Entrada actual
Donbass, Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Minsk, Rusia, Ucrania

La lógica de las negociaciones: seguridad, territorio y tiempo

Aunque sin grandes filtraciones, van conociéndose poco a poco algunos detalles sobre la primera reunión en la que, con la mediación de Estados Unidos, Rusia y Ucrania negociaron directamente algunos de los aspectos esenciales de la guerra. Como era de esperar, la imagen más exageradamente optimista se ha publicado en Axios. “Tanto Putin como Zelensky acordaron enviar a sus negociadores. Esto demuestra que creen que se está avanzando”, afirma un oficial estadounidense citado por Barak Ravid, cuyo artículo cita a un segundo representante con una postura aún más positiva. “En la última hora de la reunión que Kushner y Witkoff mantuvieron con Putin, el presidente ruso dijo que quiere ver una solución diplomática a esta guerra. Envió una delegación bastante importante a Abu Dabi”, insiste. Ninguno de esos comentarios es representativo de nada, como muestran los siete años de reuniones periódicas entre las partes enfrentadas en la guerra de Donbass, que cordialmente acordaban seguir negociando mientras dejaban pasar el tiempo. En esta ocasión, la buena voluntad mostrada por ambos países, que no han emitido una sola queja sobre la reunión o la actitud de la otra parte esta semana, se debe fundamentalmente a la certeza de que una actitud constructiva es el camino para conseguir una mejor relación con Donald Trump, de cuyo cambiante estado de ánimo dependen las exigencias que hará a cada una de las dos capitales. Sin posibilidad de negociar de forma directa, autónoma y sin las interferencias externas que minaron el proceso de Estambul, Rusia y Ucrania se han condenado a tener que seguir los pasos marcados por Estados Unidos.  

Gestionado directamente por Donald Trump con Volodymyr Zelensky por un lado y Steve Witkoff y Vladimir Putin por otro, y anunciado de la noche a la mañana, sin dar tiempo a actores externos para impedir o condicionar su celebración, el encuentro contó con la ausencia deliberada de los países europeos, signo de que Washington sigue considerando a los aliados continentales de Ucrania un lastre a la hora de llegar a un acuerdo. Sin ninguna decisión concreta, ni grandes anuncios, tampoco se ha producido la reacción nerviosa que ha llegado de Bruselas en ocasiones anteriores en las que la UE ha considerado cerca un acuerdo que no era de su gusto. Recién cerrado –al menos de momento- el conflicto interno dentro del bloque atlantista a raíz de las aspiraciones estadounidenses de adquirir Groenlandia, los países europeos ni siquiera han tratado esta vez de alzar la voz, advertir de lo inútil de dialogar con Vladimir Putin o de advertir de la trampa que siempre ven en la aceptación rusa de acudir a una mesa de negociación cuando se le ofrece una. 

Sola, sin la asistencia de representantes de la Unión Europea o el Reino Unido como siempre ha exigido, Ucrania se ha enfrentado a una situación previsible en la que su principal proveedor, Estados Unidos, muestra su disposición a continuar sosteniendo su defensa –siempre que sus aliados de la OTAN le compren las armas-, pero a cambio de avances hacia la paz. “Estados Unidos condiciona las garantías de seguridad para Ucrania al acuerdo de paz que cede territorio”, titulaba ayer Financial Times, que parecía percibir como una sorpresa lo que, en realidad, es el retorno a la idea original con la que el trumpismo inició los contactos con Rusia y Ucrania en busca de un camino a la paz. Su origen está en el plan que Kellogg y Fleitz publicaron como propuesta del America Fist Policy Institute meses antes de las elecciones de 2024 y cuya base era amenazar a Rusia con enviar más armas a Ucrania en caso de que Moscú se negara a negociar y condicionar la continuación del flujo de material militar a Kiev a la aceptación de una negociación de paz. La paz y las armas siempre fueron componentes de una misma frase.  

“Entiendo que esto no debe sorprender a la parte ucraniana. En privado, los líderes del Reino Unido han presionado a los estadounidenses para que muestren el mismo avance en las garantías de seguridad que se espera que den en el territorio. Esto siempre ha sido parte implícita de la negociación”, respondió Oliver Carroll, corresponsal de The Economist, que plantea dos ideas importantes: que no hay cambio en la postura de Estados Unidos y que el Reino Unido, posiblemente como altavoz de la postura común de los países europeos, espera que Washington conceda a Kiev el deseo de otorgarle sus exigencias antes de que se produzca la negociación con Rusia. Ese ha sido siempre el deseo de Ucrania, lograr el compromiso de Estados Unidos como herramienta con la que presentarse en una negociación con Moscú en posición de fuerza. Contar con un acuerdo ratificado con la firma de Donald Trump garantizando el apoyo militar del futuro y las promesas de prosperidad supondría para Ucrania un contrapeso importante para contrarrestar el equilibrio de fuerzas que muestran el mapa de control del territorio, las dificultades de movilización y las capacidades económicas propias.  

