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Consecuencias económicas de la guerra contra Irán

El Pentágono y el Consejo de Seguridad Nacional “subestimaron significativamente la voluntad de Irán de cerrar el Estrecho de Ormuz”, proclamaba el viernes CNN. Según The Wall Street Journal, Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto y la persona que varios medios habían señalado como más escéptica ante la voluntad del resto de la administración de atacar unilateralmente Irán, “afirmó en varias reuniones informativas que los oficiales estadounidenses creían desde hacía tiempo que Irán desplegaría minas, drones y misiles para bloquear la ruta marítima más importante del mundo. Los dos artículos reflejan una realidad evidente: pese a las declaraciones triunfalistas y mesiánicas de Donald Trump o Pete Hegseth, la guerra que Estados Unidos decidió comenzar sin que existiera provocación previa o riesgo alguno para ningún país de la zona no está saliendo como se esperaba. Increíblemente, Estados Unidos no había previsto que Irán hiciera exactamente lo que advirtió que haría, atacar los intereses de Estados Unidos en la región y utilizar la parte de geo de la geopolítica para interrumpir el flujo habitual de petróleo encareciendo así su precio y el de otras materias primas que transitan por el cuello de botella que es Ormuz.  

“Trump reconoció el riesgo, según estas personas, pero siguió adelante con la decisión de política exterior más trascendental de sus dos mandatos presidenciales. Le dijo a su equipo que Teherán probablemente capitularía antes de cerrar el estrecho, y que, incluso si Irán lo intentara, el ejército estadounidense podría hacer frente a la situación”, añade The Wall Street Journal, que apunta a una clara sobreestimación de las capacidades propias y subestimación de las capacidades y voluntad de resistir de su enemigo, que se manifestó el viernes a nivel social con enormes manifestaciones y la participación de Pezeshkian, Aragchi y Larijani por el día de al Quds pese a bombardeos israelíes en las inmediaciones. La guerra se alarga y se resiente el mercado del petróleo, un comercio global en el que la desaparición de la materia prima de uno o varios productores marca el precio incluso en zonas que no se ven afectadas. Trump, que se ha jactado de los grandes ingresos que obtiene Estados Unidos, primer productor mundial de petróleo, ha utilizado a lo largo de la semana toda una serie de tácticas para manipular el mercado que muestran el nerviosismo que existe en las clases políticas occidentales, temerosas de que, si la situación se prolonga, la crisis causada sea similar a la de los años 70.  

El viernes, antes del cierre del mercado, Trump dio a entender que la marina estadounidense comenzará a escoltar buques a través del estrecho de Ormuz, reabriendo el tránsito y recuperando cierta normalidad. El anuncio, vago y sin más intención que modificar el estatus del mercado antes del fin de semana, se suma a la noticia de que al menos 2.000 marines destinados en Okinawa se dirigen a Oriente Medio, quizá a Ormuz, quizá con la intención de capturar la isla de Jarg, clave en la exportación de petróleo iraní. A esas medidas claramente especulativas y a los incesantes y destructivos bombardeos hay que añadir la liberación de alrededor de un tercio de las reservas estratégicas de petróleo, con lo que, según Francia, se obtendrá un suministro equivalente a 20 días de tránsito a través de Ormuz, un parche que solo puede mejorar la situación si la guerra estadounidense contra Irán se detiene en las próximas dos semanas. De lo contrario, los países occidentales solo habrán ganado ese breve tiempo sin resolver el problema.  

La situación actual exige medidas urgentes y Estados Unidos ha visto en Rusia una de las soluciones temporales. El viernes Scott Bessent anunciaba una exención de sanciones a la adquisición de petróleo ruso que se encontrara en el mar a fecha del 12 de marzo y que seguirá en vigor hasta el 11 de abril, un mes en el que Moscú podrá colocar su crudo a precios de un mercado presionado y con tendencias claramente alcistas que contrastan con los descuentos que ha tenido que ofrecer a sus clientes estos últimos años. El principal signo de que el problema estadounidense es profundo es que la exención ya no se limita a India, como se había anunciado hace una semana, sino a todos los países (puede que a todos los países a excepción de Cuba, que sigue bajo el bloqueo con el que Washington quiere hacer caer al Gobierno, al Estado y aparentemente a la nación). La medida ha sido ampliamente rechazada por las potencias europeas y Ucrania, cuyo presidente afirmó en su visita a Francia que “no apoya a la paz”. “Levantar las sanciones para que luego haya más drones sobrevolando la zona, en mi opinión, simplemente no es la decisión correcta”, afirmó Zelensky en su visita a Francia, cuyo presidente se mostró en la misma línea y añadió que “es la posición del G7, la posición de Europa y la posición de Francia”. Todavía más duro, Merz, el más favorable a la guerra y a la actuación de Trump de todos los países europeos, insistió enfadado en que “esta semana, en la cumbre del G7, hablamos con el presidente de Estados Unidos sobre los suministros rusos de petróleo y gas. Seis miembros dijeron claramente que esto envía un mensaje equivocado. Esta mañana nos enteramos de que, al parecer, el gobierno estadounidense decidió lo contrario. Creemos que esto es un error; se trata de un problema de precio, no de escasez de suministro. Me gustaría saber qué otros motivos hay detrás de esta decisión temporal”.  

