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Alto el fuego, Armas, Diplomacia, Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Putin, Rusia, Ucrania, Zelensky

Misiles y memorandos

Apenas unos días después de que los Verdes y la CDU invitaran al Bundestag a un miembro de Azov, veterano de todo tipo de organizaciones de extrema derecha, si no neonazis, entre ellas Patriota de Ucrania, Volodymyr Zelensky llegó a Berlín en una visita de trabajo centrada en cuestiones puramente militares. Desde hace varios años, Ucrania exige a Alemania la entrega de misiles de largo alcance Taurus, con rango suficiente como para alcanzar Moscú, una parte importante de las bases militares que Rusia está utilizando en sus ataques contra Ucrania y la industria militar que la hace posible. Ese era, según varios medios, el objetivo con el que el mandatario ucraniano acudía a la capital alemana, donde fue recibido con honores. Por tercera jornada consecutiva, el canciller Merz se refirió a la ausencia de restricciones para el uso de armamento de larga distancia fuera del territorio ucraniano, es decir, en la Rusia continental, no solo en Crimea, y se comprometía con Ucrania en la obtención de las armas necesarias para ello.

Sin embargo, por el momento, tampoco el nuevo canciller ha aprobado aún el envío de Taurus y Zelensky y Umerov, su ministro de Defensa tuvieron que conformarse con un premio de consolación en forma de memorando de cooperación para la producción de misiles de largo alcance. La táctica de la escalada progresiva ha supuesto un sostenido aumento de la capacidad militar de Ucrania a base de pasar del armamento defensivo inicial a la artillería de largo alcance, tanques occidentales, misiles, aviación y finalmente permiso para el uso de todo ello en la Federación Rusa. En esa lista de deseos, de la que Ucrania ha ido consiguiendo, no siempre todo lo rápido que había exigido, todos y cada uno de los elementos incluidos, restan solo los misiles Taurus (hay quien añade también los Tomahawk estadounidenses, a día de hoy una quimera). De momento, incluso Friedrich Merz, mucho más favorable al apoyo militar a Ucrania que su predecesor, también ha preferido apoyar a Ucrania de otra manera en lugar de ceder a las plegarias ucranianas. “Sabéis que, al final, nos los vais a entregar”, le reprochó, exigiendo rapidez, Dmitro Kuleba a Annalena Baerbock en septiembre de 2023. Año y medio después, Alemania sigue prefiriendo financiar y apoyar a Ucrania en el desarrollo de misiles futuros que suministrar Taurus, cuyo uso implicaría la presencia de soldados alemanes y expondría a Alemania a que Rusia la considerara, como sugirió ayer la editora-jefe de RT Margarita Simonyan, participante directo en la guerra.

“No habrá restricciones en cuanto a armas de largo alcance. Ucrania podrá defenderse plenamente y también atacar objetivos militares fuera de su territorio”, volvió a insistir Merz junto al anuncio de la cooperación militar entre Rheinmetall y el complejo militar ucraniano. La declaración, como la visita de Zelensky, es tan militar como política, ya que supone una presión añadida a Rusia por medio de la amenaza del uso masivo de misiles en la retaguardia de su territorio. La táctica supone un retorno al otoño de 2024, cuando comenzó a aplicarse esa política de permitir el uso de misiles occidentales en oblasts como Kursk y Belgorod, aunque actualmente se produce en un contexto de escalada de amenazas e intento de cada una de las partes de utilizar las herramientas a su disposición para adquirir una imagen de fortaleza en vistas a las posibles negociaciones.

