Entrada actual
América Latina, Economía, Energia, Estados Unidos, Irán, Israel, Oriente Medio, Rusia, Ucrania

Una nueva normalidad

Los últimos tres meses han supuesto un cambio cualitativo en la situación mundial. El trumpismo, que hasta ahora se jactaba de haber detenido ocho guerras –dos de esas guerras conflictos políticos en los que no se ha disparado un solo tiro y que siguen sin resolver- y no había iniciado ninguna, ha tirado de militarismo para tratar de imponer su dominio por la vía militar. La paz por medio de la fuerza que Trump pregonaba, y que increíblemente sigue utilizando como lema mientras se emociona con los bombardeos masivos contra Irán, se ha convertido en una nueva guerra basada en las mismas falsas premisas que la de hace 23 años: las armas de destrucción masiva, en este caso imaginarias armas nucleares, y la posibilidad de un ataque, un peligro que, como insistió Tom Cotton, llevaba 47 años siendo inminente. En esta operación militar elegida por Estados Unidos e Israel pese a que el acuerdo que Washington decía buscar estaba al alcance –o quizá incluso porque ese acuerdo, que nunca fue deseado, era posible-, la Casa Blanca ha ido aún más lejos que en su anterior aventura militar. Secuestrar a un jefe de Estado, como ocurrió el 3 de enero con Nicolás Maduro en Venezuela, solo fue un paso previo, una prueba de fuego con la que comprobar las capacidades propias y la respuesta de aliados y enemigos, que en su mayor parte callaron, acatando así un peligroso precedente en un mundo cada vez con menos ley.

“¿Somos conscientes de que, hasta hace poco, era extremadamente raro que los países, incluso los que estaban en guerra, asesinaran a sus máximos dirigentes políticos? ¿Estamos preparados para que esto se convierta en la nueva normalidad?”, escribió ayer el periodista estadounidense de origen iraní Arash Azizi, habitual colaborador de The Atlantic, un medio legitimador de la actual guerra, de la actuación de Israel en Palestina o de Occidente en Ucrania. Azizi se refería concretamente al asesinato de Ali Larijani, la persona cuyo destino ha sido, desde el primer ataque, un indicador claro del objetivo real de las dos potencias nucleares que eligieron la vía militar para conseguir lo que querían. Ali Larijani, cuya muerte reivindicó ayer Israel, fue la persona a la que Ali Jameneí había encargado hace meses planes de contingencia para varias sucesivas sucesiones de los puestos más importantes del Estado en el previsible caso de que fueran asesinadas por Estados Unidos e Israel. Como han indicado varios medios y analistas, Larijani, experto en Emmanuel Kant, veterano de la Guardia Revolucionaria y una figura política de enorme peso en la República Islámica, un político considerado pragmático, capaz de negociar y un posible interlocutor para el futuro. El asesinato no solo hace menos posible un ya imprevisible acuerdo, sino que deja claro que nada de eso es, ni ha sido nunca, un objetivo de Estados Unidos, que en su lucha por lograr la rendición completa de Irán, ve preferible el colapso del régimen, la destrucción física y política del Estado, aun a riesgo de crear un Estado fallido, uno más en la lista de destrucción de la guerra contra el terror iniciada por Bush, continuada por Obama y Biden y que ve su reedición en Trump con aún menos escrúpulos.  

La voluntad de utilizar la fuerza militar sin más justificación que el objetivo político de derrotar a un enemigo histórico, el secuestro o asesinato de jefes de Estado, el uso de la negociación como tapadera para preparar un despliegue militar o el ataque contra negociadores oponentes –que Israel ha utilizado contra Hamas, por ejemplo, en Qatar- o los ataques masivos contra escuelas y hospitales abren la puerta a una era de guerra aún más dura para la población civil. Israel abrió el camino con la destrucción sistemática de la sanidad, educación e infraestructuras civiles en Gaza, una actuación aprobada y armada por Estados Unidos, que ahora hace lo propio en Irán y ve cómo se repite en el sur del Líbano. Los dos escenarios militares de Asia occidental -Irán y Líbano- han eclipsado una lucha cada vez más abierta entre Afganistán y Pakistán, que ayer dejó imágenes que apenas causaron sensación pese al anuncio afgano del bombardeo pakistaní de un hospital con centenares de víctimas. El incidente pasó desapercibido en una sociedad que parece haber perdido la capacidad de sorprenderse del horror diario.

