“Esperaba encontrarme con un presidente abatido. Después de que el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky (de 46 años), hablara por primera vez en los últimos días de una derrota inminente si no llegaran las armas de Estados Unidos, esperaba ver a un presidente frustrado. Profundamente decepcionado con Occidente, enfadado, resignado: así me imaginaba el encuentro. Fue todo lo contrario”, escribe el periodista de Bild Paul Ronzheimer sobre su entrevista con el presiente ucraniano. En ningún lugar se mantiene la fe ciega en el presidente ucraniano como en la prensa occidental. “Cuando me reuní con Zelensky el martes por la mañana a las afueras de Járkov, en las nuevas defensas ucranianas, se mostró amable, centrado, abierto y capaz de sonreír a pesar del drama. Fue muy claro en su advertencia: «Debemos estar preparados». Estar preparados estos días en Ucrania significa estar preparados para aún más ataques rusos, para ataques de drones, para grandes ofensivas rusas, para muchas muertes”, continúa en su épico relato del más reciente intento de Zelensky de colocar al frente de la agenda política mundial la guerra de Ucrania, eclipsada en estos momentos por la mucho más dramática situación en Gaza, donde la destrucción, muerte y miseria son actualmente muy superiores a lo que está registrándose en el frente ucraniano.
La guerra debe continuar y, para ello, Zelensky precisa de financiación, armas, munición, personal y también atención del país más importante para su esfuerzo bélico, Estados Unidos, y de las dos personas que aspiran a ocupar la Casa Blanca los próximos cuatro años. 2024 es un año electoral para Washington, pero lo es también para Volodymyr Zelensky y sus más cercanos aliados, a la desesperada para cambiar la opinión de Donald Trump, percibido como una amenaza a la continuación del flujo de asistencia militar que permite a Ucrania seguir luchando y a Zelensky exigir armamento cada vez más pesado.
Trump ni siquiera ha sido proclamado oficialmente candidato Republicano, pero es ya el objetivo del entorno de Zelensky, especialmente ahora que al rechazo a continuar financiando a fondo perdido a las Fuerzas Armadas de Ucrania se suma un supuesto plan para una negociación sobre la base de paz a cambio de territorio. «Si el acuerdo consiste en que renunciemos a nuestros territorios, y esa es la idea subyacente, entonces es una idea muy primitiva», afirmó Zelensky en su entrevista con Bild y otros medios propiedad de Axel Springer, uno de los conglomerados más importantes de la escena mundial de la comunicación. Ni el presidente ucraniano ni quienes han criticado la propuesta -si es que ese es el planteamiento del aspirante Republicano, que no se ha pronunciado oficialmente en esos términos- han valorado a qué territorios se refiere ni su parecido con lo que Rusia y Ucrania negociaban en marzo y abril de 2022 antes de que se produjera gran parte de la muerte y destrucción que se ha dado desde entonces. “Necesito argumentos muy sólidos. No necesito una idea fantástica, necesito una idea real, porque está en juego la vida de las personas”, insistió Zelensky según cita Político, uno de los medios del grupo.
La vida de las personas no fue argumento suficiente para que Ucrania aceptara cumplir el acuerdo que había firmado y concluir la guerra de Donbass, eliminando así una de las causas de la actual guerra. Desde el inicio de la operación antiterrorista, cuyo décimo aniversario se recuerda esta semana, el rechazo a toda paz con concesiones ha sido la política oficial de Ucrania. En el pasado, esas concesiones se limitaban a ciertos derechos políticos para la población de Donbass, algo a lo que Kiev se negó durante siete años, abriendo la puerta a que la guerra se extendiera a todo el país, como finalmente ocurrió, y a que las exigencias fueran mucho más costosas. La vía militar siempre fue la preferida por Ucrania que, como sus aliados, sigue sin tener en cuenta la opinión de la población cuyo territorio quiere reconquistar y que ha sufrido la agresión ucraniana durante la última década. Ni sus vidas ni sus posturas políticas importan en Kiev ni en las capitales europeas y norteamericanas, dispuestas a seguir pregonando la unidad del pueblo ucraniano por una victoria total contra Rusia.
