Hace unos días, Kirilo Budanov, el líder de la inteligencia militar ucraniana y provocadora estrella mediática de esta guerra, anunció nuevas operaciones de sus soldados en Crimea como parte de una estrategia coordinada para liberar la península. Antes, el jefe del GUR había lanzado una nueva amenaza de ataque contra el puente de Kerch, que une la península con la Rusia continental. Sin embargo, la última aventura del pequeño ejército de Budanov no ha sido en Crimea, sino que se ha recuperado la opción transfronteriza en busca de un efecto propagandístico, pero también de extender el frente. No es casualidad que la última incursión en varios oblasts rusos se haya producido en la semana en la que van a celebrarse las elecciones generales. Como es habitual, los actos del GUR cuentan con un aspecto militar y otro político, que se entremezcla siempre con el efecto mediático buscado y no depende directamente del resultado final, sino de las imágenes que deja por el camino.
Ayer por la mañana, aportando rápidamente imágenes que la prensa rusa acusó de ser escenificadas de antemano, los grupos de soldados de origen ruso que forman parte de las fuerzas especiales de Budanov anunciaron un ataque sorpresa contra tres regiones rusas. El ataque se centraba fundamentalmente en Kursk y Belgorod, concretamente en la localidad de Tyotkino, al norte de la ciudad ucraniana de Sumy, y la zona fronteriza al norte de Járkov. “La localidad de Tyotkino, región de Kursk, está bajo completo control de las fuerzas de liberación de Rusia”, afirmó en Telegram la Legión de Liberación de Rusia, citada, dando credibilidad a la alegación, por toda la prensa occidental. Como ha ocurrido en la cobertura informativa de la caída de Avdeevka, en la que se ha recalcado el papel de la Tercera Brigada de Asalto de las Fuerzas Armadas de Ucrania sin mencionar que se trata de una unidad formada por soldados de Azov comandada por su líder espiritual Andriy Biletsky, en esta ocasión, los medios no han entrado tampoco en quiénes son y de dónde proceden los soldados que pretenden liberar Rusia.
“Las milicias con base en Ucrania -formadas por ciudadanos rusos que se oponen a la invasión de Moscú y han tomado las armas en favor de Kiev- han afirmado estar detrás de anteriores incursiones en territorio ruso. El Cuerpo de Voluntarios Rusos y la Legión para la Libertad de Rusia afirmaron haber tomado el control temporal de varios asentamientos en la región de Belgorod en mayo y junio de 2023 en una serie de incursiones tras romper un puesto de control fronterizo”, escribía AFP como único contexto de los hechos, evitando así mencionar las ideologías nacionalistas y de extrema derecha que forman grupos como RDK, cuyo líder es un conocido neonazi. En realidad, la razón de ser de esos grupos no es su postura contra la guerra, ya que una parte de ellos luchaba ya como parte de las Fuerzas Armadas de Ucrania durante la guerra de Donbass, sino la lucha contra el actual Gobierno ruso. “La Legión Libertad para Rusia y el Cuerpo de Voluntarios Rusos están formadas por combatientes rusos contrarios al presidente Vladímir Putin y luchan en la guerra con el Ejército ucraniano”, escribía EFE, ignorando también que esa lucha se produce desde posiciones muy a la derecha del Kremlin, con fuerte presencia de posturas racistas y supremacistas que los líderes de estos grupos jamás han escondido, aunque la prensa siga empeñándose en hacerlo.