El uso de la fuerza incluso cuando, como en el caso de Irán, no media la más mínima provocación previa y el acuerdo está al alcance de la mano deja en mal lugar a la diplomacia en general y a la estadounidense en particular. El trumpismo ha bombardeado Irán en dos ocasiones bajo la cobertura de unas negociaciones en las que nunca tuvo más interés que obtener una rendición militar y política imposible e injustificable. Antes, Donald Trump había roto unilateralmente el acuerdo nuclear iraní que odiaba por haber sido negociado por su predecesor y que estaba siendo cumplido. Ahora, la reescritura de la historia pretende hacer creer que aquel tratado era una amenaza para el mundo, ya que iba a permitir que Teherán tuviera armas nucleares en el futuro. El nulo valor de la palabra y de la firma de Estados Unidos, unido a la voluntad de Washington de utilizar la fuerza –de forma directa o por medio de un proxy, como ocurre con Ucrania y los bombardeos de los intereses petrolíferos del competidor ruso- para conseguir sus objetivos militares, políticos y económicos deja cada vez menos lugar al diálogo con argumentos y no con las bombas. No es casualidad que los países europeos recuperen el discurso de las armas nucleares o que la apuesta por la diplomacia sea considerada una muestra de debilidad. La normalización del uso de la fuerza, criticado únicamente cuando la realiza el enemigo, reduce drásticamente las posibilidades de paz e incluso de diálogo.

El fin de la esperanza

Esa situación deja en una posición comprometía a diferentes actores internacionales que, por diferentes motivos, precisan de un acuerdo con Estados Unidos para conseguir sus objetivos. Es el caso tanto de los países europeos, que necesitan a Washington para continuar su guerra común contra Rusia en Ucrania, como de Moscú, que precisa de un acuerdo con la Casa Blanca para conseguir que esa guerra termine. Esta última semana, ha sido muy comentado por describir claramente la postura rusa un artículo publicado por Dmitry Trenin, conocido como una de las figuras moderadas del Consejo de Política Exterior y de Defensa de Rusia y exdirector del Carnegie Center Moscow.

“Se esperaba que la administración del 47º presidente se centrara en los propios Estados Unidos, seguida del hemisferio occidental, luego China y, por último, el resto del mundo. El principal ámbito de actividad de Washington se definió como la geoeconomía; entre las preocupaciones en materia de seguridad, la inmigración ilegal y el tráfico de drogas ocupaban un lugar destacado. El desafío que planteaba China se consideraba principalmente tecnológico y económico. Trump prometió una resolución rápida de los conflictos internacionales, incluido el de Ucrania, y se presentó como el presidente de la paz”, escribe Trenin para describir lo que Rusia esperaba de la segunda legislatura de Donald Trump, con quien Moscú comenzó a negociar vías para buscar la resolución de la guerra apenas unas semanas después de la toma de posesión de la administración.

La versión de Trenin es coherente con la postura marcada por Sergey Lavrov y otras figuras del establishment ruso: un inicio prometedor con los aranceles –que no afectaron a Rusia-, un proceso de alejamiento de los aliados europeos y diálogo con Rusia. Todo ello llevó a “lo que a veces en Rusia se denomina espíritu de Anchorage”, el momento en el que Moscú creyó posible un acuerdo. Ese momento que el Kremlin quiso ver como un punto de inflexión nunca avanzó hacia un acuerdo y lleva meses estancado en unas negociaciones que solo contentan a Kiril Dmitriev y Steve Witkoff, la persona cuya credibilidad ha quedado más minada por el falso proceso diplomático Irán-Estados Unidos.

“Trump no logró obtener el consentimiento de sus aliados europeos respecto al «acuerdo mutuo» de Alaska. Los aliados, a diferencia de Trump, estaban decididos a seguir luchando contra Rusia «hasta el último ucraniano». En principio, Trump tuvo amplias oportunidades para obligar a Europa a acatar el acuerdo y ordenar a Zelensky que cumpliera sus términos. El hecho de que el presidente estadounidense no aprovechara estas oportunidades indicaba aparentemente que la mayoría, no solo de la clase política (el Congreso, los medios de comunicación, etc.) y el aparato de política exterior de EE. UU. (la comunidad de inteligencia, el Pentágono, el Departamento de Estado), sino también de varios de los colaboradores más cercanos de Trump, estaba, por decirlo suavemente, poco entusiasmada con la «fórmula de paz», que resultaba difícil de imaginar como una victoria sobre Rusia”, añade Trenin para describir los meses posteriores al espejismo de Alaska.

“La política exterior se ha hecho abiertamente agresiva”, se lamenta Trenin. “En enero, Trump lanzó una operación militar para derrocar al Gobierno venezolano, capturar por la fuerza el control a su presidente y someter a Caracas a su voluntad. A finales de febrero, Estados Unidos, junto con Israel, atacó Irán, asesinó al líder supremo del país y anunció su intención de cambiar el régimen en Teherán. Esta guerra a gran escala continúa hasta el día de hoy. Trump anunció simultáneamente el objetivo de un «cambio de régimen» contra Cuba. El Pentágono, rebautizado el año pasado como Departamento de Guerra, ha asumido plenamente su nueva identidad. Además, su jefe, Pete Hegseth, declaró públicamente que no hay restricciones al uso de la fuerza”, escribe para describir los dos últimos meses de 2025.

