“Por primera vez, Estados Unidos se pone del lado de Rusia y China en una disputa de energía en Ucrania”, titulaba esta semana The Wall Street Journal, que explicaba que “Estados Unidos se ha opuesto a una resolución en la agencia atómica de la ONU que contaba con el respaldo de varios países europeos, Australia, Canadá, Argentina y Chile, entre otros. La resolución no mencionaba a Rusia, según un borrador al que tuvo acceso The Wall Street Journal. Advertía que los ataques a las subestaciones eléctricas y otras infraestructuras energéticas de Ucrania suponen una amenaza directa para la seguridad nuclear”. En su intento de hacer parecer el voto estadounidense más relevante que una votación sin ninguna importancia, el medio sugiere una vez más la existencia de actitudes prorrusas por parte del Gobierno de Donald Trump. Para ello, oculta que el principal peligro existente en Ucrania en términos de seguridad nuclear son los ataques con drones o artillería contra centrales nucleares, algo que solo Kiev ha realizado en estos años de guerra. Pese a que su principal objetivo este invierno han sido la producción energética de Ucrania, Rusia no ha atacado ninguna de las centrales nucleares ucranianas.
Esto contrasta con los ataques periódicos que se han producido a lo largo de estos años contra la central nuclear de Zaporozhie, situada en la localidad de Energodar, bajo control ruso desde marzo de 2022. En su habitual ejercicio de esconder los datos que no apoyan la narrativa de la lucha entre el bien y el mal, el argumento de los países europeos que recoge sin matices The Wall Street Journal olvida que, al más puro estilo Donald Trump, capaz de negar la existencia de una guerra y a la vez exaltar sus buenos resultados, Ucrania ha alegado, en ocasiones en una misma frase, que Rusia dispara desde la central y que simula, con ataques de falsa bandera, ser bombardeada en ella. Como Israel -que ha acusado a Irán de bombardearse a sí mismo, en ese caso con un misil antiaéreo fallido, en el incidente que causó la muerte a más de un centenar de niñas en un ataque que, según Reuters y The New York Times fue estadounidense-, Ucrania acostumbra a evitar cualquier crítica por ataques cuestionables culpando a Rusia de bombardearse a sí misma.
La noticia sobre este voto estadounidense favorable a Rusia se enmarca en una coyuntura peligrosa para el mundo, en la que la energía es moneda de cambio y cuando todos los actores tratan de posicionarse para sacar provecho. Aunque fue uno de los primeros líderes mundiales en mostrar todo su apoyo al ataque contra Irán, Zelensky no ha recibido grandes elogios por una postura manifiestamente favorable al ataque no provocado contra un Estado soberano que no suponía ningún peligro para quienes lo han agredido. El presidente ucraniano ha tratado de mostrar que Ucrania tiene cartas, una clara referencia a la famosa humillación en el Despacho Oval, proponiendo a Estados Unidos y los países del Golfo Pérsico un intercambio: interceptores asequibles de producción ucraniana y que han sido probados en la guerra contra los drones iraníes a cambio de misiles para los sistemas Patriot, demasiado caros para derribar Shaheds de 20.000 dólares, pero necesarios para que Kiev pueda defender sus cielos de los misiles rusos, más numerosos que los iraníes. El intercambio es poco probable teniendo en cuenta la escasez mundial de ese tipo de misiles, motivo por el cual Donald Trump volvió a quejarse esta semana del exceso de material que Joe Biden “regaló» a Volodymyr Zelensky, a quien califico de P.T Barnum, padre del arte circense, en una forma de volver a llamar payaso a su homólogo ucraniano. El fanatismo con el que Zelensky ha exaltado la guerra de Trump y Netanyahu contra Irán y la propuesta de apoyo militar no han servido para que el presidente de Estados Unidos mejore su opinión del líder ucraniano, al que esta semana ha vuelto a exigir que llegue a un acuerdo con Rusia.
