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Economía, Energia, Estados Unidos, Rusia, Ucrania

El plan Dmitriev

“Zelensky advierte del «riesgo» de que Estados Unidos y Rusia puedan alcanzar acuerdos bilaterales sobre Ucrania sin Kiev”, alertaba el 6 de febrero The Kiyv Independent, que, como otros medios ucranianos recogía las declaraciones de Volodymyr Zelensky. El presidente ucraniano se refería a la información suministrada por la inteligencia, que explicaba ese peligro de acuerdo bilateral entre Rusia y Estados Unidos. La indignación de Zelensky al respecto es curioso teniendo en cuenta que la idea del doble acuerdo Washington-Kiev y Washington-Moscú ha sido repetidamente mencionada por Ucrania en referencia, por ejemplo, a las garantías de seguridad, un documento que se da por hecho que estará al margen de cualquier tratado final que se firme como resolución de la guerra. En ese caso, Ucrania busca, como Zelensky insistió el pasado fin de semana en Múnich, la firma inmediata del acuerdo bilateral al margen de cualquier negociación con Rusia. Estados Unidos, por su parte, parece haber comprendido que mantener retenido ese acuerdo, el más importante a ojos de Ucrania, es el único aliciente real que puede ofrecer a Kiev como medida de presión para favorecer un entendimiento con Moscú.  

Pero si Ucrania se muestra favorable a un doble acuerdo bilateral al margen de la negociación principal en materia de seguridad, fundamentalmente porque es el que más le favorece, la posibilidad de que otro documento externo vincule económicamente a Rusia y Estados Unidos supone un peligro para Kiev. Pese a los mapas que Zelensky mostró a los periodistas de Reuters hace un año para promocionar la idea del acuerdo de minerales, esas riquezas sin explotar tienen más de teórico que de real y, por una vez, para reforzar su argumento, Ucrania tuvo que echar mano de mapas de los años 80 realizados por la odiada Unión Soviética. Con una oligarquía con recursos e interés por explotar el subsuelo, la única explicación para que no se haya comenzado a extraer esos minerales tan lucrativos es su inexistencia o dificultad de extracción. Los trillones de dólares sobre los que Lindsey Graham afirmó hace un año que se asentaba Ucrania son similares a los que anunció en Afganistán y que también quedaron en nada. Ucrania cuenta con minerales importantes, como ha demostrado el contrato de explotación del litio logrado recientemente por Ronald Lauder, un hombre cercano a Trump, pero difícilmente pueden competir con los existentes en la Federación Rusa, motivo del nerviosismo de Zelensky.  

La reconstrucción de Ucrania, como la de Gaza, tiene el potencial de atraer a los grandes fondos buitre en busca de beneficio seguro –siempre que la financiación para los proyectos sea pública y las condiciones, beneficiosas, algo que, teniendo en cuenta la ideología ultraliberal oficial de saquear el Estado en favor del gran capital, es una certeza-, pero ese gran capital no es la base del trumpismo, más interesado en sectores como el gas y el petróleo, materias primas y mercados que se encuentran en Rusia. Esa posibilidad es también la base del razonamiento de Kiril Dmitriev, que pese a no pertenecer a la delegación negociadora que actualmente se reúne con Ucrania en Ginebra, es la persona encargada de gestionar la relación con Steve Witkoff. Director del Fondo de Inversiones Directas de la Federación Rusa, el interés principal de Dmitriev no ha dejado de ser lograr un acuerdo económico que permita a las empresas estadounidenses regresar al mercado ruso en condiciones de preferencia, logrando así la inyección de capital que favorece sus intereses.  

Ese énfasis en el aspecto económico y un menor interés por negociar con Steve Witkoff las condiciones de seguridad, especialmente desde el momento en que Ucrania comenzó el trabajo para pactar esas garantías con Estados Unidos y al margen de la negociación con Rusia, ha sido uno de los motivos de los evidentes roces públicos entre la versión de Dmitriev y la de Lavrov, Ushakov y otros miembros del establishment de política exterior. Pero esas posibilidades amenazan, sobre todo, a Volodymyr Zelensky, que siempre ha entendido las negociaciones como un juego de suma cero en el que cualquier acuerdo económico entre Estados Unidos y Rusia supondría una pérdida del valor estratégico que Ucrania tendría para Washington.  

Los escasos datos que se conocen de ese supuesto paquete Dmitriev, como lo calificó Zelensky, se deben a una publicación de Bloomberg, medio que ha tenido acceso a la propuesta del enviado ruso. “El memorándum de alto nivel, redactado este año, detalla siete puntos en los que, según el Kremlin, los intereses económicos de Rusia y Estados Unidos podrían converger tras un acuerdo para poner fin a la guerra en Ucrania. En él se prevé que ambos países colaboren para defender los combustibles fósiles frente a alternativas más ecológicas, así como inversiones conjuntas en gas natural, petróleo marítimo y materias primas críticas, además de beneficios extraordinarios para las empresas estadounidenses”, escribe el artículo, que añade que “la base de la oferta es el regreso de Rusia al sistema de liquidación en dólares, una medida que supondría un cambio radical en la política del Kremlin y, potencialmente, una sacudida dramática para las finanzas mundiales”.  

Según Bloomberg, los siete puntos de la propuesta de Dmitriev son los siguientes:  

1 – Contratos aeronáuticos a largo plazo para modernizar la flota de aviones de Rusia, además de la posible participación de EE. UU. en la fabricación rusa. 

2 – Empresas conjuntas de petróleo y gas natural licuado, incluidas las reservas marítimas y de difícil recuperación, que tengan en cuenta las inversiones anteriores de Estados Unidos y permitan a las empresas estadounidenses recuperar las pérdidas pasadas. 

3 – Condiciones preferentes para que las empresas estadounidenses vuelvan al mercado de consumo ruso. 

4 – Cooperación en materia de energía nuclear, incluidas las empresas de inteligencia artificial. 

5 – El regreso de Rusia al sistema de pago en dólares, incluyendo posiblemente las transacciones energéticas rusas. 

6 – Cooperación en materias primas como el litio, el cobre, el níquel y el platino. 

7 – Trabajar juntos para impulsar los combustibles fósiles como alternativa a la ideología respetuosa con el clima y a las soluciones de bajas emisiones que favorecen a China y Europa. 

Los puntos de la propuesta de Dmitriev muestran una idea clara: el uso de los recursos naturales rusos como incentivo para el interés económico de Estados Unidos en sectores de interés de la oligarquía que se ha posicionado del lado de Trump y otros tipos de colaboración que son, en realidad, el retorno al statu quo anterior a la guerra. Es el caso de la cooperación en aviación, que no es sino el levantamiento de las sanciones para que Rusia pueda volver a adquirir aeronaves y piezas de empresas como Boeing y evitar así que la aviación civil rusa se encuentre en la situación de la de Irán, más peligrosa de lo que debería a causa de la falta de piezas para reparar o mantener las aeronaves.  

El retorno al sistema del dólar es la clave de esta propuesta, una forma de exigir el retorno de Rusia al sistema financiero occidental, una medida escasamente revolucionaria que no es más que volver a la situación inicial. Sin embargo, hay un detalle importante que provoca la ira ucraniana, que no está causada por la cifra con el que Dmitriev presenta sus ideas a Estados Unidos –12 billones de dólares- sino por el hecho de que esos siete puntos supondrían el regreso de Rusia a las relaciones económicas, financieras y comerciales con Occidente. Fueran los que fueran los términos, esas condiciones harían Rusia más apetecible que Ucrania para la inversión estadounidense, algo que Kiev y sus aliados europeos tratarán de evitar a toda costa.  

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