Tras meses de tensiones diplomáticas y acusaciones de intervención, invasión y condena de todo acto ruso en el sudeste de Ucrania, incluyendo la ayuda humanitaria, algunos países de la Unión Europea comienzan a ver la necesidad de incluir a Rusia en la solución de la crisis ucraniana. Sin retirar ninguna de las acusaciones, algo evidente en la negativa francesa a entregar el primer portahelicópteros Mistral pese al contrato firmado, algunas voces dentro de la unión comienzan a hablar de la necesidad de descentralizar el poder y de avanzar hacia un alto el fuego de verdad. La primera visita de un representante de máximo nivel a Rusia desde la escalada de sanciones es un buen momento para ver cómo la prensa realiza la transición para explicar cómo, tras meses de ver a Rusia como agresora, la Unión Europea se ve ahora en la difícil situación de tener que incluir a Putin como parte de la solución, no del problema.
En el contacto informal mantenido en el aeropuerto de Vnukovo-2 el pasado 6 de diciembre, un encentro entre presidentes que no estaba previsto, François Hollande y Vladimir Putin abordaron, entre otros temas, la situación en Ucrania. Según el enviado especial de Le Monde en Moscú, aunque se trataron distintos temas, el tema principal de la reunión habría sido la guerra en Ucrania. Benjamin Quenelle, en Les Échos, que cita a un miembro de la delegación francesa, detalla algo más el contenido de los que Francia ha incluido en lo que llama el dossier ucraniano: el protocolo de Minsk, el alto el fuego, las fronteras, la situación económica y las perspectivas de la relación entre Rusia y la Unión Europea, etc.
En su estrategia de desescalada del conflicto, explica Le Monde, Hollande habría mostrado la necesidad de buscar vías para “deshacerse de las barreras y de los muros” que podrían dividir a Rusia y a las naciones de Occidente. En esta dirección, según Hollande, el instrumento más adaptado para superar la crisis sería el “firmado por los protagonistas”, en referencia al Protocolo de Minsk. Según declaraciones de Putin a la prensa, Moscú y París estarían de acuerdo en la necesidad de alcanzar un verdadero alto el fuego en el este de Ucrania, uno que pudiera parar definitivamente el baño de sangre. El hecho de que ninguno de los comunicados del Elíseo haya mencionado Crimea indica, para la prensa francesa, la posibilidad de un acuerdo. La prensa francesa presenta el protocolo de Minsk como el camino a una salida de la crisis.
En el avión de vuelta a París, Hollande se habría mostrado optimista ante la prensa, señalando que la reunión mantenida podría traducirse en algunos resultados. Según él, “Hemos percibido que existía una demanda por parte rusa”. Según la AFP, Hollande consideraría hoy posible un avance en esa dirección: «Hoy quería con el presidente Putin enviar el mensaje de la desescalada, y hoy en día es posible«. Ante las esperanzas de Putin de una mejoría en el próximo futuro, Hollande insiste, por su parte, en los que serían “no sólo avances sino también resultados en los próximos días”. En Les Échos, Benjamin Quenelle recoge la declaración de Hollande, difundida por televisiones francesas, respecto a la necesidad de respetar íntegramente el alto el fuego, intercambio de prisioneros, un diálogo político entre ucranianos en el marco de la integridad territorial de Ucrania y el respeto de las fronteras entre Rusia y Ucrania.
La entrega del primer Mistral, que según los presidentes no se trató en la reunión, sí hace acto de presencia en la crónica de la corresponsal de Libération en Moscú. Veronika Dorman, apoyándose en la postura contemporizadora de Putin ante el asunto y en la opinión de expertos rusos, da a entender que existe un acuerdo entre Francia y Rusia. El compromiso de Putin se mide, según Dorman, por dos afirmaciones que entiende como nuevas: el apoyo a la defensa de la integridad territorial de Ucrania y, sobre todo, la admisión de responsabilidades compartidas en el incumplimiento del alto el fuego.
