“Ha concluido otra ronda de negociaciones en Ginebra. El debate fue difícil, pero importante. Junto con el equipo nos estamos preparando para la continuación en el futuro próximo. ¡Resistiremos!”, escribió ayer Kirilo Budanov, jefe de la Oficina del Presidente de Ucrania y, de facto, de la delegación negociadora que ha representado al país en Suiza durante los dos días que se han prolongado las conversaciones. Pese a lo que podría esperarse de una figura que ha pasado gran parte de la guerra anunciando la pronta llegada de sus soldados a Crimea, signo de la victoria completa sobre Rusia que buscaba, Budanov es considerado ahora miembro del ala moderada que aceptaría un acuerdo con Moscú. Teniendo en cuenta que una parte importante de su anterior puesto, jefe de la inteligencia militar, era el uso de la desinformación y el manejo de la narrativa, parece evidente que Budanov es el encargado de poner buena cara y reafirmar la postura constructiva de Ucrania que, según admitió Volodymyr Zelensky en su entrevista con Simon Shuster, es la estrategia para mantener contento a Donald Trump.
Con una oleada de titulares que ayer proclamaban el fracaso de la reunión y think-tankers que insistían en que Rusia busca únicamente ganar tiempo, la valoración de la jornada de ayer de Kirilo Budanov es la más optimista de las que se han podido leer tras la breve reunión de ayer, apenas dos horas, que contrasta con la imagen que se dio el primer día de esta mini cumbre. “Hoy, por orden del presidente Trump, Estados Unidos moderó una tercera ronda de conversaciones trilaterales con Ucrania y Rusia. Agradecemos a la Confederación Suiza por su amable hospitalidad durante las reuniones de hoy. El éxito del presidente Trump al unir a ambas partes en esta guerra ha generado avances significativos, y nos enorgullece trabajar bajo su liderazgo para detener las muertes en este terrible conflicto. Ambas partes acordaron informar a sus respectivos líderes y seguir trabajando para alcanzar un acuerdo”, había escrito apenas unas horas antes Steve Witkoff, encargado junto al yerno de Trump de lograr poner a Rusia y Ucrania en dirección a un acuerdo que detenga la guerra.
Pese a que el único éxito reseñable era que las partes se hubieran presentado a la reunión, el siempre positivo Witkoff celebraba un “avance significativo”. La valoración contrastaba con las de medios como Bloomberg, cuyo editorial –escrito sin necesidad de tener en cuenta el contenido de la reunión- anunciaba que “Putin no quiere paz. Quiere más tiempo” o expertas como Tatayana Stanovaya, del Carnegie Russia Eurasia Center, que escribía que “Mientras Putin esté en el poder, Rusia no se vea paralizada por protestas generalizadas y haya al menos algo de dinero en el presupuesto para armas, la guerra continuará. El Kremlin no hará concesiones significativas ni siquiera ante una crisis financiera y económica prolongada. Al contrario, dicha crisis, de surgir, conduciría primero a un cambio político y solo después a una revisión de los objetivos de la guerra por parte de los nuevos líderes del país. Esto significa que no habrá un acuerdo definitivo ni ahora ni en el futuro próximo”. Desde las autoridades europeas, Úrsula von der Leyen ignoró la reunión y únicamente escribió que “desde las amenazas híbridas hasta la presión demográfica y el impacto económico. Nuestras regiones orientales fronterizas con Rusia, Bielorrusia y Ucrania se enfrentan a multitud de desafíos”. Acompañaban al mensaje imágenes en las que la presidenta de la Comisión Europea se mostraba rodeada de militares junto al muro que Polonia ha construido contra Bielorrusia. Solo las delegaciones participantes han insistido en la seriedad de las negociaciones y han dejado la puerta abierta a lograr avances en el futuro.