La aspiración de Zelensky, como él mismo ha confirmado en las últimas horas, es preparar una nueva contraofensiva, en esta ocasión sin las interferencias de Rusia. La línea oficial de la Oficina del Presidente y el GUR es ahora justificar el fracaso de la operación terrestre de 2023 alegando que la Federación Rusa había obtenido los detalles. Entre la ficción y la banal realidad, Ucrania elige siempre la opción más creativa: la dirección y la forma en que iba a producirse la ofensiva fue evidente desde el momento en el que Kiev dejó claro que su prioridad era Crimea y no era precisa una especial infiltración de inteligencia para conocer la preparación de una operación que Ucrania fue radiando paso a paso. En cualquier caso, las acciones ofensivas requieren de gran financiación y enormes cantidades de armas que los países europeos no pueden aportar por sí solos. De ahí el intento de reanudar el flujo de asistencia miltiar estadounidense y la insistencia en llegar al corazón y a la mente del principal obstáculo para su aprobación: Donald Trump.
La tarea no solo está en manos de Ucrania, sino que es compartida con sus socios occidentales. El último en tratar de convencer al aspirante a la Casa Blanca ha sido el ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido, David Cameron que, según The Guardian, fracasó en su intento. “En una cena privada en Mar-a-Lago, la base de Trump en Florida, Cameron había instado a Trump a reconocer que a Estados Unidos le interesaba que Vladimir Putin no fuera recompensado por arrebatar tierras a Ucrania. También insistió en que para la cumbre de la OTAN que se celebrará en Washington el próximo mes de julio, todos los miembros de la Alianza tendrían planes para alcanzar o superar el objetivo de gasto en defensa. Esperaba que Trump diera una señal de cambio de rumbo, al menos facilitándole el camino para reunirse con Johnson”, presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos. El exprimer ministro no logró ninguno de sus objetivos pese a apelar a Trump con un argumento hecho prácticamente a medida. “Expongo ese argumento a cualquiera que quiera escucharme: el argumento que es extremadamente rentable para los Estados Unidos y para los demás, quizás a cambio de alrededor del 5 o 10% de su presupuesto de defensa. Casi la mitad del equipo militar ruso anterior a la guerra ha sido destruido sin la pérdida de una sola vida estadounidense. Esto es una inversión en la seguridad de Estados Unidos”, afirmó Cameron explotando la rentabilidad de la guerra en términos de inversión y muertes occidentales. Las vidas de la población de Ucrania, incluso de sus soldados, siempre han sido secundarias tanto para Occidente como para Kiev, dispuesta a continuar intentando repetir la misma contraofensiva en busca de un resultado diferente y avanzar hacia la reconquista de todo su territorio, incluido Donbass y Crimea, donde la población rechazó la Ucrania post-Maidan en la primavera de 2014.
“Ese es el objetivo. Eso es justicia. Recuperar todo nuestro territorio”, afirmó Zelensky según cita Bild. “Como he dicho, creo que aún queda mucho camino por recorrer. No quiero ser demasiado optimista, tengo que ser muy realista. Si se trata de salvar a la Ucrania independiente, a la Ucrania democrática, que forma parte de Europa o de la futura UE, a Ucrania como nación, entonces debemos recuperar nuestra independencia”, insistió equiparando democracia con imponer sobre una parte de la población una versión del país ante la que protestó hace diez años y por la que ha pagado con la guerra. La actual versión ucraniana de independencia, por su parte, implica depender absolutamente de los países occidentales para mantener el Estado y continuar luchando sean cuales sean las consecuencias.
Con la guerra como única opción, cualquier conferencia de paz ha de ser necesariamente un teatro del absurdo. Ucrania pretende nuevamente celebrar una cumbre de paz, en esta ocasión en Suiza, para promover la fórmula Zelensky, la exigencia de capitulación rusa y el abandono de la población de Donbass y Crimea a merced de Kiev, que ya ha prometido para ella limitación de derechos e imposiciones políticas, culturales y lingüísticas. En la mente de quien ve en la guerra la única forma de lograr la paz -en realidad, la victoria-, la otra parte del conflicto ni siquiera ha de ser invitada a las negociaciones. En el pasado, eran Donetsk y Lugansk quienes no debían tener voz ni voto en la resolución del conflicto y ahora es Rusia. A la pregunta del periodista de Bild sobre si la cumbre se celebrará sin Rusia, el presidente ucraniano respondió: “Por supuesto, sin Rusia. Porque no necesitamos que estén allí bloqueando las cosas”. Ucrania solo necesita armas, munición y más dinero para continuar la guerra mientras la alternativa sea una paz con concesiones, aunque sean tan nimias como conceder derechos culturales y lingüísticos a una región del país.
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