La llegada de Donald Trump a Suiza fue ayer la noticia del día en el Foro de Davos. Tras el comentado discurso del primer ministro canadiense Mark Carney, que calificó de “parcialmente falso” el orden internacional basado en reglas que los países occidentales han defendido a capa y espada hasta que la coacción y las amenazas se han dirigido a ellos, el presidente de Estados Unidos era la persona más esperada. En su rueda de prensa, Trump insistió en haber logrado la paz en ocho guerras, fue incapaz de pronunciar correctamente la palabra Azerbaiyán, criticó a los países europeos por desviarse del camino y exigió el inicio de las conversaciones para adquirir su última obsesión, Groenlandia, que en una ocasión confundió con Islandia. La pugna interna en el bloque atlántico ha hecho tremendamente extraña esta cumbre de Davos y ha deslucido incluso el principal anuncio de Trump, el Consejo de Paz con el que aspira a sustituir a Naciones Unidas y que parece querer presidir más allá de la finalización de su mandato como presidente de Estados Unidos. Tras el anuncio de Francia, ayer Alemania rechazó también su presencia en ese organismo, algo que habría sido mucho más difícil antes de que Washington comenzara a amenazar agresivamente a sus aliados hasta lograr lo que quería, un cheque en blanco. Por la noche, Trump anunció en su red social personal un acuerdo marco con la OTAN para el uso de Groenlandia y futuras conversaciones para la instalación de su Golden Dome, el sueño dorado de un escudo antimisiles infalible. Ese principio de acuerdo entre Trump y Rutte aleja, al menos temporalmente, la imposición de aranceles contra los países europeos, pero ante la indefinición de los términos, el hecho de que lo haya negociado la OTAN y no los propios países implicados y la incertidumbre de si será suficiente para Donald Trump, no resuelve la disputa.
La compleja coyuntura actual ha hecho también que Ucrania pase a un segundo o tercer plano en el Foro de Davos, un encuentro que Zelensky acostumbra a utilizar para colocar su discurso en la prensa internacional y mantener reuniones con representantes de las grandes empresas mundiales con la intención de lograr presencia del gran capital occidental en la Ucrania del futuro. Aunque lejos de Davos, el Gobierno de Kiev ha querido utilizar esta semana para reafirmar esas aspiraciones. Nombrado para introducir las tecnologías más modernas en el sector militar, el nuevo ministro de Defensa de Ucrania, Mijailo Fedorov, conocido por su gamificación de la guerra, anunció ayer la intención de lograr un acuerdo con Palantir, una de las grandes empresas dedicadas a todo tipo de cuestiones vinculadas a la gestión de datos, vigilancia y otros aspectos que se ubican en zonas aún más grises. “Fedorov dijo que el Ministerio de Defensa ucraniano colaboraría con la empresa tecnológica Palantir para poner en marcha una «data room […] basada en datos reales de guerra» para que los aliados de Ucrania entrenaran su IA y ayudaran a interceptar los drones enemigos y proteger el espacio aéreo ucraniano”, explicaba ayer Financial Times, que citaba al ministro afirmando que “los socios quieren nuestros datos. Crearemos un sistema en el que puedan entrenar sus productos de software utilizando nuestros datos”.
La preocupación por la población civil en un momento en el que según Vitali Kilitschko se aproxima una catástrofe humanitaria a causa de las consecuencias de los ataques rusos contra las infraestructuras energéticas de Ucrania, choca con los intereses económicos y políticos. La prioridad real sigue siendo utilizar la guerra para como laboratorio de pruebas para las grandes empresas armamentísticas, la inteligencia artificial o el uso de datos con fines cuestionables. Y como siempre que es imposible ocultar las malas noticias, Fedorov quiso aportar ayer una dosis de esperanza. Si hace unos días Zelensky anunciaba la llegada de un gran paquete de misiles para la defensa aérea, el martes Fedorov anunció algo mucho más relevante, al menos si se lleva a cabo. “Fedorov afirmó que Ucrania ya está «desarrollando soluciones autónomas de defensa aérea que están… dando resultados», pero esperaba que el programa acelerara el desarrollo y lograra una mayor implicación de los aliados de Kiev”, escribía Financial Times, presentando como hecho consumado un nuevo intento de arma milagrosa con la que resolver todos los problemas. Cuando Ucrania exigía misiles de largo alcance para atacar refinerías rusas en regiones alejadas, Kiev anunció a bombo y platillo la producción masiva de un misil que sería más potente que el Tomahawk y tendría incluso mayor rango. Ahora que la principal necesidad es la defensa aérea para protegerse de las consecuencias de ese intento de destruir las infraestructuras energéticas, la nueva promesa en el aire es precisamente ese tipo de arma.
