump, que a lo largo de este año se ha mostrado tanto contrario como favorable dependiendo del momento. Se encomienda a Estados Unidos el liderazgo de un “un mecanismo de monitorización y verificación del alto el fuego liderado por Estados Unidos con participación internacional para brindar una alerta temprana de futuros ataques y atribuir y responder a cualquier incumplimiento, junto con un mecanismo de desconflicto para trabajar en acciones mutuas de desescalada (para) beneficiar a todas las partes”.
Quizá la parte más importante del documento es aquella en la que se habla de “un compromiso jurídicamente vinculante, sujeto a los procedimientos nacionales, de adoptar medidas para restablecer la paz y la seguridad en caso de un futuro ataque armado. Estas medidas podrán incluir el uso de la fuerza armada, la asistencia de inteligencia y logística, y acciones económicas y diplomáticas”, una formulación que pretende ser vinculante y asemejarse al Artículo V de seguridad colectiva, pero que, como destacaba el periodista de Euronews Jorge Liboreiro, es más similar al Artículo 42 del tratado de la UE, ya que no especifica una respuesta militar conjunta del bloque.
Si el contenido de las garantías de seguridad no era suficiente para convencer a Rusia del espíritu atlantista del documento y de la voluntad de esos países de continuar exigiendo la adhesión de Ucrania a la Alianza, el comunicado europeo añade que “los líderes coincidieron en que garantizar la seguridad, la soberanía y la prosperidad de Ucrania era fundamental para la seguridad euroatlántica en general. Dejaron claro que Ucrania y su pueblo merecían un futuro próspero, independiente y soberano, libre del temor a futuras agresiones rusas”.
“Invertir en la prosperidad futura de Ucrania, incluyendo la disponibilidad de importantes recursos para la recuperación y la reconstrucción, acuerdos comerciales mutuamente beneficiosos y teniendo en cuenta la necesidad de que Rusia compense a Ucrania por los daños causados”, es la forma que tienen los países europeos para insistir en que los activos rusos retenidos en Occidente han de ser utilizados bajo su dirección y no como parte del acuerdo de Witkoff, que preveía que la mitad de ellos fueran destinados a la reconstrucción de Ucrania. Añadido gratuitamente, este punto parece buscar específicamente el rechazo ruso.
“En primer lugar, estamos trabajando en el uso de los activos rusos congelados en Europa para armar a Ucrania. Esto sería un paso realmente importante en materia de seguridad. El primer paso ya se ha dado. Estos activos estarán congelados durante un largo periodo con base en un nuevo marco legal. El jueves, en la reunión del Consejo Europeo, llegaremos a un acuerdo político. Presenté una propuesta a la Comisión Europea y la debatiremos. Tenemos en cuenta los comentarios bien fundamentados de Bélgica y otros países. Por supuesto”, afirmó el canciller Merz. Las capitales europeas no se conforman con presentar un plan militar diseñado para que sea rechazado por Rusia y justificar así la militarización y continuación de la guerra hasta la victoria final, sino que intentan castigar a Moscú imponiendo los costes económicos del uso de sus activos para rearmar masivamente a Ucrania y creando un tribunal ad hoc con el que garantizar que no pueda haber en el continente una paz entendida como ausencia de conflicto. “Rusia no escapará de la factura de las casas, escuelas y hospitales que ha destruido. Hoy en La Haya damos un paso importante hacia la rendición de cuentas al establecer una comisión para abordar las reclamaciones por daños de guerra causados por Rusia”, escribió Kaja Kallas sobre la creación de la “Comisión Internacional de Reclamaciones”, otra institución más creada para condenar a Rusia. Los mismos países que han presentado esta semana la iniciativa trabajan también en un “tribunal especial para el crimen de agresión contra Ucrania”.
Por supuesto, ninguna medida va a ser lo suficientemente radical para quienes siempre esperan más. “La declaración de los dirigentes de la Unión Europea y el Reino Unidos, presumiblemente coordinados a este respecto con Estados Unidos sobre las garantías de seguridad para Ucrania no es excesivamente impresionante, ya que pide en caso de un ataque medidas que “pueden incluir la fuerza armada, la inteligencia y la asistencia logística, la acción económica y diplomática”, escribió ayer el exprimer ministro de Suecia Carl Bildt, desde la semana pasada miembro del consejo asesor de Andrius Kubilius, ministro de Defensa de la Unión Europea.
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