En ambos casos, ese posicionamiento parte de mostrar músculo en el frente. En el caso ruso, sus avances en Donetsk, la parte más fortificada del frente, y los recientes avances en Sumi, donde hasta el pasado domingo Ucrania negaba la evidente presencia rusa, son solo una parte del argumento. La forma en la que la aviación y los misiles de Moscú han puesto en evidencia la escasez de munición para los sistemas de defensa aérea de Ucrania esta última semana ha sido la muestra más clara de la superioridad rusa en estos momentos. De ahí el nuevo empuje de Zelensky y su equipo en busca del habitual paquete de sanciones masivas contra Rusia, suministro de armamento de largo alcance para atacar la retaguardia rusa a centenares de kilómetros del frente y nuevos sistemas de defensa aérea, especialmente sistemas Patriot, para defenderse de los misiles rusos. Y en términos político-militares, Ucrania sigue buscando muestras de unidad y apoyo absoluto a Kiev en forma de imágenes que poder utilizar como demostraciones de fuerza. Al fin y al cabo, como proxy de Occidente y dependiente económica, diplomática y militarmente de los países europeos y norteamericanos, Ucrania es consciente de que su principal argumento para mostrar potencia es precisamente exaltar la fortaleza de sus aliados. Ese es el motivo por el que Zelensky exige una condena inmediata por parte de Donald Trump tras cada ataque con misiles o drones rusos y es también el origen de la lógica de buscar estar presente en todos y cada uno de los foros internacionales.

El más importante de ellos para Kiev es, por supuesto, la cumbre anual de la OTAN. La situación ha cambiado mucho en comparación con años anteriores y las muestras de camaradería que se producían antaño amenazan con no ser tan prolíficas en esta ocasión. “El secretario general quiere que Ucrania esté allí”, afirmó el martes Volodymyr Zelensky en referencia a la presencia de Ucrania en la cumbre de una alianza militar a la que no pertenece y en la que una cantidad nada despreciable de países considera que su adhesión sería contraproducente. La postura de Donald Trump sobre el acceso de Ucrania a la OTAN hace aún más difícil que vuelvan a repetirse las escenas de hace unos meses, con el presidente Zelensky como eje de la cumbre. Sin embargo, algunos hábitos sí persisten y el Gobierno ucraniano exige estar presente en un encuentro en el que, sea cual sea la postura de Estados Unidos, Ucrania va a continuar ejerciendo de grupo de presión en busca de su adhesión. Los argumentos, como hasta ahora, serán dos: la idea de que la adhesión inmediata de Ucrania a la Alianza supondría automáticamente el final de la guerra -aunque toda evidencia indica que sería el catalizador para una escalada militar, no para la paz- y el valor del país como defensa contra una futura agresión rusa de otros países europeos. En busca de la posibilidad de repetir ese mensaje rodeado de los líderes de los países miembros y ante toda la prensa mundial, Zelensky se aferró ayer la misma táctica que Ucrania está utilizando con Donald Trump, advertir de una derrota en caso de no dar a Kiev lo que busca. Aplicado a la actual situación, el argumento de Zelensky es que la ausencia de una invitación de la OTAN a Ucrania para participar en la cumbre de este años sería “una victoria de Vladimir Putin” sobre la Alianza.

Tan simplista como ese es el argumento utilizado ayer por su mano derecha, Andriy Ermak, que escribía en las redes sociales que “Rusia sigue dando largas y ni siquiera puede cumplir la promesa que le hizo a Estados Unidos sobre un alto el fuego. Ucrania aceptó un alto el fuego hace mucho tiempo: porque somos socios confiables, queremos poner fin a la guerra y cumplimos nuestra palabra. Los rusos son maestros de las palabras vacías”. Teniendo en cuenta que la única tregua a la que se comprometió con Estados Unidos la Federación Rusa fue la marítima y la que excluía de los ataques las infraestructuras energéticas y que ese alto el fuego terminó sin prolongarse (aunque no se han producido desde entonces ataques rusos contra infraestructuras eléctricas y ahora el centro de atención es la industria de uso militar), las palabras de Ermak carecen de sentido. Es más, fue Kiev quien se comprometió -bajo presión estadounidense- a ese alto el fuego que sigue exigiendo incondicionalmente de Rusia, aunque su deseo era una tregua únicamente aérea.

Ucrania, que afirma que Rusia no cumple un alto el fuego al que no se ha comprometido aún ya que espera que, cuando se produzca, sea el primer paso para una negociación política de resolución del conflicto, insiste en que Rusia ha incumplido su palabra. Mientras tanto, Kiev, que planteó el parón mutuo del uso de drones y misiles, ha hecho de ellos su principal estrategia para alegar que es militarmente capaz de amenazar a Rusia en su territorio.

