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Amenazas a ambas partes

Ayer por la mañana, tras una larga pausa sin ataques aéreos masivos, Rusia utilizó, según el conteo ucraniano, 67 misiles para atacar blancos habituales, en términos generales infraestructuras energéticas. Pese a que a lo largo del día fueron publicadas numerosas imágenes sobre los daños que se habían producido sobre el terreno, la defensa aérea, en su habitual exageración de sus éxitos, afirmó haber derribado la inmensa mayoría de los drones que acompañaron el ataque y un total de 34 misiles. La cifra de derribos, aunque muy probablemente exagerada, es notablemente más modesta que en ocasiones anteriores, en las que la aviación ucraniana ofrecía unas cifras absolutamente increíbles. Ahora que Ucrania trata de resaltar el papel de los países europeos y subrayar que Kiev puede seguir luchando aunque desaparezca el suministro militar estadounidense, el presidente ucraniano dio crédito a las aeronaves enviadas por Francia por esos derribos. El ataque se produce en un momento de control de daños en el que los países europeos han optado por tomar la iniciativa para proteger a Ucrania de la posibilidad de un alto el fuego.

La estrategia europea pasa por las enormes sonrisas al anunciar las cantidades multimillonarias con las que aumentar el gasto militar en los próximos años y la relajación de las normas fiscales para facilitar la inversión, que se centrará fundamentalmente en la producción y adquisición de armas. “El momento es ahora”, se jactó Kaja Kallas, apelando, como Emmanuel Macron, al “peligro que viene del este”. Sin ninguna oposición política ni mediática, el establishment europeo no ha tenido necesidad de explicar por qué el aumento del gasto militar es imprescindible ahora ni qué ha cambiado con respecto a febrero de 2022, momento en el que se manifestó el peligro. “El aumento de la defensa podría ayudar a reactivar la estancada economía europea”, titula esta semana Reuters, ofreciendo un nuevo argumento para defender el rearme del continente que causó las dos guerras mundiales.

Tres años después de la invasión rusa, y siempre compaginando los titulares con historias sobre cómo Rusia ha perdido tantos vehículos blindados que ahora transporta a sus tropas en bicicletas, patinetes o mulas, la clase política europea utiliza el peligro de invasión rusa de la UE para justificar un cambio de modelo que implica recortes del estado de bienestar en favor de una militarización que compense la pérdida de la aportación estadounidense si es que Donald Trump insiste en avanzar hacia la paz. “Hemos desenmascarado su juego, si hay un alto el fuego no es para hacer una paz duradera, será para reanudar mejor la guerra”, afirmó el jueves en el marco de la reunión convocada por Antonio Costa y en el que Zelensky se dio un baño de multitudes por parte de la clase política europea, un recibimiento muy diferente al de hace una semana en la Casa Blanca. Ni los actos ni las palabras del Kremlin en los últimos tiempos apuntan a ningún cambio en relación con los objetivos de la Federación Rusa, que sigue insistiendo en la cuestión de la seguridad como principal. Al igual que Ucrania, Moscú ha señalado que no busca un alto el fuego tras el que pueda reanudarse la guerra, una preocupación que comparte con Kiev.

“La constante demanda de Zelensky de garantías de seguridad junto con un alto el fuego no debe descartarse como una mera postura política: se basa en el riesgo real de que Rusia use cualquier pausa en las hostilidades para prepararse para su próxima ofensiva”, escribe este mes en la influyente Foreign Policy el exministro de defensa de Ucrania Andriy Zagorodniuk. La idea de que es Rusia, que mantiene la iniciativa en el frente y que acorrala a las tropas ucranianas en Kursk, y no Ucrania quien se beneficiaría de un parón en la guerra para preparar la siguiente fase caliente del conflicto es uno de los muchos dogmas de esta guerra. Moscú, que en la primavera de 2022 ofreció a Ucrania un acuerdo según el cual abandonaría todos los territorios ucranianos capturados más allá de Crimea y Donbass a cambio de la renuncia a la OTAN, ha insistido siempre en que esa es tanto la causa como la solución del conflicto. En caso de un acuerdo que tuviera en cuenta los aspectos de seguridad -prioridad para ambos bandos, por lo que no es de esperar que ninguno de ellos acepte un alto el fuego sin perspectivas de resolución de esta cuestión-, Moscú no tendría alicientes para infringir su parte, ya que incluso aunque no hubiera logrado el control de todo Donbass, habría cumplido el objetivo principal.

La situación sería diferente para Kiev, que en caso de un alto el fuego tendrá que convivir con haber perdido –de facto, ya que no va a haber un reconocimiento oficial- una parte importante de su territorio. Al contrario que Rusia, seguiría teniendo un aliciente para retomar la vía militar, un aspecto que ninguno de los expertos occidentales tiene en cuenta a la hora de referirse a las medidas que tiene que cumplir el alto el fuego para ser considerado viable.

