“Durante los últimos dos días, las negociaciones entre Ucrania y Estados Unidos han sido constructivas y productivas, con avances significativos. Esperamos alcanzar un acuerdo que nos acerque a la paz. Hay mucho ruido y especulaciones anónimas en los medios ahora mismo. Por favor, no se dejen engañar por rumores ni provocaciones. El equipo estadounidense dirigido por Steve Witkoff y Jared Kushner está trabajando de forma extremadamente constructiva para ayudar a Ucrania a encontrar una vía hacia un acuerdo de paz duradero. El equipo ucraniano está enormemente agradecido al presidente Trump y a su equipo por todos los esfuerzos que están realizando”, escribió ayer Rustem Umerov, líder de la delegación ucraniana que ha negociado durante dos días con Estados Unidos y bajo la protección de Alemania. El mensaje de Umerov, actual presidente del Consejo de Defensa y Seguridad de Ucrania y a quien no le ha perjudicado su aparición en el reciente escándalo de corrupción, resume a la perfección las ideas que la diplomacia ucraniana está repitiendo hasta la saciedad desde que concluyera el primer día de negociación.
Actualmente, cada comunicado sobre una negociación ha de tener un comentario favorable a Donald Trump, por lo que no son de extrañar las loas al equipo negociador de Estados Unidos, especialmente teniendo en cuenta que el yerno del presidente, Jared Kushner, forma parte del elenco de protagonistas que el domingo desembarcaron en Berlín para continuar con una negociación que, según varios medios europeos, ha sido “dura”. Sobre Kushner, Zelensky destacó el domingo la sorpresa positiva que supuso su presencia, ya que, como encargado de las cuestiones económicas, se habría la puerta a negociar esos aspectos tan importantes. En sus halagos, el presidente ucraniano no ahondó en la opinión que su equipo ha tenido siempre de los dos negociadores y de sus posicionamientos en esta negociación, pese a que la voluntad de Kiev de vetar a Witkoff de la misma forma que Moscú vetó a Kellogg ha sido un rumor persistente durante meses. Las palabras de Boris Pistorius en declaraciones a un medio alemán recuerdan que tampoco a las capitales europeas les complace tener que sentarse, como lo hizo Merz el domingo, frente a Steve Witkoff en una mesa de negociación. “Está claro que está lejos de ser la alineación ideal para este tipo de negociaciones. Pero, como se suele decir, solo puedes bailar con quien esté en la pista de baile”, afirmó Pistorius, dejando clara la opinión de los países europeos, pero también su resignación ante lo inevitable de la situación. No son ni Ucrania ni los países europeos quienes seleccionan al equipo negociador, sino Estados Unidos, signo inequívoco de quién ostenta el poder.
La queja alemana no se limita a la composición del equipo negociador de Estados Unidos. Es evidente que las capitales europeas se encontraban más cómodas dialogando con Joe Biden, con Marco Rubio o con Keith Kellogg, que acostumbraban a dar la razón a Kiev y paralizar cualquier propuesta considerada excesivamente prorrusa. Sin embargo, esa etapa de la negociación en la que los dos países recibían en su territorio las visitas del representante más afín a su postura -Kellogg en Kiev y Witkoff en Moscú- ha terminado y la parte final del proceso diplomático, que ha de llegar a redactar un único documento que las partes tengan que aceptar, no puede realizarse con dos equipos negociadores. Para disgusto de Ucrania, el encargado de elaborar esa propuesta no es Kellogg, apartado, ni tampoco Rubio, centrado en el acoso a Venezuela con la esperanza de presionar aún más a Cuba, sino el prorruso Witkoff. El descontento se traduce en los comentarios del Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania, que criticó lo que han percibido como una “obvia” coordinación previa a la reunión del domingo entre la delegación estadounidense y el Kremlin.
Las palabras de Pistorius y las filtraciones alemanas suponen dos de los escasos comentarios polémicos que se han realizado en las últimas horas, por lo que llama la atención la insistencia de Ucrania sobre el ruido y las especulaciones anónimas. En realidad, los medios europeos y norteamericanos se han adherido a rajatabla al mandato ucraniano de revelar lo mínimo y ceñirse a las vacías declaraciones oficiales que hablan de conversaciones intensas, productivas y avances importantes. Uno de esos medios fue la BBC británica, que afirmó que, según sus fuentes estadounidenses, están resueltas el 90% de las cuestiones. El medio británico no precisa si ese 90% es cuantitativo o cualitativo, es decir, en número de cuestiones o si realmente hay acuerdo al 90% en los aspectos más relevantes. La experiencia dice que el equipo estadounidense ha pecado siempre de excesiva confianza y optimismo. Hace más de una semana, Keith Kellogg afirmó que únicamente quedaban “los diez últimos metros”. Como ahora, esos últimos metros suponen resolver las dos cuestiones clave: territorios y seguridad.
