Entrada actual
Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, Estados Unidos, LPR, Rusia, Ucrania

Cuatro años de guerra de alta intensidad

La tarde del 22 de febrero de 2022, las agencias de noticias occidentales anticipaban una noticia bomba: Vladimir Putin se dirigiría a la nación para anunciar lo que ya había confirmado al canciller alemán y al presidente francés, Rusia se disponía a reconocer la independencia de la RPD y la RPL, poniendo fin a siete años de negociaciones bloqueadas, treguas incumplidas y frustración acumulada. Dos días después, las tropas rusas violaban por tierra, mar y aire las fronteras ucranianas en dirección, no solo a Donetsk y Lugansk, sino también a Kiev, Járkov, Jersón y Zaporozhie. La guerra de baja intensidad contenida en Donbass a la que pocos habían prestado atención durante años se convertía en un conflicto bélico de mayor intensidad en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, el día a día ha demostrado que las grandes estrategias de uno y otro bando han resultado fallidas, lo que ha condenado a la guerra a un final no concluyente, ya perceptible en el primer verano de la guerra.  

Fue entonces cuando quedo claro que la ofensiva rusa estaba agotada incluso en el sur, donde los avances habían sido más sencillos que en el norte, y se dio paso a una ofensiva limitada ucraniana que logró infligir la peor derrota a Rusia en Járkov y provocó la retirada de Jersón sin siquiera luchar por la ciudad. Un año después, la contraofensiva ucraniana en el frente central, los campos de Zaporozhie en dirección a Crimea, constató que tampoco Ucrania sería capaz de derrotar a su enemigo en el campo de batalla. Sin posibilidad de una victoria relativamente clara de uno de los bandos, que obligaría al otro a aceptar las condiciones de capitulación exigidas, la guerra puede resolverse de tres maneras: con la derrota política o económica de uno de los bandos, una situación en la que ambos estén exhaustos y no puedan continuar luchando o una negociación.  

La agenda política internacional actual, más centrada en el intento de Estados Unidos de someter a su voluntad al continente americano -primero con el secuestro de Nicolás Maduro y las amenazas al Gobierno venezolano y actualmente con el bloqueo de Cuba- y la anticipación de lo que parece un ataque inminente contra Irán bajo falsas premisas, la cuestión ucraniana ha dejado de ser una prioridad para Washington. La guerra de Ucrania sigue siendo el principal, o quizá único, proyecto geopolítico de la Unión Europea, uno de los motivos por los que las capitales europeas se aferran a la continuación del statu quo como garantía de evitar una resolución que implique el retorno de Rusia a las relaciones internacionales occidentales como un país más.  

La lógica de la negociación a lo largo de los años es tan representativa para comprender el desarrollo de la guerra como los cambios que se han producido en el frente, las tácticas militares o el armamento. En los cuatro años transcurridos entre las negociaciones de Estambul y el diálogo actual, el mapa de control del territorio ha cambiado notablemente, pero no los grandes temas que hicieron imposible el acuerdo en 2022. Observar cómo han cambiado los términos en los que se han negociado a lo largo de los años esos aspectos es también una forma de analizar cuál de los bandos ha resultado más favorecido por la continuación de la batalla desde que se interrumpiera la diplomacia durante el primer verano de guerra rusoucraniana.  

El primer dato relevante es la especial importancia que las conversaciones actuales están dando a la economía, prácticamente ausente de la negociación de 2022. La inmensa destrucción que han causado en Ucrania los enfrentamientos en la línea del frente y los drones y misiles rusos en la retaguardia harán necesaria una reconstrucción multimillonaria que requerirá de una financiación de la que el país ni dispone ni pretende disponer. El hecho de que Ucrania esté negociando un documento económico con Estados Unidos indica esa voluntad de sacrificar soberanía a cambio de presencia occidental, especialmente si es estadounidense, como una forma de garantía de seguridad de que el país seguirá siendo considerado estratégico más allá de la guerra. Por otra parte, la destrucción masiva que se ha producido ha dado también un espacio de poder de los países europeos, excluidos de la parte política de la negociación. Los activos rusos retenidos en Occidente no fueron un factor en la negociación de 2022, pero han sido calve en la fase inicial de la actual. De los 28 puntos de la propuesta de Witkoff publicada en noviembre de 2025, las capitales europeas se apresuraron a eliminar el que preveía el uso de parte de los fondos rusos para la reconstrucción de Ucrania. Ese rechazo indica el cambio que se ha producido en este tiempo para los países europeos, que han optado por entender Ucrania como una plataforma permanente para su lucha política y económica contra Rusia.  

Como en 2022, la negociación se juega en dos temas fundamentales: la estructura de seguridad y el territorio, aspectos en los que son evidentes los cambios que se han producido estos años. El planteamiento de neutralidad por territorios se ha convertido en la actual idea de paz a cambio de territorios con el que el trumpismo aspira a dar a Rusia y Ucrania algo que quieren a cambio de concesiones consideradas líneas rojas inaceptables. El cambio en los términos es el aspecto que con más claridad indica el desarrollo de la guerra y sus consecuencias. El preacuerdo anunciado por Vladimir Medinsky en Estambul en abril de 2022, cuando aún no había acabado la batalla por Mariupol, se produjo en un contexto de máxima presión a Ucrania. Kiev había detenido el avance ruso hacia la capital, pero los progresos rusos persistían en el sur y en el este mientras Ucrania estaba aún a la espera de que sus aliados occidentales organizaran realmente el suministro masivo de armas ofensivas que comenzaría poco después.  

