“Zelensky planea convocar elecciones en mayo, según Financial Times”, titulaba ayer El País, que a continuación subtitulaba que “Estados Unidos presiona a Ucrania para celebrar los comicios y sellar un acuerdo de paz antes de junio”. La suma de esas dos afirmaciones es la representación perfecta de la confusión que existe a nivel mediático y político en Europa sobre cómo transcurren las negociaciones, qué busca cada uno de los bandos y quién lleva la voz cantante. El artículo, que se limita a repetir que los puntos polémicos de unas negociaciones en las que insiste en que no se han producido resultados tangibles son Donbass y el control de la central nuclear de Zaporozhie, no llega a explicar si Zelensky pretende convocar elecciones o si está siendo presionado para hacerlo.
Como el resto de medios de comunicación, El País trata de dar sentido a los acontecimientos partiendo de la exclusiva publicada por Financial Times, un medio que ha destacado por contar con buenas fuentes tanto en Ucrania como en la administración estadounidense, y la reacción del Gobierno ucraniano tras la publicación. “La Oficina del Presidente ucraniano negó este miércoles informaciones según las cuales el jefe de Estado, Volodymyr Zelensky tendría intención de anunciar la convocatoria de elecciones presidenciales y un referéndum sobre un posible acuerdo de paz con Rusia, al señalar que la situación de seguridad sigue siendo una condición clave”, afirmaba por la tarde EFE citando un comunicado emitido por la oficina dirigida por Kirilo Budanov, una de las caras visibles de la negociación. “Mientras no haya seguridad, no habrá anuncios”, afirma la Oficina del Presidente, que siempre ha insistido en que, en las condiciones actuales, un proceso electoral es imposible y que ha utilizado ese argumento para exigir un alto el fuego.
Lo aparentemente razonable de la exigencia –es evidente que no se dan en Ucrania las condiciones mínimas para celebrar precipitadamente unas elecciones- no puede ocultar que la demanda es una forma de buscar volver a la vía preferida por Ucrania y los países europeos: un proceso que comience con un alto el fuego y que posteriormente se produzca una negociación política, permitiendo a Kiev un tiempo de respiro y posibilidades de reforzarse en caso de que la diplomacia no prospere. Consciente del uso del paso del tiempo que hiciera Ucrania durante los siete años del proceso de Minsk, de cuya negociación y firma hoy se cumplen once años, Moscú ha rechazado siempre esa opción y ha exigido una negociación inmediata con el alto el fuego como consecuencia militar de un acuerdo político.
La postura de Rusia y Ucrania siempre ha estado clara. Kiev exigía el alto el fuego como prerrequisito sin llegar a ofrecer realmente un compromiso de negociación, postura en la que contaba con el apoyo incondicional de la Unión Europea, que hasta ahora ha evitado todo diálogo con Moscú. Esta semana, en una entrevista, Kaja Kallas ha revelado que prepara para presentar a los Estados miembros una lista de concesiones que exigir a Rusia como líneas rojas de la Unión Europea en una negociación de la que, por sus propios errores, ha sido excluida. La UE ya ha jugado su carta principal, retirar de la negociación los activos rusos retenidos en su territorio, y se guarda para un futuro su capacidad de veto en el levantamiento de las sanciones más importantes. Nada indica que las concesiones que quiere exigir Kallas sean la contrapartida para negociar esos aspectos, sino una exigencia de partida como fase previa a aceptar volver a dialogar con Moscú. Perdida sobreestimando su capacidad negociadora y al margen del único proceso de diálogo existente, la Unión Europea tiene exigencias que plantear, pero nadie dispuesto a escucharlas. Instalada en la postura de exigir una capitulación militar y política rusa sin haber sabido ganar la guerra, la Unión Europea ha conseguido lo que parece haber comprendido finalmente Macron, que en una entrevista reciente justificaba reabrir el “diálogo técnico” con Moscú para evitar que ”Estados Unidos negocie por nosotros”.