Pese a que la insistencia en la integridad territorial va a persistir más allá de un posible alto el fuego, conseguir garantías de seguridad es también el objetivo fundamental de Ucrania, algo que Kiev y sus aliados europeos pretenden conseguir por medio de la fuerza, la presión en forma de sanciones y continuación de la campaña militar, siempre sin una negociación con Rusia. El diálogo ha de producirse solo entre los socios y no con el oponente. “Estados Unidos es uno de nuestros socios clave y el presidente de Ucrania propone restablecer el canal de negociación”, ha afirmado esta semana en una entrevista concedida a El País Mijailo Podolyak, que explica abiertamente lo que quedó claro con la publicación del Plan de Victoria de Zelensky, una hoja de ruta para la negociación con Estados Unidos. “Hay tres áreas principales para negociar. En primer lugar, la asociación económica estratégica en el marco del Acuerdo sobre recursos minerales. En segundo lugar, la continuación de la ayuda militar. Es un hecho que muchos programas prácticamente se han completado y la mayoría de los recursos ya se han utilizado. Los programas votados por la administración estadounidense anterior están llegando a su fin y todo debe renegociarse. En tercer lugar, la sincronización de posiciones en el proceso de negociación con Rusia y las condiciones para finalizar la guerra. No tiene sentido especular hoy sobre la suspensión de la ayuda militar o el intercambio de datos de inteligencia. Lo que es necesario es hablar de restaurar un proceso de negociación bilateral constructivo con Estados Unidos”, añadió sin mostrar nunca intención de negociar con la otra parte de la guerra, una táctica que Kiev ya utilizó durante la guerra de Donbass, cuando prefería dialogar con Rusia en lugar que con Donetsk y Lugansk.

Como entonces, también ahora Ucrania se presenta como deseosa de paz mientras culpa al otro lado de la continuación de la guerra. “Los primeros pasos hacia una paz real deben incluir obligar a la única fuente de esta guerra, Rusia, a detener tales ataques contra la vida. Y esto es algo que se puede controlar eficazmente. Silencio en los cielos – prohibiendo el uso de misiles, drones de largo alcance y bombas aéreas. Y silencio en el mar – una garantía real de la navegación normal. Ucrania está dispuesta a seguir el camino de la paz, y es Ucrania la que lucha por la paz desde el primer segundo de esta guerra. La tarea es obligar a Rusia a detener la guerra”, escribió ayer Zelensky, que sigue aferrándose al plan de Macron, cuya idea es ofrecer un alto el fuego parcial según el cual Ucrania pueda continuar con la guerra como hasta ahora mientras Rusia tenga que limitar su actuación.

Durante la guerra de Donbass, la paz pasaba por el cumplimiento de los acuerdos de Minsk, los mismos que Volodymyr Zelensky comunicó a Angela Merkel y Emmanuel Macron que Kiev no pretendía cumplir, algo que ya había quedado claro a lo largo de los años. Actualmente, la paz pasa por una negociación entre Rusia y Ucrania en busca de un acomodo de seguridad para ambos países, idealmente en una estructura de seguridad continental, escenario que líderes como Emmanuel Macron buscan evitar para imponer la versión de paz que implique la derrota militar y política de Rusia.

Por la vía de compaginar alicientes y amenazas, Estados Unidos lidera el esfuerzo por conseguir avanzar hacia un diálogo que lleve primero a un alto el fuego y posteriormente a un acuerdo definitivo entre las partes. El próximo martes, aunque muy lejos de Washington y sin presencia de Donald Trump para evitar repetir lo sucedido hace una semana, una delegación estadounidense se reunirá en Arabia Saudí con Andriy Ermak y el resto del equipo ucraniano. “Washington ha dado a entender que Trump está dispuesto a firmar el acuerdo de recursos naturales, detenido desde el desencuentro con Volodymyr Zelensky la semana pasada, siempre que el líder ucraniano acuerde una vía tangible para un alto el fuego y conversaciones con Moscú”, afirmó el jueves Bloomberg. Estados Unidos ha utilizado contra Ucrania varias de las herramientas de presión a su disposición: detener el proceso de firma del acuerdo de minerales y también el suministro militar y de inteligencia.

En las últimas horas, las amenazas no se han dirigido solo a Ucrania. “Teniendo en cuenta que Rusia está «machacando» absolutamente a Ucrania en el campo de batalla en este momento, estoy considerando fuertemente Sanciones Bancarias a gran escala, Sanciones y Aranceles sobre Rusia hasta que se alcance un Alto el Fuego y un ACUERDO FINAL DE PAZ. A Rusia y Ucrania, a la mesa ahora mismo, antes de que sea demasiado tarde. Gracias”, escribió ayer Donald Trump en su red social personal. Las buenas palabras hacia Rusia eran solo una apertura hacia la negociación, pero las amenazas a ambas partes siempre fueron parte del plan.

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