En realidad, pese a estas referencias, ninguna de las dos afirmaciones es nueva. Rusia nunca ha dejado de hablar de la solución del conflicto dentro de Ucrania (han sido numerosos los discursos de Lavrov en los que esta idea queda perfectamente clara), de ahí su insistencia en la descentralización del poder en el país y el inicio de un diálogo nacional que incluya a todas las regiones, discurso generalmente ignorado por la prensa. Y pese a defender las intenciones de la milicia en lo que se refiere a defender la vida de los civiles, Rusia siempre ha admitido que ninguna de las partes mantenía completamente el alto el fuego.
La conclusión Dorman es que, en un contexto en el que Merkel asumiría de forma creciente el papel de poli malo, Hollande parecería dispuesto a asumir el de poli bueno. No es casualidad que esta sea la primera visita, por poco protocolario que un encuentro efímero en un aeropuerto pueda ser, de un máximo representante de un Estado comprometido con las sanciones a Rusia. El escepticismo de Dorman se muestra al recordar las negociaciones de 2008, cuando Nicolás Sarkozy, en representación de la UE, negociara un plan de paz destinado a evitar el avance del ejército ruso en Georgia, que no evitó la victoria militar rusa en Abjasia y Osetia del Sur.
La prensa difiere al valorar los resultados del encuentro. Quenelle, en Les Échos solo ve voluntad de avance. Pero, según François-Xavier Bourmaud, en Le Figaro, Putin estaría buscando una solución real al conflicto en Ucrania. La prensa francesa se centra aquí en señalar el deterioro de la economía rusa en el marco de las sanciones económicas europeas, que empezaría a afectar no sólo a Rusia sino también a países como Kazajstan. El Presidente Nazarbaev habría incluso facilitado el desarrollo de la reunión entre Putin y Hollande. No se menciona, en cambio, las dificultades económicas de Ucrania, que demanda de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional un adelanto del siguiente tramo de los créditos prometidos.
Hollande no habría actuado de manera unilateral. Según AFP, antes de llegar a Moscú, habría tenido un contacto telefónico con Poroshenko y Angela Merkel, a los que posteriormente debería informar acerca de sus contactos con Putin. Podrían tener relación con el anuncio de Poroshenko en Kharkov de un principio de acuerdo para las nuevas negociaciones de paz en Minsk. Que este anuncio se realizara en el marco de la entrega del nuevo equipamiento pesado (tanques y helicópteros de combate) para las tropas destinadas en la llamada operación antiterrorista no merece mención para la prensa francesa.
El propio comunicado del Servicio de Prensa de Hollande señala, al día siguiente del encuentro con Putin, el contacto telefónico con Merkel, en la que se han evaluado las perspectivas de progreso, analizando la vía para cconsolidaros actuando de forma compartida en esa dirección.
En su valoración del acercamiento entre Putin y Hollande, Arnaud Dubien, director del Observatorio franco-ruso, señala que con su movimiento, Hollande busca consolidarse como el principal líder occidental con capacidad de interlocución real con Rusia. Dubien menciona la posibilidad de que Francia reconsidere su posición de apoyo a la integración de países como Georgia o Ucrania en la OTAN para evitar así que el conflicto se congele y de lugar a una nueva guerra fría en Europa. A ese nuevo muro, que podría satisfacer a Estados Unidos o al Reino Unido es al que trataría de oponerse Hollande.
Dubien introduce el punto de vista ruso, que pasa por que el Gobierno ucraniano acepte un verdadero diálogo político sobre lo que define como descentralización o el fin del bloqueo económico a las zonas rebeldes de Donetsk y Lugansk. Para quienes hayan seguido la crisis ucraniana y la guerra en Donbass más allá de la prensa generalista occidental, saben ya que este discurso no es nuevo. Lo que es nuevo es que, por su propia debilidad e incapacidad de aportar soluciones, la Unión Europea se vea obligada a aceptar como parte de la solución las propuestas que Rusia lleva haciendo desde abril.
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