El enfado europeo es mayúsculo, aunque solo por la posibilidad de que Rusia vaya a obtener unos ingresos añadidos y no por la capacidad de Estados Unidos de decidir qué petróleo puede o no venderse o las consciencias que puede tener sobre las economías nacionales y las de las poblaciones mundiales los vaivenes de un mercado directamente ligado al suministro de Oriente Medio, interrumpido y obstaculizado por una guerra iniciada bajo todo tipo de falsas premisas y que Donald Trump insiste en que ya está ganada, que los líderes iraníes quieren rendirse y están en la clandestinidad. Mientras tanto, el viernes el presidente iraní posaba para selfies en Teherán y exigía a Estados Unidos detener la agresión, garantías de que no va a repetirse y reparaciones de guerra por los daños causados, unos términos que difícilmente pueden calificarse de voluntad de rendición. 

Los mercados, clases políticas y expertos de todo tipo tratan de adivinar las intenciones de Donald Trump, cuándo cantará victoria –sea justificada o no- el presidente estadounidense y se retirará hasta nueva orden. De ello dependen los diferentes escenarios más o menos optimistas, que oscilan entre un aumento de precios temporal que volverá a la normalidad si la guerra se detiene en poco tiempo a una crisis mundial, no solo del petróleo, sino también del gas e incluso de la agricultura del hemisferio norte, que depende de los fertilizantes que exportan países del Golfo.  

Tras dos semanas de guerra, puede decirse que Irán ha llegado a ella más preparado que Estados Unidos, que parecía no ser consciente de la forma con la que Teherán iba a convertir lo que Trump esperaba que fuera una repetición a una mayor escala del éxito en Venezuela en una guerra de desgaste aérea y marítima. El poder militar estadounidense supera con creces al de casi cualquier país, también Irán, por lo que la principal consecuencia es la muerte y destrucción que Washington está sembrando en el país persa. En el lado opuesto, estas dos semanas de guerra suponen fuertes ganancias para algunos actores. “Hasta ahora, solo hay un ganador en esta guerra: Rusia. Obtiene nuevos recursos para financiar su guerra contra Ucrania a medida que suben los precios de la energía”, afirmó Antonio Costa. Con la habitual obsesión de valorar todo únicamente en términos de su relación con Rusia, la UE convenientemente olvida los enormes beneficios que va a reportar la situación a Estados Unidos, para quien la guerra implica aumentar las ventas de lucrativo material militar y un aún mayor beneficio en sus exportaciones de petróleo y gas natural licuado.  

Costa no se equivoca, sin embargo, al prever un fuerte aumento de las exportaciones rusas de petróleo. Según analistas como Gabor Scheiring, el crudo ruso ha pasado de venderse de 50$ a los 90$ actuales. “La ironía estructural es difícil de exagerar. Estados Unidos inició esta guerra en parte para reestructurar el equilibrio de poder en Oriente Medio, pero el beneficiario económico inmediato es Moscú. Para defenderse del arma económica de Irán (el cierre de Ormuz), Washington está aflojando su propia arma económica contra Rusia”, escribe el analista, que concluye que esos dos objetivos estadounidenses son evidentemente contradictorios. La coyuntura obliga a Trump, que no puede permitirse un alza brusca de los precios del petróleo en periodo electoral, a eligir entre castigar a Rusia o a Irán, ya que no puede mantener su estrategia de expulsar a ambos proveedores de petróleo del mercado global sin producir un efecto dominó con consecuencias políticas internas.  

“Rusia está obteniendo hasta 150 millones de dólares al día en ingresos presupuestarios adicionales por sus ventas de petróleo, lo que la convierte en la mayor beneficiaria del conflicto en Oriente Medio”, escribía el viernes Financial Times para resaltar la principal consecuencia de la actuación estadounidense. Moscú habría obtenido ya entre 1.300 y 1.900 millones de dólares adicionales en estos días desde que Scott Bessent, muy a su pesar, rebajó las sanciones contra el crudo ruso. “El Gobierno ruso podría recibir entre 3.300 y 4.900 millones de dólares en ingresos adicionales totales para finales de marzo, según cálculos del FT basados en datos del sector y en las valoraciones de varios analistas. Esto supone que los precios del barril Urals ruso se sitúen de media entre 70 y 80 dólares por barril este mes, en lugar de mantenerse en un nivel cercano a la media de los dos meses anteriores, de 52 dólares por barril”, concluye el medio. Sin embargo, no hay que olvidar que, pese al nerviosismo de la UE, que califica de amenaza a la seguridad europea el retorno del petróleo ruso a las ventas “normales”, la situación es temporal y Estados Unidos se reserva el autoproclamado derecho de volver a prohibir al mundo adquirir petróleo ruso.  

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