Al contrario que AFP, la agencia EFE sí menciona el mensaje de Ilia Ponomariov, que anunció una “operación conjunta” de la Legión para la Libertad de Rusia y el Cuerpo de Voluntarios Rusos, este último liderado por Denis Nikitin, un conocido neonazi ruso, detalle que, por supuesto, es ignorado tanto por la prensa como por el exdiputado ruso, ahora refugiado en Ucrania. “Ponomariov, que está considerado el jefe político de la Legión Libertad para Rusia, precisó que la localidad de Lozovaya Rudka, en la región de Bélgorod, fronteriza con la ucraniana de Járkov, «está bajo el control total de las fuerzas de liberación», continúa la agencia pública española, que tampoco aporta contexto sobre Ponomariov, que el pasado octubre no dudó, por medio de uno de los canales de Telegram afiliado a su movimiento, en incitar un pogromo contra los pasajeros que regresaban en un vuelo procedente de Israel. Ponomariov no ha dudado tampoco en apadrinar a una serie de grupos formados por activistas y efectivos de la marginalidad más radical de Rusia, muchos de ellos en Ucrania para evitar la justicia.
Por la tarde, sin que se diera especial credibilidad a la liberación de Tyotkino, una localidad de apenas 3.000 habitantes según el censo de 2021, las autoridades rusas comenzaban a proporcionar imágenes de la última hazaña del ejército del GUR. Por una parte, se informaba de un ataque contra la administración local de la ciudad de Belgorod, donde se produjeron daños materiales. Por otra, se publicaban imágenes de los ataques contra los grupos que habían realizado la incursión. En varios de ellos podían verse los vehículos blindados utilizados por las fuerzas ucranianas siendo destruidos. Uno de los vídeos, fácilmente geolocalizado, mostraba en la frontera entre Rusia y Ucrania, un tanque y varios blindados destruidos en plena frontera y un impacto de la artillería rusa a escasos metros de la línea que separa los dos países, aunque en territorio ucraniano. Más allá de la supuesta toma de una localidad indefensa a centenares de kilómetros del frente, han quedado constatadas las pérdidas de los grupos ucranianos, esos que algunos medios están calificando de “partisanos rusos”. Así lo hizo, añadiendo la coletilla “filoucranianos”, el diario italiano La Repubblica.
Al margen del efecto mediático y las declaraciones sobre el inicio de “la liberación” de Rusia “palmo a palmo”, las afirmaciones del portavoz del GUR evidencian la escasez de resultados. Frente a su habitual hipérbole, Andriy Yusov se limitó a afirmar que “el Kremlin vuelve a no estar en control de la situación en Rusia”, una vaga descripción de los hechos. A ello acompañaba un falso desmentido según el cual los soldados no actuaban, según Yusov, bajo órdenes de Ucrania.
Se repite así el modus operandi del GUR: grupos de soldados armados, equipados y financiados por Ucrania y afiliados a la inteligencia militar del Ministerio de Defensa de Ucrania atacan de forma coordinada y evidentemente planificada por las autoridades militares y Ucrania se jacta de sus éxitos, generalmente imaginarios, para, a la vez, negar su participación.
El resultado del ataque de ayer ha sido escaso y no puede compararse ni con las incursiones realizadas hace un año, que cuando menos dejaron ciertas imágenes de soldados merodeando por las aldeas fronterizas rusas, o con el gran ataque ucraniano contra la capital regional de Belgorod en diciembre de 2023, que causó la muerte de 25 civiles a causa del bombardeo. Por la tarde, las imágenes de la prensa rusa en Tyokino confirmaban lo que era evidente: no había captura ucraniana de la localidad. En cualquier caso, la recuperación del recurso del ataque transfronterizo presagia más incursiones con ese doble objetivo propagandístico y militar a base de extender al máximo el frente. Sin embargo, ahora que es Ucrania y no Rusia quien sufre escasez de personal, solo ataques más continuados o con un mayor número de efectivos y medios pueden desestabilizar esta zona del frente. Con escasas posibilidades de realizar una operación a gran escala en territorio ruso, que tendría que realizarse por parte de las Fuerzas Armadas, que precisarían de la aprobación de sus aliados occidentales, puede decirse que el principal objetivo de acciones como la de ayer es un simple efecto mediático que es probable que vuelva a repetirse pronto.
Comentarios
Aún no hay comentarios.