Ayer, tras varias semanas en las que se anunciaban avances, las tropas rusas mostraron imágenes de uno de sus soldados retirando la bandera azul y amarilla de Ucrania y cubriendo con la del Primer Batallón de la 106ª Brigada de Defensa Territorial del ejército ruso el principal monumento de la ciudad de Guliaipole. La estatua conmemora a una de las principales figuras históricas, Nestor Majnó, en la que era su ciudad natal y que fue su capital durante la insurrección anarquista que se produjo durante la guerra civil rusa. Ayer, incluso los medios ucranianos admitían que, posiblemente por primera vez, las tropas rusas habían capturado intacto un cuartel general ucraniano. Los medios afines a Kiev achacaban al abandono de los altos mandos el aparente colapso de este sector del frente. Las imágenes eran inequívocas y muestran claramente a las tropas rusas paseando tranquilamente por la plaza central de la destruida ciudad, sin que pudiera detectarse ninguna resistencia por parte de Ucrania.
Presencia no significa automáticamente control y las retiradas no necesariamente implican una derrota definitiva -como muestra la recuperación ucraniana de Kupyansk-, pero el avance ruso es claro y se ha producido de forma muy rápida en un sector en el que durante los tres años anteriores no había sido posible ningún progreso. En ese sentido, la situación es similar a la de Seversk, cuya pérdida ha sido finalmente anunciada por Ucrania, que ha utilizado la excusa del mal tiempo para evitar admitir que sus tropas están siendo superadas por las rusas en el frente clave de estos momentos de la guerra, el de Donbass. Aunque situada en Zaporozhie, la ciudad de Guliaipole puede considerarse parte de frente del oeste de Donetsk, donde las fuerzas rusas han puesto en evidencia las dificultades ucranianas para tapar los agujeros dejados por las pérdidas y las dificultades de movilización, un argumento para quienes defienden la necesidad de buscar un alto el fuego que evite más pérdidas.
Ayer, Zelensky insistió en que el acuerdo Estados Unidos-Ucrania, que según el presidente ucraniano estaría conformado por cinco documentos separados, se encuentra acordado al 90% y anunció una inminente visita a Mar-a-lago, la mansión de Donald Trump en Florida y lugar en el que el magnate estadounidense acostumbra a sellar sus tratos. Lo que Zelensky no menciona en sus audios enviados a la prensa por WhatsApp es que el 10% restante es la parte más complicada, aquella en la que Ucrania aspira a decir no a su principal proveedor de armas, especialmente en lo que respecta a Donbass.
“Hay algunos temas que solo podemos discutir a nivel de liderazgo. Hablaremos de garantías de seguridad. Agradezco a ambas partes la elaboración de un documento tan excelente. Los avances actuales son sólidos. En cuanto a la prosperidad [el paquete de Prosperidad Económica], se trata de reconstruir nuestro Estado. Sinceramente, el plan de 20 puntos en el que hemos trabajado está completo al 90%. Nuestra tarea es asegurar que todo esté listo al 100%. No es fácil, y nadie afirma que será perfecto de inmediato. Sin embargo, cada reunión y conversación debe acercarnos a nuestro objetivo”, afirmó Zelensky sobre esa parte final que desea acordar con su homólogo estadounidense para posteriormente imponer ese acuerdo a Rusia. Es representativo que Zelensky no mencione la cuestión territorial posiblemente por ser la más complicada de acordar con Trump, cuya opinión coincide con la de Rusia. El presidente de Estados Unidos, al igual que su vicepresidente, se ha manifestado repetidamente afirmando que Ucrania es consciente de que perderá el territorio que Rusia reclama como propio en Donbass, motivo por el que ha impulsado un plan de paz basado en la paz y garantías de seguridad a cambio de territorio.