El pacto fallido entre Medinsky y Arajamia implicaba unas garantías de seguridad por parte de una serie de países, entre ellos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que defenderían a Ucrania en caso de agresión. Según los expertos estadounidenses Sergey Radchenko  y Samuel Charap, que han tenido acceso a los documentos de trabajo de la negociación entre Moscú y Kiev, “si Ucrania era atacada y solicitaba ayuda, todos los Estados garantes estarían obligados, tras consultar con Ucrania y entre ellos, a prestar asistencia a Ucrania para restablecer su seguridad. Cabe destacar que estas obligaciones se detallaban con mucha más precisión que en el artículo 5 de la OTAN: imponer una zona de exclusión aérea, suministrar armas o intervenir directamente con las fuerzas militares del propio Estado garante”. 

Las garantías de seguridad siempre fueron polémicas, ya que se acusó a Moscú de exigir un derecho de veto, y no solo incluían a los aliados de Ucrania, sino también a Rusia, que planteaba esa estructura para exigir a Kiev una neutralidad permanente y la renuncia oficial a las aspiraciones de adhesión a la OTAN. A cambio de unas condiciones draconianas en términos de seguridad, Ucrania obtenía de Rusia la oferta de retirada de todos los territorios capturados desde el 24 de febrero de 2022 a excepción de Donbass. El planteamiento del acuerdo era especificar que las garantías de seguridad no se aplicarían a Crimea ni a zonas de Donbass que quedaban por determinar en una reunión final entre Vladímir Putin y Volodymyr Zelensky, una forma indirecta de que Rusia se comprometiera a retirarse de los territorios de Jersón y Zaporozhie y que Ucrania aceptara, sin decirlo, la pérdida de Donbass y Crimea. 

La oferta rusa de 2022 respondía a una percepción de fortaleza que pronto se probaría ilusa pero, sobre todo, era el reflejo de las prioridades del Kremlin, que siempre tuvo claro que el aspecto determinante no era el territorial, sino la creación de una estructura de seguridad que se crearía a raíz de un alto el fuego que pusiera fin al conflicto iniciado en 2014. El control de Donbass, la región que Kiev no quiso recuperar por la vía del compromiso de Minsk, y la paralización de la expansión de la OTAN hacia sus fronteras eran los dos objetivos claros. El fracaso de la negociación, que prolongó la guerra más allá de lo previsto, obligó a Rusia a aceptar dos duras derrotas, decretar una movilización impopular y replantear sus objetivos. Si el compromiso era imposible, la forma de castigo con la que Moscú quiso decir a Kiev que cada oferta sería más dura era el territorio.  

El planteamiento de 2025 y 2026 es más favorable a Rusia en términos territoriales y es una muestra de la mayor fortaleza militar de Rusia que, pese a la propaganda ucraniana y occidental, que siempre ha presentado a su ejército como en descomposición y sus armas como inferiores a las occidentales, no ha podido ser derrotada militarmente. Pero si hace cuatro años los términos de seguridad eran draconianos para Ucrania, a quien se imponía la neutralidad y una limitación de su ejército, en 2026 son mucho más duros para Rusia. La idea de renuncia a la OTAN como parte del acuerdo apareció brevemente en el plan de 28 puntos de Witkoff, pero fue rápidamente eliminado en la primera reunión entre Andriy Ermak y Marco Rubio. Con la ayuda de sus aliados europeos, Ucrania ha conseguido volver a imponer la idea de la misión de disuasión europea, una presencia posiblemente permanente –aunque limitada en número a causa de la debilidad militar de los países europeos occidentales- de ejércitos de la OTAN bajo la tapadera de sus banderas nacionales, unos términos que Rusia no puede presentar a su población como aceptables. Este cambio, tan sustancial como el empeoramiento de las condiciones que se exigen a Ucrania en términos territoriales, es la constatación de la pérdida de poder blando ruso y el uso de la asistencia occidental para fortalecer la posición negociadora de Ucrania. El creciente peso de los países occidentales en la guerra de Ucrania y en la negociación ha hecho posible que el planteamiento actual pase por un acuerdo interno dentro del bloque occidental para posteriormente imponer a Rusia unos hechos consumados que poco tienen que ver con las expectativas de neutralidad y desmilitarización a Ucrania a las que Moscú aspiraba cuando sobreestimó sus fuerzas y subestimó las ajenas.  

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Reportes del frente archivados.

Registro

febrero 2026
L M X J V S D
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
232425262728  
Follow SLAVYANGRAD.es on WordPress.com

Ingresa tu correo electrónico para seguir este Blog y recibir notificaciones de nuevas noticias.

Únete a otros 2.262 suscriptores

Estadísticas del Blog

  • 2.526.279 hits