Desde el otoño de 2024, cuando Zelensky comprendió que la llegada de Donald Trump o Kamala Harris iba a suponer una relación más fría entre Kiev y Washington, el presidente ucraniano modificó su discurso para incorporar el deseo incondicional de paz –al que generalmente seguían exigencias maximalistas- y plantear una diplomacia en dos direcciones: primero un acuerdo interno con sus aliados para posteriormente imponer esas condiciones a Rusia. En su debilidad y completa ausencia de autonomía, Ucrania sabe que esa es la única vía para conseguir una parte de sus objetivos en esta guerra. De ahí que Kiev haya priorizado únicamente las conversaciones con Estados Unidos, que haya exigido siempre la presencia de los países europeos, mucho más radicalmente opuestos a un acuerdo con Rusia, y que siga intentando negociar los últimos aspectos por acordar, no con Moscú, sino con Washington.  

“Volodymyr Zelensky, presidente de Ucrania, esperaba firmar documentos sobre garantías de seguridad y un «plan de prosperidad» para la posguerra con Estados Unidos este mismo mes, lo que daría a Kiev una ventaja en futuras negociaciones con Moscú. Pero Washington está dando señales de que los compromisos de seguridad de Estados Unidos dependen de que se llegue a un acuerdo con Rusia. Funcionarios ucranianos y europeos describieron la postura de Estados Unidos como un intento de obligar a Kiev a hacer concesiones territoriales dolorosas que Moscú ha exigido en cualquier acuerdo”, escribía ayer Financial Times, que entiende el paso estadounidense como una concesión de Estados Unidos a Rusia, una forma de presionar a Ucrania para que acceda a las condiciones que exige el Kremlin. “Acuerdo de Budapest 2.0. Ceder un activo vital por algo que no vale ni el papel en el que está escrito, para no perjudicar la relación de Estados Unidos con Rusia”, reaccionó, manipulando aún más los hechos el corresponsal de The Wall Street Journal Yaroslav Trofimov. Ambas posturas ignoran que la realidad de la negociación es la necesidad de ofrecer incentivos a ambas partes. En un juego en el que los dos temas principales son la seguridad y los territorios, obtener concesiones en materia de seguridad implica tener que ceder en lo territorial y viceversa. De lo contrario, el acuerdo será imposible hasta que una de las partes haya vencido a la otra o ambas hayan quedado exhaustas y continuar luchando no sea una opción.  

“La retirada de Donbass es el camino hacia la paz para Ucrania”, escribió ayer Kiril Dmitriev, principal negociador ruso. Aunque el comentario ha sido criticado como ejemplo del maximalismo ruso, en realidad se trata de una admisión de debilidad. Desde 2022 hasta hace apenas unas semanas, la principal exigencia rusa había sido detener la expansión de la OTAN a sus fronteras, ya fuera por medio de la adhesión de Ucrania o, como ha insistido Sergey Lavrov, camuflada en las banderas nacionales de los países miembros. Actualmente, los países europeos se permiten anunciar que instalarán “hubs militares” en Ucrania, un paso previo para instalar bases militares, uno de los argumentos por los que Rusia justificó su intervención militar, sin que actualmente se esté produciendo ninguna reacción de la delegación negociadora rusa. Moscú, que ha insistido en que continuará tratando de conseguir sus objetivos por la vía militar mientras no haya acuerdo, es capaz de seguir avanzando en el frente y obtener, a medio o largo plazo, el control de la parte del territorio que reclama a Ucrania, pero no puede conseguir detener la expansión de la OTAN por la vía militar. Consciente de ello, Ucrania prioriza el acuerdo con Estados Unidos, prerrequisito para que pueda concretarse la misión militar de los países europeos de la OTAN. Como en 2022, cuando Rusia ofrecía retirarse de todos los territorios capturados desde el 22 de febrero más allá de Donbass, la prioridad de Ucrania es obtener garantías de seguridad de Estados Unidos, es decir, el compromiso de defensa en caso de agresión. Obtener esas garantías antes de un acuerdo final daría a Kiev margen de maniobra para dilatar, como hiciera con gran habilidad durante los siete años de Minsk, el proceso de negociación con su enemigo ruso, treta que Washington parece haber percibido y trata de evitar a toda costa.  

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Reportes del frente archivados.

Registro

enero 2026
L M X J V S D
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728293031  
Follow SLAVYANGRAD.es on WordPress.com

Ingresa tu correo electrónico para seguir este Blog y recibir notificaciones de nuevas noticias.

Únete a otros 2.261 suscriptores

Últimos resúmenes del frente

Estadísticas del Blog

  • 2.517.361 hits