Al contrario que en las dos rondas anteriores, en las que habían quedado excluidos, los países europeos tuvieron la oportunidad de participar en uno de los formatos de diálogo. Solo Ucrania desea que las capitales continentales estén presentes en las conversaciones directas con Rusia y ni Moscú, ni Washington ni la propia Bruselas buscan, por diferentes motivos, ese contacto, así que la participación europea se limitó a un encuentro del bloque occidental, el único que interesa verdaderamente a Zelensky. De alguna forma, se repite así la doble negociación que se produjo durante los años de Minsk, en los que el Grupo de Contacto negociaba cuestiones militares, pero Kiev evitaba cualquier negociación política que no se produjera en el Formato Normandía, en el que contaba con la ausencia del otro lado de la guerra –por aquel entonces Donetsk y Lugansk- y la presencia de Francia y Alemania. Después de los dos días de negociación, el único aspecto destacado sobre los detalles de las conversaciones ha sido un resultado positivo sobre los mecanismos de verificación de un futuro alto el fuego. Como durante los años de Minsk, es más sencillo dialogar sobre cuestiones militares que políticas.
“Estamos trabajando junto con el equipo para lograr una paz real. La prioridad son las garantías de seguridad para Ucrania. Los representantes ucranianos tienen directrices claras sobre cada aspecto de las negociaciones. Espero un informe detallado tras todas las reuniones”, escribió Volodymyr Zelensky. La mención a las garantías de seguridad como eje central de la negociación indica las prioridades de Ucrania también en lo que respecta a los contactos diplomáticos, ya que no es con Rusia sino con Estados Unidos y sus aliados europeos con quien quiere debatir la cuestión de la seguridad más allá de los mecanismos para controlar un posible alto el fuego. Es más, la exigencia de negociar las garantías de seguridad contrasta con el anuncio ucraniano y estadounidense de que ya hay entendimiento en ese sentido. El acuerdo que busca Zelensky, como él mismo admite, es con Estados Unidos. En esta fase de la negociación, el principal objetivo de Ucrania es conseguir que Washington firme el documento de seguridad ya consensuado, con lo que Kiev, garantizada ya la presencia militar de sus aliados europeos, podría negociar en unas condiciones de mayor fuerza o recuperar la táctica de los años de Minsk de dilatar las negociaciones hasta el infinito.
Quizá la principal novedad de las negociaciones que se han celebrado estos días en Suiza es la reunión bilateral entre Rusia y Ucrania sin mediación que se produjo tras el encuentro trilateral con Estados Unidos. Según han confirmado medios rusos, participaron en el encuentro Vladimir Medinsky, Rustem Umerov y David Arajamia, posiblemente las dos personas más dialogantes del entorno de Volodymyr Zelensky. Arakhamis lideó la delegación ucraniana en Estambul en la primavera de 2022 y Umerov fue la persona que más positivamente valoró la reunión Rusia-Ucrania que se produjo el año pasadoen Turquía y en la que no creyó nadie . Curiosamente, este primer intento de recuperar el diálogo político entre los dos países en guerra se ha producido con el retorno de Vladimir Medinsky, cuya presencia había sido considerada estos días un presagio de fracaso y de intento ruso de obstaculizar las negociaciones. La vuelta de Medinsky -que en 2022 consiguió alcanzar con Arajamia un principio de acuerdo finalmente fallido- supone también el retorno de las exigencias políticas rusas. Hasta ahora, Rusia había insistido especialmente en la cuestión territorial, posiblemente por ser consciente de que tenía un apoyo parcial de Estados Unidos en esta cuestión, y no en la seguridad, un aspecto tan político como militar. Según publicaba ayer Izvestia, Rusia ha recuperado su exigencia de 2021 de un acuerdo escrito con el que la OTAN renunciara a la expansión hacia sus fronteras, un aspecto que no puede negociar con Ucrania sino con Estados Unidos, pero que posiblemente sería la vía más rápida para desencallar el proceso Moscú-Kiev, estancado en esa contradicción entre la línea roja ucraniana de no abandonar su demanda de adhesión a la OTAN y la rusa de no poder aceptar un acuerdo de paz que implique normalizar la expansión.
Comentarios
Aún no hay comentarios.