Ayer, Keir Starmer, aspirante a líder europeo en estos tiempos de incertidumbre -o de recesión geopolítica, como lo calificó la vicepresidenta del Gobierno español Yolanda Díaz, incapaz de definir ese concepto sin sentido-, convocó a sus aliados continentales a una nueva reunión en la que tratar la seguridad colectiva y, sobre todo, cómo mantener el apoyo a Ucrania para que el Gobierno de Zelensky no se vea obligado a aceptar la paz con concesiones que Londres, París y Bruselas consideran inaceptables. El encuentro se producirá el sábado, momento en el que ya habrán quedado claros los avances o retrocesos que haya logrado Kiev en su cumbre de hoy con Estados Unidos. Esta semana, la agenda política europea vuelve a pasar por Arabia Saudí, país que está logrando una importante ventaja en la carrera por convertirse en el escenario de un futuro proceso de paz y donde hoy se reúnen las delegaciones de Washington y Kiev para tratar dos temas fundamentales: el acuerdo de minerales y la posición de Ucrania con respecto al futuro de la guerra.
Al contrario que hace dos semanas cuando Zelensky se adentró en la Casa Blanca con un exceso de confianza provocado por el principio de acuerdo entre los dos países para la firma del acuerdo de explotación de las riquezas minerales de Ucrania y también por la percepción de fuerza que le daba el apoyo anglo-francés, en esta ocasión Ucrania es consciente de que se presenta a la reunión en posición de clara debilidad. “No tienes las cartas”, le reprochó Donald Trump a Zelensky en los momentos más duros del enfrentamiento entre los dos presidentes ante los medios en el Despacho Oval de la Casa Blanca. “Puede que desaparezca igualmente”, afirmó el domingo el líder estadounidense al ser preguntado si Ucrania no desaparecería en caso de perder la asistencia militar de su principal proveedor. En el tiempo que ha transcurrido entre la comentada reunión y el encuentro de hoy, Estados Unidos ha endurecido su retórica contra ambos bandos en conflicto y ha amenazado tanto a Kiev como a Moscú, aunque solo ha actuado contra Ucrania, fundamentalmente porque es ahí donde su margen de maniobra es más ancho.
Trump, al igual que Waltz o Kellogg, ha insistido en la posibilidad de ampliar las sanciones contra Moscú en caso de que el Kremlin no acepte un acuerdo rápido para poner fin a la guerra. Más crítico con Rusia que el resto del equipo de política exterior, Keith Kellogg, enviado de Trump para la negociación con Ucrania, amenazó con hacer descender el precio del petróleo por debajo de los 45 dólares para hacer inviable para la economía rusa continuar la guerra, el sueño que persiguen los países europeos, que en ningún momento ha sido viable. En esta diplomacia desconcertante del hombre que se las da de loco, la teoría del madman es la que mejor define a Trump, la zanahoria nunca está demasiado lejos del palo y varios medios han indicado estos días que Estados Unidos trabajaría ya para levantar una parte de las sanciones contra Rusia en caso de avances en la negociación. Como muestra de buena voluntad, Estados Unidos vetó en el G7 la imposición de sanciones contra la flota fantasma rusa, método con el que Moscú mantiene sus ventas de crudo al extranjero.
En este juego de amenazas e incentivos, las palabras de Trump siempre han sido menos ambiguas al referirse al presidente Putin, con el que insiste en que mantiene una buena relación y en cuya palabra confía, algo que irrita sobre manera a Ucrania, que trata de convencer a Estados Unidos de que no es posible negociar con Rusia. En un interminable ejercicio de proyección, Kiev utiliza habitualmente el argumento de los acuerdos de Minsk, flagrantemente incumplidos por Ucrania, para argumentar que Moscú es incapaz de cumplir su palabra. Ante el riesgo de la diplomacia, también los aliados de Kiev tratan de echar una mano a Zelensky. “En mi opinión, la única diplomacia eficaz con Rusia es la que decía Al Capone: la única buena negociación es cuando tienes un arma sobre la mesa. Así que probablemente ese sea el tipo de diplomacia que funcionaría con Rusia”, afirmó, la ministra de Defensa de Lituania Dovilė Šakalienė.
Pese a los desencuentros y las malas palabras hacia Zelensky, la tensión entre Kiev y Washington parece haberse rebajado desde que Trump recibió la carta del presidente ucraniano, en realidad el tuit con el que lamentaba la situación que se había vivido en la Casa Blanca y reafirmaba la voluntad de paz de Ucrania. “Como demostró el presidente Trump al leer el mensaje del presidente Zelensky en la sesión conjunta del Congreso, los ucranianos han dado pasos positivos”, afirmó hace unos días Steve Witkoff, uno de los hombres que estará presente en la reunión de hoy. “Con las reuniones en Arabia Saudí de esta semana, queremos escuchar más movimientos positivos que con suerte puedan llevar al final de esta brutal guerra y su derramamiento de sangre”, añadió. La retórica de la Casa Blanca se ha moderado y el ataque personal hacia Zelensky ha desaparecido, aunque Donald Trump sigue insistiendo en que es más fácil tratar con Rusia que con Ucrania, un comentario que resulta ofensivo para Kiev en boca de su aliado más importante. Sin embargo, Bankova es consciente de que ha de modificar la opinión que el presidente de Estados Unidos tiene de su gestión y de sus intenciones. Comprender cuál es la postura de Ucrania hacia la guerra y qué compromisos está dispuesta a realizar en busca de la paz es el principal objetivo de Estados Unidos, que pretende también presentar a Kiev las condiciones en las que podrá firmarse el acuerdo de extracción de minerales que quedó sin firmar tras la catastrófica reunión entre los dos presidentes. “Trump quiere que se firme el acuerdo, que daría a Estados Unidos una participación en los recursos minerales de Ucrania”, escribía el fin de semana la NBC estadounidense. “Sin embargo, según varios oficiales, también quiere ver un cambio en la actitud del presidente ucraniano Volodymyr Zelensky hacia las conversaciones de paz, incluyendo la voluntad de realizar concesiones como sacrificar territorio en favor de Rusia. Trump también quiere que Zelensky dé algún movimiento hacia unas elecciones en Ucrania y posiblemente que dimita como líder del país”, añade el medio. Estos días, en los que Estados Unidos ha castigado a Ucrania suspendiendo el suministro de armamento e inteligencia y ha utilizado a Keith Kellogg para afirmar que Kiev “se lo ha buscado”, Washington también ha confirmado haber mantenido conversaciones con figuras de la oposición ucraniana, otra herramienta de presión contra Volodymyr Zelensky en busca de una actitud más proactiva hacia la paz.