El segundo comentario polémico publicado en la prensa de fuentes anónimas es el relativo a la cuestión territorial. Pese a los avances de los que se congratula Umerov y que el equipo estadounidense reivindica por medio de filtraciones anónimas, todo indica que las posiciones no han cambiado en exceso en lo que respecta al destino de Donbass, principal escollo que Washington trata de resolver para poder plantear el documento finalizado a la Federación Rusa. “Los negociadores estadounidenses aún quieren que Ucrania ceda el control de las regiones orientales de Donetsk y Lugansk, colectivamente conocidas como Donbass, como condición de las conversaciones de paz con Rusia”, afirmaba ayer AFP, que daba a entender que no hay cambio en la posición estadounidense en este sentido. No lo hay tampoco en el argumento de Ucrania, que ayer se apoyaba en una reciente encuesta publicada por el Instituto Internacional de Sociología de Kiev, que afirma que el 75% de la población es contraria a ceder más territorio a Rusia. Menos titulares ha recibido el hecho de que un 72% de esa misma población se haya mostrado favorable a la paz de compromiso según el estado actual de la guerra, es decir, perdiendo alrededor de un 20% del territorio nacional según sus fronteras de 1991. La decisión final sobre el territorio será de Ucrania, insistió ayer un oficial estadounidense en declaraciones -anónimas- a Reuters. Evidentemente, será Kiev quien tenga que decidir si acepta o rechaza el documento ofrecido por Estados Unidos y que aún trata de modificar a su favor insistiendo en la línea roja de la cesión de territorio. Sin embargo, es evidente que lo hará bajo la presión de su aliado de Washington, a quien no le ha convencido el argumento de Kiev, que alega que Rusia miente y exagera su fortaleza militar. Este argumento ucraniano, prácticamente a la desesperada, ignora que sus propios medios constatan a diario los avances rusos en zonas altamente fortificadas y en los que las tropas de Moscú no habían tenido éxito hasta ahora.
Sin duda, la afirmación más polémica, y posiblemente la que ha causado la ira de Ucrania, es una noticia publicada por Reuters. “El presidente Volodymyr Zelensky ofreció abandonar las aspiraciones de Ucrania de unirse a la alianza militar de la OTAN durante las cinco horas de conversaciones que mantuvo el domingo en Berlín con los enviados estadounidenses para poner fin a la guerra con Rusia. Las negociaciones continuarán el lunes”, afirmaba ayer el medio, que añadía que Kiev abría la puerta a algo más que “renunciar a la exigencia de adhesión a la OTAN” como condición para aceptar un acuerdo de paz. Cuidando escrupulosamente sus palabras precisamente para hacer parecer la renuncia a la exigencia como una concesión, el presidente ucraniano nunca ha dado motivos para creer que vaya a aceptar la principal exigencia rusa, la renuncia explícita de Ucrania a la OTAN y de la OTAN a Ucrania.
En este sentido, The Kiyv Post mostraba ayer que persiste la postura que Ucrania ha mantenido con consistencia. “«Desde el principio, el deseo de Ucrania era unirse a la OTAN, ya que esto supone garantías reales de seguridad», afirmó Zelensky, y añadió: «Algunos socios de Estados Unidos y Europa no apoyaron esta dirección». Sin embargo, los oficiales ucranianos subrayan que esto no supone una renuncia formal a la adhesión a la OTAN. Más bien, la OTAN no serviría como garantía de seguridad dentro de este plan de paz específico, una distinción que Zelensky describió como una «conexión», no como una concesión”, escribía el medio mostrando un posicionamiento mucho más coherente con lo que Zelensky ha exigido públicamente.
Con rapidez para adaptarse a las nuevas circunstancias, Kaja Kallas se pronunció ayer sobre este tema. Tras ensalzar la adhesión a la OTAN como principal garantía de seguridad, la jefa de la diplomacia europea afirmó que “si esto no se pone en duda, o si esto está fuera de discusión, entonces tenemos que ver cuáles son las garantías de seguridad tangibles. No pueden ser papeles ni promesas”. Kallas continuó para precisar en qué consistirían esas garantías. “Tienen que ser tropas reales, capacidades reales, para que Ucrania pueda defenderse. Tenemos que entender que Donbás no es el objetivo final de Putin. Si consigue Donbás, entonces la fortaleza caerá y, sin duda, seguirán adelante con la conquista de toda Ucrania. Y si Ucrania cae, otras regiones también estarán en peligro. Lo sabemos por la historia y debemos aprender de ella”, insistió, una vez más, aportando una idea que acarrea un inevitable rechazo ruso.
El juego de la diplomacia continúa y forman parte de él tanto las propuestas constructivas como aquellas destinadas a obstaculizar el proceso o dilatar los tiempos con la ingenua esperanza de que las circunstancias mejoren o, en este caso, que la opinión de Donald Trump vuelva a cambiar y el proceso de diplomacia bajo presión se interrumpa de nuevo, como ya lo hiciera en primavera y tras la cumbre de Alaska. Mientras tanto, es preciso trasladar la presión al oponente. Ucrania y Estados Unidos podrían estar cerca, pero aún no tienen un acuerdo, pero Zelensky ya amenaza a Rusia. Ucrania, afirmó Zelensky en una de sus comunicaciones con la prensa, exigirá «garantías de seguridad» a Estados Unidos -es decir, misiles de largo alcance y otras armas que exige para la «paz»- y sanciones masivas contra Rusia si Moscú rechaza este acuerdo que ni siquiera existe todavía.
Ahora, los avances dependen de la capacidad de Estados Unidos de encontrar una fórmula de concesiones territoriales que sea aceptable para Ucrania y una formulación de eso que ayer por la tarde filtró sobre su voluntad de ofrecer a Ucrania unas garantías de seguridad similares a las del Artículo V que sean percibidas como suficientes en Kiev y no sean vistas como excesivas en Moscú. De eso dependen esos últimos diez metros a los que se refería Keith Kellogg.
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