En su intento de rebajar las esperanzas de quienes han querido ver la emergencia de un mundo más multipolar en el ascenso de otras potencias y en la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, erróneamente considerada una forma de repliegue de intenciones defensivas, Trenin insiste en que “recientemente, se ha ido imponiendo una visión en nuestro discurso público: Estados Unidos y Occidente en su conjunto han perdido su antigua hegemonía, el mundo multipolar se ha convertido en una realidad, China ha superado a Estados Unidos en el ámbito económico y los países del BRICS han superado al G7, etcétera, etcétera. Gran parte de esto es cierto, pero es importante tener en cuenta que Estados Unidos sigue siendo la mayor potencia mundial en el futuro previsible. Este poder, que «durmió y arremetió» bajo Biden-Chernenko, ha pasado a la contraofensiva bajo Trump. El objetivo de Washington no es tanto establecer un nuevo orden mundial como crear un caos global para reinar en él”.

“Es responsabilidad y derecho del Comandante Supremo”, Vladimir Putin, “decidir cómo continuar la operación diplomática especial (el diálogo con Trump)”, indica Trenin, que admite que la diplomacia ha dado ciertos resultados parciales, aunque no una resolución de la guerra. Sin embargo, “la traición de Trump, demostrada en dos ocasiones —en junio de 2025 y febrero de 2026— contra Irán no debe pasarse por alto bajo ningún concepto. La situación se complica aún más por el hecho de que los negociadores estadounidenses en los frentes ruso-ucraniano e iraní son las mismas personas, extremadamente cercanas al jefe de la Casa Blanca. Trump no es un hombre de palabra; en otras palabras, es un socio poco fiable. Esto no significa que no se pueda comunicar con él; simplemente, confiar en él (o en su firma) es innecesario. Tampoco debe olvidarse nunca que la verdadera doctrina militar estadounidense tiene como objetivo neutralizar (literalmente, decapitar) a la cúpula de un Estado adversario desde el primer momento de un conflicto. Las garantías de seguridad de Rusia —incluidas las del frente ucraniano— pueden asegurarse principalmente con los propios medios militares de Rusia. En este caso, tendremos que confiar únicamente en nosotros mismos”.

Trenin, reflejando la actuación de Rusia este año, no aboga por abandonar el intento de dialogar con el trumpismo, pero sí por mantener las distancias y olvidar toda esperanza de cambio o incluso de cooperacion. “El potencial de cooperación económica con Estados Unidos es teóricamente enorme”, afirma, “pero solo teóricamente. Llevar a cabo ese potencial en un futuro próximo es seriamente dudoso”. Incluso los sectores en los que la cooperación podía ser más sencilla se ve ya como inviable porque incluso “la antigua cooperación con Washington en asuntos regionales ha dado lugar a un choque de intereses en diversas regiones”.

“Sin capacidad para la confrontación, nos vimos obligados a observar cómo se desarrollaban los acontecimientos en Venezuela. Irán es un caso distinto. Es un socio estratégico importante para nosotros, y el resultado de la guerra actual repercutirá tanto en la situación inmediatamente al sur de nuestras fronteras como en todo Oriente Medio. Otro punto vulnerable es Cuba, que tiene para nosotros un significado no solo geopolítico, sino también emocional muy importante. Rusia tiene un tratado con Corea del Norte que prevé la asistencia militar mutua. Y, por supuesto, el principal rival de Estados Unidos en el mundo moderno, China, es nuestro principal socio internacional. En todos estos ámbitos, nos interesa fortalecer las relaciones con socios y aliados que se encuentran bajo la presión y las amenazas de Estados Unidos. Su resistencia podría ralentizar o detener la contraofensiva de Trump. Estados Unidos nunca se detendrá”, sentencia Trenin. Al contrario que los países europeos, que parecen estar contando los días para la llegada al poder de quien vaya a suceder a Donald Trump con la esperanza de volver a la normalidad, el establishment ruso parece comenzar a comprender la nueva normalidad.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Reportes del frente archivados.

Registro

marzo 2026
L M X J V S D
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031  
Follow SLAVYANGRAD.es on WordPress.com

Ingresa tu correo electrónico para seguir este Blog y recibir notificaciones de nuevas noticias.

Únete a otros 2.263 suscriptores

Últimos resúmenes del frente

Estadísticas del Blog

  • 2.533.283 hits