La escasez de misiles, sean propios o donados por Occidente, impide a Ucrania continuar con su campaña de ataques masivos en el aire. Kiev sigue utilizando sus drones para atacar la industria rusa. Ayer, en una nueva noche de centenares de drones, Kiev atacó lo que se conoce como el Silicon Valley ruso en el sur del país, dañando un parque tecnológico, además de realizar sus habituales ataques para obstaculizar el trabajo de los aeropuertos de la Federación Rusa. Moscú afirmó haber derribado casi 300 drones ucranianos sobre las regiones de Moscú, Belgorod, Briansk, Ivanovo, Kursk, Oriol, Riazán, Smolensk, Tula, Tver, Vladimir y Voronezh.

Al igual que Rusia, también Ucrania quiere, por medio de ataques claramente con gran espectacularidad, mostrar fuerza militar para posicionarse ante la continuación de las negociaciones. Ayer se supo que, desde la reunión de Estambul, el contacto entre los dos países se ha mantenido. Según citaba el diario ucraniano Strana, el líder de la delegación de Kiev, el ministro Rustem Umerov telefoneó a su homólogo ruso Vladimir Medinsky tras la finalización del intercambio de prisioneros, requisito que Rusia había impuesto para entregar su memorando de paz. “Lo habrá” respondió Medinsky a la pregunta de cuándo entregará el Kremlin ese documento que el enviado de Donald Trump para Ucrania exige como punto de partida para conocer cuál es la posición negociadora de Rusia.

En la misma entrevista, el general Kellogg mencionó Ginebra como lugar de la posible reunión a tres de los presidentes de Estados Unidos, Rusia y Ucrania. Las prisas y el deseo de acelerar los tiempos en una negociación que no le interesa hace que Washington busque pasar directamente a lo que Rusia considera que debe ser el último paso, la reunión de líderes, una vía más lógica según la cual serían las delegaciones las que negociaran los muchos detalles que habrá que pactar para que finalmente sean los presidentes los que terminen de pulir los términos finales y se llegue a un tratado. Adhiriéndose a esa idea de empezar la casa por el tejado y evitar las cuestiones más concretas sobre términos que Ucrania no desea negociar, Zelensky afirmaba ayer estar preparado para reunirse con Vladimir Putin y Donald Trump en cualquier formato, declaración que los medios recogían como una propuesta del presidente ucraniano y no la repetición de las declaraciones del enviado de la Casa Blanca.

Visiblemente incómoda con cada palabra de Keith Kellogg, no solo porque actualmente termina cada uno de sus posts sobre Ucrania con un “alto el fuego ahora”, Rusia ha rechazado de antemano la posibilidad de una reunión en Suiza e insiste en continuar con el proceso de Estambul, es decir, comenzar por los cimientos para construir el proceso diplomático desde la base. Moscú propone incluso una fecha, el 2 de junio, para continuar con las negociaciones bilaterales, todo ello tratando de mantenerse al margen de las propuestas estadounidenses, especialmente las del general Kellogg, y de las amenazas veladas de Donald Trump. “No se da cuenta de que si no estuviera yo le pasarían cosas muy malas” a Rusia, había afirmado el día anterior el presidente de Estados Unidos. Sin forzar los ritmos aunque según los tiempos pactados, Sergey Lavrov confirmó ayer que Rusia ha preparado ya el memorando prometido. “La parte rusa, como se comprometió, ha desarrollado rápidamente el correspondiente memorando, que marca nuestra postura en todos los aspectos para superar fiablemente las causas profundas de la crisis”, afirmó el ministro de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa, que insiste que no solo ha de resolverse la guerra sino el conflicto más profundo que libran políticamente Moscú y Kiev desde 2014. “Nuestra delegación, liderada por Medinsky, está preparada para presentar el memorando a la delegación ucraniana y aportar las explicaciones necesarias durante la segunda ronda de la reanudación de las negociaciones directas en Estambul”, añadió el líder de la diplomacia rusa. Con este mensaje, Rusia insiste en una negociación bilateral y técnica en lugar de trilateral, puramente política y limitada a los líderes, y en vincular el actual proceso con el de hace tres años, precisamente el escenario que Ucrania intenta evitar.

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