“Ucrania ha estado buscando la paz desde el primer segundo de la guerra”, afirmó ayer confundiendo la paz con la victoria el presidente que anunció a los aliados que habían negociado el acuerdo de paz de Minsk que Ucrania no tenía intención de implementarlo, “y siempre hemos dicho que la única razón por la que [la guerra] continúa es Rusia. Estoy agradecido a cada unidad y a cada brigada que defiende las posiciones de Ucrania, garantiza la destrucción de los ocupantes y hace todos los esfuerzos posibles para proporcionar a nuestro país la fuerza necesaria para acercar la paz”. La retórica de Zelensky ha cambiado ligeramente para resaltar el deseo de paz de Kiev, algo creíble solo si no se tiene en cuenta que esa paz justa del presidente ucraniano pasa por la continuación de la lucha hasta poder imponer los términos de paz o por la introducción de una misión militar de los países de la OTAN, algo que garantiza que Rusia no vaya a aceptar el acuerdo. Directa o indirectamente, la apuesta de Zelensky y sus aliados europeos, que patrocinan esa propuesta de misión de disuasión, sigue siendo la guerra. Sin embargo, la carencia de autonomía europea y la completa dependencia ucraniana de Estados Unidos hace necesario reparar la relación con Washington, lo que en estos momentos significa utilizar un discurso de paz con la esperanza de que sea Moscú quien rechace las iniciativas que actualmente están sobre la mesa.
Necesitada del favor de su principal aliado, que ya ha anunciado que no reanudará el suministro de armamento e inteligencia si no hay una actitud favorable a la negociación y a la paz, Ucrania ha matizado su propuesta de alto el fuego. Consciente de que la propuesta por Emmanuel Macron, según la cual solo Rusia tendría que hacer sacrificios, no iba a resultar suficiente, Kiev ha introducido ligeros cambios para hacer algo más creíble la idea del alto el fuego parcial. “Trump pregunta si hay un plan de alto el fuego”, afirmó ayer Sergey Leschenko, portavoz del Gobierno ucraniano, dejado claro que todo acto de Ucrania a día de hoy busca conseguir una mejor posición en el frente, para lo que es necesario recuperar el favor del presidente de Estados Unidos. “Proponemos un alto el fuego en el aire, que ponga fin a los drones, misiles y ataques balísticos. También proponemos un alto el fuego en el mar, donde nos comprometemos a no atacar”, añadió Leschenko sin explicar cómo va a detenerse el uso de drones en la línea del frente sin un alto el fuego terrestre, que Ucrania rechaza explícitamente porque “Putin podría aprovechar la pausa para tratar a los soldados heridos, reclutar infantería de Corea del Norte y reanudar la guerra”. En realidad, Ucrania propone a Rusia un retorno a la naturaleza de la guerra de Donbass, un conflicto puramente terrestre, sin uso de aviación, un intento de equilibrar el campo de batalla sin comprometerse a la paz y sin grandes sacrificios.
Hace tiempo que Kiev no logra grandes éxitos navales con sus drones y los ataques contra las infraestructuras energéticas rusas, como el que se produjo ayer a 800 kilómetros de la frontera o el masivo ataque con drones contra Moscú (con más de 300 drones, que han causado en las últimas horas al menos un muerto), son más eficientes como propaganda que en términos militares. Con ello, Ucrania busca convencer a Trump de que su compromiso con algún tipo de paz es real y lograr rebajar la presión que actualmente sufren sus soldados, especialmente en la región rusa de Kursk. Todo allí esta “bajo control”, afirmó ayer Oleksandr Syrsky, que añadió que “una serie de localidades en la línea de la frontera, que están apareciendo en los informes de los propagandistas rusos, realmente ya no existen: han sido destruidas por el fuego del agresor”. No son los propagandistas rusos, sino también las fuentes occidentales las que informan estos días del colapso de la aventura rusa de Zelensky y Syrsky, que incluso a pesar de alegar que todo va bien, terminó su mensaje negando el riesgo de que las tropas queden cercadas y con un lacónico “las unidades están realizando maniobras hacia líneas de defensa favorables”, eufemismo habitual para anunciar una retirada (parcial) para evitar que miles de tropas queden aisladas. Ucrania se arriesga estos días a perder la que era su mejor carta para una negociación con Rusia, ya que le permitiría pactar algún tipo de intercambio de territorios, opción que podría desaparecer en las próximas semanas de continuar el avance de las tropas rusas (supuestamente apoyadas por las norcoreanas, de cuya presencia sigue sin quedar constancia).
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