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Economía, Pobreza, Rusia, Ucrania

Una industria en auge

En los últimos meses, ha sorprendido a algunos expertos la facilidad con la que ciertos aspectos de la vida normal han regresado a algunos puntos de Ucrania. The Guardian, por ejemplo, ha reflejado la vida nocturna de la capital ucraniana este verano. En realidad, Kiev tiene experiencia en ser la capital de un Estado en guerra en el que el frente se encuentra a muchos kilómetros de distancia. La guerra rusoucraniana ha afectado a Kiev como nunca lo hiciera la guerra de Donbass, pero desde la retirada rusa del norte de Ucrania, los ataques con misiles rusos, que han causado daños significativos y bajas militares y civiles, no han alterado completamente la vida, especialmente de las clases más pudientes, capaces de refugiarse lejos de la guerra cuando esta acecha y dispuestas a continuar su vida en los momentos de tranquilidad. El sufrimiento diario que supone la guerra en las zonas cercanas al frente es incomparable con lo que ocurre en ciudades mejor protegidas por las defensas antiaéreas y situadas en la retaguardia, pero, aun así, la normalidad es imposible en un estado de guerra de la intensidad de la que se vive en Ucrania.

El cambio que supone la guerra para la población civil tiene su paralelismo en el caso de la industria y otros sectores económicos. Escasos son los ámbitos económicos que no se han visto afectados por la guerra, ya sea por la destrucción física, la marcha de la población trabajadora al extranjero o los cortes de suministro eléctrico a causa de los ataques con misiles. Abandonada por una estrategia de privatización, desregulación y desindustrialización gran parte de la industria pesada heredada de la Unión Soviética, el sector secundario está sufriendo ampliamente los efectos directos e indirectos de la guerra. Lo mismo ocurre con el sector primario, con dificultades de exportación, pero también de producción al encontrarse una parte importante de las tierras más fértiles en zona bajo control ruso o excesivamente cerca de la línea del frente. Las dificultades económicas causadas por la guerra -que se suman a las ya existentes antes de que las tropas rusas cruzaran la frontera- son una constante para Ucrania, que actualmente sufre una fuerte dependencia de los subsidios y préstamos internacionales.

Sin embargo, como ha podido leerse en varios medios este último mes, Ucrania dispone de una industria que continúa en auge pese a las dificultades de la guerra. No se trata de la industria militar ni la producción aeroespacial o la producción naviera, antaño señas de identidad de la Ucrania socialista, sino la de la gestación subrogada, uno de los símbolos de la Ucrania neoliberal. Esta industria era ya una fuente de ingresos para las empresas que se lucran de su posición de mercado antes de la guerra. Mucho más asequible en sus precios que el mismo proceso en Estados Unidos y Canadá, Kiev era un destino en alza para la explotación reproductiva de mujeres jóvenes con escasas opciones de empleo en un país cuya economía llevaba años en crisis. La creciente desregulación de los últimos gobiernos que, especialmente desde la llegada al poder de Volodymyr Zelensky, han buscado dejar en manos del mercado cada vez más aspectos de la vida.

“Cómo las madres gestantes ucranianas han sobrevivido a la guerra”, titulaba hace un año The New York Times en un artículo que enaltecía la capacidad de una de las empresas para alquilar pisos para mantener a salvo las mujeres. En realidad, el ímpetu de proteger a las mujeres no puede sorprender. Al fin y al cabo, ellas son las herramientas para crear el producto final. “Cuando Rusia invadió, la una vez en auge industria ucraniana de la gestación subrogada parecía en riesgo de colapsar. Sin embargo, las madres gestantes y las agencias se las han arreglado para continuar las entregas y los clientes vuelven a llegar para recoger a sus bebés”, añadía el medio describiendo, sin matiz de crítica, una industria de producción y entrega del producto a los clientes extranjeros.

Es probable que la estabilización del frente y la comprensión de la naturaleza de la guerra, que de ninguna manera va a llegar a ciudades como Kiev o más allá del Dniéper, haya favorecido la recuperación de esta boyante industria pensada específicamente por su vocación de exportación. “La guerra ha destruido gran parte de la economía ucraniana”, afirma un reportaje de Político, “pero una industria clave, dar a luz bebés por medio de gestantes, continúa en medio de la épica lucha”. El artículo se centra en una de las grandes agencias, cuyas prácticas parecen, a raíz de las acusaciones del artículo, francamente cuestionables. El reportaje menciona, por ejemplo, la desaparición de los embriones enviados por una pareja estadounidense, que posiblemente fueron implantados en otra gestante. Y se menciona también el caso en el que los embriones fueron confundidos y, tras dar a luz las madres gestantes, los bebés fueron entregados a dos parejas equivocadas. La agencia menciona el error como un caso aislado, pero confirma que las dos parejas hubieron de reunirse en Alemania para intercambiar sus bebés para reparar el desliz de la agencia.

Como prácticamente todos los artículos publicados en la prensa generalista sobre la industria de la gestación subrogada en Ucrania, Político, al igual que The New York Times hace un año, enaltece la épica lucha ucraniana y el coraje tanto de las madres gestantes como de las familias que acuden a Kiev o envían su material genético para obtener su producto. No hay en los reportajes interés por conocer el contexto en el que tiene su auge la gestación subrogada: la explotación de la pobreza de mujeres jóvenes de uno de los países más pobres de Europa. Antes incluso del inicio de la guerra rusoucraniana, las prácticas abusivas de las empresas se aprovechaban de la falta de expectativas laborales de una parte de la población, procedente en muchos casos de zonas deprimidas de un país cuya economía llevaba años sufriendo la crisis de la desindustrialización, liberalización y austeridad de los planes económicos del Fondo Monetario Internacional y sus aliados ucranianos. El principal atractivo de Ucrania en el caso de la gestación subrogada es fundamentalmente el precio, con el que no pueden competir otros países cuyas mujeres demandan mayores cantidades por ofrecer su cuerpo para lograr la felicidad ajena. La desregulación y la certeza de que el dinero puede hacer desaparecer cualquier irregularidad detectada por el camino han hecho el resto para hacer de Ucrania un centro en la producción y entrega de niños y niñas para su exportación al extranjero, concretamente a aquellos países que ahora están financiando la guerra.

Comentarios

Un comentario en “Una industria en auge

  1. Avatar de ludovico

    Pobres mujeres ucranianas, para lo que han quedado.

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    Publicado por ludovico | 31/08/2023, 16:09

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