Los avances rusos en Seversk y Guliaipole, en contraste con Kupyansk, son indicativos del estado actual de la guerra en este momento en el que podría estar acercándose algún tipo de alto el fuego. Esa es, al menos, la esperanza de Volodymyr Zelensky, que parece ser consciente de las limitaciones de sus tropas a la hora de conseguir el objetivo militar de derrotar a Rusia. “Rusia busca constantemente razones para no aceptar”, afirmó ayer el presidente ucraniano en referencia al acuerdo de paz que ha presentado y que exige que Rusia acepte pese a admitir que ni siquiera está completo. Es evidente que Rusia, que no solo no ha sido militarmente derrotada, sino que demuestra a diario ser capaz de presionar y derrotar a Ucrania en el frente en el que actualmente se centra todo el interés -esos territorios que Ucrania pueda recuperar en Járkov serían recuperados por la vía diplomática en caso de acuerdo, por lo que el único objetivo es infligir bajas al enemigo-, no puede aceptar a ciegas un planteamiento plagado de vacíos y ambigüedades específicamente diseñadas para ser reescritas de la misma forma que lo fueron los acuerdos de Minsk. Sin embargo, el rechazo ruso a adoptar a ciegas el acuerdo que le ofrece Zelensky es suficiente para que el presidente ucraniano reclame más sanciones. “La respuesta es simple: si Ucrania demuestra su postura, es constructiva. Si Rusia no está de acuerdo, significa que la presión es insuficiente”, añadió ayer Zelensky mostrando una maniquea y simplista postura en la que la posición de Ucrania es, por definición, constructiva y Rusia ha de aceptarla automáticamente o sus aliados han de imponer sanciones, una medida que hace aún menos probable que Moscú vaya a aceptar las condiciones que exige Kiev.
La estrategia de Zelensky es tratar de acelerar un acuerdo con Estados Unidos, algo que solo puede hacerse a costa de unos documentos menos detallados. Aunque los términos han cambiado notablemente de los maximalistas objetivos que el presidente ucraniano planteó en su Fórmula de Paz y Plan de Victoria, dos documentos que detallaban los pasos que Rusia debía dar para capitular y que sus aliados habrían de realizar para hacerlo posible, el objetivo sigue siendo el mismo: lograr un acuerdo impuesto desde arriba y en el que Rusia, la otra parte de la guerra, no tenga voz ni voto, simplemente la obligación de aceptar. Favorece esa idea la escasa experiencia diplomática del equipo negociador de Trump y su tendencia a buscar acuerdos rápidos aún a costa de celebrar la paz de forma prematura. Así ha ocurrido, por ejemplo, en el caso de dos guerras resueltas por Trump, República Democrática del Congo-Ruanda y Camboya-Tailandia, en los que la firma de acuerdos auspiciados por la Casa Blanca no se ha traducido en la resolución de los conflictos ni ha conseguido el cese del fuego.
Rusia, por su parte, busca mantener los tiempos y continuar la negociación. No ha habido una respuesta concreta a la propuesta de Zelensky, ya que el Kremlin mantiene su discurso de continuar sus contactos directos con la Casa Blanca. Moscú confirmó ayer que Vladimir Putin ha recibido ya los documentos entregados por Kiril Dimitriev fruto de sus negociaciones con Steve Witkoff. Como indicó el viceministro de Asuntos Exteriores, Sergey Ryabkov, Rusia no pone límites temporales a la negociación y rechaza acelerar los tiempos en busca de un alto el fuego que, de adoptarse el plan de Zelensky, nacería con unas expectativas similares al pactado en Minsk en 2015. Y mientras Zelensky negocia con Donald Trump para tratar de conseguir que Estados Unidos imponga a Rusia la devolución de la central nuclear de Energodar y la congelación del frente de Donbass, Rusia seguirá intentando avanzar para presionar al máximo el norte de Donetsk, región por la que el Gobierno ruso está decidido a seguir luchando en caso de una oferta insuficiente por parte de Washington.
“Nuestra capacidad de dar el impulso final y conseguir un acuerdo dependerá de nuestro trabajo y la voluntad política de la otra parte”, insistió Ryabkov, que dio a entender que las negociaciones Rusia-Estados Unidos se encuentran en un estado avanzado y, al igual que Ucrania, también culpó de la posibilidad de fracaso a su enemigo. El viceministro ruso, que la semana pasada dio a entender que Rusia está dispuesta a ratificar legalmente su intención de no atacar a Occidente, una forma de abrir la puerta al “pacto de no agresión” entre Rusia y Ucrania que exige Zelensky, acusó a los socios europeos de Ucrania de tratar de torpedear un acuerdo Moscú-Washington que, según Ryabkov, difiere radicalmente de lo publicado por Volodymyr Zelensky.
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