Ese comentario, realizado en una de las numerosas entrevistas que ha concedido a todo tipo de medios, no es el único que ha alertado al establishment proucraniano en Europa o Estados Unidos. En estos primeros ocho días de guerra, Trump se ha jactado de los enormes éxitos de su ejército, ha dado a Irán por derrotado y ha exigido participar en el nombramiento del futuro líder, que no necesita ser democrático, sino solo tratar “justamente” a Estados Unidos. Su círculo, especialmente el exultante Pete Hegseth, que parece haber cumplido el sueño del nacionalismo cristiano de enfrentarse al país que consideran liderado por el fanatismo chií, se ha manifestado en términos aún más mesiánicos. “No nos preocupa eso… Los únicos que deberían preocuparse ahora son los iraníes que creen que van a sobrevivir”, afirmó el viernes el secretario de Guerra al ser preguntado por la asistencia de inteligencia que Irán estaría recibiendo de Rusia según varios medios occidentales. Hegseth, que en las primeras horas de la guerra afirmó que no habrá más “estúpidas reglas del compromiso”. “Estados Unidos, independientemente de lo que digan las llamadas instituciones internacionales, está desatando la campaña de poder aéreo más letal y precisa de la historia. Todo bajo nuestros términos. Con la máxima autoridad. Sin reglas de combate absurdas, sin atolladeros de construcción nacional, sin ejercicios de construcción democrática, sin guerras políticamente correctas, ha prometido también que “la muerte caerá del cielo” durante todo el día. Con toda la prensa ejerciendo la labor de legitimar el ataque, completo desinterés por mostrar las consecuencias de los bombardeos en la población iraní y con una censura militar más capaz que la ucraniana de esconder los éxitos iraníes, Estados Unidos trata de imponer la misma narrativa en la que insiste Zelensky: todo va bien, el enemigo pierde activos militares masivamente ante la inoperancia de sus armas y su inferioridad moral.
Ayer, el presidente de Estados Unidos acudía a su red social personal para proclamar que “Irán, que está siendo golpeado hasta el INFIERNO, se ha disculpado y se ha rendido ante sus vecinos de Medio Oriente y ha prometido que no les disparará más. Esta promesa se hizo solo debido al implacable ataque de Estados Unidos e Israel. Buscaban tomar el control y gobernar Oriente Medio. Es la primera vez en miles de años que Irán pierde ante los países vecinos de Oriente Medio”. Al margen de la falacia histórica de Trump, tampoco su valoración de lo ocurrido ayer se corresponde con la realidad. Las disculpas de Massoud Pezeshkian a sus vecinos y la promesa de cesar los bombardeos a los países desde los que no se estuviera atacando a Irán se referían a objetivos nacionales de esos países y no a las bases militares y otros objetivos estadounidenses. “La República Islámica de Irán siempre ha hecho hincapié en el mantenimiento y la continuación de relaciones amistosas con los gobiernos regionales basadas en la buena vecindad y el respeto mutuo por la soberanía nacional y la integridad territorial. Esto no niega el derecho inherente de Irán a defenderse de la agresión militar de Estados Unidos y el régimen sionista”, precisó más adelante el presidente iraní.
“¡Hoy Irán sufrirá un duro golpe! Debido a la mala conducta de Irán, se está considerando seriamente la destrucción total y la muerte segura de zonas y grupos de personas que hasta ahora no se habían considerado objetivos”, añadió el líder estadounidense, cuya administración parece no tener a su disposición en su relación con Irán más repertorio que las bombas. Según ha denunciado la Medialuna Roja, hasta ahora, la agresión estadounidense e israelí ha atacado 6.600 objetivos civiles, incluidas 65 escuelas y 14 centros médicos. Ayer, las bombas estadounidenses atacaron una planta desalinizadora, dejando sin suministro de agua a más de 30 localidades en un país que sufre una sequía aguda que amenaza incluso su capital. Por la tarde, Israel comenzaba a bombardear las infraestructuras petroleras de Irán. Inmediatamente después del ataque, Irán respondió atacando la refinería israelí de Haifa.
