Armar a Ucrania “es la forma más barata posible para Estados Unidos de mejorar su seguridad. La lucha la realizan los ucranianos, ellos son las personas que están muriendo. Estados Unidos y Europa les suministran las armas”, afirmó en una aparición en el programa de televisión de Jon Stewart Zanny Minton Beddoes, editora de The Economist, el medio que en noviembre publicó el artículo de Valery Zaluzhny que marcó un antes y un después en la relación entre las autoridades políticas y las militares. En aquel artículo, el entonces comandante en jefe de las Fuerzas Armadas solicitaba a sus socios una larga lista de armas que Ucrania llevaba meses exigiendo. Zaluzhny utilizó por primera vez las palabras “punto muerto” para definir la situación del frente, algo que en aquel momento provocó una gran polémica y la ira del Gobierno, que seguía aferrándose a la ficción de la posibilidad de victoria en el frente. Pero, además de la ayuda material, Zaluzhny pedía también ayuda para crear una reserva estratégica. Las guerras no pueden librarse solo con misiles, drones y equipamiento electrónico que inhabilite las armas del oponente.
La idea de la superioridad de los soldados ucranianos, real o imaginaria, ha sido una de las constantes de la narrativa de esta guerra. Durante dos años, Ucrania y sus socios se han jactado de contar con mejores soldados que disponían, además, de una mejor instrucción. Rusia, por su parte, contaba según esta teoría con una tropa de baja calidad y moral por los suelos. Hasta la introducción progresiva de los soldados reclutados durante la movilización parcial decretada en septiembre de 2022, la Federación Rusa contaba con un contingente numéricamente muy inferior al ucraniano y que, extendido a lo largo de un frente de alrededor de mil kilómetros, tenía pocas opciones de mantener la línea y menos aún de continuar acciones ofensivas. El discurso oficial de Occidente alegó que Rusia no podría armar y equipar a los soldados e incluso puso en duda la capacidad de las autoridades de reclutar al número anunciado. Meses después, cuando se había comprobado ya que la Federación Rusa había conseguido integrar a esos soldados en su agrupación en Ucrania y quedaba patente una notable mejora de la actuación defensiva de las tropas, se retornó a la idea del elemento diferencial que supondrían la calidad de las tropas ucranianas y la mucho mejor instrucción que habían recibido en los países miembros de la OTAN.
El valor y la valía de sus tropas siguen siendo la base del discurso ucraniano de guerra hasta el final no solo por parte del Gobierno sino también de la oposición, todos ellos conscientes de que, tras la guerra, el colectivo de veteranos contará con un peso político sin el que será difícil obtener victorias electorales. Ayer, Oleksiy Goncharenko, el oportunista diputado del partido de Poroshenko que inició su carrera política en el Partido de las Regiones, quiso referirse a ello. Como argumento para convencer a Estados Unidos de la necesidad de apoyar militarmente a Ucrania, Goncharenko, aparentemente erigiéndose en portavoz del colectivo, afirmó que los soldados ucranianos están dispuestos “a estar hombro con hombro con los estadounidenses en las trincheras cerca de Teherán, en Corea del Norte e incluso cerca de Beijing”.
Sin embargo, y aunque ningún gran medio se ha planteado seriamente aún cuál es el nivel real de bajas de Ucrania, la duda sobre el estado de las tropas de Kiev se ha convertido en uno de los temas más comentados por la prensa occidental. Hace una semana, Olexadr Syrsky dio la orden de abandonar Avdeevka alegando la necesidad de preservar las vidas de las tropas, un argumento cuestionable teniendo en cuenta que el destino de la batalla estaba sellado, pero que sugiere cierta escasez. En realidad, aunque con sutileza, la dificultad para reponer las bajas era una de las ideas principales del ensayo de noviembre de Valery Zaluzhny.
“Cuando Ucrania entra en su tercer año de guerra”, escribe esta semana Foreign Policy, olvidando los casi ocho años anteriores en los que el ejército ucraniano vivió en las trincheras, “la victoria contra Rusia parece una perspectiva cada vez más lejana. El fracaso de la contraofensiva del verano pasado, unido al estancamiento de la ayuda occidental, ha puesto al ejército ucraniano a la defensiva. Aunque las autoridades ucranianas no publican cifras de bajas, es probable que al menos 70.000 soldados ucranianos hayan muerto en los dos últimos años, según declararon funcionarios estadounidenses a The New York Times en agosto de 2023. Desde entonces, la fatiga de la guerra y el nivel de bajas han aumentado a medida que lo ha hecho también la intensidad de la batalla en ciertas zonas del frente y se ha consumado la derrota de Ucrania en el frente central de Zaporozhie, donde las tropas fueron exprimidas para lograr la captura de lugares como Rabotino, una bolsa de fuego en la que Ucrania continuó sufriendo bajas incluso después de cantar victoria.
“Sin un final a la vista, el ejército ucraniano está sufriendo para encontrar suficientes soldados”, escribe esta semana France Presse en uno de los muchos artículos que ponen en cuestión la capacidad de Ucrania de mantener una cifra adecuada de soldados para sostener el frente. “La fatiga y las apelaciones a dar relevo a los soldados suponen un dilema para el liderazgo militar, que necesita más personal para aguantar frente a los ataques rusos”. “Es la paradoja de la situación», proclama en Foreign Policy el analista político de Kiev Volodymyr Fesenko, que afirma que “la mayoría de los ucranianos son patriotas, pero muchos tienen la opinión de que los militares deben encargarse de luchar y que los civiles simplemente les apoyarán». Es una certeza que la ley de movilización, que pretende reclutar a medio millón de soldados, es impopular a pesar del masivo apoyo popular al a continuación de la guerra que alega el Gobierno. Y lo es también que cada vez menos hombres quieren luchar.
En otro artículo publicado esta semana y que incide en el mismo problema, AP observa en los alrededores de Krasny Liman que “a lo largo de la gélida y embarrada línea del frente, los comandantes afirman que su ejército es demasiado pequeño y está compuesto por demasiados soldados agotados y heridos. A medida que la guerra entra en su tercer año, el reto más urgente y políticamente delicado al que se enfrenta Ucrania es si podrá reclutar suficientes soldados para repeler a un enemigo con muchos más combatientes a su disposición”.
La situación se ha invertido completamente con respecto a los meses anteriores a la preparación de la contraofensiva ucraniana. Con una agrupación exhausta e insuficiente para mantener tan extenso frente, las tropas rusas preparaban apresuradamente una línea de defensa en lugares como Kremennaya o Svatovo -en la zona de Krasny Liman- para evitar una peligrosa ruptura del frente en el norte de Lugansk. A la defensiva y con la prensa advirtiendo de que no debían esperarse buenas noticias del frente en un tiempo. Pero los deseos occidentales de que Moscú no fuera capaz de reclutar a los soldados necesarios para mantener las líneas no se cumplieron y unido a la eficiente construcción de fortificaciones defensivas y la corrección de errores que habían minado su esfuerzo bélico, la Federación Rusa derrotó a las tropas ucranianas en Artyomovsk -aunque fuera a costa de enormes pérdidas y la desestabilización que supuso el motín de Wagner- y en Zaporozhie, para ahora lograr por fin los primeros avances en el frente más complejo, el de Donetsk. Ahora, para justificar la renovación del esfuerzo internacional y preparar una nueva contraofensiva, Ucrania exige más armas y más munición. Solo son necesarias grandes cantidades de armas y munición extranjeras y Ucrania hará el resto, afirma el Gobierno. Aunque no disponga de los soldados para hacerlo.
Comentarios
Aún no hay comentarios.