El aislamiento de la UE de unas negociaciones que nunca le han gustado al no cumplir con su exigencia de rendición previa ha hecho que sea Estados Unidos quien haya conseguido con facilidad hacerse con el puesto de ordeno y mando. Como se ha quejado repetidamente esta semana Sergey Lavrov, Estados Unidos no ha cesado en su uso de las herramientas económicas para presionar a Moscú, contra quien tanto Washington como Bruselas continúan imponiendo nuevas sanciones o incrementando las existentes. En el caso de Ucrania, la presión de Estados Unidos se ha dirigido estas últimas semanas a lograr las concesiones territoriales que hagan posible un acuerdo. Todo ello sin tener en cuenta la opinión de Rusia en lo que respecta a la cuestión de seguridad, acordada por las administraciones ucraniana y estadounidense en unos términos que, a priori, suponen una línea roja para Rusia. El arriesgado plan de Estados Unidos es ofrecer a las partes algo de lo que desean -garantías de seguridad a Ucrania y territorio a Rusia- a cambio de que tengan que aceptar condiciones de capitulación que difícilmente van a saber justificar ante su población. De la misma manera que Moscú tendría que buscar la forma de explicar la presencia de tropas de países de la OTAN en Ucrania teniendo en cuenta que evitarlo fue una de las causas de la guerra, Zelensky ha dejado claro que no podría presentar a la población ucraniana un acuerdo en el que cediera más territorio que el perdido por la vía militar.
Completamente convencido de que Rusia simplemente aceptará las condiciones de seguridad que le plantea Estados Unidos –en este caso sí, de la mano de los países europeos, de los que espera que se encarguen del día a día y de los costes-, el equipo estadounidense está centrándose en buscar la fórmula para que la pérdida de territorios sea parcial, con una zona de libre comercio que, según Zelensky, no convence ni a Kiev ni a Moscú. La semana pasada, el presidente ucraniano afirmaba que Washington desea una resolución rápida a la guerra para centrarse en la política doméstica ante la necesidad de emplear todos sus esfuerzos en tratar de conseguir un resultado lo menos negativo posible en las elecciones de medio mandato para evitar, por ejemplo, un nuevo proceso de impechment contra Donald Trump.
Lo que ayer publicaba Financial Times y que ha causado tanta confusión en los medios es la continuación lógica de ese proceso en el que Estados Unidos trata de acordar los tiempos. Aunque ha mejorado gracias a la labor de lobby realizada por Ucrania y los países europeos, la relación entre Trump y Zelensky no es la ideal y Washington nunca ha tenido la afinidad con su gobierno que tuviera la administación Demócrata. Sustituir a Zelensky no ha sido una opción real teniendo en cuenta la situación bélica, pero obligar al actual presidente a convocar las elecciones que no pudieron celebrarse en 2024 siempre ha sido una de las exigencias de Trump, que en ese aspecto se ha alineado claramente con la postura rusa.
En el artículo en el que desvela que Ucrania se dispone a iniciar los preparativos para la celebración acelerada de unas elecciones presidenciales, Financial Times explica que “según oficiales ucranianos y occidentales, así como otras personas familiarizadas con el asunto, esta medida se produce en medio de una intensa presión por parte de la Casa Blanca sobre Kiev para que concluya las negociaciones de paz entre Ucrania y Rusia en primavera”. Consciente de que sus socios estadounidenses tienen la capacidad de obligar a Kiev a celebrar elecciones, Zelensky ha realizado ya movimientos políticos para garantizarse apoyos de algunas de las figuras emergentes –Budanov o Sternenko- con el objetivo de anular las posibilidades de éxito de su principal rival, Valery Zaluzhny. A ese posicionamiento dirigido contra sus enemigos políticos internos, Zelensky amenaza con sumar otro.
“El plan subraya el deseo de Zelensky de maximizar sus perspectivas de reelección, al tiempo que tranquiliza al presidente estadounidense Donald Trump asegurándole que Kiev no está retrasando un acuerdo de paz si es posible alcanzarlo”, escribe el artículo. La posibilidad de celebrar un referéndum y dejar en manos de la población la decisión de aceptar un acuerdo de paz incómodo se ha repetido en varias ocasiones a lo largo de los últimos doce años, como en el caso de los acuerdos de Minsk. Como ahora, también entonces era una forma de hacer cargar a la población con la responsabilidad de rechazar un acuerdo que el Gobierno repudiaba. En el contexto actual, la idea de un referéndum para aceptar o rechazar un posible acuerdo que, hasta el momento, aún no existe es una forma de presión de Zelensky tanto a su enemigo como a su aliado. Con la filtración sobre un posible referéndum como contrapartida a aceptar la celebración electoral que Moscú y Washington llevan meses exigiendo, Zelensky transmite que aún tiene cartas con las que marcar los tiempos y las condiciones de la negociación. La exigencia de alto el fuego para hacer posible la preparación de unas elecciones será el siguiente paso, no solo para garantizar la seguridad de la población, sino también para poder prolongar el proceso de negociación -y seguir el ejemplo de Minsk de aumentar así las exigencias- sin que Donald Trump perciba el obstruccionismo que se está produciendo.
Comentarios
Aún no hay comentarios.