La debilidad percibida por Trump en el intento del Gobierno iraní de rebajar tensiones con sus vecinos fue respondida por el presidente de Estados Unidos con una nueva amenaza, mismo modus operandi utilizado por Washington a la oferta iraní de un acuerdo nuclear en los términos que se le había exigido. Estados Unidos rechazó lograr por la vía diplomática el acuerdo que decía buscar y ahora incluye todo tipo de exigencias en la capitulación que espera de Teherán. Con ello, Trump quiere mostrar una victoria militar que ya da por hecha y que contrasta con la situación real.
Pese al triunfalismo de los comunicados de Donald Trump y las ruedas de prensa de Pete Hegseth, las dificultades a las que se enfrentan Estados Unidos y sus aliados no se limitan a la cantidad de misiles Patriot o a la destrucción de dos importantes radares de defensa aérea en Jordania y para lo que “Raytheon podría necesitar entre 5 y 8 años y alrededor de 1.100 millones de dólares para reconstruir”, sino que la preocupación se extiende al aspecto económico, fundamentalmente al sector energético. «Incluso aunque la guerra terminara de inmediato, Qatar tardaría «semanas o meses» en volver a un ciclo normal de entregas tras el ataque con drones iraníes contra su mayor planta de gas natural licuado”, escribía ayer Financial Times. “Kuwait, el quinto mayor productor de la OPEP, dijo que ha reducido la producción de petróleo y refinería porque no puede exportar debido al cierre del Estrecho de Ormuz”, añadía ayer el experto de Bloomberg Javier Blas. Empresas como Kuwait Petroleum empiezan a declarar fuerza mayor, cancelando así pedidos ya comprometidos, una situación que puede empeorar si las dificultades de tránsito por el estrecho de Ormuz se prolongan.
Las consecuencias económicas de la guerra no han llegado aún a los niveles de aumento de precios del petróleo y gas provocados por la invasión rusa de Ucrania, pero implican las mismas materias primas. El cambio es que, si en 2022 el petróleo ruso era el problema, ahora es parte de la solución. “El Tesoro de Estados Unidos flexibiliza las sanciones petroleras impuestas al Kremlin, permitiendo a las refinerías indias comprar millones de barriles de crudo ruso almacenados en flotación hasta principios de abril (las nuevas normas cubren todo el petróleo ya cargado en un petrolero antes del 5 de marzo de 2026). Una victoria contundente para Putin”, escribió el jueves Javier Blas. La guerra va tan bien para Estados Unidos que se plantea el envío de un tercer portaaviones y se proyecta la continuación de los ataques mucho más allá de las cuatro semanas que Trump había previsto. Prueba de ello son las declaraciones de Scott Bessent, el hombre que más trabaja por expulsar a Rusia del mercado global de crudo, y que admitió el viernes en una entrevista que el permiso de venta de petróleo ruso puede extenderse más allá de los 30 días anunciados. Estados Unidos lucha por conseguir una posición hegemónica en el comercio del petróleo, pero incluso esa ambición es menos importante que mantener contenidos los precios de la gasolina, cuyo aumento puede ser proporcional a la pérdida de votos de los candidatos trumpistas en las primarias o en las elecciones de medio mandato que se celebran en noviembre. “La guerra en Oriente Medio continúa y el caos se extiende. Los precios del petróleo suben. Washington podría levantar las sanciones al petróleo ruso. ¿Quién es el verdadero ganador?”, se lamentó Donald Tusk. Independientemente de la opinión de sus aliados europeos, entre los objetivos estratégicos a largo plazo y las necesidades del momento, Estados Unidos elige la inmediatez, aunque sea a costa de permitir a Rusia obtener los ingresos y la cota del mercado del petróleo que lleva meses intentando negarle.
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