Al contrario que en verano, cuando el anuncio del misil milagroso ucraniano obtuvo grandes titulares, actualmente no se está dando especial credibilidad a las afirmaciones de Fedorov y, entre la frenética actividad política y diplomática, la cuestión ucraniana apenas ha tenido relevancia mediática esta semana. Se puede hablar de Groenlandia, afirmó el secretario general de la OTAN Mark Rutte, pero “Ucrania primero”. Sin embargo, hasta ahora, el protagonismo ucraniano en Davos ha sido escaso.
“La oposición europea al intento de Donald Trump de adquirir Groenlandia y su propuesta de «Consejo de Paz” ha descarrilado los planes para un paquete de apoyo económico para la Ucrania de posguerra, alimentando los temores de que una creciente brecha transatlántica podría socavar la unidad en defensa de Kiev”, afirmó ayer por la mañana Christopher Miller, corresponsal de Financial Times, el medio que desveló que Zelensky no acudiría a Davos en caso de que no fuera a producirse una ceremonia de firma de los dos documentos que Ucrania negocia con Washington.
La emergencia energética que Zelensky alegó como pretexto para amenazar no acudir a un acto en el que no iba a recibir el nivel de protagonismo esperado. Sin embargo, las necesidades políticas pueden hacer cambiar los planes de Volodymyr Zelensky, que según Axios viajará a Davos a pesar de que no vaya a firmarse ningún tratado. El aparente cambio de opinión del Gobierno de Ucrania se debe a la necesidad de mantener lo más cercana posible la relación con Donald Trump. La semana pasada, Kirilo Budanov anunció nuevos avances en el proceso de negociación entre Kiev y Washington. “La paz no llegará mañana”, escribió, pero el jefe de la Oficina del Presidente mostraba su “cauteloso optimismo”. Ayer, Steve WItkoff hizo suyas las palabras de Zelensky, que insiste en que el acuerdo está listo “al 90%” y añadió que se han producido incluso más progresos. Sin embargo, la positiva postura de Witkoff, antes considerado el hombre más cercano a Rusia, sigue produciendo dudas a Ucrania, especialmente cuando anuncia que hoy llegará junto a Jared Kushner a Moscú. “Los rusos nos han invitado, y esa es una declaración significativa de su parte. Kiril [Dmitriev] estuvo aquí ayer y trabajó en esto con nosotros. Así que creo que todo el mundo está involucrado en el proceso y quiere ver que se alcance un acuerdo de paz”, afirmó el sonriente y orgulloso Witkoff en declaraciones a Bloomberg, unas palabras que han sido suficientes para preocupar a Zelensky, que parece haber adoptado la táctica utilizada por Vladimir Putin de comunicarse con Donald Trump antes de las reuniones importantes entre Estados Unidos y Ucrania y tratar de colocar su mensaje y condicionar así el resultado de la reunión.
La disputa occidental pone a Zelensky en la comprometida posición de tener que defender a los países europeos, entre los que Dinamarca destaca como el país que más ayuda militar ha aportado a Ucrania en términos de porcentaje de PIB, sin olvidar que Ucrania necesita a Estados Unidos para obtener las armas con las que seguir luchando y para que suministre las garantías de seguridad más allá de un posible alto el fuego. Pero, ante todo, Kiev depende exclusivamente de Washington en su intento de obtener una paz más favorable. Cada vez más cerca del momento crítico en el que haya un documento final al que Rusia y Ucrania tengan que responder, el presidente ucraniano no puede perder la ocasión de reunirse con Donald Trump, especialmente ante el peligro de que las conversaciones con Moscú vuelvan a empeorar la oferta estadounidense. Repentinamente, hay que equilibrar la emergencia energética y la necesidad de permanecer en el país con mantener otra reunión presencial con el presidente de Estados Unidos. Si así lo decide Donald Trump.
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